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ISSN 2684-0626

 

 

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Poemas de Ohuanta Salazar

Por Gabriel Gómez Saavedra |

No se puede tener recuerdos sin haber sido niña o niño, y alimentado los sentidos y el monte del espíritu para la decodificación del mundo que llega con la adultez. Mundo que nunca termina de gotear el cúmulo de significaciones con que se aclaran los ojos.

Ohuanta Salazar desgrana una voz vitalista que parte y sueña desde su niñez, y la introduce a un mapa lírico poblado de espejos, donde cada imagen trae un golpe de conciencia, ataviado de personajes, climas y esencias desaparecidas. Todos estos golpes son contundentes, a tal punto que se les podría otorgar nombres propios pero, además, tienen la capacidad de salirse del intimismo de la autora  e interpelar la construcción de la propia historia del lector.

El yo poético nos hace oír las voces sobre voces que forman la cáscara del fruto de la memoria, pero sin caer en la dispersión o en un coro cantando al unísono, sino dándoles  a todas su razón de ser para exponer los lugares que la sociedad y sus estructuras le imponen a sus portadoras y portadores: “Normita y el camino, / tabacales de un lado y del otro, / allá al fondo, su casa. / Ella limpia otra y cuida  / otros hijos, lejos y casi nunca / habla de los suyos. Tengo cinco, / me los cría la abuela en El Carmen / pero nunca les falto / para los cumpleaños”. Toda esa música de la memoria traída por Salazar cabalga en un bote donde la rítmica es depurada a tal punto, que el viaje que ofrece se hace tan cercano como el de nuestra propia sangre.

RANDAS

La Randa es un tejido artesanal de punto que se realiza en Monteros, Tucumán.

Su enseñanza se trasmite de generación en generación.

Manos de abuela

enseñan, enlazan 

hilos en la barra.

Paciencia, la malla

la abuela explica

será una flor

hilo a hilo

en el bastidor, extendida

como rosa de los vientos.

Esta hebra por arriba.

Hija de hija

se hace nudo

y la abuela desanuda.

Esta hebra por debajo

porque sí,

desde siempre se hizo así.

Abuela, patrona del bastidor

sumisa de su hombre

padre de padre,

nieto de nieto

sometedor de hembras y diaguitas

interrumpe.

Y ella, mujer, acude

la nieta, hilo pendiente,

nudo ansioso.

Paciencia, la trama

la abuela explica

también es nieta de nietas

tejedoras del primer Tucumán

obligadas colonas de estos valles

porque siempre así

se formaron las flores.

Este hilo por debajo.

Bajo el mismo algarrobal

mansas confidencias 

que el río Tejar se lleva.

Este hilo arriba.

Pétalo a pétalo

entretejidas

abuela y nieta.

(Inédito)

BESOS Y PELLIZCOS 

El ómnibus la deja en la ruta,

Normita y el camino,

tabacales de un lado y del otro,

allá al fondo, su casa.

Ella limpia otra y cuida

otros hijos, lejos y casi nunca

habla de los suyos. Tengo cinco,

me los cría la abuela en El Carmen

pero nunca les falto

para los cumpleaños.

Este mes los visita y anda

hablando y juntando cositas.

El más grande, no sé de cómo,

me ha salío inteligente,

la más chica, viera usté, de bonita.

A veces, plancha y llora

con la telenovela.

Normita camina, sol, tierra y perros

apura el paso, cuidando

sus bolsas: ropitas usadas,

autito sin puerta,

muñeca pelo anudado y cinco alfajores

nuevos.

Se alegra, llegando.

¡La mama ha vuelto, la mama ha vuelto!

Gritan y corren, brazos abiertos

y ella, cubriendo sus bolsas

me las van a tirar, changuitos

y cinco besos y cinco

pellizcos.

Desde el fondo, abuela, distingue

vidriosos los ojos, casi sonríe, 

pucha, otro plato.      

