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“Tucumán la rompe, es un camión. En Buenos Aires estamos llenos de tucumanos, ruidosos, copando lugares, siendo protagonistas”

Entrevista a Sofía de la Vega

Por Diego Puig |

Seguramente con Sofi nos presentaron en el FILT del 2017, yo había sido compañero de taller de Blas Rivadeneira y él habrá sido el punto de contacto. La Sofi, que tendría alrededor de 23 años en ese momento según mis cálculos, ya era una institución en la provincia. Gran poeta (voy a volver a esto en un breve), al mismo tiempo por personalidad y physique du rol, ya entonces era el paradigma del nuevo joven escritor tucumano: cosmopolita, sólida, una fuerza de la naturaleza. Todo eso le servía para proyectarse como una de las más centrales y destacadas gestoras culturales de la provincia. Desde el 2015, junto a Blas Rivadeneira y a Ezequiel Nacusse, organiza el Festival Internacional de Literatura de Tucumán.

Yo no había leído absolutamente nada de poesía tucumana hasta que me crucé con un poema de Sofi y eso me hizo descubrir un mundo insospechado, tanto por su poética como por la de otros grandes poetas tucumanos. Tiene un par de versos a los que vuelvo periódicamente: “pero la natación de Dios/nos llevó a lugares distintos” y “El agua estancada se llena de diamantes/y no puedo creer que un charco refleje/lo que a veces pienso de este hogar”. A ella le debo conocer a San Juan de la Cruz. 

En este diálogo cándido, repasamos un poco su presente en Buenos Aires, sus proyectos y su recorrido y aprovechamos para preguntarle sobre chismes, decisiones importantes, sueños y anhelos y experiencias varias en relación a la organización del FILT.   

—Contame un poquito sobre tu presente literario, Sofi. ¿Qué estás haciendo, cuáles son tus planes en el corto y mediano plazo? ¿Qué proyectos te gustaría encarar próximamente?

¡Hola, Die! Qué linda pregunta la del presente. Justamente algo que me vengo cuestionando mucho y sobre lo que quiero escribir es en relación a la temporalidad en la literatura actual. A veces parece que todo avanza demasiado rápido: innumerables novedades por mes, libros que permiten lecturas veloces, talleres y cursos para terminar un texto en un par de encuentros, escrituras demasiado en presente. Yo quiero otra cosa, aunque la impaciencia y el contexto me tironeen por otro lado.

Hace un tiempo largo ya estoy con un libro de cuentos que por el momento se titula En esta tierra que se quema, donde el fuego no me daña. Ya estoy en el tramo final de ese libro después de mucho trabajo. Son 9 cuentos que suceden en diferentes espacios de Tucumán donde hay una voz, voces que llevan adelante historias que en algún punto tienen un encuentro animal. También este año empecé a escribir lo que podría llegar a ser una novelita medio autobiográfica, pero todo es muy novedoso aún para contar de qué va. Además, estuve coqueteando con el ensayo, me gustaría en algún momento hacer un libro sobre moda, literatura y arte en la Argentina pos 2000, pero creo que eso me va a tomar una vida, mientras publico lo que más me convence en algunas revistas. El problema es que me gusta escribir todo, no hay ningún género que me guste más que otro, son momentos que me engancho más. Antes por ejemplo escribía más poesía, siento que todavía está, pero necesito otra medida ahora, algo para rodar, la poesía te pide una precisión que hoy no puedo sostener.

—Estás viviendo en Buenos Aires y trabajando en la industria editorial de allá, ¿cómo ves a la distancia la situación literaria en Tucumán? ¿Qué cosas te llaman la atención del mundillo literario de Buenos Aires, de la producción literaria de allá en relación a lo que percibís que sucede en Tucumán?

