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Microrrelatos: Hombres al borde de un ataque de nervios

Selección a cargo de Mónica Cazón |

Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado

Groucho Marx

Estos excéntricos tiempos de dolor, incertidumbre y miedo solo podrán ser derrotados con humor, paciencia y solidaridad, esperemos.

Oficialmente hemos comenzado una nueva normalidad marcada por el uso de las mascarillas y de los geles desinfectantes. Este nuevo estado tiene repercusión en memes y lecturas que han pasado de centrarse totalmente en el coronavirus para retomar otras temáticas, eso sí, con el mismo punto de humor de siempre.

El humor sigue teniendo una connotación negativa aún en los cenáculos intelectuales más progresistas. La semana pasada leí con estupor y no sin cierta gracia que el uso de la imagen de un murciélago en la tapa de un libro había desatado una polémica. Y vuelvo entonces sobre lo irrisorio. Hay algo de insignificante en el humor. Esa clase de insignificancia que puede poner al mundo patas para arriba.

Solo el humor puede gritarnos la verdad a la cara y dejarnos temblando de risa. No por nada Wittgenstein llegó a opinar que se podía escribir un libro filosófico enteramente compuesto de chistes. Sobre lo que no se puede hablar, siempre está bien callar. Pero puede uno también reírse al respecto.

¿Lo intentamos?  Aquí Los señores al borde de un ataque de nervios:

JUAN PABLO SAEZ GIL (Tucumán)

HIPER-NORMALIDAD

El duende se sentó sobre la azucarera y encendió su pipa.

—¿No te parece extraño todo lo que está pasando en el mundo? —le dije, mientras leía noticias en internet.

—Mirá —me contestó el duende, mientras exhalaba una cortina de humo—, a esta altura ya nada me sorprende.

LO CURA

La doctora preguntó si había alguna novedad.

—Sí —dijo el enfermero— llegó un hombre que se cree robot. Se queja porque tuvo un cortocircuito y no le funciona el procesador. Está en la Sala 5.

—Déjemelo a mí —sonrió la doctora, se puso el mameluco, agarró el maletín y se dirigió a la Sala 5. Al rato volvió junto al paciente. Se lo veía feliz. Saludó al enfermero con una sonrisa y se fue tarareando una canción.

—¿No estaba loco? —preguntó el enfermero sorprendido.

—No —dijo la psiquiatra, mientras guardaba las herramientas— solo tenía flojo un tornillo.

RESONANCIA DE SCHUMANN

Sonó el despertador. Eran las 8 de la mañana. Salí corriendo hacia el trabajo. Cuando encendí la computadora vi en el reloj que ya era mediodía. Fui a almorzar. Me senté en un restaurante, leí el menú y observé por la ventana que ya estaba atardeciendo. Salí apurado rumbo a mi casa. Cuando llegué, era casi medianoche. Me acosté a dormir y al instante sonó el despertador.

MICROCOSMOS

El científico apoyó su ojo en el microscopio y observó un entramado de células, como si fuera un tejido. Empezó a aproximar el zoom y la imagen se puso oscura. Luego aparecieron manchas de colores y, en su interior, destellaban chispas luminosas. Divisó partículas más pequeñas que giraban alrededor de ellas, como si los átomos fueran pequeños sistemas solares. Sobre una partícula descubrió que había ciudades. Se aproximó y encontró un laboratorio. En su interior había un científico, que en ese instante apartaba la mirada del microscopio.

—¿Alguien me estará observando? —pensó el científico.

MARIANO ORTIZ (Jujuy)

ECONOMÍA CEREBRAL

En esta charla como en muchas otras: si hubiéramos empezado por el final, me ahorraba media neurona gastada en prestar atención.

DESPERTARES

El alcohol me hizo enamorar de vos, hoy, la resaca me duele.

PROTEÍNAS

Luego de casi terminar el segundo plato de polenta, descubrí a los gusanos cocinados.

PARADOJA

Si tengo que serle honesto, no me gusta mucho conversar.

Entiendo menos de lo que digo y digo menos de lo que entiendo.

NUNCA, NUNCA JAMÁS

De niño nunca quise ser como Peter Pan y terminé convertido en el joven Garfio.

PICADA CÓSMICA

Siempre quisimos creer que la luna estaba hecha de queso. Quizás para compensar la sobrepoblación de salames que hay en este planeta.

RELATIVIDAD

El segundo a veces es  eterno y el tercero no siempre llega.

ROGELIO RAMOS SIGNES (Tucumán)

VIDA DE CIUDAD

Me mintieron. Me dijeron que en la ciudad se vivía un clima cultural excitante, que la gente moría por los artistas, sobre todo por los escritores. Y me mandé, como decíamos en el pueblo. Pero me mintieron. Pasé meses caminando toda la ciudad, rastrillándola calle por calle, buscando un cartelito (por mísero que fuera) que anunciara “Necesito poeta cama adentro”. Y sólo encontré carteles parecidos, pero no iguales: “Necesito muchacha cama adentro”, por ejemplo. Y me dio no se qué volver al pueblo, con la cabeza gacha, aceptando mi fracaso, o mi inocencia.

Y aquí estoy, disfrazado, obligado a afeitarme todos los días, lavando platos,  lidiando con niños llorones, baldeando pisos y escapándole al patrón que se empeña en levantarme la pollera.

