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ISSN 2684-0626

 

 

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Poemas de Lily Jalile

Por Gabriel Gómez Saavedra |

Los poemas de Lily Jalile se perciben como un remolino de espíritu deductivo, que debe su fuerza interna a todo lo que pudo absorber del universo que lo rodea. Lo que se indica o canta en ellos, por  más íntimo que se presente, siempre parte del todo al que pertenece, y ese todo nunca deja de gravitar sobre él: “Es día de gloria, de estrago ritual, de muerte sin lamentos, / aunque te sean lamentables los lirios y puñales. / Es día de estar solo sin concederse una lágrima”. Esto aporta, entre otros, un efecto interesante: el de ofrecer dos imágenes antagónicas que no pueden repelerse entre sí, porque en lo opuesto de una, la otra se refleja: “Suena un grito con mi nombre / y en él no me conozco”

Por otra parte, Jalile elige un lenguaje que casi no toca lo coloquial; lenguaje pulido y cuidado, podría decirse, bajo la sombra de la poesía clásica; de la que se sirve para echar mano, con soltura, a formas cerradas como el soneto, afianzando así, lo ceñido de su trabajo.

Estas dos características dan en una poesía fuertemente asertiva; como un río cuya energía puja constantemente, pero que nunca se desarmoniza saliendo de la línea de sus márgenes.

COMO SI NO

He sacado mis huesos a la calle
para andarla con paso de jirafa
y me sorprendo pensando
que no entiendo por qué
con sólo batir brazos
no empiece a volar entre las gentes,
como pájaro o murciélago
para cubrir los días y las noches
desde ajena cornisa;
me pregunto por todos estos rostros
que jamás reconozco en el espejo,
y me digo: no se puede
andar por ahí diciendo
que uno es otro, diferente.
De barro, sí, pero distintos
como lo pueden ser
un adiós y una sonrisa.
Hay algo de feroz arrogancia
en este andar en andrajos por la calle.
Una como soberana rebeldía
de caracol entre libélulas,
de fuerte comezón de vientre,
de alma, de cutículas,
de Quasimodo orondo y solitario.
 
Pero cuando yo me muera
volveré al público cielo
de los que como yo, caminan
o reptan por este llano despoblado.
Pero cuando yo me muera,
y quepa mi maleta
en el hueco de una sola lágrima,
alguien dirá “era buena”
y no sabré qué responder
que no suene a risa o a sarcasmo.
Pero cuando yo me muera
nadie morirá conmigo
y tal vez sea mejor que ni me muera
para no tener que responder
tanta pregunta, tanto “cómo fue”
y “qué has hecho”.
 
Pero cuando yo me muera.

 
(de Como si no)
 
 
 
ACANTILADOS
 
Vano candor, la dura roca opuesta a tus empeños
separa en dos la vida. Todo ha callado.
Un colibrí de hierro asido al precipicio
mece tu esperanza por encima del mundo.
Su trino, vuelto sobre sí, no suena,
queda tallado en piedra, inerte y abolido
como un disparo en la sien de tus jornadas.
 
Es día de gloria, de estrago ritual, de muerte sin lamentos,
aunque te sean lamentables los lirios y puñales.
Es día de estar solo sin concederse una lágrima,
un traspié, una mirada torva sobre el hombro:
no hay vuelta atrás porque ya no hay atrás
sino esta fiera decisión de hendir el tiempo.
 
El universo se retira. Todo ha callado.

 
 (Inédito)
 
 
 
UÑA
 
Si sólo en esta uña
pusiera yo todo el silencio,
las tardes abismales de domingo,
las voces que no vienen,
los tristes, viudos almanaques
con su tesón de índice;
si acaso a su luna nacarada
fueran a dar las espinas del verbo,
el hueco-sombra del hijo que ya no,
la huesuda falange de los miedos
y la eternidad especular de los reproches,
¡ah!, con cuánta pasión esgrimiera
entonces yo —tal vez mi mano—
una hoz en forma de tijera,
segando al ras su atónita miseria,
y ser de nuevo en la raíz
para crecer las risas y las voces,
la propia carne que nunca más ausencia,
la mirada aquélla que fue puente,
el temblor remanente en la caricia.
 