Y agüita

para waschar el guiso.

(Inédito)

MIS ABUELAS

Una de mis abuelas tiene

fotos de Evita y de La Difunta Correa,

me gusta mirarlas.

Ella le cuelga flores o medallitas

y dice que eran santas.

Mi otra abuela, no

porque no le gusta Evita

y dice que de santa no tenía nada

pero que yo soy muy chiquita

para escuchar por qué.

Ella tiene cuadros hermosos

de los que no cuelga nada

y ojos azules,

anda peinada y pintada

porque es maestra.

Mi otra abuela, ojos marrones,

usa ruleros y un pañuelo

por la mugre de la casa

y me hace mate cocido.

La otra, leche con chocolate.

Mis dos abuelas son igualitas

cuando se tapan con crema la cara

antes de dormir

y en la mesa, calladas siempre

que el abuelo habla.

(Inédito)

ALOJITA CANTADA    

La aloja es una bebida dulce y fresca hecha con vainas de algarrobo. Bebíamos la versión sin alcohol cuando éramos chicos.

En ese algarrobo sabía haber un pajarito

dele cantar y cantar,decía abuela.

Las vainas en el agua y ella

revolvía  contándole cosas

que no escuchaban el abuelo ni la suegra,

después endulzaba y así alojaba

su aloja riquísima,

frescura en las siestas. 

La mejor ¿quenó?, preguntaba

es la música de las semillas,

aloja cantada, decía.

Ahora abuela en cama olvida

los días, los nombres

pero recuerda hacer su aloja.

Los hijos le traen vainas y abuela

ojitos nublados mira sin ver,

las acerca y escucha,

estas semillas no están entonadas, se enoja

y grita palabras que nunca dijo antes.

Nadie le avisa de la pacha vendida

ni del cerco ni del dueño del algarrobo.

Los nietos, ladrones en la siesta

le traemos las semillas.

Abuela las escucha y sonríe.

Entonces  mueve los brazos, imagina

y revuelve  una olla invisible

le canta, le cuenta en voz baja y endulza

su alojita cantada.

(Inédito)

MI MAMÁ NIÑA

I. LOS CHOCLOS DE LA ABUELA PETRONA

La abuela de mi mamá parecía

vieja desde siempre y era bajita, bajita,

tenía cara triste y muchos santos

que vestía con ropa limpia.

En la mesa, antes del primer bocado,

nombraba a algún muerto de la familia:

“hoy es el aniversario de la muerte

del abuelo del tío abuelo Secundino,

Dios quiera y diosito también,

lo tengan donde lo tengan”.

A veces el cuarto de la abuela Petrona parecía

llenarse de choclos y desde la cama,

llamaba a los nietos para cosecharlos.

Cerca de la ventana estaban los choclos morados,

en el ropero los amarillos

y los blancos gorditos, favoritos de la abuela,

estaban por todos lados.

Mi mamá niña y sus primos llevaban

una bolsa, grande, grande

y a veces dos, cuando la cosecha era abundante.

“Allá debajo de la cómoda” y mi mamá niña

estiraba el bracito hasta encontrarlo y llevaba

el choclo a la bolsa que dos primos sostenían

abierta.

Los más altos acercaban el sillón

para juntar los que colgaban de la araña 

o arriba del ropero,

“se están dejando unos ahí, changuitos”,

mi tío Emito-niño siempre encontraba

los choclos difíciles.

“Muy bien, ya está”, decía Petrona

y terminaba la cosecha.

Mi mamá niña y sus primos

se acercaban a la cama y esperaban

que su abuela les acariciara

el cabello a cada uno

y que prometiera, justito antes

de cerrar los ojos,

que al día siguiente se iba a levantar

tempranito, tempranito

a rallarlos para la humita.

(Inédito)

CICLOS DE COYUYA   

Creciendo rompe su piel

se muda de amores

camisa de miel,

coyuya.

