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Microrrelatos temáticos

Por Sergio Lizárraga |

Selección y presentación a cargo de Mónica Cazón

Tema: La pandemia

Vivir, morir, padecer, esperar al Covid

Pericles, un importante e influyente político y orador ateniense del siglo V a. C., pronunció uno de sus discursos más famosos después de que una plaga devastadora en el año 430 a. C. —probablemente una forma de tifus— acabara con cerca de un tercio de la población de Atenas. Esta alocución, así como otra que hizo para honrar a los caídos de una destructiva guerra contra Esparta, fueron reportadas por el historiador Tucídides.

Lo que no cambia, según lo que dice Tucídides, es la naturaleza humana: la reacción de la gente cuando se ve enfrentada acatástrofes extremas.

El historiador y militar ateniense escribió sobre estas experiencias porque pensaba que entender mejor los eventos que le había tocado vivir podría servir de guía para responder a situaciones similares en el futuro. Es tiempo de incertidumbre, quién puede dudarlo. Es tiempo también de toma de decisiones, de vivir o morir, de seguir o detenernos y quedarnos paralizados en el camino. Por ese motivo, La papa se rebela, grita, quiere que se escuche la voz de aquellos que enfrentaron la enfermedad, los que tienen miedo, de aquellos que, incluso, ni siquiera se atreven a mirar alrededor para saber lo que pasa. ¿Por miedo tal vez? quién sabe… el coronavirus existe.

El manejo político que se hizo de él no es motivo de estas reflexiones. 

En general es un virus desconocido. Muchos se recuperaron, algunos esperan, y otros mueren. Pero no se habla de la muerte, de mi muerte o tu muerte. 

Pero ¿qué es una pandemia?es cuando un brote epidémico afecta a regiones geográficas extensas (por ejemplo, varios continentes) Tal es el caso que nos toca con el Coronavirus (Sars-Covid2).

El impacto se transformó en un dilema cotidiano, la pregunta íntima transita por pasillos poco ortodoxos ¿me tocará? ¿seré el próximo, cómo lo resolverá mi cuerpo?  

Para investigadoras e investigadores en Ciencias Sociales como el director del Departamento de Antropología, Andrés Gómez, sus alcances son también sociales y -al igual que otras pandemias desarrolladas anteriormente-, ha generado ya importantes cambios en los lazos, relaciones y acciones no solo de las personas sino también en instituciones, las cuales han debido trabajar de manera más articulada.

La pandemia cambió al mundo, nuestra mirada, sentimientos y acciones. Me permito citar a Mercedes Sosa y su canción Todo cambia, adecuada para nuestros próximos meses;  Cambia lo superficial, Cambia también lo profundo, Cambia el modo de pensar, Cambia todo en este mundo, Cambia el clima con los años, Cambia el pastor su rebaño, Y así como todo cambia, Que yo cambie no es extraño

Ojalá sea para bien.

Sergio Lizárraga nos entrega sus microrrelatos como testimonio del tema.


La papa pregunta:

¿Qué es para usted la microficción?

La microficción, como todos saben, es una estética de la brevedad y de la velocidad, por eso me interpela, porque me da la posibilidad de transitar desde la brevedad de mi poesía a lo instantáneo de este género.

Escribir microficción es un desafío, porque como bien lo sostiene Rogelio Ramos Signes, se necesita mucho más que una cierta pericia para decir algo en pocas palabras, y la microficción es un instante del que debe apropiarse quien narra para instaurar en la brevedad, la precisión de un relato.

Microrrelatos y Pandemia

I

Saborea los huesos, los rompe con sus colmillos para llegar a la médula, la que considera un verdadero postre.

Cuando comenzó la cuarentena, temió quedarse sin alimento, por eso, ante cada bocado, mira con devoción la estrella de seis puntas que cuelga en la pared, y da las gracias porque el estómago se llena cada día.

Una vez que está satisfecho, se dirige a la habitación donde tiene guardadas las reservas, algunas presas aún gimen, suplican, otras, se muerden entre ellas reconociéndose como alimento. Por fortuna, aun puede cazar porque las calles no quedaron vacías.

Para que sus hijos no mueran de hambre, el maligno diseña nuevos virus e inspira en los ciudadanos la tentación de la desobediencia.

II

La cuarentena la dejó sin reservas, con tantas restricciones, no pudo sostener ninguno de sus ingresos. Desesperada, recordó la historia de la abuela, la de esas joyas que guardó en algún rincón del jardín.

Cavó, cavó y cavó sin encontrar nada. Se desprendió de toda razón y decidió recurrir a Mae Wanda, que según el aviso del diario, curaba mal de ojo, y también de amor, unía y separaba parejas, te devolvía la pasión y además, con el poder revelador de la ouija, resolvía cualquier misterio.

Invirtió los últimos billetes en esta última opción.

-¡Abuela!- Exclamó Mae Wanda, -¡ayuda a tu pobre y desdichada nieta, dinos dónde están las joyas!-

El espíritu se hizo presente, y las letras comenzaron a marcarse: z, m, o, x, p, w, s…

Con la paciencia agotada, la nieta gritó: -¡ vieja mezquina, decime dónde están tus joyas!-

-¡Nieta estúpida!- pensó el espíritu de la abuela, -¡te olvidas que yo era ciega!-

III

Perdió dos patas, se desprendió el caparazón, gracias a unos filosos dientes, su mandíbula tomó un aspecto amenazante. Finalmente se irguió.

