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ISSN 2684-0626

 

 

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Poemas de Candelaria Rojas Paz

Por Gabriel Gómez Saavedra |

El ave, no por cotidiana, aminora su canto. Siempre está rondando con renovada morfología por la ventana más lapidada por el invierno. Así, Candelaria Rojas Paz, tiende sus plumas ante el sol para poder limar la piedra: “Lo supe después / mucho después y aun no me reconozco. / Me han crecido palabras al borde de la sombra de mi silueta”.

Existencia

Todo este universo

está abriéndonos las alas del encierro.

Dichosa la mosca

que vuela sobre las tumbas

y no distingue

entre una gota de rocío

y la lágrima de la sombra.

(De La gota)

*

En la villa

Hablo de huerfanitos

cortados en suburbios,

de frutos inmaduros

de la esquina jubilosa

y movidita,

de la santa cumbia

y la procesión pagana.

Agrietado de seres de humo y tiza,

condeno al paredón

a los yugos,

blasfemo contra la ausencia

de gobiernos que nunca llegan.

Salgo al retumbo de mi queja,

lamo mis heridas.

Ladro

y ladro

y ladro

y entonces…

viene el poema.

(De La gota)

*

Conocerte

Voy a contemplar

Los pedazos de tus píes

Para conocer

Los caminos que te nombran.

(De La gota)

*

Huérfano

No tengo edad para andar contando

astillas encendidas incrustadas en la torta

ni huecos desordenados

para el placer de mi terapeuta.

Voy

con el ombligo abierto

nudo imperfecto en la punta de aquel corte.

Ni las moscas hacen nido allí

donde hubo otro nido.

No es que me llore

yo sé que un hombre no debe llorar…

Paradoja del mal parido,

a moco tendido goteando lagunas blancas,

medanales de sal desde los ojos.

Supongo que aquel corpiño

tirado en el piso

no tiene sabor

ni días venideros para la leche.

Supongo que te habrás ido

antes de que cante el reloj en punto.

No hay espacio aquí

                     ni aquí

         ni aquí.

Solo hay demasiado vacío

para pedirte que te quedes a refundar lazos de amor

que no conozco.

No tengo edad ni ombligo

para darte árbol añoso y su herencia.

Solo sé del esperma

embolsado ya

con su nudito bien cerrado

a la orilla de la cama.

(De La gota)

*

Mesita de luz

¿Quién dejó mi luz prendida?

Es que aún hay humitos

rondándome el sueño…

Madera estoy

debajo de los pies clavados

de cualquier cristo

rezado

en medio de la noche.

(De La gota)

*

Mi cuarentena

Uno se encuentra con la propia sombra…

le habla y le canta canciones de cuna

esas que jamás le cantaron

en noches de lamparita encendida…

ella tan sola,

mezclada entre las cosas

como una niña perdida en el bosque.

Yo la abrazo sin temor a contagiarnos,

sé que es inmune a lo infinito,

y estuvo siempre acariciándome

desde el vacío de un otro,

haciéndose carne de la ausencia.

En este encierro

evoco los encierros de todos los calvarios,

justos e injustos, de todos los tiempos,

y ella ahí

sin pies propios

atada a nosotros.

No encuentro sus ojos

para charlar como me gusta,

pero yo sé que mi sombra

llora y ríe más allá de mí.

Ya no cuento las horas ni los días,

solo vi que ha crecido

y no sabe de lejanía.

Podría morirse conmigo hoy mismo,

harta de mi…

pero no…

hicimos las paces con la luz

como un pacto de esperanza.

Yo cuido de ella en esta penumbra de austeridad

y días de incertidumbre

en que mis manos

son pura negrura de pueblo con hambre.

Una multitud, afuera,

no entiende de abrazos a la distancia,

de amor en soledades acompañadas,

para besarle la vida a quien amamos

y la de aquel desconocido que nos puebla.

Decidí quedarme aquí adentro

lo que más pueda,

sólo para cuidarla del encierro

más terrible que el de esta cuarentena,

aquel en que mi sombra

se abrace a mí,

en un recinto de madera.

(Inédito)

*

Pan

A la Abuelita de Emiliano Kallpa

Arar la ceniza

que ya dejó el vuelo

… alas de paloma que yacen sobre el barro.

Cantarle a la brasa con el hálito

de tu memoria de humo.

Callo y madera

beso de dolor encendido.

Pizca de masa

atorada en la uña cortita.

Contracción de tus vertebras

en la ternura que soporta

el calor de los años sobre el rostro.

Amasamos la tarde

una mañana cualquiera,

tu tarde en alpargatas,

la prehistoria del sol

desde tus ojos.

Blanco y blando

enharinado almanaque sobre la mesa

tu puño cerrado

revolucionario golpe

contundente grito de nudillos

que nunca salieron a manifestar.

¿Sabe leudar

el corazón

en estacionario signo?

Hagamos el pan

el amor de los días venideros

hagamos pan

para el festín de las bienvenidas.

Alguien vendrá a buscarte

y no sabrás…

Las hojas de tus plantas

desparramadas en el patio

muerden tu luz

envidiosas

convencidas de tu eternidad

que se mezcla con el aroma agridulce

que viene desde el hueco de este horno

casi

como un presagio.

