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Barcos de poemas, mejor a la deriva

Espera para sublimar el deseo mientras el puerto no importa

Por Aníbal Costilla |

El escritor italiano Alessandro Frezza, en su libro “El capitán y el mozo”, le hace decir al capitán: “Todo lo que podemos obtener en seguida, rápido, no es interesante. Esperar sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso”.

Es probable que alguna pulsión recóndita accione en nosotros una necesidad impostergable y de urgente complacencia, cuando experimentamos la voluntad insoslayable de convivir y vivir en contacto estrecho –en estos tiempos de distanciamientos y otras medidas– con la literatura y, sobre todo, con la poesía, nuestra predilecta compañía. Por eso, cuando al santiagueño, devenido tucumano (razón que, por el momento, desconocemos), Pablo Donzelli, se le ocurrió la insensata pero inestimable empresa de publicar los poemas de escritores, poetas del Norte del país, valoramos con cierta reticencia su descabellada disposición.

He anotado en el párrafo anterior palabras como “insensata” y “descabellada”, porque muchos aún piensan –y creen– que la poesía no vende, cuando se materializa en un libro editado, y otros aseguran que casi nadie –o muy pocos– se detienen lo suficiente como leer con atención e interés una página de poesía en el intrincado mundo de Facebook. Consideran esto algo imposible de revertir, modificar en el corto plazo, aunque llevemos miles de años lidiando con la utópica insistencia de cambiar y mejorar el mundo a través de la concreción del arte en variadas formas. Y, como somos porfiados –como decimos por estos lados–, seguimos dándole poesía al mundo, seguimos embarcados en una nave que no sabemos hacia qué puerto nos llevará, aunque el puerto –por lo menos aquí– no exista, y sólo sea una improbable promesa de campaña política de un político que mejor lo hundimos en algún rincón del Leteo.

También más arriba anoté que, “valoramos” con cierta displicencia la idea de Donzelli, porque en la actualidad y, luego de que el amigo escritor y director de “La Papa en la literatura tucumana”, nos propusiera convertirnos en editores de la página “Mi aporte a que el Puerto no importe” a Jimena Vera Psaró (La Rioja) y a quien esto escribe, nos imbuimos de la voluntad que, en un principio, lo movilizó a él a concretar esa impensada pero creativa “insensatez”.

Desde entonces, mucha agua corrió por debajo del/los puente/s virtual/es, y ya han pasado por el engendro –que cada día se acrecienta (ya llegó a la nada despreciable cantidad de 750 seguidores)–, muchos grandes poetas, mujeres y hombres de letras, cultores del “arte sombrío”; muchos vínculos se han tejido en el telar de la palabra. Es algo para celebrar, y lo hacemos con gratitud.

En principio, las publicaciones eran espaciadas, un poeta por semana. En una etapa cayó en una meseta improductiva de la que logramos rescatarla y colocarle a tiempo el respirador, para devolverla al vaivén de la virtualidad. Ahora respira rítmica y compulsivamente; tanto es así que tuvimos que agendar publicaciones dos veces a la semana.

Pero hablemos de los artífices que hacen posible este aluvión de publicaciones que, lunes y viernes, colgamos a la red para disfrute de aquellos lectores que persisten en esta y otras regiones que, con gran generosidad, leen, comentan y comparten, replican y difunden.

Decía que pasaron por la página muchos exquisitos poetas. Pero sólo voy a resumir sobre lo concierne al mes de junio y julio. Lo que sigue intenta ser, sintéticamente, un racontto de lo publicado durante los meses referidos.

Desde La Rioja llegó el aporte de Marta Clara, sensible poeta nacida en Salta que vive y ama en la provincia cuyana. Según su biografía escribe en libretas y en cuadernos, y una vez –¡por Dios!– quemó más de cien poemas. Agarra “su mochila, un boleto, un pasaje sin regreso, y emprende la marcha”. Comparte su producción desde su blog personal, https://martagclara.blogspot.com/.

El santiagueño Álvaro Mendez, escribe sus poemas con un impulso casi inmemorial y, a medida que el fuego o el hielo de los símbolos arden en el universo, somos testigos de prodigios en los que nos sumergimos en una “ebriedad monumental”.

Vítor Alejandro Aybar, artista y docente catamarqueño, se desliza en el espacio de múltiples formas: escribe y danza. La página ha recogido sus poemas inéditos para compartir un poema que contagia una determinación por ser auténtico como sólo un artista fecundo sabe transmitir.

La poeta tucumana, Sylvina Bach, nos dijo su infancia nombradora de cosas y seres que, lejos en el recuerdo, nos siguen asistiendo, sosteniéndonos; nos ponen a resguardo de los peligros de las caídas.

Anabel Burgos Mathis, poeta, docente y cantante nacida en Buenos Aires, pero radicada en La Rioja hace 32 años, sigue amando el mar. Lo encuentra en arrullos de palabras y trocando con la tierra para que le lleve sus mensajes.

El escritor Claudio Rojo Cesca intensifica una búsqueda que no termina en la palabra, una intermitencia de significantes que instauran una polifonía que consigue sumergir a sus propios símbolos en un pozo infinito, para emerger como un rugido en medio de una selva virgen de un nuevo lenguaje.

