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La literatura en la música. Letras de canciones.

Por Indio Cansinos |

Aunque usted no lo crea, esto es un ensayo.

Desde épocas inmemoriales los pueblos han transmitido de generación en generación relatos de hazañas, gestas, epopeyas de sus antepasados y otras andanzas de héroes y heroínas, historias hechas leyenda y leyendas hechas historia; por medio de la canción.

La Biblia misma da cuenta de esto y no es casual que mucha de la liturgia de las distintas religiones del orbe se desarrolle cantando.

La razón de ello es sencilla: es mas fácil recordar fidedignamente una canción que un texto o un relato. Está claro que ello es así pues la sola lectura exige del lector cierta concentración, comprensión y memoria; en cambio la música -y más cuando ésta conmueve- tiene cierta facilidad para abrirse paso por entre los sinuosos caminos del espíritu humano.

En consonancia con lo dicho, el suscrito confiesa que se aprendió el Himno Nacional desde pequeño, pero entendió el significado de lo que cantaba muchos años después. Claro que aquí entra en juego también la repetición diaria pero – insiste el suscrito- aun así sigue siendo un método más eficaz que la lectura.

Por supuesto que no es un método infalible, muy por el contrario, en innumerables ocasiones el oyente puede llegar a confundir lo que escucha y eso llevar a extrañas interpretaciones respecto a qué quiso decir la canción.

El repertorio patriótico tiene múltiples ejemplos de esto ultimo: “ahí ´tá en el cielo Don Aguilar Herrera” señor del que se decía que “el habla español” en la operística Aurora o “aquí esta la bandera y yo la he traido” junto a las valerosas hazañas de “Suvin” muy bien relatadas en Mi Bandera. [1]

Nota: relajese estimade lectore, no he de exigirle que memorice este texto.

Aquí también el suscrito quiere dar testimonio que supo aprovechar este mecanismo para memorizar datos de la tabla periódica durante sus años de estudiante secundario y puede declamar sin hesitación que Fe, Co y Ni tienen valencia 2,3 entre otros saberes que nunca supo bien qué utilidad tendrían hasta este preciso momento.  

En fin, el propósito de lo expuesto no es otro que señalar lo imposible que resulta establecer con exactitud desde cuándo la humanidad se dedicó a mezclar la música con el texto o si es que la canción nació junto con la música y la poesía misma y en realidad fueron éstas quienes después se separaron para hacer su propio camino. Hasta que no inventemos la maquina del tiempo, no lo sabremos.

Quizás, exámenes de ADN mediante, podemos decir que la canción es hija de la letra y la música, aunque también podemos decir que estas son hijas de aquella y que la canción es hija de la necesidad de preservación de la memoria de los pueblos.

Pero algo pasa con la canción, que a lo largo de la humanidad va jugando distintos roles. Algo pasa que no se conforma con ser un arte menor y a veces pretende elevarse al cielo de la poesía o de la música culta, pero a veces también se desvanece y se deja caer en un ser meramente utilitario, accesorio y fútil para luego aventurarse hacia el centro mismo de la cultura de un pueblo y hacerlo florecer como ningún otro arte podría. En ese vaivén fluctúa la canción. Desde orígenes inciertos, perdidos en madejas de geografía hasta obras con firma de autor específicamente determinado en coordenadas.

Canciones clasificadas en genero y especie como una agenda de Darwin y otras que se descolgaron de alguna antigua galaxia o emergidas de un abismo inexplorable.

Transmitidas al calor del fogón o por medio de las maquinas de estampar sonidos de cuando “el mundo hizo plop y nadie podía entender que era esa furia…”

Con multiplicidad de propósitos: para bailar, para trabajar, para enamorarse, para pelear, para hacer gimnasia, para la cancha, para dormir, para soñar, para vender, para escribir algo sobre la literatura en la canción.

En el estadio actual del vaivén nos enfrentamos a los escaparates de centro comercial y a las mantas de feria artesanal.

En unos más y en otras menos, pero en ambas encontramos letras meramente decorativas, que nada dicen y no me refiero a la “H” sino a un conjunto de frases puestas caprichosamente entre una serie de sonidos. Una bolsa de frases donde uno mete la mano y vale cualquiera que saque. Canciones que bien podrían tener otra letra cualquiera y no cambiaria nada. O bien letras que caben en distintas canciones con estribillos pegadizos, es decir con letras pegadas, sea con adhesivos o a golpes.

Pero también hay las canciones que aun reservan un lugar para la poesía, en las que le letrista si no es ya poeta, al menos pretende serlo; y donde la música constituye un éter de sensaciones y emociones que no encuentran palabras para definirles y por eso se fundamenta. Y damos gracias por su existencia.

Serán estas las canciones que el suscrito gustaría detenerse a contemplar sea porque la música le hace juego a la letra o porque se pueden separar una y otra y seguir teniendo entidad como tales o sea porque la conjunción de ambas dan por resultados algo distinto, superior y profundo, como un convenio win-win.

…las canciones escritas sobre un papel mojado, llenas de fotos y emoción, como esa canción que nace nueva, acariciando el desvelo, desandando sin saber viejos caminos, que se caen frente a vos, con la compañía de un ciego alerta; esa canción que va con uno por el mundo con su corazón, creando héroes de final feliz, en fin, para apaciguar y para molestar [2].

Me encantaría adentrarme en el análisis concreto de cómo se conjugan acento y rima con la melodía, qué rol tiene la armonía y los versos de una estrofa. El por qué del estribillo. Como juega la métrica y otros menesteres, pero queda claro que tendremos que juntarnos a ensayar nuevamente, pues eso ya es otro cantar.


[1] El original dice: “Alta en el cielo un águila guerrera” y luego “…el ala es paño…”. Respecto a Mi Bandera no citaré el original porque resulta obvio el origen de la confusión.

[2] He tomado pequeños fragmentos de canciones de Ana Jeger, Alem, Topo Encinar, Rubén Cruz, Chivo Valladares, Ruso Souza, El Negrex y los Almirantes, Atahualpa Yupanqui, Redd y Luis Gómez Salas.

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