(Inédito)

*

Yo me fui

Cuando vine por tu calle

te supe plegaria de la urdimbre

surco

semilla

pedazo de tierra.

Era solo la migaja

de toda una cosecha

quemada y sin aliento.

Cuando subí por tu espalda

se habían poblado los vacíos

con campanadas de una iglesia muerta.

Puerta sin cerrojo

y no entraste…

Una silueta queda ahí

donde ya no supimos de nosotros.

Cuando te fuiste

yo me fui.

Nunca más pude encontrarme

en los pasos de la noche.

(Inédito)

*

De blanco

De blanco estoy desde hace tiempo,

no por novia ni pirpinto,

ni nube ni paloma….

Caminé por la plaza con otros blancos.

Sobre nosotros la trémula mancha

de los ojos que no entienden

el color del azahar

ni su aroma,

no saben de llenar aulas

de jardines y huertas,

no ven la clavícula empolvada de tiza,

la madrugada con insomnio,

el alquiler que sube y los hijos

contando rodajas de atardecer

entre mi ausencia y el reloj que no alcanza.

Llevo la vocación bajo las uñas

hace varias décadas

y un tarco crecido hasta el cielo

en el patio desparramado de niños.

Tejo sobre el pizarrón

caminos posibles…

tan posibles como el blanco impecable

que ahora amarillo.

Soy luna que mira de frente a la noche.

Marcho porvenir

sin razón alguna para muchos.

La mía

apenas una excusa

de rodar el cielo a oscuras

trazando estelas de dignidad

en la marea de espuma

blanca

como la suma de blancos

que hoy caminan.

De mar me vi este día.

El agua

ola tras ola

roe la piedra

para crecer.

(Inédito)

*

Los hijos del forense o fisonomía absurda

Solíamos hacer barquitos en las tardes de verano.

Bajo la lluvia la silueta de ese cuerpo

en la hoja traída

de la oficina de la morgue

se hundía como cualquier muerto

no flotaba

no había cuerda ya

ni marcas.

La lesión se purificaba en el correr del agua

el cordón raspaba el pequeño rio

y el papel desarmándose

se llevaba todo el miedo y los porqués.

Éramos los hijos del “Forense”

la extraña profesión

el péndulo que atraviesa el terror

y vuelve a lo cotidiano

esperando que un designio del universo

detenga a la muerte

o al humano muerto en vida.

Un montoncito de espacio blanco encerrado

en una silueta desnuda de frente,

otra de costado

tiesa

recostada

entregada a la ternura de una niña jugando a diseñar

flores en la Antártida

poleras para apretar el grito

una ropa interior

a prueba de balas.

Una masa corporal ausente.

El hueso roto era esa marca

y ese ojo azulado

aurora boreal

mancha de mate cocido a la tarde

y el borrador de la tarea

cosquilleaba los pies

de aquella figura muda

que contenía las risas de un pasado ya perdido.

¿Quién llevará esa huella?

¿Para qué la carne vacía?

¿Cabe tanta muerte en ese espacio?

Eran mis preguntas con el pajarito sin trino

en mis manos.

Supe temprano

en el amanecer de todos mis temores

que esa fisonomía esbozada

era

el registro del horror.

Formulario que no servía para nada más

que para verificar los huecos.

Pinté vestidos y camisas

corbatas

polleras

delantales

corpiños

tetas

bigotes

trenzas

uñas

pubis

ombligos

zapatos.

Todo inventado

para una fisonomía absurda.

Nada tenía que ver con el cuerpo que conocía.

Lo supe después

mucho después y aún no me reconozco.

Me han crecido palabras al borde de la sombra de mi silueta.

No tengo padre que me traiga

hojitas para colorear.

No tiene sentido la célula inerte…

Sueño sonrisas dibujadas

en pieles tristes.

Hacíamos también avioncitos

por las tardes de agosto

un planeador hecho

con ese rectángulo blanco

y un ser sin labios y sin ojos

que le acercaba mi mensaje a Dios

o que huía del infierno

de donde había salido

y por segundos

me llevaba.

(Inédito)

*

Candelaria Rojas Paz (Tucumán, 1977)

Poeta, Licenciada en Artes, Maestra de Plástica y Profesora de Expresión Corporal.  Publicó La gota (Ediciones Último Reino). Fue cofundadora del grupo literario “Contratapa”, que realizó innumerables actividades de inclusión y poesía popular. Algunos de los eventos y festivales en los que participó, son: “Madre América” y “El viaje”, del compositor Gerardo Núñez; el Festival Internacional de Literatura de Tucumán (FILT), la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, el Encuentro Federal de la Palabra, Encuentro Nacional de Poetas y Escritores “Manuel Aldonate” y el Festival de la Palabra. Su obra poética ha sido reconocida con más de 30 distinciones, a nivel nacional y provincial. Es coordinadora por Tucumán del festival “Poesía en la Escuela”. Ha compartido creaciones musicales junto a reconocidos compositores del país como Gerardo Núñez, Lucho hoyos, Martín Raninqueo, Laura Vallacco y Adrián Temer.


Imagen: S/t, de Francisco González

Francisco González (San Miguel de Tucumán, 1974)

Es un músico (contrabajista, compositor, arreglador) aficionado a la literatura y la fotografía.

Contacto: https://www.instagram.com/fran_rgb/?hl=es-la

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