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ISSN 2684-0626

 

 

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“En Argentina pesa menos Borges que en España”: Una entrevista a Sofía Balbuena

Por Diego Puig |

En un momento de nuestro encuentro por zoom (https://youtu.be/zmGBUu06Ro8), Sofía Balbuena y yo empezamos a hablar tan rápido que me preocupo por los potenciales oyentes. Ella habla con la velocidad porteña de una argentina en Madrid, una argentina radicada en España con el fin de desplegar y encaminar Lata Peinada, la librería especializada en literatura latinoamericana que ya cuenta con locales en Barcelona y Madrid. Sofi acelera las palabras y el discurso por naturaleza y también por un esplendente entusiasmo. En mi caso, hablo rápido para seguirle el ritmo y para poder abarcar más y más temas en una conversación alucinada de tono festivo y contagioso.

Sofi fue mi primera editora, escribió la contratapa de mi primera novela y nos hemos visto no más de tres veces en nuestras vidas, pero su huella en mí es importante. Ahora es librera del otro lado del Atlántico, una librera que pone al servicio de sus clientes una enorme pasión lectora. Y así conversamos sobre campos literarios, autores, oficios, valor literario, formas de leer y sobre contratapas.

Si la actualidad de las literaturas argentinas y latinoamericanas siempre se siente como un Lejano Oeste –una tierra en disputa y en construcción—, Sofía Balbuena observa y estudia lo que está sucediendo en tiempo real y desde una ubicación privilegiada. Con su mirada y sus ideas, La Papa abre esta nueva sección de entrevistas a referentes del campo literario iberoamericano para saber qué está pasando hoy en el mundo de la literatura y en qué consiste el valor literario, eso que se supone que un contratapa busca elucidar.      

¿Qué es una buena contratapa para vos? ¿Sirven para algo? ¿Cómo es la relación de una librera con las contratapas de los libros? ¿Facilitan o complican tu trabajo? ¿Y qué te pasa con ellas como lectora?

No lo sé. No creo que cambie en mí nada una contratapa. A veces las encuentro muy pretenciosas, a veces mal escritas o muy largas. La mayoría de las veces ni siquiera las leo. No elijo lo que leo a partir de las contratapas, por lo menos no desde hace ya varios años. Lo que sí puedo decir es que sí sirven y que median o articulan un puente hacia las lectoras. Y en buena medida, facilitan mi trabajo. Cuando no leí un libro sobre el que me piden opinión sí recurro a ese apéndice para poder dar una respuesta.

No quiero desmerecer el trabajo de quien escribe las contratapas o, para el caso, los resúmenes de los libros que vienen en los boletines de venta desde los cuales elijo las novedades editoriales. Lo que sí me queda claro es que en el marco de una librería mi palabra, haber leído ya el libro, pesa más que la elocuencia de una contratapa, un nombre pomposo en una faja, que el libro vaya por la 4ta edición o los argumentos de ventas que se articulan en el boletín comercial. Nada suplanta o compensa la recomendación meditada y atenta. El hecho de haber leído el libro y poder decir -o no- algo elocuente.

¿Hay alguna contratapa que hayas escrito y de la que te sientas particularmente orgullosa? ¿Compartirías un fragmento?

Creo que sí, varias. Pero ya no me gustan. Ahora que las recuerdo o vuelvo a ellas, me parecen pretenciosas y casi inclinadas el engaño para asegurar una venta. Cosa que ya no tolero. Así que no, no compartiría.

Fuiste editora de ficción en Milena Caserola y trabajaste en el Ministerio de Economía de la Nación. Ahora, estás en Lata Peinada en España. ¿Cuántas vidas caben en tu vida?, jaja. ¿Cómo ves, desde tu recorrido y desde tu lugar actual, a la literatura argentina? ¿Y cómo la ves en relación a otras literaturas hispanoamericanas? 

Todas las vidas que hagan falta. Vamos a vivir muchos muchos años. Me resulta insoportable pensar en pasar toda la vida haciendo lo mismo. Desde mi recorrido, pues la literatura argentina es maravillosa pero puede que yo tienda a idealizar estando lejos. Pero sí creo que tiene, sin saberlo quizás, una ambición o las condiciones para constituirse en universal. Casi te diría que podría existir en una librería de literatura argentina, exclusivamente, y que no faltarían libros para recomendar nunca. La calidad de la edición argentina es también impresionante. Es raro, pero en Argentina pasa algo en el marco de la literatura que en países del primer mundo se desarrolla como inversión en, por ejemplo, el deporte. Se invierte en literatura y mucho, y eventualmente aparecen las obras destacadas, la singularidad y el brillo. Es un camino de fe y la diferencia entre la inversión dirigida al deporte de las potencias y la argentina en literatura es que aquí la inversión es privada y precaria. Privada en el sentido de no estatal, no del capital concentrado.

