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ISSN 2684-0626

 

 

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Pesadilla filosófica en cuatro actos para grupo teatral en crisis

Por Santiago Garmendia |

Sueño 1 La sala está llena de personajes que caminan febrilmente de un lado al otro. Hay cuatro grupos, discernibles por sus atuendos: los clérigos con su papa, los astrónomos con  Galileo con telescopio y Giordano Bruno quemado, los griegos y bufones. Sus voces se van apagando hasta quedar Descartes, desnudo, con su espada en el cinto, discutiendo  airosamente con uno de los bufones.

¡Basta! ¡Te he dicho que no me llamo Cyrano!- Descartes mira al público, excusándose– (carraspea y se pone serio)

El asunto que nos congrega es ciertamente gravísimo. El estado de la ciencia y las necesidades de nuestro tiempo nos obligan a hacer frente, en una batalla ciertamente desigual, al peor enemigo que haya engendrado nuestra imaginación: al escepticismo. Ni siquiera el demonio es tan maligno, si consideramos que su existencia sólo se explica por la de Dios. Trabajan, por así decirlo, en el mismo taller. Tan es así que a todos los hombres santos de nuestra Biblia, incluido nuestro buen Mesías, se les ha planteado alguna vez el problema acerca de cómo saber si se está ante Dios o ante el maligno. Notamos entonces que es un caso curioso de implicación: afirmar a uno es afirmar al otro- y negar a uno es negar al otro. En fin, la materia es de la mayor complejidad, la vuelta del escepticismo no es más que la expresión culta del malestar de los mercaderes, exploradores y constructores sobre la mala calidad de nuestros conocimientos. Sin duda, estamos trabajando con supuestos de poco valor explicativo. Vamos a tener que replantearnos nuestras certezas más queridas, que se encuentran ahora infectadas por la duda. 

El mundo fijo, el centro del universo, el lugar del hombre, la santidad del cuerpo, quizás de todas estas cosas tan caras nos tengamos que desprender. Esta tarea será difícil, pero nimia si ya nos hemos desprendido de la joya de la razón, de la más preciada intuición. La realidad es, a partir de este sacrificio, un insulto a la inteligencia. ¡Ay de la última armonía corrompida por la ciencia! – los clerigos, los griegos y los bufones se agarran la cabeza en gesto desconsolado– ¡Ay, de nuestro querido y eterno círculo, desterrado de la órbita de los cielos!. Así es, aceptamos la fealdad de la luna, soportamos que se profane a los muertos para saber más de la máquina humana, pero, ¿Cómo reconocer la mano de Dios en órbitas tan improlijas?! Una, tres, seis…

-Diez!- interrumpe un astrónomo.

-Quince!- otro desde atrás. Descartes los mira de reojo, haciendo notar su  fastidio por robarle la serie. 

-Así es! Y veintiún veces maldito Kepler!. Apesadumbrado, pero con un aire distraído uno de los astrónomos mira hacia el suelo-

Creo, sin embargo –prosigue Descartes– que no debemos desesperar, sino aprender de esta terrible encrucijada a la que nos hemos visto arrojados. Lo que precisamos para que no nos pase esto otra vez es un poderoso test de calidad. ¡Nunca más hemos de apegarnos así a una idea a la cual luego tengamos que arrojar al costado del conocimiento! 

Se escuchan sollozos del grupo de los bufones– ¡Por esto es que no tengo más perros!

Lo que propongo-prosigue Descartes en voz alta para tapar la interrupción. Consigue el silencio– Lo que propongo –repite, pero en tono reflexivo esta vez–  es que tiremos ahora mismo por la ventana lo que nos pueda  significar una pérdida mayúscula luego. Es mejor quedarnos con una sola silla robusta que esta desgraciada situación de incertidumbre que nos hace temblar cada vez que nos disponemos a usar el mobiliario: “si las patas de la cama tiemblan, lo mejor será dormir en suelo” ésta es pues,  la máxima que quiero difundir. (dos bufones cuchichean y se ríen en secreto). Debemos, pues, dudar de todo y sólo permitir que ingresen al conocimiento los juicios que sean absolutamente indubitables. ¡Apliquemos entonces este principio homeopático inyectando, con fines terapéuticos, el veneno de la incredulidad en nuestras almas!! (Descartes cierra los ojos y extiende los brazos, para comenzar el extraño tratamiento)

Gran exhaltación en el clero y en los bufones.

