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ISSN 2684-0626

 

 

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Arquitectura compositiva: La música de Gerardo Núñez

Por Patricio Gómez Saavedra |

En Tucumán, es casi imposible no relacionar el nombre de Gerardo Núñez con Los Hermanos Núñez. Como también es casi imposible no pensar en que fue una de las personas que vino a torcer el destino de la canción de raíz folklórica (junto a sus pares contemporáneos: Rolando “Chivo” Valladares y Luis V. “Pato” Gentilini), en términos ideológicos, estéticos e interpretativos, pero principalmente en términos compositivos, destacándose lo formal, lo melódico, lo armónico y lo rítmico, en un contexto musical atravesado por las “sonoridades” que imponía el mercado con el llamado “boom del folklore”

Hermanos

Podemos reconocer al primer Gerardo en el dúo que supo formar con su hermano Pepe (1938-1999), entre los años sesenta y fines de los ochenta, y en esa sonoridad que consolidaron como compositores e intérpretes en la “Chacarera del 55” (compuesta en 1958). Y cito esta chacarera porque fue la primera que firmaron juntos y una de las más conocidas y cantadas por intérpretes de renombre, como Mercedes Sosa, Alfredo Ábalos, el Dúo Salteño, entre otres.

También podemos reconocer las sonoridades que brindan las composiciones de ese período (“Agüita demorada”, “Tristeza”, “Color ternura”), donde encontramos ciertos “guiños sonoros” respecto a los que predominaban en esa época: Introducciones con progresiones armónicas y duraciones nuevas, células rítmicas diferentes, interludios cantados, cambios de compases, cambios en las estructuras formales pre establecidas, entre otros aspectos.

En gran parte, esas sonoridades están vinculadas al amor por la música de Centroamérica, que supieron escuchar e interpretar de jóvenes, en su Salta natal.    

Otra característica ineludible –pero mayormente vinculada a la figura de Pepe-  es el enfoque letrístico, ligado a lo social -sobre todo de les trabajadores más vulnerables-, al amor y a la amistad; dejando de lado lo netamente paisajístico.

Retomando lo musical, es importante destacar que, a pesar de que las canciones aparezcan registradas como “Letra: José Antonio Núñez, Música: Rafael Gerardo Núñez”, ambos tomaban decisiones respecto al plano armónico, melódico y formal, en una búsqueda incansable por no “desarmar” esa identidad sonora lograda.

Esto marca un antes y un después, principalmente en la chacarera tucumana, ya que, hasta la aparición de la “Chacarera del 55”, los aspectos compositivos e interpretativos eran más homogéneos en todo el NOA, sin destacarse una sonoridad vinculada a esa especie musical en la provincia. 

Todo esto puede escucharse (a modo de síntesis) en el único disco que grabaron en estudio: “A cantar corazón” (El arca de Noé, 1986), junto a Juan Falú, Rodolfo Mederos, Osvaldo Avena (h) y Miguelito Ruíz, como músicos invitados; y en el disco doble –conformado principalmente por recopilaciones de grabaciones en vivo del dúo, que Gerardo tenía en cassettes- “Del mismo vientre” (Melopea, 2005).

A fines de los ‘80 el dúo se separa, tomando cada uno su camino compositivo y generando la búsqueda de nuevos sonidos a partir del cruce con otros compañeros.

La última canción que compartieron en yunta creativa fue “Basta de espejitos (chacarera larga)”, que reafirma uno de esos “guiños”, sobre todo en torno a la forma musical.

“A cantar corazón”: https://www.youtube.com/watch?v=MgcYDo0dpbo&t=295s

“Del mismo vientre”: https://www.youtube.com/watch?v=bWM6u0u0jAs&list=OLAK5uy_mRwdZriLYvlFdZJBuOyfj-lSSpLVzPtFI  

Pájaros

El segundo Gerardo es el que, tras la desvinculación del dúo, empieza a cruzar su creatividad con la de poetas y letristas salteños de su generación, como Carlos H. Aparicio, Antonio Nella Castro, Jorge Díaz Bavio y Miguel Ángel Pérez (catamarqueño adoptado por Salta), entre otros. Pero es también en esa época que el mismo Gerardo escribe algunas letras, generando así un “despegue” respecto al sonido compositivo logrado junto a su hermano Pepe. Si bien el punto de partida es el mismo: la búsqueda de una sonoridad distinta y con identidad propia; acá se empiezan a ver nuevos rasgos, sobre todo vinculados a la construcción formal y a la búsqueda interpretativa. Podemos encontrar esto en canciones como “Enterita es cueca”y “La trunca alucinada”; “El cuatrero” y “La virutaivino” (ambas con letra de M. A. Pérez), o “Yo quiero ser halcón” (con letra de A. Nella Castro). 

Esta nueva propuesta sonora se puede apreciar en el espectáculo musical, luego editado en CD, “Los pájaros de la memoria” (Suono Records, 1999), que cuenta con grabaciones de estudio y de recitales realizados en Salta, Jujuy, Tucumán y Córdoba; donde Gerardo comparte escena con Melania Pérez, Miguel Ángel Pérez, Miguelito Ruíz y Mario Burgos.

