Por Gabriela Palazzo |
1. Un viaje mínimo y vasto desde el microrrelato
Final de mito, de Marita Pilán (2025, La Aguja de Buffon Ediciones) es una experiencia de viaje literario. La voz narrativa, multiplicada en escenas-mosaico, habita y recorre la nostalgia, el deseo, la ausencia; el viaje con sus partidas, llegadas y esperas. El presente que mira al pasado, la moneda lanzada a la fuente para tentar al futuro.
Abrimos cada texto como un cofre que habilita y desafía a la enciclopedia personal; en cada relato se abre una puerta para entrar, salir, o quedarse. Para pasear por una cartografía de ciudades luminosas, escenas de novela o del potente corazón de una niña. Con sagacidad, la autora no nos acostumbra a un estilo sino que recorre las distintas modulaciones que le permite el género y que ella maneja con la pericia de su oficio. La cadencia de una tonada inconfundible riega cada línea y sella un pacto de identidad.
Este libro nos necesita atentos a descubrir la alusión, el intertexto; la inversión o reversión de lo ya dicho en los territorios de lo profano y de lo sagrado, que atraviesa las vidas cotidianas y las de las historias inventadas. Dante, Deledda, Monterroso, Lorca, Cervantes, Denevi, Marlowe —y más— son piezas de este juego dialógico y vital; guiños más o menos ocultos que cobran nuevos sentidos.
Mirados desde su hechura genérica, los textos de Pilán se inscriben con naturalidad en el microrrelato contemporáneo: brevedad extrema, narratividad condensada, intertextualidad, final sorpresivo o revelador y un lector activo que colabora en la reconstrucción del sentido. Parafraseando a Ana María Shua, el microrrelato no se reduce al cuento corto; es una forma que trabaja en los márgenes de la elipsis, lo no dicho y el silencio como zonas activas. En este sentido, Final de mito es un ejercicio virtuoso de lo que Dolores Koch definió como “una mínima unidad narrativa con máxima carga significativa” que funciona con un diseño riguroso, diría Lagmanovich. Por su parte, Noguerol ha subrayado cómo el microrrelato, por su condición híbrida y fragmentaria, desestructura géneros canónicos y permite el cruce entre lo culto y lo popular, entre lo mítico y lo cotidiano: una operación que Pilán realiza con pericia en todo el libro, dividido en cuatro partes.
2. “Caput lux mundi”: historias mínimas, miradas laterales
En esta primera parte, los microrrelatos dialogan con la historia desde una perspectiva íntima y muchas veces desplazada: la de los objetos, los márgenes, lo que no entró en el relato oficial. Es el caso de “La herencia”, que conmueve con su tono confesional: la narradora no añora un padre héroe, sino un padre presente. La frase “solo una cuadra de terreno y esta orfandad que dura para siempre” condensa el peso de la desilusión. El relato, en su brevedad, es también una crítica a la glorificación patriótica vacía.
En “Compañero fiel”, la historia es contada desde el canino derecho de Manuel Belgrano. El objeto narra su vida junto al prócer, entre batallas, oraciones y romances. Con humor y nostalgia, la narración da voz a lo inerte, en una operación típica del microrrelato: atribuir agencia inesperada para provocar extrañamiento y efecto poético.
En estos textos advertimos el movimiento de desviación del punto de vista tradicional y alteración de jerarquías narrativas. También entablan un diálogo con Shua y Brasca, en su capacidad para ficcionalizar lo histórico desde lo lateral.
3. “Había una vez…”: miniaturas de la memoria
Esta sección se sostiene en una de las fuentes más fértiles del microrrelato: la reescritura intertextual. Tal como advierte Koch, los microtextos literarios suelen servirse del capital cultural del lector para, en un espacio reducido, desarmar y reconfigurar mundos conocidos. Aquí, Pilán subvierte los cuentos clásicos, pero también da voz a objetos y personajes de infancia.
Así, en “Insomnio”, con efectiva ironía feminista, se desmitifica el imaginario de modo tal que Aurora ya no duerme esperando al príncipe: su falta de sueño la lleva a ensayar el modo de despertar.