Desde el grupo de los Clérigos un cardenal hace un paso adelante:

C1 – ¡Espera! M. Descartes,  no vas a poder dudar de todo. En primer lugar te quiero señalar que si dudas es porque Dios te lo permite. Por lo tanto,  si dudas, Dios existe.  Pero pensándolo con detenimiento, creo que lo que estás haciendo no me resulta del todo extraño. Te refieres, es claro, a las cosas que debemos conocer con la razón. En ese caso, no veo ningún problema en incendiar mi casa, porque estamos siempre en el suelo seguro de la fe.

Descartes gira la cabeza hacia el cardenal y abre un ojo  – Además de comentarte que considero totalmente ridículo tu nombre, quiero decirte, sobre tu argumento sobre la existencia de Dios, que comienzas y terminas con la misma afirmación. Respecto de lo segundo, considero que la guía de la razón es imprescindible para la buena acción y el error y la maldad en la ignorancia. Ergo, no dejo la ética tan librada  a la fe.  

C1– ¡Por supuesto que comienzo y termino en la fe! Es que necesitas algún lugar desde donde dudar. Ese lugar es la fe. Recuerda al Santo “creo para entender”. Es preciso aumentar a esta joya del pensamiento la de “creo para dudar” ¿Pues donde vas a vivir mientras tiras tu mobiliario?

Descartes– ¡Lo tengo muy bien pensado! En una moral provisional. En una choza a la que voy a derrumbar de la misma manera que procedo con mi propia casa. No quedará nada del cobijo moral de la tradición que no sea  claro y distinto. 

C1- ¡Ten cuidado, no vayas a quedar allí demasiado tiempo!  

Los Bufones: 

Bufón uno -¿Acaso tiraremos todo?  -¿Y si no nos queda nada ?

Bufón dos -¿Buscas quizás una mascota inmortal?

Bufón tres– ¿Qué le pasa a tu cama? ¿Por qué no podemos utilizar los muebles un  tiempo y luego cambiarlos, según nuestras necesidades y nuestros gustos?

Descartes, al último en hablar – ¡Parece que el único que no tiene números en su nombre soy yo! Respecto a lo que tú dices, demonio, puede eso estar bien para ti y para el pueblo, para los artesanos y para los científicos que resuelven crucigramas. Pero no para la morada del filósofo… Las luces se atenúan, un reflector gana intensidad en la cara de Descartes mirando sonriente hacia el cielo…ah!! Allí todo es de la mejor materia….es menester que nos apresuremos a aplicar nuestro método para llegar allí, afrontemos pues al demonio de la duda Descartes cierra finalmente los ojos y extiendo completamente las manos. Comienza a temblar .Las luces se apagan, sólo se escucha su voz, que suena como en un trance. Se pregunta y se responde musicalmente

– ¡¿Qué sé?!

– ¿¡Qué sé que sé!? (pausa)

– ¡ No sé !

– ¿¡Qué sé que no  sé!? (pausa)

– ¡Tampoco sé! 

Un Bufón le sopla desde atrás

Hay que quitar el ‘que’!! Si dices qué es lo que no sé, estás perdido en el vértigo de una paradoja. Inmediatamente vas a tener que preguntarte por el qué que no sabes y estarás perdido. ¡Tienes que apuntar a la facultad de saber y no  al objeto!

Descartes emite un ruido de satisfacción:  

-¡Eso que dices es admirablemente cierto! 

Bufón 

-Eso es San Agustín. 