Tucumán la rompe, es un camión. En Buenos Aires estamos llenos de tucumanos, ruidosos, copando lugares, siendo protagonistas. A veces el problema es generar esa misma sensación dentro de Tucumán. Creo que desde hace unos años ese bullicio está sucediendo; hay escritores que publican dentro y fuera de la provincia, editoriales muy buenas, encuentros, festivales, librerías. Cuando yo entré a la facultad no había nada casi, ni redes afectivas, que es lo más importante para escribir. Lo que quizás falte es un desarrollo más profesional del campo, lo cual es imposible sin un apoyo estatal más grande y persistente a lo largo del tiempo. Siempre mi faro va a ser la provincia de Santa Fe, y sobre todo Rosario, es una ciudad que no se compara con Buenos Aires, no lo necesitan, lograron armar un circuito que se mueve para dentro de la región y hacia afuera. Hay una editorial municipal manejada por escritores y gestores que logran legitimar nuevas voces gracias a concursos, y gracias a uno de esos concursos se publicó también Deseo y Decepción, un libro espectacular de Florencia Méttola, una escritora tucumana muy interesante. También tienen el Festival Internacional de Poesía de Rosario que nos dio la oportunidad a muchos de ir y aprender. Bueno, y podría seguir, lo que me interesa es que muchos actores del campo litoraleño decidieron volver a su ciudad porque encontraron oportunidades y muchos de ellos viajan a Buenos Aires porque precisan de su experiencia y conocimiento para algunos trabajos. Me encanta esa inversión de la demanda. Creo que a eso tenemos que aspirar, a ser autónomos pero a acrecentar el diálogo con la Capital, no desde el lugar de hijos, sino de primos.

El mundo literario de Buenos Aires es enorme y no se puede comparar con Tucumán, pero sí me llama la atención la confianza que tienen los interlocutores del mundo porteño. Hay una cuestión desde la educación en la capital, el acceso tan cercano a los libros y a los museos que acorta la distancia con la imagen del artista o el escritor. El sueño es más concreto, siendo un poco curioso rápidamente sabés de qué se trata escribir, entonces se generan escritores que saben que existe la posibilidad de publicar. No digo que sea sencillo, pero es más fácil conocer a un editor. Eso tiene sus pros y sus contras.

Sofía de la Vega en «Poesía en el Senado» (CABA).

—¿Cuál es la máxima aspiración a título personal que tenés para con el Festival Internacional de Literatura de Tucumán que organizás junto con Blas y Ezequiel? ¿Pero vos, personalmente, con qué soñás para el FILT y para vos como organizadora del FILT? ¿Qué cosas te hubiese gustado hacer o conseguir que no lograste o que no encontraste consenso dentro de los comité organizadores?

Mi mayor aspiración personal con el FILT es tener un sueldo, una paga, durante el armado y desarrollo del Festival, justamente para concentrarnos un poco más en la producción y no tanto en la plata que siempre falta. Creo que los chicos opinarían muy parecido a mí. Es que nos gusta de verdad hacer el FILT y no hay nada más lindo que te paguen por lo que te gusta hacer.

Muchas, muchas cosas todavía nos falta y queremos hacer, pero principalmente me gustaría traer más escritores de afuera, que con el tema dólar se complica cada vez más; también quisiera tener un buen canal de YouTube y hacer transmisión en simultáneo de todo el FILT; otra cuestión que me interesa es tener fondos para traer editoriales que están lejos de Tucumán y no pueden solventarse el viaje. Principalmente me gustaría que el FILT crezca: producir más eventos durante el año, tener una residencia, hacer una revista, tener redes sociales en movimiento constante.

—Por lo que tengo entendido, no tenés mucha relación con los organizadores de otros festivales importantes de Tucumán, como el FIDEO, por ejemplo. ¿Por qué crees que pasa eso? Corre un mito como que son rivales, casi enemigos los dos festivales. ¿Cómo vivís ese rumor y qué creés que pasa en realidad? ¿Te parece que es importante o saludable mantener una distancia, se te ocurren formas de sinergia con trabajo conjunto o esto no importa para nada, es irrelevante?

