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Tiempo y poeta en convivencia plena (1). Sobre “Invención del horizonte”, de Mario Melnik

Por Gabriel Gómez Saavedra |

Todo ejercicio de propiedad del ser humano sobre las cosas, es un ejercicio de lo irreal; el único dueño posible de aquellas es el Tiempo. El poeta lo sabe, es una conciencia que lo acompaña desde la primera madurez del oficio y no lo abandona nunca. Por eso su tacto es por inmersión hacia su propia profundidad, para vincularse con las cosas bajo vasos comunicantes totalmente ajenos a la dimensión física, a través de un desplazamiento que construye nuevas materialidades, permitiéndole tomar lo externo como una fruta que nunca perderá el sabor y que, incluso, podrá reinventar innumerables veces.

En Invención del horizonte (Alción Editora, 2020), Mario Melnik hace su juego de propiedad lírica repasando los impactos con que la experiencia rotuló los cráteres en la piel del yo poético, y se para frente al Tiempo con una voz que tiene el mérito de no contaminarlo, porque no pretende controlar el herrumbre de las cosas desde la asepsia, al contrario: Melnik se pone al servicio del Tiempo y navega en sus entrañas bebiendo su ritmo y sometiéndose a la degradación; colocando como referencia a su propia fragilidad, como si ella fuese el mirador desde donde se pensaron todos estos poemas. En “Un alto del camino que recorre el día”, nos dice:

 Sin fatiga volar de a pares
la sombra entera abismando
aquí casi verdeando
allá memoriosa de lo de arriba
aquí de lo de abajo
de lo que en vida añoso anda
de cumbre casi infatigable
sin muerte que a la larga se nombre
florecer, reverdecer sin marchitar.

Su lectura trae a la memoria aquella copla que, por sabia, dura como una piedra sin límites: “Ya no soy quien antes era / ni la flor que florecía. / Soy el olvido profundo / de la mudanza del día”. La copla y otros símbolos ancestrales del mundo andino rondan y cimentan esta obra desde todos sus costados, aportándole coherencia estética, pero también la tensión constante de una materia que es ausencia y vitalidad; pero no porque recurra al pesado forzamiento evocativo, todo lo contrario, sus versos están trabajados con una depuración tan suave, sólo equiparable al silencio de los ruidos impalpables que nos trae la contemplación de un paisaje absoluto o de un recuerdo que nos insinúa que, alguna vez, fuimos una molécula de inmortalidad. Este correrse hacia el Tiempo también se evidencia cuando se exponen los símbolos de la tradición literaria que construyen a un autor; Mario Melnik los comparte en el poema que le dedica a la casa natal del gran César Vallejo:

 ¿Qué es esta casa en el vaivén
de los pasos que la recorren
qué lozanías y vértigos visitan sus días
buscando vida alguna que se parezca a la vida
y un nombre para verdad de los nombres?

Volviendo a la tensión arriba mencionada, cabe decir que ésta proviene de la lucidez que da la madurez poética de que crear un mundo sin Tiempo no es negar a este último, sino resignificarlo como el portador de las imágenes que darán entidad a los poemas; de allí surge la convivencia plena de Tiempo y poeta, donde ambos transitan una categoría de lo emocional sin una mancha de desencuentro que pueda dañar a las cosas que se nombran con la subjetividad egoísta de una lírica que flota sin cable a tierra. Leemos en “Luz que se quiebra”:

 Vos que veías correr la vida tan a tu lado
nunca más atrás, nunca más adelante
que en tu andar te volviste semilla
racimos y crepúsculos
para aplacar la sed, el llanto.

Todo el libro de Mario Melnik es un diálogo con el Tiempo, que se expande hasta la condensación, donde poeta y Tiempo se anulan, pero también celebran, con el viejo vino de los poetas chinos de la Dinastía Tang, todos los nacimientos y todas las muertes que los integran en una combustión maravillosa y efímera, recitándose mutuamente esos versos que Du Fu le dedicó a Li Po: “Al cabo de diez mil, cien mil otoños, / no tendrás otro premio que el inútil / de la inmortalida”.

Imagen 1: Tapa de Invención del horizonte

Imagen 2: S/t, de Cecilia Melnik

Imagen 3: S/t, de Cecilia Melnik

Cecilia Melnik (San Miguel de Tucumán, 1992)

Estudiante de Filosofía y amante de la fotografía en el paisaje; en esa fusión encuentra el aire para existir en esta vida.


[1] El texto es una versión aumentada y corregida de la que se leyó en ocasión de la presentación de Invención del horizonte, de Mario Melnik.

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6 respuestas a “Tiempo y poeta en convivencia plena (1). Sobre “Invención del horizonte”, de Mario Melnik”

  1. MARIO MELNIK dice:

    Agradezco enormemente a Gabriel por este sentido comentario y celebro siempre sus distinguidos aportes a La Papa Online.

  2. Tami Mikus dice:

    Bravo, Gabriel! Una mirada sentida hacia el oficio del poeta, dar luz a lo inefable.

  3. Liliana Massara dice:

    Por los nacimientos y las muertes que integran y/o fusionan poeta y tiempo.
    Se disfruta tu lectura Gabriel.

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