Descartes

-Aquí vamos de nuevo entones: 

-¿Sé que sé?

-No sé

-¿Sé que no sé?

-Sí!!! Eureka (se prenden las luces), soy una cosa que  duda, que conoce, que afirma, que niega, que quiere, que rechaza, y que imagina y siente…

Todos: 

-!!!!!Eh!!!!!

Descartes

¿Les parece mucho?

(Todos asienten)

-Conceded al menos que soy una cosa que ignora lo que es.

Todos

¡Hecho! 

Un bufón se burla desde el fondo 

¡Ignorante!

Descartes

Sí, he llegado entonces hasta un lugar seguro. Ahora el edificio de nuestra ciencia puede erguirse sobre un conocimiento certero.

Bufón: 

– ¡¿“Descartes existe”?!

Descartes (serio y seguro lo mira de reojo por un segundo y continua) No. Hemos llegado a que cada uno puede estar seguro de que hay un conocimiento cierto, el de su propia existencia en tanto cosa pensante. Tenemos entonces  la medida, el patrón para decir ‘he aquí una cama irrompible’, cualquier idea que sea tan clara y distinta como esta, o dependa de ella en su deducción, será firme fundamento del conocimiento y de la acción. 

C1 vuelve a la carga

¿Todo eso has concluido?

Descartes, responde con aire de convicción, asintiendo orgullosamente 

-Sipi.  

C1:

Me has criticado hace poco que comienzo y termino con la misma afirmación. Pero tú haces algo peor, cuanto menos mi razonamiento es válido aunque sea vacío. Pero en tu caso lo que concluyes no está de ninguna manera contenido en tu afirmación de que eres una cosa ignorante. Acepto que la existencia es una fuerte certeza. Pero como tú mismo te has corregido,  el ‘qué somos’ nunca se debe confundir con el ‘que somos’. Nos estás  condenando a una excentricidad entre nuestra existencia, nuestra esencia y, quizás peor, lo que pensemos que sea nuestra esencia. Sólo sabes que existes mientras dudas, pero eso no te da derecho a definirte como cosa dudante. 

Descartes

Debes tener paciencia.

C1  

-Y cómo pretendes llegar desde allí a la religión y la moral?

Descartes: 

-La idea de un ser superior perfecto me es tan clara y distinta como la de sustancia ignorante. Esa idea no puede ser creada por mí, que soy un ser inferior. Ergo dios existe. 

C1: 

-¿Qué Dios?

Descartes, con fastidio caprichoso 

– ¡Ahh! ¡Vamos!! Dios, Dios, ¿Cuál va a ser?

C1

Es que puedo aceptar lo que dices pero sin llegar al Dios de la cristiandad. Aunque tu razonamiento sea bueno, de todos modos  sólo has probado que hay un ser superior, no que ese sea nuestro Dios. Tu prueba de la existencia de Dios es tan excéntrica (se sonríe por percatándose del doble sentido de lo que acaba de decir), como la de tu propia condición dudosa. Que dudes no implica que tu esencia sea la duda. Lo mismo que el hecho de que fumes no implica que seas una cosa fumante. Si fuese así, tu existencia se apagaría con la colilla del cigarro. 

Volviendo a Dios, si no hay más premisas que las que has compartido con nosotros, cosa de la que desconfío, no hay ninguna razón lógica para que la bondad sea preferible a la maldad y  un ser superior no tiene por qué ser bueno. Desde tu argumento de Anselmo hasta el Dios de Abraham hay un hiato más ancho y profundo, creo,  que el que separa la afirmación de la existencia de la sustancia divina de su negación. 

Descartes. 

Me extraña que no comprendas que este argumento ha sido mejorado en mi versión. El Dios que he probado que existe es el que me ha creado y puesto en mí la certeza de su existencia y la mía. No puede haber un creador tan  perverso….