En el caso de “La cesta”, la palabra le pertenece a la canasta de Caperucita. El cuento, entonces, no ocurre; se queda en el margen, en lo que podría haber sido. Esta sustracción de la acción esperada es una forma de reactivar el sentido mítico desde el silencio .
Otros textos como “Habichuelas santiagueñas” o “Botones” exploran la infancia como territorio de imaginación, con una mirada afectiva, lúdica y de distancia crítica.
La exploración de lo humano —con sus dolores, sus grietas, sus rutinas— se hace desde el detalle: botones, fruta, patio, perlas, papá, muñecas… pueblan estos mundos mínimos desde donde una narradora niña conmueve cuando evoca el territorio de la infancia, engarzado en el árbol genealógico con ternura eficaz: “Tirada en el piso, la niña roba todos los botones del costurero de su abuela. Son los personajes de sus cuentos. Hablan, se ríen, se pelean y se amigan. Las agujas miran. Tiene prohibido tocarlas porque pinchan. La siesta se escapa a dormir. La pequeña, juega” (“Botones”).
4. “Collar de perlas”: el presente y sus fracturas
En el segmento más extenso del libro,Pián se sumerge en temáticas actuales —la pandemia, el paso del tiempo, la violencia doméstica, la literatura misma— desde una prosa que mezcla lirismo, filosofía y humor sutil.
“Decisión” convierte un acto cotidiano —salir de casa tras el encierro— en una escena casi épica. El final abierto invita a una lectura empática y política. La autora logra, en muy pocas líneas, capturar el espíritu de una época.
En “Lecturas”, los libros se convierten en joyas, los amantes en lectores y la palabra en erotismo. Esta poetización de lo cotidiano, propia del género contemporáneo, cruza lenguaje y deseo para producir sentido y placer.
Estos microrrelatos condensan, con precisión e ironía, diálogos abiertos con mitos, textos fundantes y obras de la literatura universal. Ariadna invierte su destino en “Final de mito”; Eva elige mazorcas doradas en “Otro paraíso”, y así, toma una decisión que resume el mito en una frase seca y definitiva: “No es necesario contar el resto de la historia”. Esa economía narrativa, que concentra siglos de tradición en una línea, también se advierte en “Valor relativo”, en intertexto con la historia de Paolo y Francesca, de La Divina Comedia de Dante Hay guiños a Monterroso en “Edípica desesperación”; a Lorca en “Juego lorquiano” – una lúdica mezcla de personajes y títulos de Yerma, La casa de Bernarda Alba y La zapatera prodigiosa- , a Chandler en “Contemplación” y a Murakami en “Mecánicas”, así como ecos bíblicos y resonancias de fábulas animalescas u ovidianas. La economía expresiva, el final sorpresivo y la imagen detonante se conjugan con la complicidad activa del lector, en ajuste a las clásicas estratagemas del género brevísimo.
Un laboratorio intertextual donde la autora combina la alta literatura y la cultura popular, la contemplación poética y el humor negro, el lirismo y la violencia contenida. Algunos relatos tematizan la propia escritura, otros se aproximan al guion cinematográfico, y todos comparten una misma lógica de concentración máxima y apertura interpretativa. Pilán no cita para homenajear sino para reescribir: cada microrrelato es una perla autónoma que, enlazada con las demás, compone un collar donde las historias conocidas se reinventan y permanecen vibrando más allá de la última línea.
5. “Hilos de Ariadna”: mitos, leyendas y mujeres (re) escribiendo destinos
En la sección final, los textos dialogan con mitos grecolatinos y el acervo legendario del noroeste argentino. Las mujeres son voces que conducen el hilo narrativo y deciden los destinos de sus personajes. Asistimos a escenas donde mito y leyenda se entretejen con el sopor de la siesta y la vibración inquietante de lo secreto, bajo la mirada —o la voz— de narradores que guían y engañan a partes iguales.
Esa siesta, territorio del tiempo suspendido, se convierte en escenario de encuentros peligrosos o seducciones mágicas. En “Venganza”, una mujer “con una sonrisa felina, se relamía las manos” mientras observa desfilar a los hombres que han caído bajo el embrujo de su amor. La primera persona, íntima y confesional, domina relatos como “Prohibición”, cuando la narradora advierte, convertido el paseo vespertino en una trampa de aire: “Envuelta en paredes de aire que giran continuamente, añoro mi antigua vida y no puedo volver”.
