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Sobre las «edades de oro»

Por Gonzalo Roncedo |

Todo lugar común fue alguna vez extraordinario, por lo que esperar una frase perfecta o un conjunto de sentencias que conecten alguna genialidad termina sedimentando a futuro un lugar común. Si estamos hechos de lenguaje pero, a pesar de esto, lo que sobrevive a ese lenguaje son las circunstancias o los personajes de la comunicación o la interpretación de una obra lingüística, la poesía como arte de la palabra ha muerto. Si el giro lingüístico ha muerto, deviene el psicoanálisis, el materialismo crudo y duro y el rechazo a la metafísica no materialista.

Pero me remito a un análisis lingüístico de una expresión que deja entrever todo un análisis antropológico de la cultura. Una frase me viene a la cabeza, tan resbaladiza como escapista: cuando se afirma que estamos ante la <<edad de oro>> de algo. En los cómics norteamericanos cada tantos años vuelve a repetirse que estamos ante la edad de oro de tal o cual editorial. En la televisión ya hemos sobrevivido tres edades de oro: la de la década de 1950, la de Twin Peaks con David Lynch a la cabeza y la que J. J. Abrams inauguró con Lost. La ciencia ficción llama edad de oro a la época posterior a los primeros escritores de pulpa de historias fantásticas con material científico, es decir la época de Astounding Science Fiction, editada por John W. Campbell Jr. Esa época tenía ciencia ficción que elaboraba arqueología científica verosímil en sus historias: la ciencia cambia, posiblemente aquellas historias podían quedar obsoletas a futuro, pero en su tiempo dejaban grandes preguntas científicas que revolvían el imaginario formando grandes astrofísicos, historiadores, arqueólogos, químicos, en fin.

Creo que el concepto de edad de oro, lugar común si los hay, pretende venir a decirnos que un periodo, en alguna esfera de la actividad humana, ha encontrado su apogeo evidente. No obstante, siguiendo el pensamiento de otro Campbell, el mitólogo Joseph Campbell, la cultura misma es circular: cada nueva civilización encuentra su ciclo de nacimiento, crecimiento, apogeo, declinación y fin. Parecería un análisis biopolítico de la cultura, pero creo que quizá pueda arrojar una luz sobre el tema de las edades de oro. ¿Acaso Harlan Ellison con sus <<Visiones peligrosas>> no fue llamado el predicador de la edad de plata de la ciencia ficción? ¿Y por qué esta segunda generación de la ficción científica —menos científica, más especulativa, más humanista, menos preocupada por la verosimilitud, más pulposa y menos cerebral— no podría ser una nueva edad de oro? En la literatura de ciencia ficción escrita por autores residentes en Tucumán, uno piensa en Rogelio Ramos Signes, que pertenece a una época que encasilla a los autores de ciencia ficción en los alrededores de la revista El Péndulo, donde publicaron algunas obras suyas: el estilo de Signes emparenta mucho con lo que manifiesta Ellison: una ciencia ficción más especulativa y menos acuartelada de cientificismos, más conectada con lo que hace J. G. Ballard o Phillip K. Dick. Pero, ¿Ramos Signes no pertenece también a su propia edad de oro? ¿Y qué hay de Pablo Donzelli, que con su novela <<Jugo>> reinventa El Eternauta de Oesterheld y las distopías y busca una ciencia ficción tucumana más propia de esta época? Si la edad de bronce o cuarzo de estas décadas en la ciencia ficción literaria tucumana encabezara un nombre, allí tendría que aparecer Donzelli, y esta es, a su vez, una nueva edad de oro local. Bueno, ojalá sea así, pienso con esperanza: porque significa que se pretende, con entusiasmo, que hayan nuevos escritores de ciencia ficción en estas tierras.

Lo mismo puede considerarse respecto de la reinvención permanente de escritores con ideas extravagantes (en el buen sentido, es decir, a lo Alan Moore) que suele observarse en el ámbito de los cómics, pero también de la historieta latinoamericana, pero también del manga japonés o del manhwa coreano, y que, asimismo, la televisión puede experimentar con el nuevo formato prestige un nuevo renacimiento en la calidad de sus producciones. Así, en Tucumán, Lautaro Juárez o Rodolfo Paz exponen ejemplos de una nueva edad de oro tucumana de los tebeos y el arte gráfico, y por qué no César Carrizo o <<La marca de Caín>> toda. A su vez, esta nueva edad de oro resurge de la de hace unos años entre Paz, Carrizo, El Oso, gente de la UNHIL (Unión de Historietistas e Ilustradores de Tucumán) y otros grupos. Y seguro habrán grandes producciones tucumanas en ámbitos tanto cinematográficos como televisivos como  <<Los dueños>>, de Ezequiel Radusky y Agustín Toscano, por citar elementos de la provincia que reinventan su edad de oro permanentemente, y que reinventan la edad de oro del cine tucumano de antaño, entre  <<Zombies en el cañaveral>>, de Ofelio Linares Montt y <<El camino hacia la muerte del viejo Reales>>, de Gerardo Vallejo. Entonces toda edad de oro es propia de su tiempo, de su reinvención.

Después de todo, los lugares comunes son el filtro de una innovación, filtro secado al sol, como así también su esparcimiento en el imaginario popular de un grupo social al punto de que lo que fuera en un principio un fenómeno creativo se ha vuelto la regla del mercado que luego otra innovación reinventa o suplanta. Pero afirmar que  <<todo principio underground culmina siendo mainstream>> sería, sin embargo, un reduccionismo equivocado: hay mucha literatura, televisión, cine, cualquier otro arte audiovisual, que todavía no ha logrado popularizar su pensamiento marginal, aunque en la categoría intercanónica de sus rendijas, moviéndose entre lo que consume un grupo social y lo que se reduce a algunas minorías, siempre se halla la lucha del capital simbólico que termina acogiendo una nueva edad de oro. Así, toda edad de oro surge para erradicar la edad de oro anterior y mucho barro puede volverse alguna vez una edad de oro.

Sería más fácil hablar de <<el nuevo apogeo de>>. El nuevo apogeo de tal editorial de cómics, el nuevo apogeo televisivo, el nuevo apogeo de la ciencia ficción. Etcétera.

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