C1 le interrumpe, triunfante 

¡Pero es que son todos tus propios prejuicios! Los cuales comparto porque comparto tu fe. Pero no pretendas fundamentar la religión con la razón.  Creo en verdad que tu moral no era provisoria porque no te has movido un milímetro de allí, sólo has demostrado que lo que te parece bien está bien. Tu Dios no ha llegado un milímetro más adelante que vos mismo: sólo sabes que existes y que esa sustancia divina existe si existes. Lo que sea cada uno es un misterio. Ese Dios no puede cimentar ninguna moral. Creo que la casa que has destrozado no era tu verdadera residencia, has alquilado un lugar para cumplir tu pantomima que llega a la desfachatez de presentarte desnudo. En realidad has emprendido la operación opuesta: has hecho una monstruosa obra de afirmación de tus cimientos, enterrando tus creencias en un lugar más profundo del que estabas, pero siempre desde ellas. Reniegas de las razones no razonables al tiempo que las entierras en las mayores profundidades como haces con tu oro. Sin embargo el tamaño de tu empresa delata las dimensiones de tu espanto. No juegues el juego de la razón, porque es un demonio indomable, detente y acepta la fe. Y  ponte, por Dios, tu ropa!

(Sale Descartes tapándose con una mano, se van todos luego)

Sueño 2: En un Pub inglés, hay ruido de billares. Pasa Descartes corriendo desnudo.  Hume, con semblante divertido toma una cerveza en la barra y habla con el cantinero 

Hume- Many, many years from now I started an enquiry in order to reply and demolish some thoughts that were affirmed for the first time by that little naked man. He was very clever, but, as you can see, a little mad. 

(apura un trago de cerveza) ahhh!, I was preceded in this job by two British colleagues who were the first ones that made me think that this guy was undoubtly wrong.  Their names where John and George.

Cantinero– Didn’t they used to play music together?

Hume-I don´t know, but don’t think so. John was a politician and George a bishop. They where certainly good philosophers. They have settled some fine, fine, principles that pointed directly to the basis of the little-naked-man’s philosophy: the prejudice that there is something beyond our sense data. Knowledge is experience and we only experience our experience.

Cantinero, con tono sarcástico– Gracious goodness! That sounds like a good principle!

Hume, serio, sin atender a la ironía– You can’t imagine how powerful it is. Unfourtunately, the cleverest of the two, our dear Bishop Berkeley, after he succeed in attacking matter with his esse est percipi, he latter putted God as the projector of the movie of experience. Ridiculous! He exchange one metaphysical belief for another that’s even stronger. 

Once I’ ve realized this, things were easy for me. If I just get ridded of  the assumption of  God ,which totally was unnecessary, then the idea that we percieve any susbstance at all simply fell like a heavy leaf in a hill top wind, alone without any religious bias. The universe suddenly changed before my eyes as it never did  for another philosopher. I realized that there is nothing that could ever compel me to identify this flew of sensations with a table, or to make the same clame before and after I close my eyes. (Toma un trago y golpea su pecho con el puño cerrado). When I thought about the effectiveness of this straight attack I dare more. So I simply applied the same principle to the relation between different sensations and, oh dared of me, to the self itself. (otro trago). And let me tell you that there is nothing that can justify a cause-effect relation and, because of that simple fact, there is no such thing as self-identity. We are just like a theatre stage were the sensations flow. 

El tabernero le pregunta muy distraídamente, mientras lava copas.

-Without any script?

Hume que esta comiendo maní mientras presta atención – No script (acompaña esta frase terminante cortando el aire con la mano). 

Cantinero

-That is not the way I perceive reality

Hume

-Yeah, but remember that I’m speaking philosophically. If you consider the issue philosophically you will see that it is our subjective expectation that which causes causality

El cantinero deja de lavar por un momento y le apunta con el dedo, siempre en tono desafectado

-Hey, gotcha! Causes causality?

