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ISSN 2684-0626

 

 

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Las áreas de Brodmann o las desmigajas de la memoria

Por Pablo Toblli |

Mónica Cazón en uno de sus poemas de su reciente libro, Las áreas de Brodmann, sentencia: “[…] La memoria preserva el color / lo que se va y no vuelve. / Lo que vuelve y se diluye / el resquicio del universo”. Con ese trazo firme del lenguaje, nos adentramos en una escritura que responde poéticamente a cada embate de la memoria, que aparece, en ocasiones, como un designio que ilumina una pulsión redentora del dolor o de la inercia maldita de apagar la vida para siempre. En otros pasajes, ese recuerdo evoca resabios de nostalgias y tristezas de una niña sensible que retorna: “Es de noche / y ya no son más aquellas noches / cuando las estrellas se acumulaban / en el patio / sobre nuestros sueños, / la oscuridad no reconoce a nadie / salvo a sí misma / la tristeza es igual”. De esta manera, el ejercicio poético de la percepción hace recuperar a la manera Proustiana un tiempo que, por intervalos, reaparece como aplanado y sedimentado pero colmado de fulgor en la subjetividad de la poeta, que no claudica en su intento a la apertura de múltiples perspectivas que reconfiguren ese pasado en el que persisten heridas.

Walter Benjamin, al referirse a Charles Baudelaire y Marcel Proust, sostiene que existen dos tipos de memoria: la memoria voluntaria que hace el esfuerzo por focalizar algún recuerdo en el puro viaje a la memoria y, otra, más poética, más sutil, más simbólica que constituye la memoria involuntaria, la cual se dispara inadvertidamente, por el azar y sin esfuerzo, en donde un aspecto externo del mundo compartido por todos rememora algún elemento o escena del ámbito privado del sujeto. Esta última ensaya Cazón, con prestancia y lirismo: “bajo nuestros pies / donde el verano esconde su pasado / a mil metros, acaso más abajo / Acaso también los ojos consientan / hurgar en otros sitios / una calle que baja o sube según quién camine / la orfandad del árbol de otoño / Me he parado a mirar / sin prisa”. De allí que la posibilidad de organizar este material caótico de la psique más profunda del sujeto, derive del encuadre de la poesía, de la posibilidad de simbolizar e integrarlo como una experiencia procesada estéticamente por el lenguaje. Entonces, el sujeto lírico adquirirá en el poema una conciencia esclarecedora de aquellas huellas mnémicas de la existencia de las que no puede despojarse e intenta recuperar, motivada por el registro audaz de su entorno: “siempre igual a sí misma / reflejo de su propio reflejo / también en la memoria / en el preciso momento / en que comenzó a leer otras historias / porque había perdido la propia”.

La poeta desterrará de las áreas opacas de la memoria lo estructurante del sujeto a partir de retazos de ciudad, de ese mundo compartido con un todo, puesto que en ese mecanismo de sensibilidad poética funde y resuelve el ámbito de lo público con el íntimo: “Hay dolor sobre las baldosas / en cada ladrillo / hay un ruido opaco que inunda / Hay ruinas / Hace falta un boleto que nos acerque a cualquier parte […] Ahora advierto de qué manera / el mundo se convirtió en expedientes oficiales / pilas de papeles sellados sin mensaje o vida humana”. Esto, la posibilidad de reencauzar la experiencia, de darle palabras a la vida, incluso a aquel dolor que resiste olvidado bajo una baldosa es la preocupación de Cazón. Entonces, el objeto poético se dispara por pequeños hálitos que van tejiendo y destejiendo la memoria, en donde el deseo se agazapa en lo pequeño que connota lo grande, lo decisivo de todo el universo existencial y estético de esta poeta: “No dijiste que estabas presente / detrás de las cosas sencillas / no dijiste que las cosas sencillas / eran las que no se olvidan / el mantel bordado de la hora justa / los ojos del sol sobre el invierno pobre / la mano que alborota el moño / cada mañana, / tus ojos y los míos, madre, / la más corta distancia entre dos puntos. […] y porque todo se va, decía / menos el pensamiento de una mañana diferente”.

En esa forma sutil de caminar la memoria, dejándose divagar en alguna ventana de un café o en los umbrales de la vida, al igual que poetas como Baudelaire, no abandona el punto de fuga por donde dejar entrar las claves del recuerdo, un recuerdo bordeado con la lucidez de un lenguaje que ahora comprende lo que fue y sigue siendo, para desmigajarlo en el rencauce del poema, como el mejor medio para seguir acumulando experiencia: “Caminar […] / como si los muros y el moho no fuesen parte. / Sacudo el polvo / guardo los fantasmas / las grietas”.

Cazón no le teme al tiempo detenido como espacio propicio para naufragar las aguas no siempre calmas de la memoria, porque cada aura poética que la escritora imprime parece construida en el tiempo discontinuo de las ciudades, solamente reservado para los sujetos sensibles: los feriados, una calle lluviosa de la ciudad, el silencio que “perfora la piel que vive afuera / el animal ruidoso que me anida el de las siete vidas / y / no / duerme”, o un día henchido de introspección, de las cosas que son, que todavía nos interpelan en la libertad que buscamos.  


Nota: Abra Pampa Éditions es una editorial radicada en París, Francia y su coordinación está a cargo del poeta y músico argentino Pablo Urquiza. Se destaca por su impecable trayectoria en promoción y difusión de la cultura de América Latina, entre otras. El libro en cuestión de Mónica Cazón se presentará el 7 de mayo a hs 19:30 de manera virtual, en el marco del Festival de poesía franco – argentina, con la intervención musical de août22/agosto22 y el Ensemble Vocal Entresilences (Iris Thion-Poncet/Pablo
Urquiza).

Cazón, además de poeta, es microficcionista, especialista en lij, gestora cultural, y colabora en diarios y revistas; editó 15 libros de diferentes géneros y este es su tercer libro de poesía.

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Una respuesta a “Las áreas de Brodmann o las desmigajas de la memoria”

  1. Monic dice:

    Muchísimas gracias Pablo¡! Un lujo tu análisis. Lo difundí por el inconsciente colectivo, y las galaxias. Gracias, gracias

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