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ISSN 2684-0626

 

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La poesía es un anticuerpo contra la crueldad

Entrevista a Claudia Masin

Por Mario Flores |

Pienso primero en el término exhumación, que hace rato viene apareciendo a la hora de revisitar y rescatar de la descatalogación ciertas obras cuya coyuntura no persigue la nostalgia, sino la necesidad de que permanezcan actuales. En este caso, Bizarría, además de contar con casi 30 años de circular de modo «de culto», se trata de tu primer libro. ¿Qué proceso de relectura y redescubrimiento establece lo que tiene para expresar un libro del año 1997 cuando se revela contemporáneo y, a la vez, urgente en el tiempo que atraviesa la poesía argentina de hoy?

El término exhumación me remite a lo muerto, a sacar a la luz un cadáver, y para mí la poesía es algo siempre vivo, que con el paso de los años podrá incluso ser leído de maneras tan distintas que obtendrá múltiples vidas. Creo que los textos encarnan, re-encarnan, en todo caso, pero no se exhuman, a menos que hayan nacido muertos. Si un poema ha nacido vivo, vivirá de diferentes maneras en diversos tiempos históricos. Esto es lo que creo yo que ha pasado con los poemas de Bizarría: nacieron en 1997, en pleno auge del primer monstruo neoliberal en la Argentina y renacieron en 2025, en pleno auge del primer monstruo neofascista en la Argentina (el primer monstruo neofascista elegido por las urnas, debo aclarar). Hoy, este libro, Bizarría, que habla de la crueldad que se padece y de la que se inflige, viene a exhibir lo que nos rodea todos los días: lo bizarro (en el sentido de lo grotesco), lo descarnado, lo feroz, lo insensible. Y es urgente, sí, que veamos esto en cada uno de nosotros, porque sólo reconociéndolo podremos evitar actuar siguiendo estas pulsiones mortíferas, y que lo veamos en la sociedad en que vivimos, porque necesitamos anticuerpos. La poesía, y el arte en general, son anticuerpos contra la crueldad, porque requieren una mirada sensible, amorosa, empática, que puede convivir perfectamente con la rabia ante la injusticia. Con lo que no puede convivir, desde mi punto de vista es con la crueldad, que siempre es gratuita: goce en el dolor del otro por el mero hecho de ser espectador y no víctima, o incluso por ser quien inflige el dolor y no quien lo recibe.

Pensaba en Dufourmantelle, con respecto a la dicotomía entre la crueldad y la ternura: esta simbiosis que representa lo monstruoso como parte primordial del poema. «La princesa del cuento de hadas cae en la compactadora de basura», comienza diciendo un texto, y hay allí un desmantelamiento del relato conocido que se vuelve terrible sin abandonar su humanidad. ¿Cómo es el poema que aborda esta cuestión del horroreír?

La risa es -en este libro- un recurso para que el horror no nos deshumanice, no es la risa burlona del verdugo, es la risa de quien en el campo de concentración (o en el campo a secas, trabajando por un jornal miserable y durmiendo hacinado en un galpón) hace un chiste para recordar que es humano -porque solo los humanos somos capaces de generar humor-. Ese es el humor de este libro, nunca un humor cínico y desencantado. Detesto el cinismo. Me parece un modo de tomar partido por el poderoso sin asumir las consecuencias. Una postura cobarde y snob.

Seguramente en todos estos años, y teniendo en cuenta tu trayectoria artística y bibliográfica, la reedición de Bizarría no era un ítem aislado. ¿Cuáles fueron las decisiones que llevaron a publicarlo con un sello de Tucumán, como Aguacero, que es medianamente reciente (cito: “seis años de libros”) y lejano a la centralidad de la industria editorial mainstream?