Cecilia López (La Rioja), es una lectora que hereda y renueva bibliotecas con la gracia de encontrar títulos y autores (de cualquier punto recóndito del planeta) para traerlos y retroalimentar un paisaje entre el que se mueve invitándote a bailar. Muchas otras veces, ella escribe y ahí es cuando te lleva a correr y detenerte de golpe en un punto de sus relatos. Los sabe contar con la simpleza y profundidad de un mate rompiendo el silencio, como la poesía perfumando la vida.

Elizabeth Soto nació en Jujuy, y escribe desde la belleza que la cotidianidad le ofrece a su pulso de poeta. Anda por su barrio cantando bajito, como en un viaje interior y colorido. Le habla con suma parsimonia a un “otro” que parece ser ella misma, porque, sin hacerlo concretamente, responde con su propia voz.

Andrea Martín (La Rioja). Integra el Espécimen Literario Rata Libre desde 2018 donde edita fanzines. En abril de 2020, influenciada por el aislamiento debido a la pandemia del covid-19, lanzó su plaqueta digital “Luz fluorescente” en la plataforma Issuu.

Mario Melnik (Tucumán). La palabra abriga como la piel de un árbol que sueña en la intemperie, mueve sus fibras en la inmensidad del universo que es pura memoria de un latido primigenio, pleno de una savia que da sentido a la vida, y le otorga el poder para diluir la voz en la materialidad del poema.

Carlos Paredes escribe palabras en la sinestesia del sonido, que a veces deviene copla, a veces canción, a veces una copa llenándose… pero es siempre poesía. Vivió en La Rioja siempre, aún en los años en los que geográficamente estuvo preparando el equipaje para volver. Y volvió rodeado de amor y familia.

La poeta santiagueña Daniela Rafael, nos habla desde los miedos que la propia naturaleza provoca, desde las preguntas que no se pueden o son difíciles de responder y, aunque la exigencia por saber sea urgente o sobrepase el límite de lo filial, de lo cercano, para quitar un filo pegado a la médula de los días de encierro y angustias, la existencia seguirá interrogando más allá de toda certeza, por más tangencial que sea.

Adriana Petrigliano tiene un poquito de veredas porteñas, pero desde el ´72 vive, escribe y sueña en La Rioja. Siempre su nombre está asociado a la palabra y es una incansable militante de la poesía, lugar que explora ahora también escribiendo con luz desde la fotografía.

La poeta jujeña Nora Benaglia recorre con su voz la intensidad de un viaje para reencontrarse consigo misma en algún punto de transición, por ahora…  

¿Quién puede habitar el tiempo y el espacio sin fragmentarse de alguna manera, sin perder la identidad y reducirse a pedacitos que buscan la esencia, una forma inexplicable de mirarse y reconocerse?

Gustavo Allegri nació a más de 1143 km, en Barrio Urquiza, a orillas del río de la Plata. Es de naturaleza nómade y nostálgica. Trabaja con la palabra o su ausencia, incursiona también en el sonido, pasando de melómano a músico. Escribe desde siempre y desde hace más de una década y media vive en La Rioja.

Marcelo Martino es docente e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán y del CONICET. Además de algunos libros y artículos académicos. Su poesía aborda la paciente tarea de constituir una fortaleza que no decline al momento de encarar la siempre penosa labor de la mudanza.

Adriana Grossi nació en Buenos Aires, hace casi 20 años dejó Adrogué y llegó llorando a La Rioja, y dice que las lágrimas le duran poco porque el clima es muy seco y se enamora de los cerros. Le gusta la astronomía, es ingeniera, corre y escribe.

La escritora santiagueña Belén Cianferoni sentencia en su libro “Matar a Kant, “La realidad, junto con su razonamiento y lógica, duelen. El vivir duele. El perder a una amiga o a un amor, duele… muchísimo. Enfermarte es un dolor íntimo, pero como dice Chantal Maillard, la escritura no es dolorosa. Es un modo de “encontrar un lugar habitable en un mundo hostil.”

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Con seguridad y serena confianza, creemos que la poesía seguirá esperando el momento para aflorar en el universo feisbuqueano y, cuando lo haga, será para elevarse o caer. Si cae será propicio dejar que cumpla su ciclo de búsqueda. En la Divina Comedia la “catábasis” representa el descenso al infierno, pero lo lógico será no permanecer por demasiado tiempo en ese territorio. Sostendremos, todo lo que podamos, el esfuerzo para aquietar las aguas, en tanto nos acerquemos al puerto, aunque no exista, aunque la promesa nunca sea cumplida. Haremos nuestro aporte para que el puerto no importe. Qué otra cosa se podría desear.

Aquí, hacemos nuestras estas palabras del genial galés Dylan Thomas: “La luz irrumpe donde ningún sol brilla, donde no se alza mar alguno, las aguas del corazón impulsan sus mareas”. Pero no dejaremos de esperar para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso.

Tal vez, el autor italiano mencionado en la primera línea de esta nota, sabía demasiado acerca de pandemias,  derivas y naufragios, nosotros no tanto. Mientras esperamos alguna respuesta, o novedades del puerto, seguiremos con la insensatez de publicar poesía en Facebook.   


Fotografía: Jimena Vera Psaró

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