Pero uno sabe con lógica implacable
la esencial indiferencia de una uña,
su córnea neutralidad de esmalte,
Porque resulta patente hasta las lágrimas,
que no hay dios, ni uña, ni tijera.
 

(de Como si no)
 
 
 
AYUDA SOCIAL
 
No está tan mal después de todo,
que haya un pobre en la esquina
mascándose el mendrugo,
la redención del alcohol le sobreviene
cuando las migas desbarrancan
las piedras de su esófago.
 
No está mal para nada.
Es necesario, imprescindible,
alimentar una estadística, un subsidio,
un auxilio que de puro generoso
le necrosa el futuro y lo sepulta
en las urnas de vientre desfondado.
Su mezquina ración engordará
otra legión de mendigos
que, adustos en su country,
esperan con sus dedos de medusa;
de famélicos nautas de cruceros
(al Caribe, Míkonos, Yubarta),
de viandantes de shoppings,
de compungidos penitentes
de misa de las ocho y punto aparte.
 
Tienen sentido, entonces,
el hombre de la esquina,
la mujer que pare por un óbolo,
el chico de las tripas arrugadas,
el paco, la fumata, el adhesivo.
 

(de Como si no)
 
 
 
BIEN MIRADO, ES VANO ASUNTO

Eones como segundos, segundos como una nada intrépida…
Los ojos vieron el transcurso del saurio
y la mentida eternidad del simio:
nada persiste, mas ya todo es eterno,
como la cinta de un cine lamentable 
que ha extraviado la inmovilidad y el círculo.
Hay, no obstante, un filo rojo de latido,
una multitud de arenas que palpitan,
rodando hacia atrás en su conteo:
de vuelta al huevo y otra vez, transido,
aguantando el empujón que lo dispersa.
—Sé quién soy— clama una voz mientras se muere.
Su eco de carbono destella en la distancia
y la voz, que no es y nunca fue, no ha visto
la befa de su luminoso testimonio.
Caen las estrellas; sus jinetes  
son dioses inventados, crepitantes
en su sagrado estupor de pacotilla.

—¿Sabes, hijo? Hace tiempo, hace todo el tiempo,
en este mismo espacio, que ya era otro,
hubo planetas, abismos  y colores,
y un extraño ser tan diferente, incomprensible…
                                         

(Inédito)
 
 
 
DIGO NO
 
Yo no sé si amarte
ni sé cómo.
Esta desolación tenaz
sólo me permite dar la espalda:
un omóplato es un no sin vueltas
y detrás de él me siento sin sentir,
toda yo soy no
detrás de mis dorsales.
Desde el centro de mí
un barco zarpa,
no hay ojos ni pañuelos en la borda.
Suena un grito con mi nombre
y en él no me conozco.
Por las dudas me envuelvo con el aire,
me agriso, me camuflo.
Por las dudas.
 

(de Como si no)

   


ELÍ, ELÍ…
 
Nadie responde.
Tu grito trepa el aire y va a la piedra,
un pterodáctilo lo quiebra entre sus garras.
Desde arriba, el agujero que pende
se traga tu discorde agitación vocalizada.
Nadie responde.
 
Carne dolida, recógete en tus venas
que el único dios que acaso acude
es sordo de sus diez mil oídos;
haz de tus partes un manojo
y olvídalo atrás. Nadie responde.
 
¿No ves acaso el limbo detrás de los telones?