¡Wow! Amo los mitos y los chimentos, además de ser una gran consumidora de literatura, soy fan de LAM, Intrusos y la farándula argentina así que esta pregunta con estos tonos me divierte. Para ser sincera, no sé porqué sucede eso. Nosotros invitamos todos los años prácticamente a Daniel y Zaida que si no me equivoco son los organizadores del FIDEO, y además tienen la editorial Falta Envido. Creo que hacen un trabajo muy valioso y que se mueven por generar nuevos encuentros en la provincia. A veces simplemente sucede que tenés otros gustos, tenés búsquedas distintas, quizás hasta no congenias y está bien. Estaría bueno saber qué piensan ellos, ya que su festival se creó años después que el nuestro. Me parece necesario que se multipliquen los eventos, siempre y cuando, cada uno tenga su identidad, su propia energía y no andar pisándonos. Creo que este es el caso, son eventos cada uno con su propia identidad.

—Sos muy joven y organizás el FILT desde muy chica. ¿Sentís que tal vez haya cierta orfandad en relación a las generaciones más grandes a la hora de gestionar espacios y eventos? ¿Cuál es su relación con el medio literario tucumano más allá de la organización de los festivales? ¿Qué es lo que más las entusiasma del mundo literario tucumano y qué es lo que más las fastidia, frustra o desencanta?

Siento que hubo algo muy cruel y que complicó los encuentros sociales y culturales llamado Dictadura. Eso hizo que muchas generaciones no se reunieran, se encontraran de otra forma y practicaran una vida más individual. Lamentablemente después de la dictadura hubo un silencio, pero si revisás otros momentos, por ejemplo, en la década del 40 tenemos el grupo La Carpa, integrado, entre otros, por Raúl Galán y Manuel J. Castilla, que producían eventos literarios.

La organización del FILT y su concreción no es algo que nos interesa como una experiencia única, no es un happening, creamos el FILT pensando en la generación y el fortalecimiento del medio literario tucumano, y sentimos que es una tarea que a largo plazo va acompañada de otras acciones. Trato de leer a escritores tucumanos siempre que puedo, saber qué publican las editoriales tucumanas, estar actualizada para acompañar los procesos. A título personal trato de participar en todo lo que se me invita en Tucumán.

La última pregunta es difícil, pero creo que estos últimos años pasó algo muy lindo y es que el FILT superó nuestras tres caritas y se volvió algo de todos los tucumanos. Hubo una apropiación y en esa apropiación los espectadores y participantes nos cuidan: son pacientes con nuestros cambios de horario, se preparan para las mesas, colaboran con la compra de libros en la feria, se bancan la jornada extendida. La verdad los amo, jaja.

Noche del FILT 2023 en Facultad de Derecho (UNT).

—¿Cómo es ponerle el cuerpo a la organización y al desarrollo del festival? Me imagino mucho agotamiento físico y mental pero que no necesariamente te diferencia de tus compañeros hombres organizadores, ¿o responden con el cuerpo, con la cabeza y con el corazón de otra manera? ¿Sentís que ser mujer impacta de alguna manera en tus objetivos y propósitos de manera diferente a tus socios-compañeros-colegas a la hora de organizar el festival? ¿Hay una mirada o una particularidad femenina?

Siento que era importante sumar a una mujer, aunque no fuera yo, a la organización de un evento con la envergadura del FILT. Imaginate que la primera edición del festi fue en 2015, vivimos los años más movilizantes de esta nueva ola de feminismo en la Argentina, desde el llamado a la cancelación hasta la ley del aborto, pero lo más importante es que eso se veía en el crecimiento exponencial y visibilización de escritoras mujeres en el campo literario. Yo estaba viviendo esos cambios en carne propia, quizás un chico no tenía tan presentes ciertas cosas que yo sí. En la primera edición del FILT, yo tenía 21 años, era muy chica, y por eso mismo, cometí errores por falta de experiencia, por no haber sacado conclusiones o haber leído más, ni ser mujer me hizo zafar de equivocarme en la cuestión de género. Por ejemplo, en 2016 muy entusiasmada propuse una mesa de escritura por mujeres, algo del estilo, con escritoras que inclusive hasta el día de hoy son mis amigas. En esa mesa, una de ellas, nos dio con un caño por hacer una mesa específica y femenina, apartada de la mesa “de varones escritores”. ¡Y la verdad es que tenía razón! Cada vez que organizo el festi pienso con perspectiva de género, cuántas mujeres y disidencias invitamos, cuál es la intención de nuestras mesas, no sectorizar por temas, y así, es algo que ya tengo incorporado y creo que es fundamental para organizar un evento cultural de cualquier tipo.