Pese a tantos cambios, seguía siendo el mismo ser extraño. En el edificio, después de siete meses, ya casi no se escuchaban gruñidos.

Sintió mucha hambre, como la de un tiranosaurio rex. Sin interés alguno por analizar la situación, ni muchos menos escribir, miró por la ventana, y vio, a sólo un edificio de distancia, que un muy apetitoso jovencito, convencido de que no se contagiaría, salía a la callea disfrutar de la noche.

IV

Otro día más. Igual al de ayer y exactamente igual al de mañana.

¿Por qué el calendario tiene tantos días?

¡Llueve al fin!

Tomo el cuaderno donde debería haber escrito versos, y escribo el número 2020 en cada una de sus hojas, luego con cuidado, las voy doblando hasta formar barquitos. Corro, sin barbijo, y dejo los barquitos en el riachuelo que se formó junto al cordón.

Me quedo bajo la lluvia, e imagino que cada barco podrá llevarme a otro puerto, sin el peso de este tiempo.

V

Rompió la computadora con ciego enojo, sus micro partes quedaron diseminadas por toda la cueva y el garrote desgastado de tanto dar golpes. Finalmente, la Internet no le brindó ninguna información, en vano contrató el paquete que le prometía mayor velocidad de navegación, de nada sirvieron las consultas realizadas en las redes sociales. No existen fórmulas para sobrellevar la soledad, y el hombre cuando está solo olvida hasta su tiempo.

Cuando despertó temprano en la mañana siguiente, el mundo seguía en cuarentena y los dinosaurios le recordaban que aun era imposible salir.

VI

Sopla la vela y pide tres deseos: verlos, tocarlos, sentirlos. La familia se ha reunido para celebrar su cumpleaños. Pero zoom no huele a nada, la pantalla de la tablet no tiene ningún sabor, los auriculares no abrazan, la internet no tiene huesos.

Mira al ave que se posa en su balcón y le recuerda que cuando era niño, en sus cumpleaños, pedía el mismo deseo, volar, volar, volar.

La soledad vino a su departamento a festejar su cumpleaños, pero como siempre, no le trajo de regalo ni una sola pluma.

VII

El escritor contempla sus libros, apilados en la habitación porque tampoco se han vendido. No pudo hacer la presentación, y no ha podido ver a los parientes y amigos fingir interés, llevarse cada uno un ejemplar, no sin antes prometer leerlos.

En estos meses, las palabras también se han escondido, plagadas de silencio.

Toma los libros y comienza a fabricar avioncitos con sus hojas. Pero ninguno de esos aviones despega.

Cuando los críticos leían sus poesías siempre le decían que sus palabras no sabían volar.

VIII

Si no hubiera ido a terapia, hoy al menos tendría a su lado esas tres personas que veía con frecuencia y sus oídos le aportarían los versos de esas voces que antes lo aturdían.

La cordura en tiempos de pandemia no ha sido más que la mala praxis de un psicólogo que le prometió que sin visiones, podría disfrutar mucho más de cada día.


Sergio Gabriel Lizárraga (Tafí Viejo, Tucumán) es profesor en Letras (UNT) con estudios de postitulación y posgrado en Alfabetización, Lectura, Escritura y Educación. Formador docente, gestor cultural. Ex becario Fulbrigth-Nación. Su último libro es “En tajos a la sed” Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2017.

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29 respuestas a “Microrrelatos temáticos”

  1. Adriana Brito Rivera dice:

    Un verdadero deleote los Microrelatos temáticos, como suelenntodas sus producciones escritas.
    Felicitaciones multiples !!!!

  2. Susana Gianfrancisco dice:

    Una pandemia descripta sin piedad, como es ella. Muy buenos micros, me gustaron mucho.

  3. vanesa dice:

    Efectivamemte no voló. Mordió.

    Tangiblemente real…

    Bello.

  4. Rogelio Ramos Signes dice:

    Muy buenos textos de Sergio Lizárraga. Gracias, Mónica Cazón.

  5. Eliana Assis dice:

    Excelente , lectura espectacular para estos tiempos!! Cómo siempre Sergio deleitándonos con tus escritos para el alma !! Gracias profesor !

  6. Guillermo dice:

    Muchas gracias amigo. Sin tan amenos tus relatos que me los leí en un santiamén. Un abrazo.

  7. Nicolas Ibañez dice:

    una excelente idea para compartir realidades. felicitaciones, ME ENCANTO

  8. Excelentes microficciones….A cual más elocuente, a cual más precisa , a cual más impecable…
    Gracias Sergio…
    Gracias Mónica…

  9. Dinelly Mercedes Bravo Albarrán dice:

    Me encantó amigo! lo bueno de estos tiempos malos es que quedan anécdotas, y todo lo que se genera, dan ganas de escribir varias más! felicitaciones querido Sergio!

  10. Andrea Álvarez Toro dice:

    Me encantaron tus microrelatos, excelente relatos!!!!

  11. Viviana Rodríguez dice:

    Los microrrelatos de Sergio entrelazan poesía, crudeza, intertextualidad, humor… Me encantaron!

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