“Los pájaros de la memoria”: https://www.youtube.com/watch?v=lj5VtcoyaRw&t=1806s

Memoria

El tercer Gerardo es el que va al encuentro con los más jóvenes, para llevar su búsqueda sonora quizás al extremo musical más arriesgado. Ese encuentro es el que se consolida en el trío “Trealilo”, junto a Ariel Alberto y Café Valdéz; dos músicos indispensables de la escena tucumana que, como conocedores de la historia musical que forjaron sus mayores, lograron un equilibrio sonoro entre lo que pasó y lo que ellos mismos traían como propuesta sonora.

En una primera etapa trabajaron sobre versiones muy originales de composiciones de Gerardo y Pepe, de Pepe solo, de alguna canción nueva de Gerardo junto a Leopoldo “Teuco” Castilla, y de algunas de las canciones que supo crear en la época posterior a la separación del dúo Los Hermanos Núñez. En esta sonoridad se nota que hay otra búsqueda y que es impulsada por la propuesta de Café y Ariel, con la total aprobación de Gerardo, que, aparte del canto, suma su guitarra a esas ideas. Una de las cosas más interesantes y llamativas es que esas canciones no perdieron el carácter original al pasar por las ideas de sus compañeros de trío.

Otro rasgo importantísimo de esta etapa es que abrieron el juego a la composición colectiva dentro del grupo.

Todo esto se ve plasmado en el disco “Basta de espejitos” (Melopea, 2005): https://www.youtube.com/watch?v=vT5cOvjNvp4&list=OLAK5uy_nYw0qQxc2LMVnOyrFlKNyFkgdqxrBZDT4

La segunda etapa y el último registro fonográfico del trío es el trabajo “Las lunas que debía” (Melopea, 2008. No cuenta con edición digital), un disco-libro homenaje a la poesía salteña de la generación del ’60.

Ahí encontramos un trabajo compositivo llevado al extremo respecto a las especies folklóricas del NOA más difundidas. Una obra conceptual de principio a fin, que pasea por diferentes coloraturas, poniéndonos cada vez más alertas y más atentos, ya que siempre hay una sonoridad nueva para apreciar y admirar.

Es el punto de maduración del grupo. Ese punto de maduración que también se ve reflejado en la composición colectiva, que ya había aparecido en el disco anterior, pero que esta vez muestra un vuelo distinto. 

Basta con escuchar las versiones de “Agüita demorada” (Hnos. Núñez) y “Barba i’ ají” (Juan Ahuerma y G. Núñez) para reafirmar esto.

Un gran trabajo para adentrarse en la obra de poetas como Jacobo Regen, Ariel Petrocelli (con quien ya habían compuesto junto a Pepe la obra “Zafra”), Miguel Á. Pérez, Hugo Ovalle, Leopoldo “Teuco” Castilla”, Jorge Díaz Bavio, Walter Adet, Santiago Sylvester, Jesús Vera, Miguel Carreras, Edmundo del Cerro, Juan Ahuerma y Carlos Aparicio.

Como dijo el “Teuco” Castilla:

“Los TREALILO se desarman y arman

dentro del delicado escándalo de la música.

Tocados de sonido, ni que estuvieran por desaparecer,

como cuando el trino borra a los pájaros.

¿O será Tucumán? Tucumán que se desespera por irse de sí.

Tucumán, cuyo desorden radiante la hace fulgurar, transgresora y bandolera.

¿Será por eso que los TREALILO se quieren llevar la tierra al aire?

Algún secreto, Tucumanos, se deben de estar robando todo lo visible, de todo lo invisible.

Esos pedazos emocionados con los que juegan, cantando, celebrando; mientras, hondos, aventurados nos dejan la leyenda de la música que es, también, la leyenda del planeta.

Eso piensa uno ¿pero si solo fuera Tucumán?

Ese lugar que tiene la melodía del infierno.

Esas ilusorias arquitecturas para que usted, tocadito, se entregue y se pierda hasta quien sabe dónde y sin saber hasta cuándo.

Lo que los TREALILO gozan, usted lo va a desear.

Eso se llama talento.

Cuídese de esa alegría.”

Gerardo Núñez fue un gran creador, no solo desde su vinculación con la composición y la innovación en la canción, sino también desde su compartir el arte del encuentro con les más jóvenes, hasta los últimos días. En ese compartir logró contagiar la inquietud de la búsqueda del sonido propio, sin que nos olvidemos de mirar hacia atrás, para saber quiénes somos y de dónde venimos.

Quizás aún tengamos mucha música por descubrir.


Imagen 1: Gerardo Núñez (Fotógrafo: Julio Zavalía)

Imagen 2: Gerardo Núñez en el lugar donde existió el bar que dio origen a la “Chacarera del 55” (Fotógrafo: Julio Zavalía)

Imagen 3: “Trealilo” (Gerardo Núñez, Ariel Alberto y “Café” Valdez) (Fotógrafo: Julio Zavalía)

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Una respuesta a “Arquitectura compositiva: La música de Gerardo Núñez”

  1. Eduardo Lalo Aibar dice:

    Muy certera Semblanza de Gerardo Núñez y sus trayectos creativos. La Arquitectura de su construcción poético-musical, su legado. Gracias Patricio.

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