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La novela no escrita de Francisco Santucho

Por Lucas Cosci |

Voy a hablar de una novela no escrita todavía. Una novela que espera en un estado latente y que alguien tendrá que escribir alguna vez, para que sus muertos y desaparecidos encuentren justificación en la paz vertiginosa del relato. Ergo, se busca un autor. El autor de esa novela hipotética, ya tiene de antemano una palabra que conjugar para su título: Dimensión.

Nuestra novela va a hablar de la saga de una familia del Norte Argentino. Diez hermanos arrojados a una urdimbre de luchas políticas, persecuciones, muertes y desapariciones. Y en el medio de todo, la acción cultural revolucionaria.

En esa novela no escrita, se visibiliza con toda nitidez una galería de personajes digna de la mejor novelística decimonónica. Hijos del procurador judicial Francisco Rosario Santucho, y de sus dos esposas ¬que a la vez eran hermanas entre sí¬ en la lista se destacan especialmente el jefe del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), Mario Roberto y, el gestor de la Revista Dimensión, Francisco René, uno muerto en la lucha y el otro desaparecido, durante los  años más trágicos de nuestra historia.

Como en La Niebla de Unamuno o como en Los seis personajes… de Pirandello, alguien se presenta de pie y pide que lo narren. Olvidado por décadas, negado, proscripto, prohibido, y, finalmente, borrado de las hablas en tiempos de dictadura, el personaje de esta novela no escrita reaparece hoy como una presencia avasallante, entre papeles recientes que lo redimen después de cincuenta años de silencio.

Francisco Santucho entonces empieza a ser para nosotros aquella “presencia necesaria” que proclamaba el primer número de la Revista Dimensión. Como cartas que viajan por el tiempo, sus textos vuelven a circular entre nosotros y se abren camino hacia nuevos lectores.

Porque la novela hipotética, no solo tiene título, saga y personajes. Llega además escoltada de textos recuperados para la posteridad. Textos que son fuentes cercanas, recientes, accesibles para la reconstrucción de los sentidos.

Veamos. En el año 2013 se publica la edición facsimilar de los ocho números de la Revista Dimensión. En septiembre del año 2016, se edita el libro Obras Completas de Francisco René Santucho. Los dos sucesos constituyen un acto de justicia hacia la memoria de un productor cultural único.

¿Qué nuevos significados abre esta voz remota y tardía que se precipita sobre un Santiago del siglo XXI? ¿Qué voz podemos escuchar en esos textos?

La obra literaria de Francisco Santucho apenas puede ser separada de su labor como editor. La mayor parte de sus notas y ensayos han sido publicados en la revista y en su editorial. Porque nuestro autor navega en las aguas cruzadas de la gestión cultural, la edición y la escritura como actividades necesariamente co-implicadas.

Para los que no saben de qué estoy hablando: Francisco René “el negro” Santucho nace en Santiago del Estero el 9 de agosto de 1925 y desaparece en 1975, en manos de la Triple A.

A comienzos de la década de los 50 funda la Librería Aymara, en la antigua casa de los Taboada, ubicada en pleno centro de la ciudad, un icono de nuestra historia cuya presencia en ruinas nos sigue interpelando en el trajín de las calles. En enero de 1956 sale el primer número de la Revista Dimensión. En 1957 funda su segunda librería que toma el nombre de la revista y que funcionara en el local 18 del pasaje TabyCast.

La novela sigue hasta el presente, con la continuidad testimonial de la librería durante casi seis décadas. ¿Cuántas librerías duran seis décadas en la Argentina? Francisco Santucho sería secuestrado y desaparecido el 1 de abril de 1975. Pero su mítica librería se propagaría en el tiempo como un grito que no se apaga, de la mano de su esposa Gilda Roldán, primero, y luego de su hijo, Francisco, nacido con posterioridad a su desaparición. En el año 2011 la librería fue declarada “Espacio de Interés Cultural” por de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia.

Sigue la novela. En el año 2018 la librería abierta por nuestro personaje y vigente durante casi seis décadas, cerraría definitivamente bajo el impacto fulminante de un gobierno neoliberal. Ese mismo año moriría Gilda Roldán, fatigada por tantos años de luchas y de duelos.

