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ISSN 2684-0626

 

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MICRORRELATOS

Por Melina Moisé |

Pigmaliones

Primero fue la carta que le auspiciaba el engaño. Luego la mofa de sus subalternos y la sorna del gentío. Ella, su mujer, lo había moldeado a sus manejos y morbosidades.  Y él debía servir, en el abominable detalle.  

 Un Zupay oscuro, entre el ajetreo del cántico, y las fogatas ardientes, la fiesta tilcareña. sexo desbordado, la alejó entre el desasosiego. Las botas Louis Vuitton, taco aguja, se resbalaron en la boca del esclavo.  Ama absoluta, tiró de la correa, sujeta al collar canino, el sirviente desnudo, expectante.

-Arrástrate, cornudo, pene chico. No hables, acuéstate de espaldas 

 La dominatrix pisó las tetillas y glande del hombre, hundiendo el estilete del calzado

-Sufre, flojo, estéril marica- Y perpetuó la imagen del maltrato de su marido, de su hombre, el otro y el golpe, las cachetadas, la mano que apretaba su cuello… Y esa voz enérgica, hiriente:

“-Estúpida, no sirves ni para descargar…”

El cigarrillo en su mano, danzando

-Abre la boca, eunuco- dijo, inclemente, tiró las cenizas. 

-Te gusta, perro inútil. Levanta el trasero, te mereces que te sodomice, con ese pene ridículo -tomó una fusta y comenzó a golpear los glúteos y en cada chicotazo retumbaba el recuerdo, “la máscara de un Zupay, sonriente, perverso, diluido para siempre en las noches de carnaval”.

Fenómenos

Llegaron a la Comarca de Provenza, entre los arcos del elevado puente. El cortejo de Dionisio desbordaba en su polifonía de voces y de ritmos, la magia de los prestidigitadores, las piruetas de los saltimbanquis, las marionetas humanas. Y el espanto de la deformidad, atrapado en la oscuridad del enigma.

La condesita en su triste monotonía sacudió el faldón. En sus fueros se incendiaba la abulia y se suicidaba con la feroz cuerda del engaño y la mentira.  Entonces el canto sutil de los serafines, las voces de una melodía de amenidades inconmensurables, casi las del Cielo mismo, debajo la capa negra.

-Descúbrelo- ordenó la condesita

-Sería el horror- pero las monedas de oro   se desplomaron en un repiqueteo sonoro y contundente y el velo se deslizó

Durante la caída del sol, el oscuro trayecto. La condesita desnuda, entre rosas y terciopelo. El visitante en su descomunal apariencia, dos cabezas y dos tórax, unidos en una sola pelvis, con miembros inferiores esbeltos y los brazos en sendos torsos. Pero lo excesivo era la mano y el antebrazo que nacían de la perversa unión de las cajas torácicas. La naturaleza se había embelesado en la pérfida morbosidad

-Belsebuth y Leviatán, hijos, tal vez engendros de Satán.

El crepúsculo se posó en el palacete de Avignon. Las sombras delineadas en el extremo báquico, la mujer subida en el doble ombligo, jadeante, en sus glúteos, el paraíso fálico, en su alevosa Venus, la mano del abismo. Las voces celestiales aclamaban el orgasmo con un “Aleluya” en latín italianizado. 

El ganado

183… años de Cristo.

 Arribó a las tierras del sur, el Buen Aire. El crepúsculo era su salvoconducto. Fue admitido en las cohortes del Restaurador, como cruel sicario de la Mazorca. Ese año, el de la inundación, el gobernador había promulgado la prohibición de carnes

Después del degüello del mazorquero, las mujeres lo esperaban en la tienda de campaña, originarias de las tolderías, detrás de los fortines. Sosegaban su fornida naturaleza con agua perfumada con opio y vainilla que caía en los pezones que vulneraban los elixires y fragancias de la virginidad y el olor a desierto. Lustrosas, aguardaban, el lenguaje de las caricias, la zozobra del beso, la impudicia de la lengua, el estremecimiento de la carne en el deleite del roce y la desmesura de la succión. Y el sublime brebaje acudía a la boca del mazorquero, el alimento caliente y frenético, nutría su cuerpo y su lascivia. Devoraba los cuellos

 En el Matadero, allá en las tierras del sur, el vampiro adobó su nuevo ganado.

Mi amigo Jorge

A kilómetros de la urbe incendiada de fluorescencias. Una luz de incandescencia quiebra las tinieblas de los pastizales. El temor agrieta la tierra. Temí. Mi amigo Jorge entró al colegio después del receso invernal, decían que era un estudiante de intercambio, que venía de los países nórdicos. Los aires del Báltico se insinuaban en sus cabellos amarillos y la transparencia de su piel.  Era extraño, tácito, no modulaba su boca, pero su presencia inundaba mi mente de ideas insólitas, y luego cierto sonambulismo se proyectaban en mis acciones, a punto de perder el registro de mis actos. Así de pronto se convirtió en líder de mis compañeros y de una cuantiosa manada. Lo vi en galerías, aulas, en plazas, en el mutismo hipnótico, alienante.

La multitud, el ganado. Cientos de jóvenes eran absorbidos por la luminiscencia voraz, el alimento, para el famélico invasor.Me despabilé, sus pupilas azules, dieron la orden, y….

