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Tan escurridiza que hasta Google se confunde

Por Ildiko Nassr |

1.

Tengo una mancha de nacimiento con forma de papa en la muñeca izquierda. Tengo siempre una papa a mano.

Hay una en mi origen también, ya que mi abuela nació en un lejano pueblo llamado Papa.

2.

Una de las conferencias TEDx que escuché más de una vez es la de Magui Choque Vilca: “Lo que aprendí de mis papas”. Comienza su conferencia con unas papas en las manos, diciendo: “Estas son mis papas y en nombre de ellas les quiero dar la bienvenida”. ¿Las papas tienen alma? ¿Estar en armonía con el universo, con la naturaleza, es reconocer la importancia de las papas?

Cuenta que en Argentina hay 84 variedades de papas y, en el mundo, hay más de 3000. Pienso que serán pocos los expertos que podrás clasificarlas, identificarlas, reconocer sus particularidades.

Sostiene que para nosotros las papas significan cultura, vida, tradición. Recuerdo aquellas largas conversaciones de mujeres en la cocina de la casa grande que serían la envidia de Isabel Allende, Marcela Serrano, Laura Esquivel y Ángeles Mastretta.

La cocina era el lugar de la tradición y la transmisión de la cultura a través de los relatos de las abuelas y las tías. Nos enseñaban el valor de las semillas y de las papas. Nosotras que queríamos conocer el mundo, casi no las escuchábamos. Pero sí. Lo descubrí cuando mi hija empezó a preguntar y a habitar la cocina de esa casa habitada por mujeres sabias (tan sabias que casi ninguna había pisado una universidad y estaba orgullosa de ser quien era).

3.

La primera vez que alguien me dijo que soy una escritora andina, me sorprendí: hasta ese momento no me había pensado a mí misma de ese modo. El adjetivo “andina” viene asociado (para mí) al sustantivo “papa”.

Me sentí una poderosa papa andina, que no necesita de colores estridentes ni de sabores rimbombantes para ser imprescindible.

4.

Papa andina: verdura originaria que, debido a las inclemencias del clima puneño, son pequeñas redondas y de color marrón claro. Hay variedades rosadas, amarillas, verdes, redondas, alargadas, etc.

La definición está transcrita del libro de Martín Bertolone.

La redacción confusa y contradictoria sólo habla de la naturaleza de la papa. 

He buscado en Google “papa” primero y los resultados remiten a la paternidad. Luego, busqué “libros sobre papas” y los resultados tienen como protagonista a los papas de la iglesia católica.

Es tan escurridiza que hasta confunde a Google.

5.

Uno de mis recorridos favoritos e ineludibles cuando visito alguna ciudad es el mercado. Me gustan los mercados. Recorrer cada rincón con ojos de extrañamiento, como si fuera la primera vez que veo esos colores, esas formas. Me fascinan esas manos de tierra que remiten a la papa. 

Cada vez que voy al norte, compro un poco de cada variedad de papa andina. Me deslumbran la cantidad de colores y texturas para un solo tubérculo. Son como las personas: infinitas en su variedad.

Regreso cargada a casa, con esa ofrenda de alimento para el cuerpo, pero también para el alma. En la cocción, las mezclamos y cada una resiste en su sabor, modificando su color y acentuando su individualidad. Exploro con los sentidos ese banquete que se me ofrece como una promesa de múltiples placeres y me dejo atravesar por la cultura, la vida y la tradición de ese alimento de dioses y esclavos.

Recuerdo lo que dice Magui Choque Vilca en su conferencia y hago mías sus palabras: las papas nunca pierden su individualidad.

6.

En algunos mercados, a la noche, cuando está cerrado al público, lavan la papa negra para hacerla pasar por papa blanca. Los compradores las prefieren blancas. ¿Hasta dónde llegan el racismo y los prejuicios?

7.

Los aborígenes de los Andes le otorgan significados mágicos y curativos. Algunas recetas medicinales con papa se conservan hasta hoy: una papa cortada en rodajas alivia la hinchazón provocada por un golpe. Llevar una papa en el bolsillo alivia la fiebre…

8.

Si al Popol Vuh lo hubiesen escrito los quechuas, el hombre definitivo no sería de maíz, sino de papa.

9.

En el almacén de mis tías en Río Blanco colocaban las papas en unos cajones enormes a la entrada del local, pero en un rincón oscuro. Cuando las trían, nos pedían que entráramos a la casa, por la tierra. Me ingeniaba siempre para espiar ese espectáculo de tierras y papas rodando de las bolsas de arpillera (en esa época, eran de arpillera, no de plástico) al cajón de donde las señoras de la zona las pedían por su tamaño o por su forma y se las llevaban en sus bolsas de tela o de plástico. Sin tocarlas, para no ensuciarse. Siempre me preguntaba cómo las sacarían de allí, si tanto miedo tenían a ensuciarse, como si hubiera algo malo en la tierra. Mi tía las colocaba en las bolsas de compra y se limpiaba las manos en el pantalón. Usaba pantalones de grafa que absorbían la tierra. Sacaba la lapicera de atrás de la oreja y anotaba en la libretita negra que traían las clientas. Anotaba, también, en el papel de estraza gris que descansaba sobre el mostrador.

10.

Guerra de papas y ciruelas con los primos. Una cicatriz bajo el ojo izquierdo me recuerda cada día que no es una gran idea.

Y, si de malas ideas se trata, no se te ocurra colocar una papa en un caño de escape de un auto. Lo que empieza como una broma, puede terminar mal.

11.

En Tenerife, me invitaron a comer la comida típica del lugar: “papa arrugada”. Es la papa bonita cocinada con sal. ¡Oh, sorpresa! El sabor era como estar en casa. Tan parecida a mi papa andina: redonda, marrón, sabrosa.

Acaso estar en casa sea ese sabor particular de lo conocido.

12.

La papa acompaña desde su plurivocidad y siempre es la chica del fondo, silenciosa y anodina, que, cuando llega su oportunidad, brilla y deslumbra.

Fuentes:

  • Martín Bertolone: LA OLLA COYA, cocina familiar jujeña. Ed. Perro Pila. Jujuy, 2007
  • Paloma Bordons: LA TIERRA DE LAS PAPAS, SM – Colección El Barco de Vapor, Buenos Aires, 2018

Conferencia TEDX de la ingeniera Magui Choque Vilca, “lo que aprendí de mis papas”, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=yv1rIWCq1B4

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