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Un teatro urgente, de Carlos María Alsina

Por Verónica Estévez |

Dentro del campo del arte en general, y en particular del teatro, son varios los caminos que permiten trascender el mero entretenimiento y apostar por una relación diferente con el espectador. Uno de ellos es, sin duda, la manifestación expresa del posicionamiento político del autor. El teatro de Carlos Alsina es indudablemente político en el sentido más profundo del término; es, también, un teatro que reivindica la densidad de significados y sentidos, es un teatro que no huye de la complejidad de la existencia individual y social de nuestro tiempo. La profundidad de sus obras está directamente relacionada con la densidad metafórica que presentan sus textos. Al respecto, el dramaturgo e investigador teatral Héctor Levy Daniel sostiene que “El teatro puede convertirse en un poderoso instrumento de reflexión sobre la realidad y de sus posibilidades de transformación a partir de las resonancias que la dimensión metafórica del espectáculo produce en el público.”

Por su parte, Yolanda Polo agrega que: “La capacidad que tiene la metáfora, como figura retórica, de unir planos de la realidad diferentes a través de la mirada del público, permite un diálogo integral que toca contemporáneamente tanto la reflexión analítica como la vivencia emocional, resultando así en un mensaje más profundo y de impacto, donde el cuerpo piensa y los ojos sienten”.

Teatro urgente, el último libro de Carlos Alsina editado por Libros Tucumán, presenta tres obras que abordan tres aspectos distintos y complementarios de nuestra realidad: la miseria creciente, la pervivencia y vigencia de ideologías nefastas para la vida democrática y la eterna tragedia de los argentinos, condenados a repetir nuestra historia. Las tres obras son: Vidas y muertes de María Nadie, La salud del General y El otro laberinto.

1. Vidas y muertes de María Nadie

¿Quién es María Nadie? María Nadie es víctima de la discriminación multisectorial por su condición de mujer pobre que vive en los suburbios. Es la historia del derrotero de una mujer, que es igual a miles (millones) de mujeres que viven en la más completa vulnerabilidad.

María Nadie es víctima de todas las violencias que el sistema ejerce sobre el ser humano; es víctima de violencia física, psicológica, simbólica. El texto de Alsina nos informa que María ha sido violentada sexualmente, que ha sido golpeada por su pareja, que no tuvo acceso a la educación ni a una vivienda o un empleo dignos, que pocas veces pudo satisfacer sus necesidades básicas de alimento, de vestido, de acceso a servicios esenciales como el gas o la electricidad. María Nadie fue obligada a parir, fue ninguneada por la policía y, para colmo de males, fue juzgada por las instituciones responsables de velar por su seguridad y el derecho a una vida digna.

La tragedia de María es un llanto sin fin. El plural empleado en el título es significativo: son tantos los avatares negativos que no alcanzan para una sola vida. Vidas que mueren: la vida de una ciudadana a la que se le niegan todos sus derechos (a la salud, a la educación, al trabajo, a la justicia), la vida de una madre que no puede hacerse cargo de sus hijos, la de una esposa que nunca fue amada, la de una hija privada de una infancia feliz y segura, la de una niña que supo jugar y soñar con un futuro imposible… En cada una de estas muertes, muere lentamente la Argentina, sumida en un espiral de crisis interminables.

2. La salud del General

El segundo texto enfrenta al lector con una situación límite que detona el cuestionamiento de los propios posicionamientos éticos: un enfermero, hijo de desaparecidos, debe ocuparse de la salud de un militar (“El General”) que agoniza en un sanatorio privado. La condición médica del enfermo es irreversible, pero, aun así, el enfermero debe velar por su vida al tiempo que dar cuenta de cada una de sus acciones ante el “Hijo del General”, que lo cuestiona de manera constante y violenta.

La situación, sumamente perversa, enfrenta al enfermero a un lógico dilema ético. ¿Realmente debe cuidar al responsable de la desaparición y tortura de su padre y de otros cientos de desaparecidos? El deber profesional vence; aunque sabe que tiene en sus manos la posibilidad de vengarse, no lo hace. La salud de sus pacientes es su responsabilidad, no duda en hacer lo correcto. Pero Carlos logra que el lector se plantee el mismo dilema: ¿qué haría yo en su lugar?

Al comienzo de la obra nos informa que, aunque el punto de partida es un hecho real, los diálogos y las situaciones son producto de la imaginación del autor y que se postulan como una metáfora de la realidad.

Algunos podrían pensar que se trata de una obra anacrónica. ¿Por qué insistir con la última dictadura militar, cuando finalizó hace ya 40 años? Pero sabemos que sus efectos perviven: materialmente, en las ausencias y las condiciones de miseria a las que fueron arrojados millones de ciudadanos, fruto de las políticas económicas adoptadas; y simbólicamente, sobre todo en los discursos. Palabras, que deberían haberse erradicado del vocabulario de los argentinos reaparecen en la vida política cada vez con más fuerza: “zurdos” “subversivos” “guerrilleros”. La dictadura carcomió las estructuras sociales y su reconstrucción no es asunto fácil ni tarea de un día. Es una herida que no solo no cierra, sino que aún sangra, y los tucumanos sabemos bastante de eso. No hace falta ponerles nombre y apellido a los personajes de El General y el Hijo porque todos sabemos a quiénes se refieren y la vigencia con que cuentan.