Hume

-Let me explain! (mira al público) Why did I got the most dialectic of the bartenders? (al cantinero) What I mean is that you experience two facts (two impressions) as related because you expect that when you experience the one, the other will follow. That has no other logical basis than training and custom. I have the impression, and then I have the idea, caused by the impression, that the other impression will follow.

Cantinero

-You mean that this impression (se escucha el ruido del taco golpear la bola) produces in my mind the idea that this other impresión will follow it (ruido de bolas chocar)?

-Exactly

-Haven’t you trade one ontological idea of causation for a psychological one (dice con mucha tranquilidad mientras seca copas)

Hume

-I think I had too much beer

(el tabernero hace sonar la campana de los últimos pedidos)

-You know what follows this impression 

Hume

-Ok, One more pint!

(El cantinero le sirve, Hume  se vuelve a poner serio)

-The thing is that once you got ridded of causality you can never justify any relation between substances, and the very idea of substance falls apart.

Cantinero

-Ok, but then,  How can you go on living your daily life?! The little-naked man wanted to avoid scepticism, you are in the eye of the storm. You have proved –at least you seem to think so- that it is vain to search for the ‘what’ that we are, and the ‘what’ of the things we know. We only have ‘how’s’

Hume

-Ja

Cantinero 

-How can you possibly deduce some moral teaching out of your Inquiry?

Hume

-Can’t. There is no logical moral, you just can`t justify the bridge between ‘what it is’ and ‘what it ought to be’.

Cantinero

-What’s that?

Hume

-My guillotine

Cantinero

-Did I got you right when you said that there is no substance nor subject?

Hume

-Perfectly

Cantinero

-But then, how do you dare to speak about ‘what it is’? There is nothing in your system but chaotic ideas. You can’t even deduce “what it is” from “what it is”. Your guillotine seems a good thing for a realist, not for someone that can’t justify this table. 

Hume

That’s a wicked strike, my friend. 

Cantinero

-Ok, sorry, Im just tired, I did double time today. What you say seems to me interesting in deed. One more thing: What about your one life? Did you built yourself a temporary  dwelling like the  naked-french fellow?

Hume

I never let my philosophical ideas interfere in my life. It would be certainly absurd to doubt that this is an empty glass. The naked fellow was an hypocrite, and, lets face it, a  pervert. He wasn’ t naked because he let everything in the path of doubt, but rather just because he was comfortable with being naked. 

Cantinero

I think that your philosophy of philosophy is too comfortable. Toca la campana de nuevo

Sueño 3. En la plaza de un pueblo con montañas de fondo. El placero barre (es el mismo que el cardenal y el tabernero). Hay un gran reloj en el centro del escenario, están por dar las 12. 

-Ya debe estar por venir. Cree que el tiempo depende de él. Siempre pasa por acá a la misma hora. La verdad es que su manía nos fue útil hasta que compramos este enorme reloj. En realidad fue al revés. No precisamos del instrumento hasta que un día Herr Kant no vino. El pueblo entero fue un caos. Todo el mundo llegó tarde a todos lados, porque todos dependíamos silenciosamente de su rutina. Nunca volvió a ausentarse ni a demorarse, pero, claro, no podíamos confiar más en  él. A pocos días del incidente, del cual nadie hizo ningún comentario, y sin mediar consulta popular alguna, como una secuencia natural de los acontecimientos, sonaba el tic-tac incorruptible de nuestro amigo suizo !Aquí viene!   

Kant entre por un costado. Sus pasos comienzan a hacerse más y más lentos, hasta el ridículo. Extiende el pie lentamente para hacer un tranco largo hasta el lugar preciso donde se encuentra centrado el reloj. Cuenta con los dedos, mientras se muerde la lengua. 

Cuando finalmente pisa, el reloj comienza a sonar. El placero menea la cabeza..  

Kant -Comencé por no pisar las juntas de las baldosas, me doy cuenta de que he empeorado. 

Placero– Le dije que ya no hace falta, todos sabemos la hora por el reloj. Cuando dependíamos de su sensibilidad temporal, usted nos defraudó. Ahora tenemos nuestro monótono y objetivo aparato.

