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Poética del alquiler, de Marcelo Martino

Por Facundo Iñiguez |

“No hay nada mejor que casa”

Té para tres. Soda Stereo

Las poéticas del alquiler de Marcelo Martino comenzaron su recorrido en Facebook. Ese barrio virtual devenido residencia de adultos y mayores desde la aparición de Instagram y otros countries desconocidos ya para mí. En esa página que recibe al navegante con un ¿Que estás pensando? Martino fue acomodando, día tras día, frases y poemas acerca de alquileres y mudanzas. Textualidades que ya prefiguraban un suelo lingüístico. Fue inevitable para quienes lo seguimos en esa red sentirnos conmovidos. Entonces los mensajes y demandas al autor fueron amontonándose en los comentarios, como fanáticos que aplauden en la vereda hasta que el ídolo saluda por la ventana. 

Y es que esa poesía clara, precisa y liviana, de versos cortos y sin intenciones extravagantes, cargaba con el peso de experiencias que todos hemos vivido (y sobrevivido) por lo menos una vez en la vida.  La emotividad que conllevan esos hechos, guardada en algún sótano de la memoria, es imposible de borrar, o lavar al menos, y se mantiene vigente debido al fuerte significado que tiene el abandonar un lugar que se ha considerado propio. Justo en ese recoveco, las poesías de Martino en Facebook, como un cepillo que se entierra una y otra vez en el pelo ralo y seco, alisaban el recuerdo, lo hacían más llevadero en cada publicación. 

Al guante lo agarró Monoambiente Editorial, nada menos. Una editorial de la provincia que, a pesar de lo indicativo de su nombre, goza de un espacio de más kilómetros de superficie que el mismo Tucumán.

Al poco tiempo que los poemas de Marcelo ya habían ganado su derecho de piso en el terreno virtual, la editorial anunció la llegada del libro en papel bajo el título de Poética del alquiler. Se concretaba el sueño de la casa propia para el autor.  

Relato este recorrido porque creo que es representativo de lo que en el contenido del libro encontrará el futuro inquilino. A través de la obra, el autor dialoga consigo mismo, con los lectores y con otros escritores acerca de una cuestión que nos lleva, acaso, toda la vida abordar: hacerse un lugar propio. 

En cada poema, las metáforas oscilan entre problemáticas relacionadas a la condición de inquilino, dificultades económicas, injusticias contractuales, burocracias varias y experiencias traumáticas sobre mudanzas. Pero en el fondo, la voz de cada texto intenta dar respuesta a aquello que nos inquieta en cada ámbito en que desarrollamos la vida.


FANTASMAS
 
es cosa sabida
que las almas
de los inquilinos
que se aquerenciar 
que abandonan 
con nostalgia 
una vivienda
que esas almas
es sabido
permanecen allí
donde les gustaba
vivir
allí
en ese lugar
que llamaban 
hogar
 
esas almas
vagan
desconcertadas
entre muebles extraños
y buscan
sin encontrarla
su ropa
en los cajones
equivocados
 
las escucho
insomnes
dando tumbos
abriendo y cerrando
indecisas 
la ducha
dejando
empozarse
el agua en la bañera
 
las escucho 
llorando
su impotencia
frente a un armario
que no logran
reconocer
 
a esas almas
las dejo hacer
aunque
a veces
desordenen
la pila de camisas
sin planchar
y se coman
el fiambre
o el pan
 
a esas almas
les tengo cariño
y me apena
su tristeza
esa tristeza
que también
es mía
de tener
que hacer nido 
en árbol 
prestado

En los poemas de Martino se cuela, además, con el tono irónico necesario para afrontar la ansiedad que genera la vida de inquilino, una reflexión que redobla el carácter existencial de este poemario: ¿Cómo planificar el futuro en un presente alquilado?. O parafraseándolo ¿Cómo hacer nido en árbol prestado?

