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OSVALDO FASOLO

Por Mónica Cazón |

Conocí a Osvaldo Fasolo en la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Tucumán, una mañana de invierno próxima al Julio Cultural Universitario. Asumo que poco sabía sobre su obra, y la consideraba una materia pendiente. Así fue como nos encontró un primer café, en bar del Virla.  

Fasolo nació el 12 de octubre de 1937, en la calle Irigoyen 777, de San Miguel de Tucumán, obtuvo el título de Técnico en Higiene y Seguridad del Trabajo, en la UNSTA. En 1955, cuando contaba con 18 años, ingresó en Ferrocarriles Argentinos, donde comenzó a trabajar como mensajero (Tipista) y también como mecanógrafo, elogiaban su escritura y pasaba horas redactando cartas comerciales. Trabajo desafortunado para alguien que quería crear, como lo dijo muchas veces. Sus padres fueron Andrés Fasolo y María Ángela Marano (italiana). Su vocación de locutor se perfiló desde su infancia, pero finalmente fue el escritor el que vio la luz. Se recibió de Técnico en Higiene y Seguridad del Trabajo en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA). 

Su obra literaria

En cuanto a la obra literaria de Osvaldo Fasolo, escritor, periodista y conductor radial, podemos informar que, escribió su primer cuento siendo un joven veinteañero, comenzaba así Llueve. Siento latir en mi sien el murmullo de trágica mirada... Y después vinieron seis (6) libros más: El Ángel, Iván el Yugoeslavo, El Secreto, Ajustes de Cuentos, De mil amores, y uno de los más populares El hombre que yo inventé. De este libro El hombre que yo invente, un artista plástico de primerísimo nivel hizo una interpretación del mismo.

Fue un artista permeable y multifacético; como columnista del diario La Gaceta, en algunas ocasiones escribió sobre cine y posee un ensayo sobre Miguel Lillo titulado «El saber que ocupa lugar». Se involucró en debates y polémicas constructivas, desde su columna radial o los medios de comunicación por los que transitaba.

Uno de los pilares de Fasolo, en su poética, fue la profesora María Eugenia Valentié. La renombrada académica lo sostuvo y presentó sus trabajos cuando nadie lo conocía.

Reconocimientos

En agosto del año 2011, la Secretaría de Extensión de la UNT lo distinguió. Fue un emotivo acto que convocó a universitarios, escritores y entusiastas de la cultura de Tucumán. Se impuso su nombre a la sala SUM (de usos múltiples) del Centro Cultural Virla. Emocionado, reconoció a la poesía como la confesión de un espíritu inquieto y sensible. Fasolo transitó por más de 40 años los caminos de la cultura tucumana, aproximadamente a partir de la década del 70. Contaba que en el mítico bar El buen gusto se reunía con los poetas Francisco Pancho Galíndez, Juan José Hernández, Néstor Rodolfo Silva y Mario Casacci, entre otros. 

El en ese entonces Secretario de Extensión de la UNT, Dr. Mario Leal, trazó una emotiva semblanza del conductor de Perdidos en el Paraíso, programa que se transmitió por más de seis años a través de Radio Universidad. Fasolo sostenía que, por más que nos esforzamos, vivimos perdidos en el paraíso, en el que uno lucha por encontrarse con las cosas armoniosas e importantes de la vida; a veces lo logramos, a veces, no pero el esfuerzo vale la pena.

Comparto una de las últimas entrevistas que le hiciera en vida, en extrema precariedad económica y de salud.

https://www.lagaceta.com.ar/nota/501742/la-gaceta-literaria/vida-hermoso-grito-amor-interrumpido.html

«La vida es un hermoso grito de amor, interrumpido«

El destacado escritor tucumano, y viejo colaborador de estas páginas, murió el domingo pasado. Pocos meses antes, el autor de El hombre que yo inventé decía que el escritor es un vagabundo, alguien que no pertenece a lugar alguno. También recomendaba, dentro de los libros que integran su obra, la novela El Angel y, además, Ajuste de cuentos, compilación a la que definió como una síntesis de su vida.

22 Jul 2012

-¿Se define como un escritor comprometido con la realidad de su tierra?
– Evidentemente sí. Por ahí aparece la miseria, la necesidad, el desamparo y el desarraigo; y son los momentos más difíciles. Los momentos en que todos deberíamos mirar la hoja en blanco con mayor lucidez. Entiendo que mi compromiso se hace presente en la prosa. Es cuestión de detectarlo.