K– ¡Pero Ud no sabe lo que está diciendo! ¡El tiempo no está en los relojes! Es un elemento constitutivo de la subjetividad, una intuición sensible que acompaña a nuestras experiencias. 

Placero- Yo creo que lo que usted señala es absurdo. El tiempo es la medida del cambio, cuando nada cambia el tiempo no varía. Si esas manecillas se detienen junto a los pájaros y todo lo demás, el tiempo se va a detenerse justo con la última cosa que se paralice.  

K– Veo que has leído bastante para ser un simple placero. El problema está en que el cambio, la sucesión y la causalidad dependen del tiempo y del espacio. Y la causalidad, como ha demostrado Hume en el pub, es subjetiva. Son modos que tenemos de organizar la experiencia. Usted puede concebir el espacio puro y el tiempo puro, sin embargo no puede concebir una experiencia fuera del espacio y del tiempo.

Placero-Nada de eso. Yo acá sé que ha llegado el otoño por los cambios en las hojas, me doy cuenta de que el año está por terminar cuando llega el frío. Soy un aristotélico, como todos los placeros. Por otro lado lo del espacio puro me parece muy difícil. 

K-No lo es. Pero concédame al menos que no es tan absurda la idea de un espacio sin cosas que la de cosas sin espacio.

Placero(piensa durante un momento)-Perfectamente. Pero mi duda es esta: si  nosotros ordenamos una materia amorfa ¿Cómo puede ser que la sucesión no sea real objetiva, sino un estructura psicológica? Yo no ordeno mi experiencia como quiero, sino en función de ciertas disposiciones ontológicas. 

Kant- Pero piense usted que ve dos pajaros, y luego dos bancos, y luego dos árboles. El número dos es algo que usted pone, no creo que usted suponga que lo experimenta.

Placero– De ninguna manera

Kant– Pues bien, 2+2+2 es igual a 6 no es un juicio que se base en la experiencia, pero sin embargo es necesario. Ese tipo de procesos también ocurre cuando usted ordena series causales o piensa que una casa constituye una unidad. Vea: Hume pensaba que la casualidad dependía plenamente de la experiencia y que no podíamos establecer con rigor de necesidad un vínculo entre dos experiencias, por el sencillo y cierto hecho de que no podemos experimentar ese vínculo. La conexión es para él un producto de la costumbre de ver que a hechos A le suceden los B. Cuando comprendí el alcance de su estrategia me propuse distinguir lo empírico de lo trascendental. Una verdad matemática como la que mencionamos no puede depender de la experiencia, digamos que es a priori. Sin embargo la matemática y la geometría se nos presentan en todas nuestras experiencias. No son verdades vacías, analíticas. Me parece que el mismo trato merece la causalidad, la unidad, la sucesión. No son vacías, se dan en toda experiencia, pero son necesarias porque no dependen de una experiencia en particular.  Así  ocurre con todos los tipos de juicios que heredamos de su ídolo Aristóteles

(El placero, en tono solemne) EL placero. Nosotros somos más bien herederos de su filosofía práctica, él solía caminar mucho. 

Kant– ¿Pues bien qué opina?

Placero– ¿Qué hay entonces de la realidad a la que refieren los juicios?

Kant -La realidad pura no es más que una X que se esconde detrás de nuestras categorías. 

Placero -Pero tengo una duda, Herr Kant. Si no conocemos más que organizando nuestra experiencia nunca podemos tener entonces conocimiento de aquello que la trascienda. 

Kant– Perfectamente expresado

Placero– ¿Qué hay de nuestro Dios y todas las ideas metafísicas que nos son tan preciadas a nosotros, los placeros aristotélicos? Porque nuestro empirismo es una teoría de las formas objetivas de la realidad, mientras que lo que usted está proponiendo es que están en nuestra mente. ¿Qué ocurre con estas ideas metafísicas en su sistema?

