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Crucigrillas y palagramas

Por Rogelio Ramos Signes |

Siempre me gustaron los juegos de palabras, porque pueden practicarse en todo momento, en cada conversación; y también los juegos con palabras, que requieren una cierta infraestructura, aunque sea mínima. A estos últimos voy a referirme.

Cuando niño amé El Bucanero; en la adolescencia, el Scrabel; en la juventud preferí el Boggle; y en la madurez, gracias a mi amiga Maisi Colombo, gusto del Diccionario; todos juegos sociales, convengamos, que se juegan en torno a una mesa. Sin embargo, nunca pude interesarme por el pasatiempo (solitario, egoísta tal vez) de las Palabras Cruzadas. De ellas hablaremos.

Como los mitos casi siempre nacen en el entorno (difícilmente en el centro de ellos mismos y de los personajes que involucran) es que hay gente que piensa que resolver palabras cruzadas es propio de personas con una amplia cultura. ¡Nada que ver! Resolver palabras cruzadas (o crucigramas, como también se les dice) es un entretenimiento ligeramente autista que practican quienes están sobrados de tiempo. Tiene muy poco que ver con la cultura individual. En todo caso está más relacionado con el carácter lúdico de las carreras con escollos. Conozco amantes de las palabras cruzadas que poseen una envidiable cultura, y también conozco a amantes del mismo pasatiempo que apenas están alfabetizados. El amor por este entretenimiento (muy apto para la sala de espera de un consultorio odontológico, por ejemplo) indudablemente va por otros carriles. Un crucigramista inculto sabe que Vian es el apellido de un escritor francés llamado Boris; mientras que un crucigramista culto, además, es posible que conozca la obra literaria de Boris Vian, que también fue músico y actor. Es que las palabras cruzadas dan alguna destreza, alguna información que roza lo banal, pero poco y nada aportan a la cultura de quien practica ese pasatiempo con la única meta de resolver su cuadrícula.

El crucigramista diestro (el que aspira al podio de los mejores jugadores con palabras que se interceden) sabe que Dánae es la hija de Acrisio, pero no pretenda usted que sepa quién fue Acrisio, ni qué cosas hizo ese mitológico rey, muerto a manos de su nieto Perseo. Así es como el aburrimiento se llama esplín, el chopo es el álamo negro, ful es falso, gafo es quien tiene los dedos encorvados, Paul es el nombre de Newman, y el ohmio es la unidad de la resistencia eléctrica. ¿Qué películas filmó Paul Newman? ¡Qué importa! Con que las cuatro letras de su nombre entren en las cuatro casillas que teníamos libres es suficiente por hoy, y por mañana, y por la eternidad. Es que estos entretenimientos juegan eternamente con las mismas palabras, salvo que aparezca algún nuevo personaje de apellido cortito (¿Bruce Lee? ¿Brad Pitt?) como para rellenar espacios; como la ropa interior en los bolsos de viaje, repletos de prendas mayores. ¿Qué sería de los ríos de Italia si no existiera el Po? ¿Y de los ríos de Suecia sin el Dal? más el Ili de Siberia, el Beni de Bolivia, el Oder de Polonia, el Tajo y el Ebro de España, el Indo de la India y el Rimac de Perú. Lo importante son las palabras cortas (de no más de seis letras) que salen al encuentro de las palabras largas para servirles como pinzas de sus vértebras, como ménsulas para su sostén. Y ya sabemos que, sin sostén, hay cosas que se vienen abajo.

Son múltiples las publicaciones, nacionales y extranjeras, dedicadas a este pasatiempo; algunas muy buenas, como las que produce Ediciones de Mente, preocupadas por darle una nueva vuelta de tuerca a la cuestión. Las mesas de ofertas rebosan de estas propuestas, para las que sólo es necesario que nadie haya resuelto (al menos con un bolígrafo) los acertijos con anterioridad. Eso sí, recuerde que la lira es la moneda italiana (cuatro letras) y que la libra es la inglesa (cinco letras), que el florín es de Holanda y el forint es de Hungría, que el sol fue la moneda peruana hasta los años 80 y que el won es la moneda coreana.