Idea potente que atraviesa todo el libro y que, por suerte, el autor va apalabrando con paciencia y ternura.

Aun así, ni leyendo a Byung Chul Han he pensado tanto acerca del impacto que el sistema capitalista tiene sobre nuestras vidas al hacernos tan difícil la posibilidad de ser propietarios de una vivienda, como lo he hecho leyendo Poética del alquiler.

El autor logra caminar por las medianeras del doble sentido, haciendo uso y expropiación de las metáforas, para introducir con la sutileza solo dable al poeta, una idea política tan debida y certera, que no hay lector que logre contener el sacudón al enfrentársele: los espacios no nos pertenecen, pero los hacemos nuestros.

Creo que ahí radica la sustancialidad camuflada de esta obra.

Y su belleza. Porque ¿Que poeta escribiría sobre un hecho tan banal y absurdo, cotidiano y anti estético como el alquiler?

ALQUILAR – ES
 
qué cosa
engañosa
qué trampa
del lenguaje
el verbo alquilar
que nos hermana
a usted y a mi
porque usted alquila
y yo también
pero
entre usted y yo
hay muchos verbos
de distancia
 
usted no es
ni quiere ser
como soy yo
y yo no soy
ni puedo ser
como es usted
que alquila
porque tiene
porque le sobra
mientras que
yo alquilo
porque me falta
porque no tengo
 
usted alquila
dos o más
departamentos
que son suyos
y yo alquilo
yo le alquilo
apenas uno
sin tener ninguno
 
usted me alquila
un inmueble
de tantas
habitaciones
y tantos
metros cuadrados
y yo
por mi parte
le alquilo a usted
una vivienda
valuada en frustraciones
y que aspira
en su inocencia
a ser hogar
 
usted conjuga el verbo
con convicción
con prepotencia casi
yo lo conjugo
en cambio
con necesidad
inseguro
balbuceando
porque la gramática
entre usted y yo
jamás estuvo
de mi lado

Fiel a la genuina y conocida generosidad que Marcelo Martino tiene para con el campo de las letras del NOA, en su libro, en su terreno propio, se aprieta un poco hacia un lado para que entren otros poetas. Aníbal Costilla concede un prólogo del que bien podría hacerse otra reseña, debido a la calidad y complejidad con la que analiza y presenta las páginas que le preceden. Poetas como Sylvina Bach, Marco Rossi Peralta, Estefanía Carrasco acompañan algunos poemas de Martino con versos suyos vueltos epígrafes.

También el autor construyó un Cuarto de huéspedes, en el que escritores que de una manera u otra ya habían dedicado algunas líneas a la temática en cuestión, son alojados junto al autor. Él mismo aclara en sus agradecimientos que aceptaron cohabitar “prestándome –no alquilándome– sus poemas”. Leemos ahí a Gabriel Gómez Saavedra, Zaida Kasaab, Alejandra Bosch, entre otros. 

Toda la poesía de Poética del alquiler se acomoda en un libro prolijo, blanco, recién pintado y a estrenar, diseñado por Álvaro Astudillo. Entre las páginas, dibujos del ilustrador Adrián Gabriel Rojas Vitry son pausas para mirar por la ventana, sin sacar la vista del papel, que acompañan la lectura.  

Poética del alquiler llega para ocupar un lugar esencial en la biblioteca de cada inquilino. Porque ¿qué lugar mejor que la literatura para pensar la pertenencia?

¿No son acaso los libros, de nuestra autoría o no, el primer bien material que adquirimos como propio?

Imagen de portada: Poética del alquiler, de Marcelo Martino (Monoambiente Editorial, 2021)

Imagen 1: Apretados, de Adrián Gabriel Rojas Vitry. IG: @ad_rojasvitry

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2 respuestas a “Poética del alquiler, de Marcelo Martino”

  1. Excelente lectura del hermoso libro de Marcelo, estimado Facundo. Gracias por esta reseña. Saludos.

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