Kant -Son súper síntesis a las que no podemos acceder en nuestra vida teórica. Sin embargo funcionan como reguladores de nuestra vida práctica. 

Placero– No me queda claro entonces la relación entre su filosofía teórica y su filosofía práctica. 

Kant– Vea, la empresa epistemológica que he emprendido ha sido, en  lo que respecta a la metafísica, totalmente negativa. No podemos conocer nada suprasensible, es, si me permite la metáfora, como hacer merengue sin huevos. Sin embargo la ética trata de la parte del hombre que no está anclada en lo sensible, sino en la libertad y la voluntad. El hombre en tanto fenómeno está atado a la causalidad, pero en tanto ser moral es capaz de ir más allá del mundo sensible

Placero– ¿Atado a la causalidad subjetiva?

Kantalgo molesto– La causalidad es una estructura subjetiva de la experiencia sensible, toda la experiencia se organiza causalmente. No se puede hablar de experiencia moral, porque sería la experiencia de lo incondicionado, y esto no es realmente ninguna experiencia. 

Placero– ¿El acto moral es incondicionado ? ¿No importan las consecuencias?

K–  Sólo las consecuencias lógicas. La voluntad debe desear lo universalmente bueno, lo que todos podemos querer. Si actúo de forma tal que el mundo comienza y termina con mi acción, actuaré moralmente. Un ejemplo lo puede ayudar: la usura no puede ser moral, porque implicaría la liquidación del dinero. Así también el suicidio no es moral porque si la máxima suicida fuese una ley, entonces la humanidad desaparecería.

Placero–   ¿No puede acaso un suicida categórico querer que la humanidad desaparezca en virtud de su acción? 

Kant– Pero en ese caso las condiciones iniciales que han posibilitado la acción se contradecirían con la máxima de la acción.

Placero-  Quizás sea una característica de la acción moral el que podamos ir más allá de ella, incluso contra ella.  El suicida quiere que todo se pierda.

K– Pero amigo, lo bueno no es lo que se quiere, sino lo que se debe querer. A veces no podemos querer lo que debemos, porque actúan factores de la sensibilidad, de la contingencia sensible que opera en la decisión. El deber es eso que queremos querer, incluso aunque no podamos quererlo de hecho. Es, para completar el trabalenguas, lo que querríamos querer. 

Placero- Herr Kant, yo podría querer que mis actos siempre sean buenos, no importa lo que haga.

K– Lo que dice es ridículo. Si todos aplicásemos esa máxima simplemente no existiría obligación moral.

(Placero sigue barriendo mientras piensa unos instantes)

Placero- Herr Kant, ¿por qué no apareció usted ese día?

K– Estaba leyento el Emilio de Rousseau. Lo  tuve que leer muchas veces porque me perdía en la belleza de su estilo. 

Placero -No es un libro de una ética muy bondadosa.

K– Es un libro sobre el rigor.

Placero- Ahora que lo pienso, su doctrina de la voluntad que quiere lo universal me hace acordar a la volonté générale y su oda a la libertad es una formulación abstrusa de los derechos humanos proclamados en el Termidor francés. Usted es un rousseauniano sofisticado.  

K, no muy conforme– Quizás se pueda establecer ese tipo de relaciones

Placero– Le explico por qué este cuestionamiento. Lo que me temo es que su filosofía sea demasiado subjetivista y que, en última instancia, se encuentre usted universalizando sus propios valores.  Ni en su epistemología ni en su ética veo ninguna apelación a una instancia distinta a la propia subjetividad. Su noúmeno es  absolutamente inútil en la teoría del conocimiento, y la única pista en la ética es la universalidad. Es posible que sus discípulos abandonen este elemento definitivamente y revelen que sus categorías trascendentales llevan a una suerte de perspectivismo absoluto. 

(El reloj suena)

K- No puedo creer lo tarde que se me ha hecho! Disculpe me tengo que retirar. Hasta pronto.

