Por María Gabriela Cisterna | De nuevo, sueño que mato. No sé quién es, pero veo que hay mucha sangre. He cometido un asesinato sangriento. No sé si las causas son: la novela que estoy leyendo, los policiales que veo antes de dormir o el deseo reprimido de años. Después de matar, con la sangre todavía en las manos y la oscuridad gris que nos rodea, al cuerpo y a
Cuentos: Marcelo Martino
Valentina (d)el viento
Por Ángel Ramón | Fuiste como el viento. Pasaste desordenándolo todo, sacando de lugar las cosas, rompiendo algunas, transformando otras. Nada quedó en su sitio, eso seguro. No te esperaba, no sabía cómo serías por una simple razón: nunca te vi en mi vida como algo posible. Como el viento sorpresivo que sopla en verano y, sin previo aviso, se asocia con la lluvia y empiezan un baile que arrasa
El rey del pete
Por Exequiel Svetliza | Acaso por la oscuridad espesa de la noche, por el olor del pasto mojado, por la indescifrable conversación de los grillos, por la irrupción frenética de las luces y el temblor que dejan en el suelo los camiones a su paso; a Gerardo le inquietaba mear solo en la banquina, al costado de la ruta. No temía por la aparición espontánea y sorpresiva de un decapitador
Wie viele mal
Por Santiago Garmendia | “San Ambrosiano” es el colegio más antiguo y prestigioso de la provincia. Una iglesia con pizarrones, un campo de concentración con canchas de frontón y básquet. Una fábrica de sacerdotes y laicos destinados a hacer cumbre en la jerarquía social. Habiendo enriquecido a su comunidad con más de cien camadas de egresados, entre todos ellos el doctor Nicanor Ulloa es sin dudas el pancracista más notable.
Sueño con jugadores
Por María Belén Aguirre | SUEÑO CON MARADONA Soñé que el Diego me hacía de campana para que robara –“tranca, amiga”– víveres del supermercado. Expeditivo y de pie junto a la puerta como un guerrero fulminata de las causas justas y urgentes a la hora de la aflicción y la desesperanza otorgándome la fuerza el coraje y la serenidad y protegiéndome de todos / los que podrían perjudicarme. Mientras a
Cuentos para La Papa
Selección a cargo de Marcelo Martino | “Recuerdo de Catamarca”, como confiesa su autor, es un ejercicio literario, un cuento-experimento, donde Gustav mezcla distintos componentes con la esperanza de que al laboratorio no se le vuele el techo. Y entonces tenemos una palabra ambivalente que abre y cierra el relato, un homúnculo que se la banca, salido tal vez del universo de la alquimia, una rebelión de las máquinas y
Cuentos para La papa
Selección a cargo de Marcelo Martino | El cañaveral es un paisaje atravesado, atropellado, avasallado por la Historia. Los juegos de la política y los de la muerte han sabido decidir sobre esas vidas atadas a los tallos de las cañas, mezclada su sangre con el jugo dulce y meloso. La riqueza del cañaveral, y la de sus dueños, se mide en hectáreas y toneladas de azúcar, pero también en
Cuentos para La Papa
Selección a cargo de Marcelo Martino En este relato, en esta prosa poética que nació con afán de cuento que no prosperó (tal como define Nacho a su texto), hay tres protagonistas: Marcela, el calor infernal y San Miguel de Tucumán, aunque los dos últimos son en realidad uno solo. Por lo tanto, podríamos decir que los protagonistas son solamente dos. Y, si quisiéramos economizar un poco más, podríamos arriesgarnos
Cuentos para La Papa en la literatura tucumana
Selección a cargo de Marcelo Martino | El viaje -el que se concreta pero también el que se lee, anhela, imagina, proyecta- como forma de olvidar, de olvidarse, de renacer curado. El viaje como vía de distanciamiento y posibilidad de metamorfosearse, de volverse otro. «El viaje», el cuento de Horacio Elsinger que presentamos, como invitación a la huida del insoportable sopor de San Miguel de Tucumán para tocar el cielo
Sequía
Por Bernabé Gallac | Marina descubre otra vez a su marido sentado frente a la única ventana de la cocina-living-comedor; con la ropa de trabajo puesta y los pies descalzos entrelazados bajo la silla. Sus botas lo esperan junto a la puerta de entrada, una de pie y la otra acostada, con las suelas empastadas de barro. Son las cinco y media de la mañana. Sobre la mesa de la