– Su actividad en el medio se remonta a 40 años atrás. ¿A partir de qué momento dijo «soy escritor» y cómo relacionó la literatura y el periodismo?
– Nunca dije o digo «soy escritor» porque creo que desde esa frase me equivoco. Lo conceptual se va modificando a través del tiempo. No tengo complejo de escritor, literato y nada referente a este oficio; me gusta escribir y me gusta que la obra salga como un exocet al lector. Nunca relacioné la literatura y el periodismo, no tienen puntos confluentes.

– Tuvo el privilegio de crecer al lado de una generación de talentosos, tales como Francisco Galíndez, Mario Casacci, Juan José Hernández, Ernesto Dumit, Aurelio Salas, Gerardo Ramos Gucemas, Oscar Nóbile, por mencionar sólo a algunos. ¿Considera que se produjo alguna renovación en la cultura local o que todo tiempo pasado fue mejor?
– Se dijo alguna vez que nos juntábamos, todos los ilustres que menciona, en una confitería de la época, pero eso es un mito. Sí recuerdo haberlo hecho con María Eugenia Valentié; era muy joven. Con respecto a la renovación en la cultura local, ¡claro que se renovó! La cultura en sí misma es puro movimiento; revive constantemente. Todo tiempo pasado, es pasado, y se vuelve a él sólo para homenajearlo y retroalimentarnos, nada más. Estamos en la espera, en constante espera.

– ¿Es relevante para la carrera de un escritor del interior la mirada de Buenos Aires? ¿El escritor es universal?
– Un escritor no pertenece a ningún lugar, es un vagabundo. No entiendo eso de las regiones y, a esta altura de mi vida, no espero aprobaciones. Las esperé alguna vez. De alguna manera siempre es interesante la mirada, no sólo de la Capital, sino del mundo, siempre y cuando no venga obnubilada de prejuicios.

– A lo largo de su camino, ¿observa cambios positivos en cuanto a la relación presupuesto-cultura?
– No he visto cambios. Todos son amagues.

– Samuel Beckett dijo que la palabra es todo lo que tenemos. ¿Está de acuerdo? Pienso en sus últimos libros y en el uso deliberado de recursos literarios. ¿Utiliza esto como una metodología de trabajo? ¿Cuál género literario prefiere?
– Estoy de acuerdo con Beckett: la palabra es todo lo que tenemos, no la lengua, cuidado con las diferencias. Mi metodología de trabajo es variada y la cambio continuamente; no es la misma para la novela, el cuento o la poesía. En cuanto a los géneros, soy un irrespetuoso, pero ya que debo elegir me quedo con el cuento breve por una cuestión de economía.

– Recomiéndenos alguno de sus libros y cierre esta entrevista.
– De mis libros recomiendo la novela El Ángel, por su humor, y Ajuste de cuentos, porque es un caleidoscopio adaptable a lectores con necesidades diferentes. Es un libro muy querido porque es una síntesis de mi vida, creo, y lo editó la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Tucumán. En cuanto a cerrar la entrevista, hay un pensamiento que ronda mi cabeza: la vida es un hermoso grito de amor, interrumpido.



Por Mónica Cazón © LA GACETA LITERARIA

EL HOMBRE QUE YO INVENTÉ 

Por Osvaldo Fasolo |

Compré un par de zapatos,

le puse un par de piernas,

luego el torso,

los brazos, 

el cuello,

la cara completa,

el pelo,

y tuve el hombre.

Pero un hombre desnudo

con zapatos únicamente,

únicamente es ridículo.

Entonces

le puse pantalones,

camisa,

corbata.

– ¡Habla! – le dije,

y habló.

Me miró

(me asusté).

– ¡Inventé un hombre! – grité,

«inventé una vida», pensé,

y tuve miedo de que me dijeran loco

y no me creyeran.

Por eso,

miré la corbata otra vez, hice un nudo distinto,

y apreté,

apreté.

Una respuesta a “OSVALDO FASOLO”

  1. Ruben leonardo Mattiuzzi dice:

    Y es parte de mi adolescencia y mis preguntas ingenuas, es parte de mi quizás no comprenderlo, lastima que esta breve estadia mundana urge y no da tiempo para haberle manifestado, que grande sos Osvaldo Américo, siempre en mis recuerdos,como tu me bautisaste el chico con cara de loco y ojos de gato.

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