Placero– hasta mañana.

Sueño 4.  En el cielo, se lo ve a Jesús, a Budha, a Gandhi y, en un rincón, a Nietzsche, muy molesto. Budha lo increpa. 

Budha- Mi muy estimado amigo, no entiendo tu mal humor. Estas en el mejor lugar al que puede aspirar cualquiera.

N– ¡Tú lo has dicho! ¡Cualquiera! Acá están todos los malditos por la enfermedad de la simpatía universal.

Pero creo entender la razón de esta condena. Por mi odio hacia la cristiandad y a cualquier religión, me correspondía el infierno. Pero, según han leído en mis pensamientos, el infierno sería exactamente el tipo de lugar al que querría ir. Ergo, mi lugar es este. 

Jesús– No-no-no-no (dice chasqueando la lengua y haciendo señas con el dedo) Alguien no está diciendo la verdad! (lo mira con picardía)

N se hace el tonto– En fin, este es mi hado maldito y he de soportar ad aeternitis su estúpida alegría. 

B interviene curioso– ¿Hay algo que yo no sepa acerca de nuestro muy querido aunque poco recíproco amigo?

(Nietzsche se pone muy nervioso)

N- ¡Todo esto es ridículo!

Jesús, sonriendo y apuntando con el dedo– Me parece que hay alguien acá que no se ha portado muy de acuerdo con su filosofía

N- Basta! Son ustedes la moral del rebaño, la complacencia ante la decadencia del vigor ético que nos da la batalla, la moral agonal, el pathosdel heroísmo!

Jesús- ¡Alguien no quiere que le digamos ‘ha sido un buen niño’!

N- ¿Nos vas a torturar siempre con esos impersonales infantiles por siempre?

J- ¡Alguien está  muy enojado!

(N se levanta y patea la silla. Todos le miran)

N- Perdón. (levanta la silla, se sienta y se agarra la cabeza. Todos los personajes acercan una silla y hacen un semicírculo).  Durante mis investigaciones filosóficas descubrí un elemento innegable y devastador: el pensamiento moderno es como la serpiente de Ouroboros. Su contradicción es sencilla: han pretendido una teoría del conocimiento axiológicamente neutra que a su vez justifique su práctica. Pero el hiato se ha vuelto cada vez más evidente. No hay ninguna ontología ni menos una epistemología que legitime valores. La paradoja es que la guillotina humeana corta cuando sube y no, como pensaron todos desde su formulación, cuando baja. Lo que hace en verdad es matar al verdugo. El hiato entre valores y hechos no se resuelve hacia el hecho. No se puede saltar del hecho al valor simplemente porque no hay hechos. El giro subjetivista, completado por Kant y llevado a las últimas consecuencias por mi amigo Schoppenhauer no es más que la constatación de que no hay una esfera de hechos posibles de la cual asir nuestra moral. La metafísica ha de devenir en ética.

(Se han sentado de a poco todos en ronda. todos lo miran como si fuese un grupo de autoayuda)

N prosigue– Es así que llegué a una filosofía del vigor, del heroísmo, de la exaltación de la voluntad de esa subjetividad. Nada más pueril que la universalidad supuesta por  Kant para la acción, cada acción es única, cada experiencia irrepetible, cada individuo un mundo que quiere autoafirmarse. 

B, con tono conciliador– Pero lo que te está diciendo acá el amigo Jesús es que esa moral no fue llevada a la práctica por vos mismo. Tu filosofía es el sueño diurno de un niño en la escuela, asustado ante las mujeres y la gente, que se imagina como a un gran guerrero despiadado y  adorado.  

Nmuy apesadumbrado -He perdido entonces la batalla más amarga, la aventura autopoética. Soy una aberración para mis propios sueños. 

Jesús– ¡Alguien necesita un abrazo!

(se paran todos en busca de Nietzsche que forcejea violentamente. Finalmente lo atrapan. N grita)

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