En cuanto a la revista, durante siete años publica ocho números. En ella escribirían intelectuales de prestigio local como Bernardo Canal-Feijóo, Orestes Di Lullo, o Clementina Rosa Quenel; nacional, como Rodolfo Kusch; y sudamericano, como Miguel Ángel Asturias. Quiere decir que la red cultural desplegada por Francisco Santucho, extendía sus nudos mucho más allá del horizonte provincial y eso está reflejado en las páginas de la revista. Tal ha sido el caso, a propósito de la presencia de Witold Gombrowicz en Santiago, que el nombre de Dimensión apareciera en la Revista Kultura, publicación francesa de exiliados polacos.

Además de la labor editorial, desde este espacio se desarrollaba una intensa actividad de gestión de la cultura, mediante exposiciones de cuadros, presentaciones de libros, charlas-debates, y otras actividades de animación, como la peña americanista.

Sigue la novela. Si La Brasa había instalado la cuestión identitaria en el concierto de la cultura nacional, Dimensión imprime una impronta americanista y sobre todo indigenista a la gestión de la cultura.

Así entonces, La Brasa, entre los años veinte y cuarenta, y Dimensión, en los años sesenta, constituirían dos momentos articuladores de la literatura del Siglo XX en Santiago. Lo curioso es que muchas de las voces que encontramos en La Brasa, reaparecen en Dimensión, ahora tributando a una nueva configuración de sentido.

Sigue la novela. Entra en escena un nuevo personaje. Es el indio. Hay que decir que cuando en 1954 Francisco Santucho publica su ensayo El indio en la provincia de Santiago del Estero, da lugar a un giro inédito en la comprensión de la cuestión indígena en la literatura santiagueña.

Porque este nuevo indigenismo asume contornos muy diferentes respecto de aquel que llevaban adelante otros santiagueños, casi desde el siglo anterior. En este sentido, tal vez no sea exagerado afirmar que la literatura santiagueña del siglo XX presenta un notable sesgo indigenista, sobre todo desde la ensayística que alcanza un nivel sorprendente. Y en esto Ricardo Rojas es un pionero. Los textos de Eurindia, El País de la Selva, sus compilaciones de los Himnos quechuas, dan cuenta de un indigenismo que está a tono con una corriente que recorre de norte a sur las vértebras de la América andina, en los albores del siglo XX, con un aire nuevo que quiere dejar atrás la mirada hispanocéntrica para encontrar en el mestizaje una combinatoria superior que busca su clave programática.

El indigenismo de La Brasa seguía a grandes rasgos la tendencia marcada por Ricardo Rojas. La ensayistica de Di Lullo, de Canal Feijoo, de Emilio Christensen, de los hermanos Emilio y Dunkan Wagner, intentaban recuperar el sedimento de una cultura pre-hispánica que en Santiago estaba intacta, en la superficie de las hablas: el uso del quichua, la vigencia de la leyenda anónima, la expresión popular dramática, el folklore, la medicina popular, la alfarería, junto a otras expresiones espontáneas del pueblo santiagueño, restos supérstites de procesos civilizatorios preexistentes, cuyo valor estaba en relación con la articulación de un relato identitario.

Como Mariátegui, Francisco Santucho busca en sus escritos un “nuevo planteamiento” para el problema del indio. Entiende, como buen marxista, que el problema tiene su origen en la propiedad de la tierra. Hasta la llegada de los españoles, el indio ha sido el legítimo propietario de sus tierras y el soberano de su destino. Los conquistadores no fundan ni inventan nada. Lo que hacen es un acto de apropiación por el que feudalizan las posesiones indígenas y fundan el orden de la propiedad colonial sobre las ruinas de las comunidades preexistentes, en base a instituciones jurídicas como la mita, el yanaconazgo y la encomienda. Al momento de la fundación de la ciudad de Santiago, Francisco de Aguirre había empadronado a 86.000 indios que fueron repartidos entre españoles y utilizados como mano de obra semi-esclava.