Aún frágil y blanda

despide su cáscara

transparente.

Sueña el azul del Aconquija

pero el macho cantor

la hechiza.

No chirria ni canta

da sus ninfas a la pacha

y muere enamorada.

(de la antología Autores de Pilar)

TETA 

I

Mi hermano era bebé y pedía

teta cada tres horas pero

a mamá y a papá

se los habían llevado en un camión

y cada vez que él lloraba, mi abuela Porota

le cantaba “arrorró changuito,

mamá vuelve en un ratito, mamá vuelve en un ratito”.

Mi hermano Seba se dormía

con canciones inventadas

y agua de mazamorra.

II

Mamá debajo de la capucha no entendía

dónde estaba y tampoco sabía

responder preguntas a golpes

pero pudo contar el tiempo con la leche

que le brotaba del pecho cada tres horas.

Cuando hubo silencio escuchó coyuyos

y no entendía si soñaba o era cierto,

raros coyuyos en otoño que cantaban 

en una noche estrellada y mi hermanito

acunado en ese canto mientras la luna

hermosa y redonda daba la teta.

III

Los tiraron en la ruta,

les sacaron las capuchas

pero la noche cerrada los dejó

igual de ciegos, ni luna ni estrellas

esparaban su regreso.

La oscuridad no terminaba nunca,

caminaron cansados, adivinando

cañaverales cerca o cerros a lo lejos

y por fin vieron lucecitas, dos faros

del primer ómnibus del día aún

sin pasajeros. Mis papás corrieron

esperanzados y el chofer se apuró a arrancar

porque esa zona era sospechosa

pero reconoció a mi mamá y los alzó

sin preguntar nada ni cobrar boleto,

quizá recordó a mi abuela Porota

guiando su mano de niño, enseñándole

sus primeras letras y llevando

la Sabín Oral en sulky hasta su rancho

donde no llegaba ningún médico.

(Inédito)

NIÑOS DEL BANDO VENCIDO

Los niños que nacimos en el bando vencido

del lado vencido del mundo

necesitamos una tía María Rosa

que se tome muy en serio la alegría

porque los padres del bando vencido

están ocupados con la tristeza.

La tristeza de este bando

siempre tiene razón.

Pero los niños del lado vencido del mundo

también queremos armar trincheras

aunque nunca podamos repetir esa palabra

ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos

y saber dónde queda ese lugar “exilio”,

o qué magia hizo desaparecer al tío, desaparecido,

aunque nunca nunca podamos repetir esas palabras

ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos.

Cuando los niños del bando vencido

crecemos con estos adultos tristes

del bando triste y del lado triste del mundo,

requetenecesitamos una tía María Rosa 

que nos enseñe a guardar esas palabras tristes

que no hay que repetir nunca nunca re mil nunca

en el fondo triste del canasto de los juguetes

y nos lleve en los días soleados

a chupar cañas de azúcar y a comer uvas de la parra

aunque comer frutas sin lavar esté prohibido

y en los días lluviosos

a escondernos en trincheras de almohadas 

y cantar palabras contentas de María Elena

Walsh aunque también estén prohibidas.

Todos los niños que nacimos en el bando vencido

del lado vencido del mundo

requetemilnecesitamos una tía María Rosa

para nunca nunca tener miedo

a la oscuridad

o a las palabras

ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos

y ser por un rato niños del bando feliz

del lado feliz de la tristeza del mundo.

(de la antología Bardos y Desbordes II, 2019)

DIMINUTIVOS I

Yo tenía 13 años, Normita 16 y me llamaba

“doñita” como a mi mamá aunque ella

también era madre.

Me contaba de cuando iba a la escuela

pero había tenido que dejar porque

el hijo del patrón la visitaba  y entonces

Normita se puso con la panza y su tata

la llevó con la abuela que era muy buena

porque no le pegaba.

