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ISSN 2684-0626

 

 

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Historia de la poesía contemporánea de Tucumán: Ajenos al vecindario

Por Pablo Toblli |

Con este artículo, continúo una serie de reflexiones tendientes a revalorizar y celebrar algunos momentos fundamentales de la poesía contemporánea de Tucumán. Anteriormente he puntualizado sobre JOETUC, atendiendo a sus dos momentos de actividad poética durante la década de 1980.[1]

En esta instancia, comentaré sobre la antología Ajenos al vecindario (Último Reino, 2009) que reúne a 4 poetas (Maisi Colombo, Ricardo Gandolfo, Manuel Martínez Novillo y Rogelio Ramos Signes), quienes publicaron sus primeros libros en la década de 1980. Estos autores conforman una comunidad tanto estética como afectiva que los  liga como generación, constituyendo un grupo de poetas que comenzó su actividad literaria a comienzos de la década de 1980, pero que la Editorial Último Reino decide reagruparlos en dicha antología en el año 2009. Al respecto, Ramos Signes escribe en un ameno prólogo: Habíamos desarrollado una actividad literaria más o menos intensa, sazonada con muchas lecturas. Como corresponde a gente de una misma generación, teníamos gustos similares en música, literatura, en cine, en pintura. Tal vez en ese orden (2009: 11). Por otro lado, la antología nos brinda información de los diversos ciclos de lecturas y fotos de los afiches de las mismas, entre las que se nombra a Le progres agricole, Dos ballenas, un mago, Paris y Managua, Nunca estamos juntos y 6 poetas; muchos de dichos eventos presentados por poetas de renombre en Tucumán en aquel momento como Ricardo E. Gutiérrez o Arturo Álvarez Sosa.

La obra intenta recuperar los poemas de aquellas épocas de juventud, por lo que existe un programa estético forjado en el gusto por la sensibilidad de los poetas franceses simbolistas, tal como me comenta Ricardo Gandolfo en entrevista: Después de un coqueteo inevitable con autores franceses como Baudelaire, Rimbaud, incluso Mallarmé, descubrí (gracias a Borges) la literatura inglesa y norteamericana. Hay allí poetas que me influyeron poderosamente y me siguen influyendo. T.S. Eliot, Ezra Pound, William C. Williams, Denise Levertov, Ted Hughes, Lawrence Ferlinghetti, Silvia Plath. Hay italianos también, Montale, Quasimodo, Ungaretti (¡la sagrada trilogía!) y Pavese y Pasolini. Entre los argentinos y latinoamericanos, me gusta mucho Silvina Ocampo, Alberto Girri, Alberto Muñoz, Antonio Cisneros, Olga Orozco, por citar solo algunos.

Existe una unidad que conforma un fuerte microclima que los hace sentirse apartados de otros grupos de poetas y de la comunidad en general, por qué no. Recordemos sobre este punto la figura del flâneur que tanto cultivó el padre de los poetas simbolistas: Charles Baudelaire, con su exquisita bohemia. Este sentimiento de ajenidad del flâneur, quien es parte de la muchedumbre urbana pero distante, lo observa todo, gesta y  matiza la ciudad a partir de sus percepciones atravesadas por una sensibilidad que flota sobre los objetos y se ramifica a cada paso, en donde muchas veces los objetos son símbolos del estado interior del poeta, de su presente, de sus anhelos o de su pasado:

La plaza se oculta en la noche. / Quedan sólo los árboles como sombras de jorobas gigantes / y cuatro faroles languideciendo en el tiempo. […] El domingo se apaga con un decoro insignificante / y rutinario. / Pocas cosas resisten ese instante. […] / Ver por una ventana el pasado / y hay un niño llorando en la noche en una estación de servicio. / No, no puede ser una estación de servicio. / Se trata de una carretera vacía. / En verdad es un barrio en construcción/ que parece una ciudad abandonada atravesada por una carretera. […] / Es el abandono que crece como el viento. / Entonces busca entre las casas a alguien como punto de referencia del mundo / que cree que ya no está, / pero sólo ve un perro / y un perro no es alguien / es sólo un perro en un pueblo vacío y polvoriento (Martínez Novillo, 2009: 71,85).

Por supuesto, ya desde el título de la antología hay una intención de ajenidad. El poeta se siente distante de ese mundo con el que no se identifica, con ese gran engranaje veloz y deshumanizado; paradójicamente, en esa ciudad encontrará su poesía:

¿Qué ha sido de nosotros / y de nuestras garras / para hacer crecer la hierba con las uñas / para enfrentarnos al mundo / que nos miraba con indiferencia? / las pupilas eran el refugio de la rebeldía / con el pelo navegando en el viento / nos arrancamos los hijos con las manos […] / deambulamos nuestros cuerpos en la desesperanza / el miedo es la excusa del silencio / abrimos los brazos y somos pájaros (Colombo, 2009: 28).

Por otro lado, se repite un gesto estético que pone de manifiesto las influencias culturales de los poetas para escribir. Este aspecto se observa en las citas explícitas de escritores, filósofos o de una bandas de rock. Sin dudas, en los poetas que vivieron su juventud en los años 1970, el rock fue un impulso crucial para que empezaran a escribir sus primeros versos, movilizados por ese mundo subterráneo y alterno que las melodías y las letras evocaban, y con el que se sentían identificados:

Toma tu aliento / tus carnes / las croquetas insondables de tu infancia / los mares envenenados / entierra tus pulgares / el resto de tus dedos / descifra ese relleno / recorre tu camino hacia Pink Floyd […] / recorre con él a Cortázar por las calles apretujuelas de México D.F. que funda los grumos del desasosiego / y su recaída final / deja descansar en un lugar oscuro (Colombo, 2009: 31).

Es así que en esta antología existe una tendencia a los intertextos, por lo que los poetas utilizan discursos de diferentes disciplinas humanísticas como el psicoanálisis, la filosofía o la historia, elemento que ya utilizaba el tucumano Hugo Foguet o poetas como Amelia Biagioni, quien recrea en la escritura la figura de Van Gogh; Juan Gelman a los místicos y Alejandra Pizarnik a Lautréamont. De este modo, los poetas de Ajenos al vecindario recuperan este gesto estético; tal es el caso de Ricardo Gandolfo, quien toma la figura y el pensamiento de filósofos y los estetiza, recreándolos en el poema, como en los casos de los textos en los que refiere a Hegel y Spinoza:

Hay un minúsculo local, donde a puertas cerradas se cocinan / manjares sustanciales. / Allí las ollas predilectas hierven / la ética impalpable que a cada cual otorga / lo que es propio. […] / Se lo dice de una manera cautelosa, / el insigne germano merodea / por esos negocitos / pequeños, imperturbables / rutinarios. / Donde la nada es, / eternamente / y el ser se lava una y mil veces, como una joya antigua / con un jabón tan exquisito / que es casi un gesto dialéctico negarlo / y volver a encontrarlo purificado (Gandolfo, 2009: 55,64).

Considero que Ajenos al vecindario nuclea un grupo de escritores que fueron referentes, sobre todo, para poetas más jóvenes que presentaremos en otras instancias, como Gabriel Gómez Saavedra, Javier Foguet, Sylvina Bach, Manuel Martínez Novillo (h), entre otros.


[1] http://lapapa.online/poesia-juventud-y-democracia-joetuc/http://lapapa.online/el-segundo-joetuc-las-voces-reverdecen/


El presente artículo es una reescritura de una parte de mi tesis de licenciatura en letras Una lectura del imaginario poético de Tucumán (2000-2020), dirigida por el Dr. Guillermo Siles.

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