(De como si no)

 


 
ESE HOMBRE
 
Ese hombre que ahí sonríe ya estuvo muerto
de suelo inacabable y de bastón con ancla.
Sus padres lo parieron para la dicha y el aire
y él ha traicionado el alto plan maestro
cambiándolo por el retintín de la moneda,
el halago dorado, el circunspecto automóvil
y acaso un cartelito sobre el escritorio gris
con su nombre impreso en acrílico implacable.
Ya estaba muerto de consunción y de letal triunfo,
salvo por los talones, que inexplicablemente vivos
empezaron un día a rechazar el suelo.
¿Qué milagro de ingravidez fue ese? ¿Qué portento?
¿Qué ha causado esa grieta en el muro de su muerte?
¿Acaso es el reclamo de una mano inesperada,
de unos ojos serenos, de una risa sinfónica?
¿O el roce de pluma de unos labios tibios
invitando al vértigo aéreo del abrazo?
Eso fue, todo ello desde el aire altísimo del día.
 
Y ese hombre que sonríe, hermanos, y ya vuela,
vive sin más triunfo que la vida y nada menos.

 
 (Inédito)



 
 
INCIERTO
 
Un destino aún incierto
como de gritos lejanos en el alba,
va arrugando el papel de tu distancia
sobre mis manos huecas.
Y entonces —me pregunto—,
¿qué habrá de ser lo que no fuera?
¿adónde has expatriado acaso
el filo de mi beso, o cuándo?
¿qué habré de hacer
con tanta mesa de mantel floreado,
con tanta hogaza que nunca
masticarás conmigo a tu costado?
Incierto es, por cuanto fue incierto
todo lo que nunca estuvo
entre mi piel y tus abrazos;
incierto como decir despacio
un padrenuestro de memoria,
sabiendo que no hay dios, ni gloria,
ni posible redención, ni paraíso.
Incierto como puede serlo
un estragado color crepuscular
que no acierta a verse muerto
entre una tarde que lo nace vago,
y una noche que lo asume ciego.

 
(De como si no)
 
 
 
NAZARENO
 
Vacío está el madero y ya era hora.
¡Despierta y mira! No podrás
ejercer la redención desde esa altura,
no en la máquina tremenda
que te apartó los pies del polvo
dos veces milenario.
Éste es tu sitio y nuestra cruz:
ven a tirar con nosotros de la soga
con que arrastramos su peso
largamente: bienvenido al mar de manos
de hombre o de dios, o de sus hijos.
Acá te espera la traición, la misma que recuerdas;
acá, el dolor de muelas, el pan y el panadero,
el sindicato que vende a sus hermanos,
y el gobernante que los compra,
los veinte denarios del juez que no se ahorca,
el amor que se muere como todos,
la ilusión y su vinagre, la inocencia extraviada:
éste es el Gólgota, no hay otro,
en él andamos andrajosos y magníficos,
riendo a tramos y cayendo
no tres sino setenta veces siete.
 
¿No ves que a ras del suelo
viene siendo la hora nona
desde siempre?

 
(de Como si no)
 
 
 
TÚ, ROBÓREO
 
Andaba ráncula yo, a puros túmbaros, deambularia,
habida cuenta de tu andropúgilo de ayer.
No vípida, no múgida, ni tan siquiera en mis cabales,
sólo deslucidada, agonisántropa en mis fémures,
cuando en un trépido tris se trueca como trueno
mi sonsógina palifaz: un heliostro meridiano
avanzando occidentalmente desde tú,
me enlampara con tu propios melidoros,
sonriente sonreidor de sonsonete rioso.
Ipso facto me caracolo, me derrito, afluyo,
y como si nunca, me estruendo en cascajada
y enfloro, definitivamente conciliar, rendida
ante tus artéricos virilemios, ya de nuevo yo.
 

(Inédito)
 
 
 
EN POLVO, EN SOMBRA, EN NADA…

 
                                             (A una telaraña del jardín)

 
Sobre el tenue polígono torzado,
la cáscara vacía de una mosca
profana, con su oscura imagen tosca,
la hechura perfecta del labrado.
 
Un poco más allá, a su costado,
yace también, etérea y hosca,
otra de ocho patas que se enrosca
al soplo de la brisa, sin cuidado.
 