Como esa vez que la maestra

mandó una nota y su mamá

que no sabía leer pero entendía

que era algo malo, la castigó con la ojota,

“changuita opa”.

Todo porque  Normita dijo

“Maestra tengo que í al baño” y se orinó.

La abuela le enseñó a hablar bien

“permisito pa’í al baño”

y por suerte Normita aprendió

a pedir chiquito.

(Inédito)

GORDA

Mi cuerpo engordó

y no es mío.

Es de los tipos de la esquina

“¡Goordaa dejá los postres!”,

deciden, gritan, se quejan.

Mi culo desbordó los asientos

y es del pibe de la butaca de al lado

“gorrda”, codea, se enoja

Mi cuerpo con pañuelos,

verdes, “gooorrda abortista”

deciden, gritan, se quejan.

Pero a Él le gusta

que no le quepa en las manos

estruja, cachetea y festeja

el movimiento mientras se hunde,

“culo rico”, gordita, gorda.

(Inédito)

VIA CRUCIS

¿Quién fue?

Preguntaba mi maestra

levantando el dedo

recorriendo las caritas del aula

como cuando dictaba prueba,

sólo su taco y el lápiz.

El dedo era el miedo de todos.

Ella sabía de miedos.

¿Quién fue?

Preguntaba mi papá

cerrando el puño.

¿Quién fue?

Pregunta mi jefe.

¿Quién fue? 

Pregunta Dios

y ya lo sabe

pero igual disfruta.

(Inédito)

MANZANA

Jamás fue una manzana
la de Adán, la de Newton, la de Turing.

Sí fue una manzana

la de Magritte, que supo

que el manzano sabe:

el hombre nunca cae lejos de él.

(de la antología Bardos y Desbordes II, 2019)

Imágenes: Evi Tártari

*

Ohuanta Salazar (San Miguel de Tucumán, 1975)

Publicó el libro de relatos Patios de Obanta (2017). Participó de las antologías poéticas: Homenaje a Nicanor Parra (2018), Bardos y Desbordes II y Autores de Pilar (2019). 

*

Evi Tártari (Tucumán, 1990)

Se especializa en el campo de la fotografía y las artes visuales. Es Licenciada en Artes Plásticas y Técnica Universitaria en Fotografía por la Universidad Nacional de Tucumán.

Trabajó en gestiones culturales como Ibatina, Encuentra, Casa Managua, Charco (espacio experimental de artes visuales), Taller C de la Facultad de Artes de la U.N.T.

Participó en instancias de formación y exhibición individuales y colectivas, como la Feria Virtual “Otra Feria de Arte” (Bs. As.), “Mercado de Arte” ( Tucumán), “Residencia de creación escénica NOA TUC” (Jujuy),  “Sistemática y Seductora” Residencia de investigación sobre Bienales de Latinoamérica (Brasil).

Entre otras distinciones, recibió el primer premio en el XLIII Salón para el Ámbito Nacional Fotografía en el Museo Provincial Timoteo Eduardo Navarro y el primer Premio en el Salón XIX Carlos María Navarro en la categoría fotografía.

Se formó con referentes locales y nacionales como Carlota Beltrame, Geli González, Marcos Figueroa, Gabriel Varsayi, Claudia Fontes, Guillermina Bustos, Jorge Sepúlveda, Valeria Junquera y Solana Peña.

Realizó publicaciones en torno a la fotografía en revistas como DIXIT (Tucumán), Revista Bex (Bariloche) y Gran Angular: Antología de producción fotográfica en Tucumán.

Actualmente integra como jurado el proyecto “Anuario Fotográfico” de la agencia APA: prensa alternativa (Tucumán), y se desempeña como asistente técnica audiovisual y docente de fotografía para el Ministerio de Educación de Tucumán.

https://eviconstanza.wixsite.com

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2 respuestas a “Poemas de Ohuanta Salazar”

  1. Maria Celia González dice:

    Excelentes!!!!

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