Por Gabriel Gómez Saavedra | El ave, no por cotidiana, aminora su canto. Siempre está rondando con renovada morfología por la ventana más lapidada por el invierno. Así, Candelaria Rojas Paz, tiende sus plumas ante el sol para poder limar la piedra: “Lo supe después / mucho después y aun no me reconozco. / Me han crecido palabras al borde de la sombra de mi silueta”. Existencia Todo este universo
Gabriel Gómez Saavedra
Un bello cuerpo sin huesos y sin dueño
Sobre la poesía de Javier Foguet Por Gabriel Gómez Saavedra | El poema entra en un problema cuando pone el ojo en el paisaje y decide aprisionarlo. Porque de esa asfixia exprime el goce con que se dispondrán los versos para el lector, pero al lector llegará una visión mustia, malherida por el egoísmo del poeta que ha decidido, de antemano, cómo aquel debe mirar. Nadie soporta por mucho tiempo
Poemas de Ricardo Gutiérrez
Por Gabriel Gómez Saavedra | Estos poemas de Ricardo Gutiérrez develan que cuando la noche no es noche, sino cuchillo, el filo de las creencias toma el rumbo de los sacrificios y ya no se puede volver al alba. Y sólo queda la piel, como único escudo para enfrentar al mundo: “Desaté la cuerda que me unía al ángel / y preparé el peligro, la oscuridad, el mundo”. Vigía de
La parábola de Pepe
Sobre Poesía sin música, de Pepe Núñez Por Gabriel Gómez Saavedra | Hombre que también fue parábola, Pepe Núñez. Parábola que dibujó un recorrido para que toda su obra, antes de salir hacia la gente, pase indudablemente por la instancia de su corazón. Autor, compositor y músico autodidacta, de altura ineludible cuando se quiere pensar al Tucumán de las décadas del 60 y del 70, desde la estética artística y
Las tres armas del cazador
Sobre la poesía de Mario Melnik Por Gabriel Gómez Saavedra | Escribe Ricardo E. Molinari en el poema “Estas cosas”: “No sé, quizá me esté yendo de algo, de todo, de la mañana, del olor frío de los árboles o del íntimo sabor / de mi mano (…)” y el lector se convierte en testigo de la siguiente escena: el cuerpo inerte del poeta arrastrado por la corriente del río,
Poemas de Ana Guía
Por Gabriel Gómez Saavedra | En estos poemas, la mirilla por donde se mira a la infancia y al amor, es la perforación de un cancán de lycra negro o la herida de un cigarrillo apagado en la piel. A partir de ahí, todo lo que se presenta, parece la atmósfera de ingreso a un cuadro de Leonora Carrington y un rezo ahogando en el paganismo la dulzura de cualquier
Iluminar un purgatorio
Por Gabriel Gómez Saavedra | ¿A quién se le ocurre bañar los ojos en ácido para reconstruir imágenes que lo integraron? La respuesta apunta al autor de Música para quemados, un poemario ondulante y extraño que parece salido de los sueños de la fiebre, pero que no se corre de una lógica que sostiene que se deben quemar las vivencias para verlas en serio. Ahora, en ese fuego no hay
Poemas de Guillermo Siles
Por Gabriel Gómez Saavedra | ¿Se podrá recordar el desierto como una instantánea?, es la pregunta que flota en estos poemas de Guillermo Siles. La voluntad de los ojos recubre las imágenes con envoltorios de seda que, al abrirse, siempre descubren una rajadura que ha dolido en silencio sobre las superficies: “nadie como vos en la risa hambrienta / de lo bajo / ni en la majestad de nombrar /
Poemas de Pablo Romero
Por Gabriel Gómez Saavedra | Una navegación sin brújula por un alma furiosa, nueva y con varias vidas andadas, a la vez, son estos poemas de Pablo Romero. Registro del pararse frente a la tormenta de la palabra, como un cazador, para pedir ser nombrado; aun sabiendo que la única presa posible es la estela revelada de la frustración de ese pedido: “escribir un mar para perderme pero qué
La ciudad implosionada de Néstor Rodolfo Silva
Por Gabriel Gómez Saavedra| Los ciudadanos de San Miguel de Tucumán venimos siendo testigos tristes o indiferentes, en estos últimos años, del asedio de las demoliciones de edificios valiosos para el patrimonio cultural urbano. De repente, un lugar que miraba al pasado y se paraba como una referencia identitaria para el futuro, amanecía vuelto escombros; arrastrando y enrareciendo nuestros ojos, y al cielo que cuidaba sus cúpulas y azoteas. Hubo