—A veces hay cierto resquemor con el protagonismo que tienen, sobre todo en la difusión y en el orden de las mesas, los escritores invitados de Buenos Aires o más centrales, para llamarlos de alguna manera. ¿Qué te pasa cuando te plantean cosas como estas?

Creo que a esta altura ya la gente no lo ve así porque también muchos han tenido oportunidad de participar y entender la dinámica del Festival. Creo que hay que repensar la lógica de quien es el invitado, y la pueden descubrir en la manera en la que se anuncian invitados en otros festivales también: invitamos gente (me refiero a pagar un pasaje) que comúnmente no te cruzás en la calle, en la peatonal, que no es tan accesible su palabra. Por lo tanto, vamos a difundir con insistencia alguien que quizás por única vez venga a Tucumán como Mario Bellatin, o gente a la que sea difícil convocar para un festival literario como Lucrecia Martel o Martín Rejtman, o gente con muchos muchos fans como Mariana Enríquez. Es difícil conformar a todos, se hace lo que se puede. Lo que también quiero decir que no creo que invitados centrales sean personalidades nacidas en Capital Federal: vinieron autores de Salta, Chaco, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza, Mar del Plata, etc. También debería ser iniciativa de los distintos usuarios del festival querer conocer nuevos autores y eso es a lo que anima el FILT con la composición de las actividades, vos sin lugar a dudas lo sabés, Diego, que has participado en tantas mesas y con escritores de todo tipo.

—¿Qué es lo más interesante que leíste últimamente? ¿Qué tipo de literatura te parece la mejor en este momento y por qué? ¿Te interesa la relación entre literatura y contexto o momento histórico? ¿Creés que hay algo que debería estar escribiéndose pero que no se hace? 

Llegó con muy poca nafta a esta pregunta que además sobre la que podría escribir hojas y hojas. Creo que no hay una mejor o peor literatura en cuanto a géneros al menos, no me interesa ninguna discusión de literatura del yo o literatura de ciencia ficción. A mí lo que me interesa es que la literatura sea entretenida como lo anuncia Italo Calvino, quiero que la literatura me conmueva, que pase algo, que no sea tibia.

Ahora bien, quizás gente que no me conozca piensa que leo mucha literatura contemporánea, pero al contrario, me cuesta mucho porque trabajo con ella, entonces siempre estoy leyendo cosas más antiguas. Por supuesto hay cosas actuales y argentinas que me gustaron mucho también: soy fan de la obra de Marina Closs, una escritora misionera y prolífica que me parece la número uno; me encanta la dramaturgia de Mariano Tenconi Blanco, ahora acaban de salir sus obras escritas por Blatt & Ríos y cuando puedan vayan al teatro a ver su trabajo; El lugar en el que estoy cayendo, un libro de cuentos perfecto de la entrerriana Paula Galansky, también me gusta tanto los poemas como las novelas de Marie Gouiric sobre todo la última: Ese tiempo que tuvimos corazón

Y sí, creo que hay cosas que deberían estar escribiéndose, pero no te voy a decir cuáles porque las quiero escribir yo, jaja.


Sofía de la Vega nació en San Miguel de Tucumán, es Profesora de Letras y becaria doctoral del CONICET. Actualmente, vive en Buenos Aires y trabaja en prensa editorial. Ha publicado Blancas y plateadas (Ediciones Neutrinos) en 2018 y en España La idea es vivir cerca pero no encima (Ediciones Liliputienses) en 2019. Compiló y editó los textos de En la casa Barco. Poesía reunida de Inés Aráoz (EDUNT, 2018).

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