En relación con otras literaturas hispanoamericanas pues la veo más versátil, más fresca, menos ceñida por el corsé del canon. A veces es un gesto irreverente y vacío que no se traduce en valor literario necesariamente porque, por supuesto hay de todo, pero creo que en Argentina pesa menos Borges que en España. Pero a la vez encuentro montones de casos en donde se escribe en la conciencia profunda de las referencias insoslayables de nuestra literatura y a la vez se las desconoce y se las apaga. Como si se pudiera escribir con ojos nuevos cada vez, sin el peso de tener que decir algo novedoso o brillante. Creo que América Latina en general es menos solemne, se toma menos en serio a sí misma y por eso mismo logra articular propuestas más novedosas o renovadoras.   

¿Qué diferencias notás entre el mundo librero/literario español y el argentino? ¿Percibís alguna particularidad entre tu manera de leer, la de otros argentinos y la manera de leer de clientes de las librerías en Barcelona o Madrid?   

Pues justo el otro día leí una nota que de Alejandro Zambra que lo resume muy bien: En España la literatura es más un mercado y en América Latina una búsqueda. Creo que es un poco así. Creo que opera en muchos niveles. En España hay más dinero financiando la cultura en general, también con diferencias internas. En Catalunya hay más dinero financiando la cultura que en Madrid. Pero sobre todo hay más dinero en general circulando en función de la literatura. Pero a la vez, por eso mismo, creo que el mercado español tiende a la conservación o a la inmovilidad, mientras que en el argentino se generan instancias articuladas y renovadoras todo el tiempo y por amor genuino al arte. Eso es algo que extraño: hacer las cosas porque nos gustan y si no hay plata, pues nada, se hace igual y después vemos. Obvio esto esconde montones de cosas como el privilegio de quien puede dedicarse a hacer algo que le gusta y demás. Pero en definitiva creo que incluso en la precariedad estructural que supone ser un agente de la cultura en Argentina ahí el hábitat es más estimulante.

Sobre mi manera de leer pues está mediada por el hecho de tener dos oficios confirmados y que mi carrera de grado es Ciencia Política. Siempre lo digo, pero antes que cualquier otra cosa yo soy politóloga y como politóloga pues me considero marxista. Entonces eso ha hecho más por mí en la lectura que mis másters en escritura creativa y literatura. También el proceso de migrar, de mudarme de ciudad en el medio de una pandemia, haber trabajado de feriante, limpiando casas, etc. No sé si es tanto una cuestión de nacionalidad como de recorrido vital y de lectura que, para mí, son un poco lo mismo. Y creo que desde ahí se puede pensar una diferencia de abordaje en la lectura, con un recorrido múltiple como el que traigo pues se lee con la cabeza más abierta yo creo.

Esto corre enteramente por mi cuenta, pero siento que, en general, se lee muy mal. Incluso l@s que se consideran buen@s lector@s, leen pésimo o pobremente. ¿Vos qué opinás? ¿Hay vicios que interfieren con la buena lectura? ¿Tenés algún consejo para leer mejor? ¿En qué consistiría leer (literatura) bien? ¿Podríamos leer mejor, en general?

Pues creo que en general se lee más de lo que creemos o de lo que nos gusta pensar a nosotres les que leemos. Creo que el hecho de que no se comparta compulsivamente en internet lo que se lee no significa que no se lea. Esto lo sé porque estoy al frente de una librería que tiene clientas y clientes muy lectores que no se ocupan de divulgar lo que leen pero sí cuando vienen a Lata Peinada, comentamos. Luego, no sé bien qué es leer mal o leer bien. Yo he aprendido a descentrar mi propio eje cuando leo y creo que ese es un buen ejercicio. Creo que buscar la identificación es un error de método. Me suena medio a caprichoso de hijo único que necesita mirarse en el espejo para hacer cualquier cosa.

¿Qué cosas no encontrás en la literatura actual que te parecía bueno o te gustaría encontrar? ¿Qué sobra o hay de más?

Pues no sé si no encuentro en absoluto, pero veo poca ambición en general. A veces se entiende ambición como solemnidad o seriedad y no estoy hablando del tono o de ser una persona seria sino más bien de escribir una gran obra, una obra maestra. O sea, estos escritores al estilo Bolaño que un poco están representados en la figura del poeta, esa entrega y devoción la veo poco. No sé si es necesariamente algo malo. Creo que cambió el paradigma de alguna manera y que quizás con Bolaño muerto, después de Los detectives y 2666, en nuestra generación, pues la pretensión de construir una novela total aparece menos.

