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ISSN 2684-0626

 

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Escena de lectura

Por Sonia Saracho, Alejandro Llanes y Jorgelina Chaya * |

Somos una especie en viaje, 

no tenemos pertenencias, sino equipaje. 

Vamos con el polen en el viento, 

estamos vivos porque estamos en movimiento. 

Jorge Drexler

Una escena, un encuentro entre un/a lector/a con los universos propios que propone la literatura, nos abre la puerta a los universos personales de cada estudiante y podemos vislumbrar las huellas de aquel instante. Huellas que quedaron impresas en la subjetividad y en la memoria. Y que a veces, sólo a veces, asoman nuevamente a la conciencia para mostrarnos con un destello nuevo aquel estallido.

Los relatos que compartimos, escritos en los talleres de la cátedra Didáctica Específica y Residencia Docente en Lengua y Literatura, inauguran el trabajo con distintas teorizaciones acerca de uno de los procesos y prácticas sociales que consideramos imprescindibles en la formación docente inicial: la lectura. A partir de la recuperación y evocación de esas escenas surgen los itinerarios de cada lector y lectora, sus recorridos, sus cartografías. No hay dos escenas iguales, porque cada uno/a escribe su vida, y en el camino  entrama géneros discursivos, soportes y formatos distintos, así como diferentes modos de leer. Tampoco hay itinerarios ni recorridos iguales, porque como dice la canción de Jorge Drexler, somos una especie en viaje/no tenemos pertenencias, sino equipaje. Y cada uno/a nutre el suyo, deja en el camino poemas, libros, canciones, y suma otros nuevos.

Pero no siempre leímos en soledad, a veces hubo una persona que posibilitó ese encuentro, que nos arrulló y nos ofreció un nido de lectura, como nombra la escritora colombiana Yolanda Reyes a estos inicios en los mundos de la lectura y la ficción. En la escena de Elena Avalos que hoy compartimos, emerge con nitidez la imagen de su abuela, una narradora oral poderosa, que supo enhebrar en sus relatos las historias de su comunidad, las de los pueblos originarios de los Valles Calchaquíes, la memoria de sus luchas, sus tradiciones, las marcas de su identidad. Y es que la narración oral es una práctica que nos sumerge tempranamente en el mundo de la ficción, una experiencia que posibilita el ingreso al mundo de la lectura. Como dice Walter Benjamin (1936) en El narrador: La narración oral es una forma artesanal de comunicación. Cuando alguien elige ser un narrador, aunque no le dé a su  tarea un carácter profesional, es conveniente que sepa que en esta actividad se compromete la vida misma del narrador (…) en la narración permanecen las trazas del narrador, como en el barro del ceramista quedan las huellas de sus manos

Leer y escuchar estas escenas, escritas y grabadas durante las clases en entornos virtuales de un 2020 que parece lejano pero que nos dejó sus rastros, nos permitió encontrarnos y comprender quiénes somos. Elena dibuja con sus palabras y con su voz el paisaje de Amaicha, percibimos el viento, el sol, la naturaleza presente en un contexto de aislamiento. Comprender nuestra relación con la lectura nos posibilita comprender las vivencias de otras personas, los caminos sinuosos que llevan al encuentro entre un lector/a y un libro, una canción, un poema.

Después vendrán otras vivencias y otras personas con quienes compartir los vínculos con la cultura escrita pero las huellas de aquel encuentro iniciático perdurarán por siempre.

Escena 4

Por Elena Avalos |

Me crié en Amaicha del Valle, una Comunidad Indígena del pueblo Calchaquí. Los días de mi pago por lo general son fríos y tranquilos;  pero lo que más me agrada de mi pueblo son aquellas historias, cuentos o leyendas que se relatan de boca en boca y de generación en generación. Cierta nostalgia atraviesa mi mente al recordar mi dulce y cálida infancia. Desde pequeña me encantaba visitar a mi abuela, Ramona, porque nos preparaba cosas dulces para la merienda y mientras lo hacía solía contarnos, a mi hermana y a mí, las leyendas que circulaban en nuestro Valle. Recuerdo con anhelo aquél domingo frío y venteado. Las tres nos encontrábamos sentadas a la orilla de una pequeña fogata. Era ahí donde comenzaba el momento del disfrute y de hacer volar nuestra imaginación. Mi abuela siempre nos daba la opción de elegir y decidir qué leyenda preferíamos escuchar y nos decía: “Estas son las que me sé, siempre me las contaba mi papá antes de ir a trabajar. Él decía que era para que tengamos cuidado y no andemos tan de noche”. Entre estas leyendas se encontraba  la del Perro Familiar, La Salamanca, La Mulánima, El Duende y La Llorona. Particularmente mi preferida, siempre fue la del Duende, a pesar de que sentía mucho miedo al escucharla. Era todo muy raro porque me gustaba que me la cuente, pero a la vez me generaba miedo. Quizás y ese miedo se debía a que temía que se me apareciese realmente, ya que la historia consistía en que el duende solo le aparecía a los niños y se presentaba ante ellos con un sombrero, una mano de hierro y otra de lana y aquél niño que se portase mal se lo llevaba consigo. Quizás y en parte los abuelos contaban esto como parte de  un límite para aquellos que se portaban mal. En cierta forma, puedo decir que mi primer contacto con la literatura fue a través de la narración oral, cuya narradora fue mi abuela. Después comencé la primaria y mis narradores de cuentos fueron mis maestros. Aunque debo admitir que me  entusiasmaba mucho más escuchar a mi abuela. En la secundaria, las horas de literatura eran mis preferidas. Leer obras literarias como las de Gabriel García Márquez, me fascinaba. Cada vez que leo un libro me entrego por completo a la posibilidad de soñar, volar, reír y llorar, pero sobre todo a la idea de construir otro final, otra historia.

Escuchá la escena de lectura de Elena en el siguiente audio:


Elena  Mariela  Ávalos nació el 18 de Agosto de 1996 en una fría noche invernal, en la pequeña ciudad de Santa María. Se crió y vive en la Comunidad Indígena de Amaicha del  Valle. Fanática de las montañas, de los atardeceres y gran amante de los animales. Estudiante del profesorado en Letras en la UNT.


* Docentes de la cátedra de Didáctica Especifica y Residencia Docente en Lengua y Literatura.

Fotografía: Hernán Vera

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