“Venganza” convierte a una figura femenina en ejecutora de justicia erótica. El relato subvierte el mito del hombre devorador: ahora es él quien queda domesticado, vencido, irreconocible.
En “Final de mito”, micro que da nombre al libro, Ariadna tira del hilo que tenía en el bolsillo y se reencuentra con su amor. Lo que sugiere el texto sobre el minotauro minimiza y anula el sentido original y su potencia ancestral. Esta miniatura literaria condensa el gesto reescritural de todo el libro: desmontar la fábula patriarcal y reescribirla desde el deseo y la autonomía.
En estos relatos el hilo es la representación del vínculo y de la trampa. La autora combina la economía verbal del microrrelato con un manejo preciso de la atmósfera y el gesto mínimo que altera el destino, produciendo piezas que, como su título sugiere, tienden puentes entre mundos y tiempos distintos.
6. La imagen de tapa: trazo, mito y metamorfosis
Finalmente, me detengo en la ilustración de tapa, de gran belleza, elaborada por Betsabé Gray de Divizia, que dialoga con la propuesta estética del libro con coherencia visual y simbólica. El dibujo representa un rostro femenino en actitud recogida, atravesado por líneas que pueden leerse como cabello, raíces o hilos. La figura parece surgir y a la vez desvanecerse, en un juego entre la afirmación y la fuga.
Este gesto plástico se conecta con el corazón del libro: una voz múltiple que se desplaza entre tiempos, cuerpos y relatos, que no se fija en una única forma ni en una identidad cerrada. La línea negra sugiere la escritura a mano alzada, íntima —como lo son estos microrrelatos, que se enhebran como hilos narrativos de memoria y deseo.
La alusión visual al hilo remite directamente a Ariadna y a la última sección del libro. En esa línea que serpentea fuera del marco puede leerse la metáfora del relato breve: mínimo en superficie, expansivo en sentido.
7. Un ovillo en el laberinto
Final de mito no solo se ajusta a la estética y ejecución formal fundamentales del microrrelato, sino que los despliega con soltura, gracia y profundidad. María del Carmen Pilán domina con naturalidad los recursos del género: el uso de la elipsis, el punto de vista inusual, la intertextualidad lúdica, el desenlace sorpresivo, la fusión con otros discursos y una economía expresiva poderosa.
Un buen microrrelato es el que continúa creciendo dentro de quien lo lee. Las narraciones mínimas de Final de mito germinan a partir de cada lectura y de cada lector/a y se multiplican en sentidos. Es un libro que disfrutamos plenamente; un ovillo de relatos desplegado en el laberinto de la vida. El rastro y el rostro de lo humano se exploran con artesanía: la brevedad desoculta, en unos cuantos y potentes trazos, capas de sugerencias que escarban en la historia, la literatura, el cine y el melodrama, entre muchos otros géneros.
Y en ese hilo —el de Ariadna, el de la memoria, el de la palabra— seguimos leyendo, pensando, reescribiendo el mundo.

Profesora y Doctora en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras (UNT) e Investigadora Adjunta del Conicet. Profesora Titular en “Introducción a los Estudios Literarios” y profesora Adjunta en “Análisis del Discurso” para Ciencias de la Comunicación. Publicó los libros La juventud en el discurso: representaciones sociales, prensa y chat (2010) y Caja de herramientas. Claves para el estudio de juventudes y discursos (2021, comp.). Dirige el proyecto del PIUNT H/733: “Cuestiones sobre juventud(es) en contextos educativos, literarios y comunicativos” Sus textos literarios forman parte de antologías de microrrelatos: VII Premio de microrrelatos “Manuel J. Peláez” (2019), Voces en cuarentena (2020), Microteca (2021), En las tierras de David (2022) y Fervor de Tucumán 2 (2024). Publicó, además, textos breves en la revista literaria La Papa. Es autora de Trazos en el muro (2022) , su primer libro de ficción, editado por La Papa.




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