Suscribirme

ISSN 2684-0626

 

Aquí podés hacer tu donación a La Papa:

Libros Tucumán es una librería especializada en literatura de Tucumán ubicada en Lola Mora 73, Yerba Buena – Tucumán. Visitá su web: https://librostucuman.com.ar/

 

 

 

 

 

Lino es una distribuidora de libros con perspectiva crítica y un espacio web para la recepción del catálogo. Se hace en Santiago del Estero, Argentina. Visitá su página: https://linolibros.com/

Notas para una memoria de la moral en lucha

Por Marina Rosenzvaig |

“­­Dónde, dónde están?/ Quiénes?/ —Dónde, dónde están?/ —Dónde están?/ —Quiénes? Quiénes?/ —Los hombres…/ —No sé. Mira, copos de ceniza… Han volado todos…”, dicen Las voces de los pájaros de Hiroshima del poeta rumano Eugen Jebeleanu. Estos versos impresos me acompañan desde que tenía trece o catorce años, cuando mi papá trajo una tarde el libro para regalármelo. Vuelvo a ver la tapa en la que está sellada una nube explosiva de ocres y grises acuarelados sobre fondo negro. Junto al poema ilustra un dibujo de dos pájaros entre lágrimas llorando. “—Adónde, adónde?/ —No sé. Construyamos el nido./ —Dónde,/ dónde,/ dónde,/ dónde,/ dónde…?”.

Es 1990 o 1991, mi papá se sienta en su escritorio y se enrolla sobre el papel cual bicho bolita como resguardándose, está escribiendo la novela La oruga sobre el pizarrón. Son los años menemistas de la depredación neoliberal pasada la hiperinflación, son los años del ascenso del partido provinciano que lo hará gobernador en democracia a Bussi juzgado y condenado genocida recién décadas después. Entonces, recuperar la vida de entrega de un luchador tucumano invisibilizado, reconstruir los hechos e invertir las interpretaciones para contar su asesinato en la madrugada del Golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976. Isauro Arancibia, maestro, dirigente sindical, fundador de CTERA, ATEP fue su casa y la casa de la educación popular y la solidaridad comunitaria, allí lo acribillaron las fuerzas represivas asestándole más de 100 balazos[1].

El rescate de esta memoria en escritura arqueológica es sobre un proyecto de compromiso y transformación social truncados con ferocidad por la dictadura. “La memoria tiene que ser una herramienta no un Dios. Los niños educados a razonar y cambiar la vida”, escribe Eduardo. La oruga en clave policial comienza con el acta administrativa de la policía de facto que priva de humanidad en su burocracia al llamado “extinto”, se establece en “ignorante objetividad y siniestra hipocresía”. Novela puente literario entre el pasado borroneado y el lector habitante de este lugar que es donde todavía no conocemos nuestra historia. Por eso una novela urgente para que hablen otros no los que ganaron, por eso una historia en clave de derechos y afectos para reencontrarnos en la ficción que nos devuelve la palabra para pensar juntos cómo recuperar la comunidad que nos saquearon.

A 50 años del Golpe, es marzo de 2026, transcurre el tercer año del gobierno de otra vieja nueva pesadilla, la cineasta salteña Lucrecia Martel estrena en Tucumán Nuestra Tierra. Se cuenta allí también sin espectacularización por defender la tierra otro asesinato. El del indio Javier Chocobar, referente de la comunidad diaguita Chuschagasta, y un saqueo más largo que fundara un Atlas contenedor del conjunto de mapas a presión yuxtapuestos. También en esta historia la administración blanqueadora del Estado-nación desconoce y despoja. A contramano, la cámara devuelve lo común en un viaje extrañado de colonia en paisaje entre voces y tiempo ancestrales sobrevolando al oeste nuestro horizonte los cerros tucumanos.

Mientras tanto suenan las sirenas y las bombas expuestas en las redes o en televisión en una guerra que también es cognitiva, veinticuatro horas ininterrumpidas de sonidos y visiones funestas. “Odio la guerra, no la lucha” expresa en otro pasaje Jebeleanu. Un crimen más y otro más de agresión del Imperio en colapso a la población de América Latina, Medio Oriente, no alcanzan los etcéteras, Irak, Afganistán, Siria, Líbano, Venezuela, Irán, nuestra Cuba antiimperialista la solidaria, pero no se cuenta. Entre las imágenes vuelve el fantasma de Hiroshima y Nagasaki bajo el hongo nuclear, y Gaza en Palestina en pedazos como nombrara Lina Meruane, hoy aquí en este siglo pleno XXI arrasada en genocidio la vergüenza. Cuántos gritamos públicamente NO EN NUESTRO NOMBRE. NO EN NUESTRO NOMBRE. NO EN NUESTRO NOMBRE.