Para Santucho la cuestión indígena no es un problema del pasado. El indio “gravita” en la historia provincial hasta el presente, con una presencia demográfica mayoritaria, una verdadera marea humana frente a la minoría de españoles. Además, esta gravitación se descubre en la supervivencia de actitudes y expresiones, solo explicables si tenemos en cuenta sus antecedentes indígenas.

Sigue la novela. Ahora el personaje del indio tiene nombre y apellido. Es el indio Juan Balumba de Savagasta. Erigido en símbolo de la resistencia indígena, Santucho le dedica una nota en el número V de la revista, de mayo de 1961. El texto analiza un acto de crueldad que vuelve visible el lado más perverso del orden colonial. En el año 1676 el indio Balumba es sumariado por contravenir el bando real que prohibía a los indios vestirse con ropa española. Este “conocido por indio” había protagonizado el escándalo de ser sorprendido con traje de español. Como consecuencia, las autoridades a cargo lo someten a una humillación pública: lo desnudan, lo rapan y le infringen veinte azotes para escarmiento.

El episodio visibiliza la tensión irresuelta entre dominación y resistencia. La recuperación de la memoria de Balumba tiene sentido en la medida que representa algo en lo que Canal insistía: la pasividad del indio no es mansedumbre, sino que es una forma de resistencia al poder colonial. El texto sobre el Indio de Savagasta cierra con la siguiente tesis: “la pasividad indígena es así una pasividad agresiva y fuerte”, una especie de sutil “contraataque” o revancha. Sin violencias, mediante la pasiva provocación de su vestimenta, el indio Balumba ha puesto en vilo a ese poder, que solo puede reaccionar con brutalidad.

En el número siguiente, de mayo de 1962, Dimensión publica un memorable poema de Clementina Rosa Quenel con el título de “Bando de Juan Balumba”, en el que poetiza la crueldad a la que había sido sometido aquel indio infortunado. “No es el Inca Atahuallpa / Ni el duro fuego de Tupac Amaru, / Tan solo un escuálido indio de nuestro pueblo”.

El poema es una muestra del modo en que la producción literaria de los viejos brasistas, cobra un nuevo sentido en el entorno de Dimensión. Es un guion de diálogo entre generaciones diferentes, pero capaces de establecer un vigoroso contacto. Es decir, la gestión cultural de Francisco Santucho ha logrado que la producción preexistente se configure en un nuevo orden de sentido, con eje en el indoamericanismo. Es la magia de Dimensión.

La novela tiene un final abierto. ¿Qué hacemos entonces con este legado? Hay que escribir el final. Con la paciencia de los pueblos vencidos, esta novela espera el momento que un autor generoso le conceda asilo en sus palabras.

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7 respuestas a “La novela no escrita de Francisco Santucho”

  1. María del Carmen Pilán dice:

    ¡Excelente artículo! felicitaciones Lucas Cosci, ¡gracias La Papa!

  2. Ramiro Ledesma dice:

    Me parece tan necesario hablar, escribir, divulgar, socializar, sobre nuestros pueblos originarios, muchos silencios, muchos espacios vacíos de la historia que aún faltan ser contados, llenados.
    Si el poder busca el silencio, la resistencia debería construir y reconstruir las voces, los ruidos.

  3. Excelente escrito Lucas, de modo ingenioso, en una escritura clara, amena, que aúna la belleza y la precisión, va desenredando la trama del indigenismo santiagueño.
    Aprovecho para informar que esta en tramite un reconocimiento post mortem a Gilda Roldan su esposa. Se invita a la comunidad universitaria de la UNSE a respaldar con su firma este homenaje.

  4. Alba Marina Loberse . dice:

    Sumamente interesante el tema , la visibilización del indigenismo , la reivindicación y orgullo que tendrían que tener sus herederos , el apoyo que debemos brindarles , y la reinvestigación del tema en la actualidad.
    Felicitaciones a La Papa por el genial y generoso trabajo.

  5. Dardo del Valle Gómez h. dice:

    Excelente…

  6. Javier dice:

    Excelente abordaje de la identidad soslayada quw late en los SANTIAGUEÑOS. En la escririra de la novela debida como bien dice wl Dr Cosci. Y en su esceitura com ese prisma estara tal vez cifrado el destino de grandeza que nos debemmos

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