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Autopistas de pandemia

Una opinión sobre KOHL , primer libro de poemas de Gabriela Duguech

Por Nilda Chiarello |

Suspendidos en el tiempo de pandemia, ya me son indiferentes los barbijos y las máscaras, tan soberbios y protagonistas, complicitando con esos elásticos para sujetar. En cambio, las palabras no. No me son indiferentes. Me acechan desde donde pueden, impiadosas.

Con perplejidad y miedo, de noche, cuando debería inundarme la calma, hace dos años, las veo discurrir por autopistas. Son las palabras cotidianas, las que escuchamos en televisión y radio, en diarios y entre la gente, en la verdulería y el celular. Reducidas en su significado y variedad y casi todas, huérfanas de sinónimos, apuntan a una dirección única.

Saturación ya no alude más al hartazgo, sino a la temible medición del oxígeno que disponemos para respirar.

Replicación solo es la multiplicación de un riboenemigo silencioso en su “huésped” (antes una visita que esperábamos con ansia en nuestra casa).

Pero el otro día sucedió lo increíble. Déjenme que les cuente sobre esta autopista, porque ahí ocurrió.

La autopista de mis noches es enorme, con muchos carriles en distintas direcciones, la típica de entrada a grandes ciudades, con rulos de altura en el centro que distribuyen las rutas, pero también con pequeños tramos colectores, pegados al carril externo que tangencialmente habilitan a entrar pero también a salir de ella, y volver a calles, con casas y árboles, recuperando el ritmo natural de la respiración… ¡Qué sensación de libertad!

Ahí pasó: Un día observé una larga fila de palabras salir de la autopista por la colectora, tranquilas, pero maquilladas para pasar desapercibidas. No tenían un maquillaje común, se habían empolvado con Kohl, un “polvo de origen mineral … de Medio Oriente …” con poderes protectores.

Al día siguiente descubrí que estas palabras fugadas lo habían hecho para conformar el primer libro de poemas de la tucumana Gabriela Duguech, llamado KOHL (el polvo del maquillaje).

Muchas de esas amenazantes palabras de pandemia habían encontrado en KOHL el maquillaje para significar distinto, por ello celebro con agradecimiento haberlas visto escaparse de la autopista y entrar al libro.

En él, su autora desvía con precisión, pero sin ansiedad, las palabras que agobian la realidad nuestra. Las incorpora a los otros caminos de la existencia, a su propia niñez, a los mundos extra pandemia, aquellos simples y aquellos no tanto.

Con enorme economía de lenguaje, (poco usual en el exuberante español), nos entrega un poemario construido con palabras desnudas y solitarias que ubica en la arquitectura del poema y lo transforma, devolviéndonos en su acabado, una imagen tan vívida que la podemos sentir y tocar, con ligereza de briza.

Imposible no pensar en el arte poético japonés (casi se huelen las flores de cerezo hojeando KOHL). Sin embargo, una honestidad descarnada aleja estos poemas de cualquier intento de emular un estilo. Su autora, psicóloga y bailarina, realiza en esta obra, un viaje hacia su interior, y desde ahí, desde sus vivencias más profundas, reflexiona sobre el mundo.

Como coreógrafa, Gabriela Duguech elige cada palabra como si fuera un movimiento que pre anunciará el siguiente y así con destreza de palitos chinos, dice en Quiasma: “El niño / entre la mujer y la madre / la niña / entre la mujer y la madre / el hombre / entre la mujer y la madre / la mujer / entre la mujer y la madre”.

Para ella, Poetizar: “Es tomar urgente la palabra que se hace presente”.

Ese presente claramente en KOHL es temporal pero también espacial. Va desplegando a través de poemas como Las manos del asador o Intrépida (pinturas de doméstica felicidad), espacios hacia la reflexión: “No sabemos en verdad / qué  pasa / seguimos sonriendo / por las dudas ”.

Esos espacios se abren hacia el horror y la muerte con la naturalidad de otra cara de la moneda. Así está Infierno en clara denuncia del femicidio más temido o Atentado en Las Ramblas. Recuerdo de sus días en Barcelona, porque Resplandece y “veo por la ventana / que la vida resplandece / parece mentira / que allí pueda esperarnos también / la muerte”.

Hay dolor en sus poemas. ¿Acaso podría no haberlo?

“Pensar es no morir “, dice, pero nos apura a saborear la vida como el pájaro sobre un higo maduro que “poco a poco, saboreó su miel / lanzando así su sed infinita”.

Un libro de poemas soltado al mundo es una noticia feliz, pandemia o no. Dice Gabriela en su poema Las Palabras:

Las que quisiera decirte

Y no encuentro cómo

Las que dicen ¡quédate conmigo!

Y te atan a la vida

Las palabras que no olvido

Y las que no puedo encontrar.

Seguramente con la ayuda de este maquillaje, KOHL nos entrega con palabras simples, escapadas de la vida (o de la autopista) la mirada de su autora sobre nosotros, nuestro mundo, con su angustia y su injusticia, su esperanza y su delirio.

Yerba Buena, Tucumán, algún impreciso día de 2020 en pandemia.

2 respuestas a “Autopistas de pandemia”

  1. Gabriela Duguech dice:

    Me emocionó este comentario de Nilda Chiarello que sale de la autopista cotidiana,para decir con fina pluma su encuentro intimo con Kohl y lo que le provoca la mirada de esta poesía sobre «nuestro mundo, con su angustia y su injusticia, su esperanza y su delirio.»
    Muchas gracias Nilda y a La Papa por publicarlo!

  2. Alberto Gustavo Rojo dice:

    Hermoso texto

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