Lo que me llevó a tomar la decisión de publicarlo en Aguacero fue el cariño y la admiración hacia sus editores, que son brillantes y que tienen un amor por la poesía y una intuición y conocimiento en relación a lo poético que me parecen maravillosos. Aguacero es una referencia en la poesía de Tucumán, y Pablo Romero particularmente, con su juventud, es el centro de un movimiento de poetas jóvenes que no he visto en otros lugares del país. Y sobre todo, no he visto que los poetas jóvenes se referencien en uno de ellos y no en un poeta consagrado. Eso me parece absolutamente saludable (y sorprendente). Por otro lado, varios libros míos han salido en editoriales emergentes, de provincias como Chaco (mi Poesía Reunida es el mejor ejemplo, editada por Contexto de Resistencia), Córdoba (Bardos, Portaculturas) y me encantaría publicar en otras editoriales pequeñas o medianas de otras provincias. Creo que es indispensable abrir el juego, viví muchos años en CABA y es clarísimo que todo pareciera girar alrededor del mundo editorial porteño, pero en el resto del país se vienen haciendo cosas extraordinarias y con muchísimo más esfuerzo: siempre es más fácil en el centro que en la periferia.

Lo bueno del texto introductorio es que no es un prólogo sino una advertencia: en donde se evidencia que la propuesta del libro no es lo bizarro por la incomodidad perenne sino la posibilidad de una revuelta. Y hay un tema con la memoria: «Mi memoria es parecida a este estanque de agua: / igual de podrida, igual de quieta». ¿Cómo crees que se inscribe este poemario en estos tiempos mellizos como la época en que fue originalmente publicado? ¿Qué le sucede al rol comunitario de la poesía en la memoria práctica de hoy?

Algo ya he contestado acerca de esto. El rol comunitario de la poesía era fundamental en los infames 90 y es aun más importante en el infame 2025. Ahora de lo que se trata es nada menos que de hacerle frente a un discurso fascista: un discurso mortífero, binario, totalizador, arrasador de las diferencias y de las disidencias, obsceno, violento. La poesía viene a desmontar cada una de las operaciones discursivas fascistas, a través de su polisemia, de su pasión por lo diverso y lo pequeño y lo frágil, de su amor por lo distinto, de su acción transformadora y revulsiva sobre el lenguaje y por ende sobre la realidad, de su sutileza, de su capacidad de elaborar, de metaforizar, de dar cuenta de las complejidades.

Piglia habla de la familia como una institución sanguinolenta, sobre todo en la literatura, y cuando se lee en un verso «la sonrisa radiactiva del padre», ingresa este elemento de tensión en lo conocido: volver extraño lo habitual y dotar de palabra a esa animalidad primigenia («¿Quién fui antes de ser ciervo? Pregunta la mujer»). ¿Cómo recupera la escritura esa visceralidad original y cuál es el riesgo de una poesía más conectada con lo orgánico en una época de literalidad?

No creo que haya un riesgo en darle voz a esa visceralidad, más bien el riesgo está en esa literalidad que mencionás, que nos ha llevado socialmente a un lenguaje reducido prácticamente a su función de comunicación de las necesidades y emociones básicas, casi casi como el modo de comunicarse de los animales, solo que en ellos hay muchísimos más matices que en nosotros. Dotar de palabras, de discurso articulado al odio, al miedo, a la violencia, es el primer paso para salir de esa literalidad que nos está ahogando y empobreciendo.

Bizarría, en su versión 2025, podríamos decir que no cierra ningún ciclo sino que lo inaugura (es un libro que abre preguntas), y teniendo en cuenta que «un minuto es infinito», como dice tu poesía, ¿qué nos espera de esta lectura/relectura? ¿En qué campo de batalla crees que este libro se presenta y cuál es la red con otras poéticas en las que puede dialogar?

Me gusta pensarlo así, abriendo un ciclo y no cerrándolo. Creo que es un libro que permite una relectura desde este presente, y que esa relectura lo transforma en otro libro, capaz de decir cosas diferentes aunque complementarias a aquel Bizarría de 1997. El campo de batalla en el que este libro se presenta es el del vaciamiento del lenguaje propio de los discursos del odio, que utilizan las palabras como granadas o balas. La poesía entra en esa batalla no desde un lugar ingenuo, poniendo una flor en el fusil del soldado. La poesía entra con toda su rabia y su potencia, a disputar de igual a igual un territorio que nos pertenece a los humanos: el territorio del encuentro con el otro. Si nos proponen que nos relacionemos como bestias, a mordiscos y golpes, la poesía responde que hay otras maneras. Pero lo responde con contundencia, no con suavidad, lo responde convencida y dispuesta a dar pelea si hace falta. