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ISSN 2684-0626

 

 

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Microrrelatos

Por Carlos Duguech|

Rosas

Cortó todas las flores rojas del rosal. Armó con ellas un ramo y corrió a entregárselo “al amor de su vida”. Ella, solícita, le curó una a una las heridas que le provocaron las espinas del rosal. Las rosas del ramo se mostraron, entonces, de un blanco luminoso.

A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

14 estrellas

-¿Nombre?

-Juan

-Apellido

-Juan

-Le pregunte por su apellido ahora, su nombre ya me lo dio recién.

-Juan es mi apellido. Me llamo Juan Juan.

-¿Edad?

-Ocho

¿Cómo ocho? ¡Ud. es un hombre!

-Ocho décadas.

-¿Por qué no dice directamente ochenta años?

-Porque me parecen demasiados.

-¿Domicilio?

-No tengo.

-Cómo que no tiene, en algún lugar come, duerme…

-Ponga que como en la calle y duermo en la plaza del frente, la Alberdi.

-¿Profesión?

-Jubilado.

-¿Estado civil?

-Soltero.

Está bien, firme y puede retirarse, en diez días, después de que se saque la foto en la oficina de al lado, recibirá su documento en su domicilio.

-¿Y no va a preguntarme si tengo hijos, o mujer…?

-¡Si me dijo que era soltero!

-Anote; mujeres, ya no me acuerdo. Hijos 14, seguro.

-¿Y cómo lo sabe?- fue la estocada del preguntador de oficina.

-Porque por cada uno me hice un tatuaje en el brazo con una estrellita. ¡Mire!

 Inédito

La urna

-Lo importante es la ceniza, no la urna.

-Todas las cenizas son iguales, hay que diferenciarlo y honrarlo con una buena urna.

-Después de todo el dueño de las cenizas estará en algún lugar que no conocemos ¡y nosotros aquí discutiendo!

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Desparramemos sus cenizas en el río, que todo río va a la mar.

No faltó quien denunciara la contaminación de las cristalinas aguas.

A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

Hacia el Oeste

El camino no era como todos los que conocía desde siempre. Éste más parecía un canal en la tierra, la huella de una rueda gigantesca. Sin embargo, le llevaría –pensaba- hacia el Oeste, donde los cerros perfilaban su azul desde lejos. Debía llegar antes del anochecer hasta el lugar que le indicaron. Cuando el gigante balde de agua que desde su negrura el cielo volcó sobre las cumbres, el caminante apenas tuvo tiempo de darse cuenta de que el camino era lo que parecía, no un camino. El agua bajaba con sus ruidos y sus piedras en alocada carrera hacia el llano. La breve noticia en La Gaceta daba cuenta del cadáver de un hombre en la desembocadura

 A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

Tatuaje

Eligió una rosa, roja y de largo tallo. La flor se encarnaba en su pecho, a la izquierda y el tallo y sus hojas y sus espinas en una diagonal atravesando el tórax  en diagonal hacia  el costado del cuerpo.  Era su modo de mostrarse en la playa lanzado a la conquista de cuanta romántica se fijara en él.

Le duró poco el tatuaje. Se lo hizo borrar completamente. Las espinas no le dejaban ni dormir.

Inédito

La derecha y la izquierda

Un día –suceden cosas increíbles – toda la derecha se fue a la izquierda. No era fácil la adaptación pero, al poco tiempo, empezó a darse cuenta la derecha de cuán lejos estaba de la izquierda. Y empezó a sentirse hasta cómoda,  porque estaban  solos. Pensaban lo que querían y lo gritaban alborozados de poder decir lo que querían, a viva voz, como si expresaran una esperanza, una necesaria esperanza por cambiar. La izquierda  ya se había ido- en otro giro increíble  al principio-  a la derecha. Y desde ese lugar empezó a gozar –no le costó demasiado, salvo sorprenderse cientos de veces de las cientos de veces que hallaban a la mano lo que nunca habían creído poder alcanzar. Y se adaptaron tanto, que se adueñaron de todos los rincones, las bibliotecas y los pergaminos de la derecha. De los que la derecha había dejado para irse a la izquierda, en un tour organizado por Dios.

Ese fue un experimento divino que finalmente dejó las cosas como estaban. Salvo con protagonistas desvestidos y vueltos a vestir distinto.

A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

El gato

Su ronroneo era de una regularidad que bien parecía una máquina de ronronear, calibrada en frecuencias y volumen. Un gato de pelaje nocturnal con algunas manchas (estrellas) blanquísimas que permitía ser distinguido de otros gatos negros. Afilaba sus uñas en cajas de cartón apiladas en el depósito de libros. Se sabe, de tanto rasgarlas las cajas abren espacios por los que se aprecian los contenidos. Esta vez el gato descubrió -es un decir nomás- que eran libros de una editorial que editaba a Borges. Y se quedó junto a la caja cuando pudo saber -¿quién podrá decirlo de qué manera milagrosa?- que en la caja y a través del boquete abierto en el cartón podía leerse El oro de los tigres. Supo, también, de los gatos, principalmente. Y se quedó junto a la caja todo el tiempo, aún consciente de que él no era ni blanco ni célibe, como dice Borges de Beppo.

Inédito

La noticia

Lo que se esperaba en el barrio: que Jonás, tal su nombre artístico, alcanzara el máximo galardón en la programa de la TV como cantante de cuarteto. Todos, y hasta quienes alguna vez le gritaron “negro roñoso” en el partido de fútbol en un descampado del barrio, esperaban que Washington Eleuterio Mamaní, tal su verdadero nombre,  ganara el premio y toda la plata que le prometieron en la tele: ¡diez mil pesos!

Lo que jamás imaginaron los que nunca más lo vieron volver luego de que se anunciara que resultó segundo en la preferencia del jurado, es que apareciera una ballena en las costas de Mar del Plata, desde donde se transmitía el programa de TV.

A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

Lupa

Era de una buena procedencia el cristal de la lupa: Japón. Con ella se podía ver sin dificultad muy nítidos y hasta en triple tamaño los objetos.

La tenía siempre a mano en su escritorio lo que le permitía observar en detalle cada fotografía de su vasta colección. De tanta rutina no advirtió, sino muy tarde, luego de haber observado cientos de fotos, un extraño fenómeno. Cuando enfocaba la lupa sobre las fotos de cuando niño veía la figura en otra edad, mayor. Quiso probar mirando a través de ella sus manos y las vio avejentados, con arrugas muy marcadas. Sorprendido por lo que acababa de descubrir sobre los poderes de la lupa la puso frente a una pequeña llama de un fósforo que encendió a propósito y vio, como nunca antes, el fuego de Hiroshima.

A media tinta (La aguja de Buffon ediciones-2014)

Selección: Mónica Cazón

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