3. El otro laberinto

El otro laberinto es la más poética y despojada de las obras de este libro. Está planteada en un único escenario con un solo personaje.

La primera didascalia nos ubica en el espacio:

(Un oscuro lugar. Es un laberinto que no será indicado en la puesta en escena como un espacio real, de muros y paredes de piedra. Se trata de un espacio onírico y simbólico, que rodeará y condicionará la acción. En ese lugar no hay nada, salvo la silueta de un hombre sentado en el piso que, poco a poco, es iluminado por una débil luz que parece provenir de una antorcha. Se escucha, alrededor, un respirar extraño, una mezcla de rugido animal y de aliento humano, que proviene, no de una dirección determinada, sino de todas las que circundan a Teseo. La débil luz define a este personaje. No podríamos precisar su edad ni ubicar, por sus vestimentas, la época histórica en la que se encuentra. Todo debe parecer atemporal. El aliento del Minotauro crece en intensidad. Teseo mira hacia diferentes direcciones).

Ya desde el título, el lector-espectador instala en su mente el mito de Teseo y el minotauro. Carlos Alsina, con esta obra, se inscribe en la lista de escritores que reelaboran y resignifican este mito: Catulo en el S I, Sor Juana en el S XVII, o en el XX el francés André Gide y los argentinos Borges, Cortázar, Abelardo Arias, por nombrar a algunos célebres.

La reescritura ficcional de este célebre mito, con sensibilidad e imaginación personal, activa sus posibilidades iluminadoras y permite que surjan nuevos planteos y a su vez nuevas respuestas en relación a los aspectos inquietantes o enigmáticos del destino humano.

La elección de un tema mítico no es un simple recurso estético del autor, sino que persigue un fin político, reafirmando el sentido de su teatro: el tiempo mítico, implica un tiempo fuera del tiempo, que circula en forma cíclica, esto significa que la historia se repite una y otra vez. Esta idea del tiempo circular, (una advertencia más bien) es sostenida por Carlos Alsina desde la premiada El Sueño inmóvil de 1996. En la Argentina la tragedia de las repeticiones es muy latente; es la tragedia de los argentinos es que no tienen memoria y que los condena a repetir eternamente sus errores, sus luchas, sus fracasos.

El Teseo de Alsina apenas recuerda su vida: sus hazañas, sus amores y sus pasiones. Ha perdido el hilo, el hilo de su historia Encerrado en su laberinto, incapaz de responsabilizarse y asumir sus actos, debe luchar eternamente contra el monstruo.

A raíz de la lectura de este nuevo libro y de sus planteos, es lógico que surjan numerosos interrogantes, pero dos me parecen centrales. ¿Qué tienen en común las tres obras? ¿Por qué el “urgente” del título?

Se trata de tres obras de temáticas y registros muy diferentes que, sin embargo, están unidas por muchos elementos. La miseria creciente y la precarización de las condiciones de vida son parte de un mismo combo en el que el resquebrajamiento del tejido social, la pérdida de las redes de solidaridad, el envalentonamiento creciente de ideologías extremas y la preocupante inmovilidad o impotencia de los sectores sociales, atrapados con dirigencias vendidas o sin dirección, marcan la necesidad, la urgencia, de tomar cartas en el asunto. Y aquí es donde el arte cumple un rol fundamental y de ahí la reivindicación de sentido y profundidad en el teatro de Alsina. “El teatro -dice Levy- Daniel- tiene que tener intensidad, tiene que implicar una emoción fuerte que no deje al espectador indiferente.” Y no cabe duda de que lo que menos provoca este teatro es indiferencia. Coherente como muy pocos, Carlos Alsina nos interpela, nos golpea y nos urge a que, desde nuestro lugar, así como él desde el suyo, asumamos nuestro rol comprometido con la sociedad de la que somos parte. Gracias Carlos.


El presente texto fue leído en la presentación del libro el miércoles 19 de julio en el teatro El Pulmón.


Referencias bibliográficas:

–  Héctor Levy-Daniel, “Teatro-Ficción-Metáfora”, El cartógrafo (blog), 25 de octubre, 2014. http://cartografos.blogspot.com/2014/10/teatro-ficcion-metafora-por-hector-levy.html.

– Yolanda Polo, “El teatro como herramienta de trasformación social”, La Coordinadora, 14 de agosto 2015. https://coordinadoraongd.org/2015/08/el-teatro-como-herramienta-de-transformacion-social/

– Página 12, 4 de abril de 2022. https://www.pagina12.com.ar/412892-hector-levy-daniel-el-teatro-tiene- que-tener-intensidad.

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