Mi papá, antibelicista, judío de izquierda, heredero de mis abuelos y mis bisabuelos venidos de la Rusia en revolución, escribió su primer libro durante la dictadura videliana: Los intelectuales frente a la guerra y la paz. Europa Occidental 1914-1919. Su tesis del grado en Historia pudo editarse entrado 1985 con la apertura democrática, pero recuerda mi mamá que nadie quiso publicarla aquí en la provincia, entonces usaron unos ahorros y lo hicieron en Buenos Aires, en una editorial llamada sin ironía Leviatán.

La Primera Guerra Mundial posrevolución industrial, del capitalismo en expansión imperialista anticomunista disciplinando en narrativas nacionalistas, dejó 20 millones de muertos. También el ascenso de EEUU como potencia global y los conflictos sociales, políticos y económicos que desbocarían en los fascismos del siglo XX y el posterior desarrollo de la aún más trágica Segunda Guerra. Eduardo Rosenzvaig encuentra un motivo de investigación que sortea la censura adentrándose moralmente en el papel del intelectual de entresiglos europeo, por parecer lejos. El intelectual fue (es) parte activa, ¿neutral? o por el contrario enfrenta valiente y casi en soledad al aparato ideológico y cultural belicista.

Desnaturalizar la inevitabilidad de la guerra es también visibilizar el plan sistemático de exterminio del terrorismo de Estado + otra Guerra forzada la de Malvinas, productos de la Modernidad colonial. “Porque el militarismo y la decencia son incompatibles” escribe en la novela, por eso desafiar las lógicas comunicacionales y artísticas que sostienen incluso invisiblemente la ideología y la maquinaria bélica del capital sobre nuestras vidas, a costa de nuestras vidas, hecha carne en nuestras vidas. Los escritos y proclamas de quienes perseguían denodadamente la paz sin ingenuidad frente a los bandos intelectuales patrióticos de apoyo a la guerra fueron desiguales, hace un siglo como ahora. ¿La palabra poética será antiguerrerista o no será? ¿Cuántos gritamos hoy públicamente NO A LA GUERRA. NO EN NUESTRO NOMBRE?

“Y saltó a mi vista, desnuda, gigantesca y desvergonzada, ¡la mentira de la guerra!”, subrayó en 1941 el austríaco Stefan Zweig ante una moral del horror, en sus memorias El mundo de ayer, antes de suicidarse en el exilio. Isauro Arancibia sabía que la madrugada del 24 de marzo sería el golpe militar e irían por él, y por lo que él representaba: “Por el micrófono grande y misterioso habló del minifundio, del latifundio en Tucumán, y que para unos no hace más que obrar la herencia, mientras que para los otros la acumulación del capital. No habría verdadera solución a la cuestión educativa, mientras esta provincia rural y de industrialización agraria no resolviera equitativa y humanamente el problema de la tierra. De lo contrario se acusará a los sin tierra de vagos, y ellos no tendrán tampoco otra opción más que a serlo”. El maestro decidió volver esa noche a la sede de ATEP en calle Congreso donde vivía, para como las orugas afanosas tejer un capullo y dejarnos sobre el pizarrón un hilo fino y larguísimo que lo sobrevivirá, después se convirtió en crisálida, soltó la pupa y echó a volar[2].


[1] Hace 50 años que esperan por justicia Isauro Arancibia y Arturo, su hermano maestro también asesinado esa noche en la sede gremial. La causa ha sido elevada a juicio oral el año pasado y no tiene fecha hasta el momento. Se ha suspendido también una audiencia que solicitaba resguardar prueba testimonial de testigos ya mayores y que van muriendo. La demora en los juicios de crímenes de lesa humanidad es una forma indirecta de impunidad.

[2] En diciembre de 2024, bajo los sellos de La Papa y Libros Tucumán, ATEP publicó por primera vez la novela La oruga sobre el pizarrón de Eduardo Rosenzvaig; treinta y tres años después que la editara independientemente el autor, en 1991. Miembros de la Agrupación Docente Isauro Arancibia, que conducen actualmente la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales, consideraron que ya era tiempo de este homenaje y esta memoria muy merecida al maestro.

Presentación de La oruga sobre el pizarrón en la Feria del Libro de Amaicha

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *