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ISSN 2684-0626

 

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Un terciopelo con espinas: un dolor que se cubre de suavidad

Sobre Un terciopelo negro, de Natacha Garbushian (Funga Editorial, 2025)

Por Lina Torres |

Leí este libro entre dos mañanas frescas de septiembre de camino al trabajo. Descansó en mi escritorio mientras miraba el reloj con impaciencia calculando cuánto tiempo debía pasar hasta que pudiera retomar la lectura. El título me trajo a la memoria ese conjunto endemoniado de suaves conejos negros que vomitaba el protagonista de “Carta a una señorita en París”, pero al recorrer sus páginas comprendí que Garbushian abría un nuevo camino en este breve y contundente libro: ¿si no podemos nunca vomitar el conejo? ¿Si, por el contrario, tenemos que vivir con ese terciopelo negro pegado a la garganta?

Terciopelo negro es el primer libro de Natacha Garbushian publicado por Funga Editorial a mediados de año “con caña con ruda en mano para batallar el viento de agosto y los males del pueblo” como indica el colofón.

En sus relatos, la escritora habilita un espacio donde acecha la violencia machista, sigilosa y pesada como la noche, vociferando “¡Sos igual que tu mamá, que no servía para nada, solo para quejarse!”; donde habitan las infancias truncadas, donde el cuerpo es un territorio y la memoria se hace carne entre matorrales, ríos, piedras y caminos de tierra. Se conjuga, entonces, un entramado sutil y profundamente afectivo entre la naturaleza y lo humano que parece indivisible: el cuerpo y el monte bien podrían ser uno, como ese comapañero “que huele a siesta entreverado con poleo”.

En Terciopelo negro el lenguaje mismo es, como manifiesta Reinaldo Montero, “un ser vivo, y nos habita”, mientras funciona como un espejo roto que me devuelve la imagen fragmentada del mundo en el que vivo: la narradora enuncia y denuncia “Algunas personas construyeron parte de sus ranchos con lo que revolvían en el basural, mientras chupan alguna enfermedad”.

Por otro lado, Garbushian espera respuestas, me interpela, me pone contra las cuerdas cuando, desde las páginas, me mira y me pregunta “¿Cuánto pueden aguantar los cuerpos con los secretos adentro?” y se hermana conmigo cuando afirma que “a tu cazador lo vamos a cazar, y te lo vamos a traer de trofeo como hacen los gatos”: una promesa inquebrantable porque “somos hermanos de las mismas injusticias”.

En estos once relatos breves, también la animalidad se manifiesta en la presencia de personajes que se asemejan a los animales del monte de una manera muy sutil, pero categórica, en lo cotidiano: “somos como animales, tía”, reflexiona un niño. Entre esos seres descubrimos mujeres que al parir emiten sonidos como las cabras, cordones umbilicales que parecen víboras difíciles de cortar con tijera, “León cara de humano, humano cara de león”; la figura de la madre siempre estoica que se rompe en mil pedazos cuando “a veces es suavecita como una catita y a veces áspera como lagartija”. Y como ese terciopelo “crece un tucán negro/ dentro de mí”, se retuerce en mi interior y ahora es un cordón que tira y no se corta.

Hacer converger al amor, la compañía y el deseo, con los problemas ambientales, las problemáticas de género y la violencia hacen de este libro un objeto suave pero lleno de puntas ásperas que pinchan, que cortan, que hacen sangrar hasta lagrimear —como un terciopelo con espinas—, y que luego me cura con un remedio ancestral como “una cintita roja en la muñeca”.

Terciopelo negro es un libro donde las voces menos esperadas se hacen escuchar y se repiten como un eco en mi cabeza, un libro que, al terminarlo, me deja la sensación de ese terciopelo negro achicándome la garganta.


Natacha Garbushian. 1986, Concepción, Tucumán. Licenciada en Ciencias Políticas y Magíster en Antropología Social. Escritora, docente e ilustradora. Vive en Amaicha del Valle desde hace nueve años. Integró la Antología Pucará de las Letras y participó como ilustradora en Flor de Luna Ciclicidad Consciente, además de realizar la tapa del primer número de la revista Mapik. Forma parte del Taller Literario de Mujeres de la Biblioteca Popular Rafael Castillo (Santa María, Catamarca).

3 respuestas a “Un terciopelo con espinas: un dolor que se cubre de suavidad”

  1. WALTER DANIEL NEIROT dice:

    Interesante, Lina. A seguir construyendo lecturas que abran puertas y habiliten caminos posibles.

  2. Elizabeth dice:

    Una reseña cargada de emocionalidad, me ha transmitido con sus palabras el deseo de leer con celeridad esta obra literaria.

  3. Marisa Garbushian dice:

    Amé leer éste libro de mi amada hermana Natacha. Su narrativa poderosa,me conmueve.Su literatura es un compromiso social.

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