El crucigrama, que es un juego solitario considerado “de ingenio”, toma su nombre de una dupla verbal fácil de deducir: cruci, de cruz; y grama, del griego grámma, que significa texto. La denominación palabras cruzadas, en cambio, más que un nombre es una explicación. Por lo demás, Debra sigue siendo el nombre de Winger, Karol es el nombre del papa Juan Pablo II, bock es el vaso para beber cerveza, belio es la unidad de intensidad sonora, zaga es la parte posterior, y gota es una enfermedad de las articulaciones, sin olvidarnos de Duke (apodo de Ellington) ni de Liz (diminutivo de Elizabeth Taylor).

Una vez resuelto el acertijo, no hay premios ni menciones ni recomendaciones ni actos de desagravio. Tampoco hay amonestaciones si el proyecto no ha sido concluido con éxito; ya hemos dicho que se trata de un acto solitario (como tantos otros actos solitarios ¡caramba!).

En un crucigrama, que trataba de resolver un amigo, figuraba un instituto agrícola de la UN llamado FAO, las siglas XL que significan muy grande (en inglés, extra large), y SCV que es la matrícula del Vaticano. Visto desde afuera, debo reconocer que se trata de un pasatiempo harto caprichoso. Pero, como pasatiempo al fin, tiene sus propias reglas, y ahí va. Verdadero solitario de las palabras, el crucigrama ha terminado mordiéndose la propia cola y acuñando un puñado de términos para otras tantas definiciones, repitiéndose constantemente. Tal vez por eso, quienes se encargan de confeccionar estos tableros de palabras cruzadas, hayan tenido que inventar una serie de variantes, siempre a partir de la idea original: autodefinidos, sopas de letras, grillas, líneas cruzadas, cuadrados mágicos, búsqueda de palabras ocultas, criptogramas, panales, pirámides, dameros, acrósticos, etc.

Como si leyéramos un diccionario al revés (es decir: primero la definición para luego encontrar la palabra) la tablilla que acompaña al crucigrama nos pregunta por una princesa fenicia, sin mayores datos. En las cuatro casillas disponibles debemos anotar Dido. Luego viene otra princesa, esta vez es judía y son seis las casillas de las que disponemos. Allí debemos escribir Salomé, pero sin acento porque se cruzará con la primera “e” de Estela, que tanto es un nombre de mujer como un rastro en el mar, y se convertiría en Éstela (como si estuviésemos en La Rioja). Así es como Salomé, sin tilde aguda y acentuada como nos parezca, se transforma en Salome, que suena a salame, e innecesariamente nos ponemos vulgares con la bella princesa bíblica, hija de Herodías, que hizo perder la cabeza (literalmente) a Juan el Bautista. Así son estos juegos de palabras (usted verá) hay que disfrutarlos mientras duran, pero no perder la cabeza por ellos.

Y, ya que de cabezas hablamos, recuerdo que cabeza es testa cuando la grilla del crucigrama lo requiere: cabeza, cinco letras. Si en su lugar escribe mate, faltará una letra, usted se habrá puesto vulgar y algo no funcionará. Deberá esperar que las indicaciones pidan el “nombre de una infusión de hojas secas molidas y agua caliente servida en una calabaza hueca y que se absorbe mediante una bombilla”, cuatro letras. ¡Todo un trabajo de verdadero esfuerzo intelectual! Si en ese caso usted escribe café, sólo porque ignora que el café es un fruto y no una hoja, y también porque desde niño lo acostumbraron a tomar el café con una pajita, o con un canuto, o con un sorbete (como se dice hoy en día) su caso, amigo mío, es algo más complejo que todo esto y ya está necesitando una ayuda profesional.

(Del libro inédito “Los archivos de Candaya”)

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