PREGUNTAS DE SIEMPRE, RESPUESTAS DE HOY

“¿Qué hora es?” le pregunto. “Es hora de pedir perdón por el daño que hicimos –me responde-. Hora de mirarnos a los ojos y de confesarnos que somos apenas lo que pudimos ser, y no lo que hubiésemos deseado. Hora de aceptar que un trozo de nada en medio de la nada es la síntesis fiel de nuestro paso por este mundo…” Y así siguió durante toda la tarde.

A decir verdad, era mejor cuando uno preguntaba “¿Qué hora es?”, y alguien te respondía “Las 4 y media”.

AMOR QUIRÚRGICO

La primera vez que me rompiste el corazón, me operaron y estuve internado hasta después de las Fiestas.

La segunda vez que me rompiste el corazón, escuché que el médico le decía al instrumentista que estaba cansado de idiotas reincidentes.

Cuando sientas que es inevitable romperme el corazón por tercera vez, te ruego que lo pienses. Me he quedado sin obra social.

POSIBLE CANJE

Cuando entré a mi casa noté algunos cambios. Donde estaba la tostadora de pan había un corpiño; la tostadora estaba en el suelo. Donde estaba la taza había unas medias can-can. Donde estaban las mermeladas había una bombacha con florcitas. Donde estaba la billetera con dinero estaba la billetera pero sin dinero.

No me animaría a decir que fue un robo. Tal vez fue un canje, unas cosas por otras; o simplemente un strip-tease y se llevó la recaudación.

ARTÍCULOS DE PERFUMERÍA PARA MEDIR EL TIEMPO

El día que me fui de nuestra casa estrené un jabón de tocador de los grandes. Hoy terminé el tercero, también de los grandes. Desde que estoy aquí, solo, en este departamento minúsculo, no cambié mis costumbres.

Si tenemos en cuenta que me sigo bañando todas las noches antes de acostarme, creo que ya hace bastante tiempo que no nos vemos. Es decir: hace tres jabones que dejamos de vernos.

Para los pelos que me quedan, no vale la pena hablar del champú.

DISCONTINUIDAD DE LOS SUEÑOS

Estaba por entrar entre sus piernas cuando me despertó el trueno. Fue el primero de una noche terrible; sirenas ululantes y cortes de luz.

Ya se sabe que es imposible retomar un sueño en el punto que lo dejamos, o en el punto en que él nos deja… Lo cierto es que ella ya no era ella; ahora viajaba en auto con su marido y me trataba de usted.

RODOLFO LOBO MOLAS (Catamarca)

NATACIÓN

Ignorante de los nervios que atormentaban al empresario, por la pandemia, intentaba seducirlo con sus cambiantes estilos, cuando él la observaba nadar con tanta gracia. Hasta que una voz la paralizó: -¡Mozo, hay una mosca en mi sopa!

LA SILUETA

El aislamiento lo estaba enloqueciendo. Cada noche veía una silueta luminosa detrás de la ventana. No quería dar crédito a sus ojos y decía que era un reflejo de alguna luz. Y seguía en sus cosas. Hasta que un día no la vio más, desde aquel en que apareció esa sábana blanca con un olor fétido, en el césped del jardín.

PERDER LA CABEZA

A Rosa Beatriz Valdés

Nunca entenderé como hay hombres que pierden la cabeza por una mujer -meditaba Juan en las sombras- mientras Salomé le sacaba brillo a una bandeja de plata.

LA MUL’ÁNIMA

La condenaron a muerte en la horca por haber mantenido relaciones amorosas con un sacerdote. Mientras colgaba de la soga, se sintió un ruido de cadenas y ella expiró con un último relincho.

PRIMEROS AUXILIOS

Caminaba en círculos por la habitación, tratando de calmar su desasosiego por el aislamiento obligatorio. De pronto un sonido de sirena lo hizo acercarse a la ventana para saciar su curiosidad: Un león marino yacía sangrante en la acera de la avenida que costeaba el mar. El estridente sonido de las sirenas abría el paso entre el caos del tránsito llegando rápidamente en auxilio del herido, ante el estupor de los transeúntes al ver a las paramédicas con cola de pez.


Imagen: Edvard Munch, El grito, 1893



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2 respuestas a “Microrrelatos: Hombres al borde de un ataque de nervios”

  1. Rogelio Ramos Signes dice:

    Es muy interesante tu trabajo, Mónica, mes a mes; la amplitud con que tratás el tema de los microrrelatos. Además te agradezco que en esta oportunidad me hayas incluido. Creo que la introducción que hacés rescata esa posibilidad humorística que el género nos propone, sobre todo en épocas tan crueles como ésta donde la sonrisa tiende a ser una reacción antigua y en vías de extinción.
    Aprovecho para saludar a los compañeros que aparecen en esta misma publicación, Juan Pablo y Mariano; y especialmente a Rodolfo Lobo Molas, viejo y querido amigo.

    • RODOLFO LOBO MOLAS dice:

      Coincido con la apreciación de Rogelio. Pero además, Rogelio querido, me has emocionado con tus palabras. El cariño es mutuo y celebro que la microficción nos haya hecho encontrarnos. Un fuerte abrazo desde este lado de la cuesta del totoral.

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