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ISSN 2684-0626

 

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Orobastoespadacopa

Por Gaspar Núñez y Manuel A. Martínez Novillo |

En el convulsionado escenario que atraviesa Tucumán durante los 60/70s, se propagan en el arte local figuras de la realeza para retratar con un tono trágico y patético las dinámicas de poder de su tiempo. Virreinas, bufones de la corte y mascotas reales como perros, cerdos, pájaros, entre otras figuras, aparecen con insistencia.

En el convulsionado escenario que atraviesa Tucumán durante los 60/70s, se propagan en el arte local figuras de la realeza para retratar con un tono trágico y patético las dinámicas de poder de su tiempo. Virreinas, bufones de la corte y mascotas reales como perros, cerdos, pájaros, entre otras figuras, aparecen con insistencia.

En su serie Orobastoespadacopa, Jozami produce pinturas de naipes españoles en que se trueca el drama por el humor: aquella realeza acá es dada en figurita. Una versión reducida, representada de sí misma. Su humor no sólo expone al poder como una caricatura, también ve en la metáfora real de sus contemporáneos un cliché. Jozami elabora un comentario sobre el arte de su tiempo, del que toma distancia al resignificar aquel imaginario virreinal como una ficción dentro de una ficción y abre en la pintura una puesta en abismo.

Si Horacio Zabala escribió “este papel es una cárcel” en referencia a los límites materiales y simbólicos del soporte que dan lugar a la imagen y la palabra, acá los reyes representados parecieran tomar autoconciencia de los bordes de la obra que los origina y demarca.

Exhibida en 1978 en las salas de UDECOOP Tucumán -hoy Banco Credicoop-, Orobastoespadacopa antecede sólo por algunos meses a La Diva, su célebre serie inspirada en la Coca Sarli y mostrada en 1979 en el foyer del Teatro de la Paz. La cercanía temporal entre ambas series y su contraste estilístico evidencian que los procesos creativos y las búsquedas artísticas de Jozami responden a un enfoque más reflexivo que formal, planteos que por momentos asumen la modalidad de programas estéticos.

Ambas muestras de Jozami -como otras más- fueron presentadas por el poeta y psicoanalista Manuel A. Martínez Novillo. Aquel género hoy extinto de lectura performativa consistía en presentar las obras únicamente ante el público presente en la inauguración. A partir de ello, recuperamos aquí el texto efímero elaborado por Martínez Novillo para Orobastoespadacopa, el cual da cuenta de su voz y pensamiento y, mediante sugerencias y guiños propios de la oralidad, deja recodos en entredicho para ser recogidos por sus contemporáneos.

Gaspar Núñez, 2025

Daniela, la maga

Los naipes, cuando son llamados por la magia, siempre hablan de la muerte. En un acto de fe con el hombre se levanta del cartón manoseado una imagen, una ilusión, un fantasma, que marca el límite necesario, sin el cual sería un loco. Daniela lleva en sus manos esa impaciencia de jugar con la muerte, ese inapreciable juego de matarse un poquito como acto de desprendimiento, de pérdida que supone la creación y en cuyo punto se une con la brujería a que nos referimos. Daniela decide pasar de lo imaginario al cuadro esa relación temerosa que se tiene con el destino en acto de tirar las cartas. Al pintarse se pinta a sí misma, se pone afuera, se saca de sí, se pierde… podríamos decir que se mata como manifestación aullante de lo que la creación viene a solucionar o a plantear en un hombre.

Pero qué decir de estos coloretes que saltan, como si fueran naipes tirados sobre la grasa de un mesón? Tal vez lo que dijimos hace un año en Mariembad, como si estuviéramos soñando, que esta desrealización de formas se presenta en una oscuridad y en un encandilamiento. Que la renegación a un fondo es la impaciencia inalterable de quien no quiere ir a buscar los cachivaches que tenemos guardados en la trastienda. El velamiento que flota en ese interponerse de un blanco y un verde o un azul o un negro, es una costumbre, es un pasar desmesurado, un transcurrir a manera de imagen impresa.

Volviendo a ayer, cuando tomamos un trago al lado de un gallo,[1] se dijo que el arte es no saber nada (también podríamos decir que ser uno es no saber sobre uno o que ser es involuntario) que nos hace denunciar un expresante y una expresión como camino hacia el sentido de uno mismo. Está bien el remanido concepto de que hago para saberme quien soy… pero en ese saberse descubro una manera, un estilo de ser, con el que me siento a decirme y buscar que me digan… De alguna manera, es posible afirmar que el camino de la desmesura que yo tanto exaltaba en Daniela, hoy está medio callado… diría yo que aquel gallo se quedó allá con sueño quiquiriquí… Tal vez no tengo derecho a darme el derecho de afirmar un gusto, una perspectiva puesta de través que me caracterice al margen / de esta ponencia, pero qué le vamos a hacer; yo no elegí la desmesura, ella me eligió a mí… De alguna manera Daniela me señaló con el dedo, y es de esta manera como le devuelvo su imagen.

Aplausitos de niña vienen, veo dibujos en los cuales la niña se entretuvo, jugueteando, forjando un detallito ínfimo que proyecta un futuro extraño… Aplausitos, digo, por esto con lo que me dijo: «me aburrí un poco en esto, pero lo hice» y a manera de repetimiento digo aplausitos de arriba de la tapia con anillo dorado en el dedo.

Daniela es una modalidad, una mascarita con su globo en la mano que al pasar nos hace girar la cabeza y chimentamos y chimentamos y chimentamos a costumbre de viejas que viven rezando a los “Santos que vienen marchando” y que quedaron hace un año allá en el oro de la luna… en el tema de su última exposición.

De cierto, esto quedaría abierto, la cinta estaría cortada si es que no habría que dar un final a este texto… Descubramos el destino de Daniela en las cartas que están jugadas en estos cartones y digamos “bueno” al silencio para que anden los duendes…

Manuel A. Martínez Novillo, 1978

En el centro la artista visual Daniela Jozami; a su izquierda, el escritor Manuel A. Martínez Novillo, en otra presentación de la artista en las salas del Hotel Metropol en 1981, San Miguel de Tucumán.
 

Ambas imágenes de obra son de la serie Orobastoespadacopa,1978. El grafito sobre papel es de la colección Jozami, crédito fotográfico de Mariano Molinari. La tinta sobre papel pertenece a la colección Hernández-Teitelbaum, crédito fotográfico de Pablo Masino.

[1] NdE: Acá el autor hace referencia al bar El Gallo de Oro que estaba ubicado en Av Sáenz Peña 13, en la zona del Bajo, local en que meses antes Daniela Jozami expuso su serie Los santos vienen marchando, generando un cruce de circuitos y tensionando el público del arte.


Una respuesta a “Orobastoespadacopa”

  1. Maria Ester dice:

    Maravillosa nota
    FELICITACIONES GASPAR NUÑEZ!!!

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