Luego veo una inclinación hacia la infantilización en las voces en la literatura latinoamericana escrita por mujeres que me perturba. Cierta idealización de la infancia y una mala lectura de la consigna que reza que lo personal es político. Se entiende o se escribe bajo la consigna de que lo personal -que es supuestamente político- vendría ser lo que me pasa a mí. Ese tipo de escrituras no me gustan y las esquivo.

Si la vida no nos alcanza para leer todo lo que deberíamos o nos gustaría leer, ¿tenés algún criterio de selección o de descarte para organizar prioridades a la hora de elegir tus lecturas?

Pues intento leer todo lo que puedo de literatura latinoamericana contemporánea y de reciente publicación. Pero descarto muchísimo. Si no me gusta, no me atrapa, abandono sin problemas. Luego yo busco cada vez más entre los soportes hibridados las literaturas que están rompiendo o desconociendo o ampliando el soporte canónico. Pero también me gusta leer grandes novelas. Lo que ya no leo es teoría política, por ejemplo, eso abandoné. El año pasado, además, entré de cabeza en la poesía que siempre había esquivado. Como lectora, pues le doy prioridad al placer.

Las contratapas suelen ser el lugar donde se destaca el valor literario de un libro ¿Qué te dice a vos la idea de “valor literario? ¿Significa algo en concreto? De los libros que leíste recientemente y que más te gustaron: ¿qué guardás? ¿qué tenían? ¿qué lograron en vos? ¿qué te dieron?

Valor literario. No sé muy bien cómo definirlo o siquiera a qué remite. Pero cuando lo veo, lo reconozco. Un poco como con la poesía que de repente la ves y decís esto es poesía. El hecho de que esté presente en la contratapa pues la verdad es que no juzgo un libro por su contratapa tanto como por sus primeras 20 páginas.

Lo que acabo de terminar de leer y me pareció excepcional es la trilogía autobiográfica de Deborah Levy. Son tres libros: Things I don´t Want to know, The cost of living y Real state. Pues sobre todo tienen una construcción muy elegante de la digresión que remite al corazón de su escritura. Todo lo que construye, todo lo que pone en el libro está señalando aquello que quiere iluminar, pero es tan sutil y está tan bien articulado que cuando finalmente llega el momento en el que nombra las cosas, no necesita más que una línea para explicarse. Esto de escribir algo para contar otra cosa y lograr decir lo que querés me parece la definición de la belleza.

¿Se puede leer a los clásicos desde nuestra sensibilidad actual? ¿Cómo pensás la relación entre clásicos y actualidad? Y entre literatura contemporánea y el mundo actual/la realidad?  

Supongo que se puede. Yo no he leído a los clásicos de la literatura con la excepción de El Quijote. He leído el canon de la literatura contemporánea muy mal. Pero si he leído a los clásicos de la teoría política y a los nuevos clásicos de la teoría política y en realidad creo que puede que funcione un poco igual. Está todo ahí de alguna manera contenida e infinita, pero yo no veo en eso una razón de peso para detenerse.  

¿Cuál sería y qué diría una contratapa que te daría mucho placer u orgullo escribir?

Pues mi escritora fetiche estos últimos años ha sido Maggie Nelson. Traduje de forma libre su libro Bluets. Me hubiese encantado escribir una contratapa hipotética al hipotético libro con la traducción que hice de Bluets. Podría haber dicho algo como: Si alguien me pregunta como quién quiero escribir yo respondo como Nelson. No cualquier libro de Nelson: quisiera haber escrito Bluets. Supongo que un poco lo hice, como Hunter Thompson que tipeó palabra por palabra El Gran Gatsby solo para ver que se sentía escribir –literalmente escribir– una obra maestra.

¿Qué o a quién hay que leer en el 2022?

No lo sabré hasta que lo lea pero te puedo decir qué voy a leer yo:

La novela de Cristian Alarcón que acaba de ganar el Alfaguara.

Literature in motion, translating multilingualism across the Americas de Ellen Jones

La señora Potter no es exactamente Santa Claus de Laura Fernández

Infinite jest de David Foster Wallace

Voy a leer la poesía de Kenneth Koch y John Cage y Auden y Frank O´Hara.

The sea de Banville

Melville de Fresán

Un deseo literario o para la literatura argentina.

El nobel para César Aira.


Imagen 1 (fotografía de Sofía Balbuena): Ana Portnoy


Sofía Balbuena es Licenciada en Ciencia Política (UBA), Máster en Creación Literaria (Universidad Pompeu Fabra) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Trabajó más de diez años como especialista en gestión y administración del sector público en el Estado Argentino. Se formó como escritora en los talleres de Christian Rodríguez, Carlos Busqued y Flavia Company. Publicó en 2019 Pajarera Naif, su primera novela (La Verónica Cartonera). Desde abril de 2019 trabaja como librera en Lata Peinada.

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