No es la seda sutil que trae la muerte
ni aun saber la nada de su suerte
lo que puebla el desvelo del insecto,
 
sino advertir en la mirada parda
del abisal verdugo que lo aguarda,
otro y mismo pretérito perfecto.
 

(de Como si no)
 
 
 
METÁTESIS
 
Éste es el sitio, mi hora ya dilecta.
Es la calle precisa, la genuina
conjunción de mi huella, que ilumina
este farol con timidez perfecta.
 
Soy esa luz, la sombra que proyecta
sobre esa luz el árbol de la esquina,
y el horizonte, que alguien adivina
bajo una luna oculta o circunspecta.
 
Me veo en cada cosa de mi entorno,
me siento en ella única y entera.
Hacia las cosas voy, de ellas retorno
 
como el agua de Heráclito, viajera,
que roe voraz la piedra del contorno,
y es agua al fin, y piedra verdadera.
 

(de Como si no)
 
 

NO EN LA PIEDRA
 
No en la piedra el último talento
sino en húmedo limo germinado
pariendo en provecho del abismo
su escuálido mandato de ganancia.
Dios ha puesto su huevo y ya descansa,
laxo a rajatabla su vientre satisfecho:
hágase su reino a contrapelo
a contramarcha, a contraviento
y a contravida mineral
desde su vértigo.
 
Y vio Dios ser bueno el cuervo.
 

(de Como si no)
 
 
 
VERBA INÚTIL                       

Qué cara me resulta, ay, qué cara
esta manía del verso a contrapelo,
qué costosa costumbre de adjetivos
encrespando su aturdida prudencia,
cuando quiero simplemente
decir tus manos o tu oreja,
o tu grave espacio
cabiendo en mi desierto sin espacios.
Se enredan las claves, se bifurcan
y no atino a decir
tan claramente
que me duele el tú, el día,
o que me abisma el yo
tu cuero impenetrable.

Condena será que mis vocales
no zumen en licor, ni tan siquiera en vino,
mi hondo dolor de duro estambre,
de deseo estéril, de animal estertor,
de cuna-féretro.
 

(de Como si no)


 

Imágenes: Silvina de los Ángeles Robato

*

Lily Jalile (Concepción, Provincia de Tucumán, 1953)

Profesora en Letras (U.N.T.); ha desarrollado su actividad como docente en los niveles primario, secundario y terciario. Es también directora de coros.

Publicó Uno y los otros y Ausencias (relatos y cuentos),  y Como si no (poesía). Poemas y microrrelatos suyos fueron incluidos en antologías de España, así como colaboraciones de crítica literaria en revistas tucumanas.

*

Silvina de los Ángeles Robato (Santiago del Estero, Ciudad Capital, 1980). De profesión abogada, trabaja actualmente en el Poder Judicial de la Provincia. Activista en Derechos Humanos, integrante de la Asociación por la Memoria, la Verdad y la Justicia, familiares de detenidos desaparecidos y ex presos políticos de Santiago del Estero. Integró la Editorial Larvas Marcianas hasta el año 2017, donde se desempeñaba especialmente como gestora. Actualmente forma parte de La Violeta, colectiva de arte, espacio dedicado a la literatura y poesía en particular. Se reconoce como una aficionada a la fotografía, trabajando en la actualidad en un proyecto donde los ejes son las máscaras y cuerpos desnudos.

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5 respuestas a “Poemas de Lily Jalile”

  1. Ada Liliana Jalile dice:

    Gracias, muchas gracias a Gabriel Gómez Saavedra y a La papa. Por el espacio, por las ganas, por el regalo a cada poeta publicado. Abrazo gordo y bien tucumano!

  2. Silvina Robato dice:

    Muchas gracias a todes quienes integran la revista por la invitación a compartir. Y un placer enorme acompañar los poemas tan hermosos de Lily. Abrazo grande para todes y que nos sigamos encontrando.

  3. Liliana Massara dice:

    Poemas con la reflexión a cuestas….poemas que caminan observando las experiencias de vida .
    Muy buenos.
    Felicito a su autora. Textos interesantes y apropiadas imágenes

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