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ISSN 2684-0626

 

 

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Sobre Improlijas memorias, de Carmen Perilli

Por María Jesús Benites |

Improlijas memorias, de Carmen Perilli, inaugura la colección “Testimonios” del sello editorial Vera Cartonera (Universidad Nacional del Litoral), para integrar una constelación de títulos donde dialogan estudios de literatura junto con obras de divulgación científica y cultural.  

El libro se trama como un relato de viajes, con desplazamientos geográficos y emocionales, con despedidas diferidas en los adioses,  sin retornos, un periplo en el que conviven,  el desasosiego, el infortunio y la incertidumbre. La escena inicial recrea un momento clave y estructurante:  la sala de un Tribunal Federal donde  pasado y presente se congelan y se cifran en un nombre que resuena, mal pronunciado, frente a jueces, familiares y asesinos: Ángel Mario Garmendia. El tiempo queda detenido en ese instante y la voz de Carmen Perilli se apodera del relato.  La portentosa capacidad de recordar desanda un trazado que intenta recuperar, luego de décadas, cada uno de los lugares que ocupaban, ella, Ángel, Adriana, Ricardo y muchos más  alrededor de la mesa en el tradicional bar “La cosechera”. La memoria en todos sus gestos  se despliega en la narración y toma diversas formas: cuadernos, cartas, actos de escritura que se emprenden y retoman en diversas etapas vitales. 

El otro comienzo, el que nos lleva por las derivas del pasado, retrocede a los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras  que era a principios de los setenta , “una abigarrada expresión de vida, un ámbito sumergido en un torbellino de ideas, donde predominaba la fascinación de conocerlas a todas, de atacar algunas, de adherirse a otras”. Pero como todo relato es bifronte, la escritura dosifica los indicios que vaticinaban el  momento doloroso en que esa vitalidad de las ideas compartidas en las aulas se transformaría, a mediados de los setenta en mutismo, disciplinamiento y terror.   Primero, la violencia simbólica y arbitraria que ejerce la Universidad cuando aparta del cargo docente a Ángel.  Luego, la del estado represor, la que irrumpe en la vida cotidiana, la paraliza y desarma. “Con usted no es la cosa” le dice, prepotente, el perpetrador cuando se lleva al marido con una excusa absurda, como si esa afirmación conjurara la impotencia y el miedo.  

El testimonio de Carmen devela en cada fragmento, sin tonos épicos, la entereza de una mujer que busca respuestas en los laberintos de un sistema perverso.  Las reminiscencias sobre aquellos tiempos dramáticos y violentos de la dictadura se reescriben también como una travesía metafórica al exilio forzado  en el Aguilares natal, una suerte de “viaje a la semilla” hacia un “futuro cargado de pasado”.  Allí, ante una realidad que no todos parecen entender, pervive el recuerdo amoroso de la propia infancia y la de los hijos, Mariano y Santiago.   

Improlijas memorias es un libro necesario, profundamente conmovedor que revela la valentía de Carmen al narrar su propia historia de vida, al compartir las decisiones tomadas y la experiencia de maternar agobiada por la desazón de las pesadillas o de referir la visita a una vidente como si algún sortilegio lograra revertir una cotidianidad llena de ausencias. 

En un gesto de contrastes barrocos resuenan en el título del libro los versos de Sor Juana “Prolija memoria,/permite, siquiera,/que por un instante/sosieguen mis penas”,   vínculo textual que no hace más que respaldar el insondable y confidente lazo que Carmen explicita en estas  memorias desprolijas con los libros, diáfano y sosegado refugio  donde habitaba  en ese y  en todos los tiempos,  la libertad.  

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