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ISSN 2684-0626

 

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Ojo: Colirio Pa’ Que Vean, clic y guiño para reunir a la fotografía tucumana viva

Clic: Colirio. Clic: Pa’ Que Vean. Clic: Tomo I. Clic: Tomo II. Clics modernos hecho libros en Tucumán vuelven a ver la luz en este 2026 y sus páginas con sus fotografías están más vivas que nunca.

Por Alfredo Aráoz |

Colirio Pa’ Que Vean fue un colectivo periodístico creado hace diez años con un objetivo claro como el agua: “Amplificar las expresiones artísticas y culturales de Tucumán. Dentro de dicho escenario encontramos a la fotografía como una de las ramas más pujantes del circuito local”. 


“Consideramos que la creciente producción demanda una presentación en formato papel que dé cuenta de la misma más allá de los canales de difusión que hoy existen en nuestra provincia. Ante la ausencia de estas características, nos parece necesaria una publicación impresa a través de la cual pueda apreciarse la fotografía abstraida del ruido del formato digital”, fue la presentación del colectivo fundado por Luciano Billone, al que se sumaron Santiago Sibaja y Agustina Font.

El mapa recorrido por Colirio se hizo ruta al andar con los dos libros titulados Gran Angular (Tomo I y Tomo II). Sibaja, Billone, Font, Cecilia Sandoval, Elena Nicolay, Franco Cuozzo, Gastón Guirao, Julián Miana (Tomo I). Y Tatiana Luján Valdez, Wenceslao Yessa, Agostina Pedrini, Paula Ene y María José Valdez (Tomo II) son los nombres detrás de una escena montada para que brillen las obras de seis fotógrafos notables de nuestra provincia y el norte argentino: Julio Pantoja, Franco Vera y Pablo Masino (Tomo I) y Gabriel Varsanyi, Evi Tártari y Jorge Olmos Sgrosso (Tomo II).

Si el Colirio que se encuentra en el botiquín alivia el dolor de ojos, el que ahora vuelve a las librerías va más allá: calma, pero espanta; acaricia, pero incomoda; brilla, pero aturde. Si un lente Gran Angular es aquel cuya distancia focal es menor a la del objetivo normal, abran estas páginas a todo color señaladas por las palabras dichas y capaces de sumirnos en el silencio que propone la proeza de recuperar el hábito de la lectura que proponen las imágenes.

En “Más allá del horizonte”, de Pantoja, el artista traza un retrato azaroso a jóvenes que caminan por las calles de Beijing: un pequeño Mao, una pareja con la ropa combinada en el BLK Studio, un soldado de la guardia civil en la Plaza de Tiananmen, niños, jóvenes y geishas son los retratados por el artista. 

“Los líderes mundiales del siglo XXI ya nacieron y están entre nosotros. Circulan entre las millones de personas que habitamos el planeta y son jóvenes o niños que lucen despreocupados, globalizados y muchos de ellos muy probablemente circulan por las calles de Beijing u otros lugares de China, esto se debe, no solo por sus millones de habitantes sino porque este país es quien tiene las mayores posibilidades de hegemonizar el mundo”, escribe Pantoja en 2015. No es descabellado pensar que, diez años después, algunos de esos jóvenes de Beijing sean también los que caminen por las calles de Tucumán en 2026. 

En “Mi peso en plumas”, Pablo Masino propone “un proceso de reconocimiento de la incertidumbre. Es la representación de la fragilidad y su tensión. Es la contingencia y el vértigo de la expectativa”. La obra de Masino en las páginas de Gran Angular son un gato en la terraza de una obra de teatro que ya terminó, una bicicleta con campanita que espera bajo la luz del ventanal, la intriga por una mano cerca de una pared hecha con puertas, altar y autorretrato en blanco y negro, otras manos ante un piano invisible y un perro ofendido, y el azar que juega en una mujer sonriente para la sección de Sociales de La Gaceta, una página arrancada y entregada a su destino inexorable: envolver huevos.

Pablo Masino

En las fotos de Franco Vera, el fundador de Ojos Testigos explica su nombre a través de la potencia de la mirada descarnada de los protagonistas que habitan el blanco y negro de sus obras, el mapuche y el colla que viven en Vera, la Cuba de José Martí y la Cuba del Parque 9 de Julio, la fuerza de un murguero para pechar el camión y la militancia de la Darío Santillán, la tribuna de Juventud Antoniana y el filo del Hacha Vera, su abuelo. En las fotos de Franco hay niños abrazados por los árboles del barrio, y hay niños amputados por la guerra de la desigualdad; hay una pelota pateada con los pies descalzos, y una muñeca sin dueño; y en la obra de Vera publicada por Colirio hay una imagen que también duele y vuelve: un billete roto de pesos argentinos que nunca alcanza.

Franco Vera

Ya en el Tomo II, en “Toma directa”, Varsanyi “se aleja del barroquismo y la desmesura para internarse en la elemantalidad del gesto mínimo, buscando la belleza que subyace en el paisaje degradado, en estos mapas gastados que conforman la geografía visual que siento propia desde hace 25 años”.

La cinta scotch sucia permanece aferrada a la pared como única testigo de un afiche arrancado. Es el engrudo debajo de la política ante la mirada de Stella Maris Córdoba, Ariel Osatinsky o Mario Koltan. Y es la política como fiesta del recuerdo en Floresta con Tormenta en el escenario.

Gabriel Varsanyi

En “Tiempo hasta morir”, Evi Tártari dice: “Cinco fotografías durante cuatro años. Este trabajo es el resultado de una búsqueda que me ha llevado siempre a un proceso, que me excede. Prueba y error. el cuerpo como campo susceptible es terreno de reflexión, y lo fotográfico herramienta de experimentación”.

A propósito de la obra de Evi, Andrei Fernández escribe: “La piel es tu historia. Eso que llamamos ‘vida’, una serie de repeticiones y transformaciones superpuestas. El agua que hierve, el limón que se pudre en el suelo, el árbol que crece, una canilla que se rompe, aquello que se quiebra, una cara que muta, pero que sobrevive inmutable en una fotografía que finalmente se pierde”.

Evi Tártari

Por último, en “Operativo Tucumán”, Jorge Olmos Sgrosso propone una búsqueda: no la encontrarán en el país de la libertad sino en el país de la dictadura de Onganía donde es Olmos Sgrosso el que se calza las botas para darle una patada a la historia oficial y poner la luz sobre un ingenio apagado, que ya no juega, como los 11 cerrados por Onganía. Es Olmos Sgrosso quien ha retratado la tragedia de Los Ralos contada por Juan Francisco Cabrera y el secuestro junto a sus compañeros, 20 días de tortura y tormento en el Arsenal Miguel de Azcuénaga. Es Olmos Sgrosso quien revela en estas páginas la complicidad de los diarios y las fake news hace 60 años.
Tomo I y Tomo II, publicados por Colirio Pa’ Que Vean, son libros que vuelven con más luz que nunca sobre las sombras que sobrevuelan a Tucumán ayer, hoy y mañana. Aquí están sus páginas. Aquí están sus imágenes. De pronto flash, clic y guiño para reunir a la fotografía tucumana viva.

Jorge Olmos Sgrosso

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