Norman Bates

Ese orificio pecaminoso, hueco amorfo en la pared. Y el polvillo, que caía dentro de mi pupila, me inquietaba. Pero debía ver, el cuarto contiguo, salpicado por la ducha intempestiva, el cuerpo femenino, esbelto, la melena, ¡rubia lascivia!  Y el jabón deslizándose, espumoso, por el pubis, los glúteos. El agua, frenética alevosía, regadera de estupor y el sonido de la lujuria en mis sienes.

“- ¡Sucio! – Escuché esa voz- Muchacho promiscuo. Dios te va castigar-mi madre y la silla de ruedas resbalándose inclemente, sobre el parqué, recién lustrado. 

 – ¡Muchacho endemoniado! –El cerebro me estallaba, ese chillido aturdía su coherencia, y la impudicia delineaba el cuerpo de mujer detrás del muro. Sólo artilugios para someterme, para anclarme a ese desierto desdeñado por el fracaso. Ciénega de frustraciones, The Bates Motel, encendía intermitentemente el cartel del desasosiego. La oía, estaba cerca. Siempre cerca, allí frente a mí, imponente, su pañuelo floreado cubría su pelo encanecido, sin tintura, la mofa en su semblante.

– ¡Madre! No a ella, no.”

 La puerta del baño, la cortina, el puñal, una y otra vez, y otra y otra…En el estómago, la espalda, la vagina, el cuello, y el grito y el horror…Y la sangre que se escurría por la ranura de la bañera.

“- ¡Madre ¡

Mis manos con sangre, y el cuchillo, y el agua, y el pañuelo floreado en mi cabeza…”

Aullidos

Éramos cuatro. Huíamos de la peste que asoló a la comarca

Caminamos, jornadas tras jornadas hacia las colinas. Perdimos la noción del tiempo. Las noches y los días transitaban en el galope de nuestra angustia.

Huíamos, el crepúsculo y la luna llena nos sorprendió.  Una gruta en la montaña albergó nuestra desesperación.

Entonces Damián comenzó la historia:

-Eran cuatro jóvenes y la peste los seguía, pero lo que ninguno sabía era, que la peste los acompañaba…El mordisco de una de las bestias había quedado, después del último ataque, como una impronta, en el hombro de uno de ellos.

Damián, silenció su voz. ¡Un aullido estridente salió de su garganta! La luna iluminó la escena… El lobizón saltó sobre sus víctimas y mordió con feroces fauces a los ingenuos fugitivos

Traidor

Y de pronto vio:  la mujer esperpento, entre las penumbras enrojecidas del Motel. Se desplazaba por la pared y el techo como una araña, contorsionando su columna hacia atrás. Movía sus miembros como las patas de un cuadrúpedo, giraba la cabeza hacia la espalda. Sus ojos huecos de infiernos. Serpenteaba la lengua entre una saliva espesa, amarronada. El espanto daba chillidos agónicos…

El hombre, desnudo, corrió. Sus manos no alcanzaban el picaporte. La huida, imposible. Saltó sobre él, se aferró a su cuello. Con las piernas huesudas envolvió el cuerpo, lo derribó y lo arrastró hasta el lecho, asfixiándolo. Las manos-garras hendieron el pecho acezante, hundió las uñas y extrajo el corazón sangrante.

El chillido volvió a sonar

-Traidor, muere….

La joven salió del baño, vio horrorizada, su jefe y el contrato que debía firmar. La boca con espuma densa, las pastillas esparcidas. Levantó el teléfono

-¡Por favor, ayúdenme, mi acompañante está muerto! 

Textos de sus libros “In cauda venenum”, “Memorias del Abismo”, “Antes del mordisco” (2011), “Seducción de Antropófagos«.

Melina Moisé, escritora nacida en Tucumán, Argentina. Profesora en Letras, y Doctoranda en Humanidades de la Universidad Nacional de Tucumán, formulación de la tesis «Construcción del Gótico Contemporáneo”. Investigadora sobre la Literatura de suspenso gótica, Literatura grecolatina, y de Terror Psicológico con trabajos en congresos y publicaciones varias. Post-titulación en Lingüística, U.N.T. En la actualidad   es docente de Nivel Medio y Superior. Coordinó y participó en antologías de textos de ficción y de investigación “Diez cuentistas de Tucumán”, (1993) “Quijotadas” (2005) “Borgeando” (2006) “Bailando con vampiros” (2009) entre otros. Coautoría entre los destacados “Rama joven” (1994) “El mundo entre espadas y rosas” (1997) .

 Destaca la publicación de los textos de suspenso y erotismo: “In cauda venenum” (1995), “Memorias del Abismo” (2007), “Antes del mordisco” (2011), “Seducción de Antropófagos” (2016). Y la participación en grupos literarios como JOETUC,  fundado en 1986, El Búho, Tierra del Fuego, fundado en 1987, Asociación Lagmanovich, fundado en 2011, y la SADE, Tucumán desde 1990, en vigencia. Como gestora de la cultura regional sistematizó diversos ciclos de escritura y lectura, talleres literarios, conferencias, espectáculos, eventos municipales, provinciales, nacionales. Participó en programas televisivos y radiales desde 1990 a la fecha.

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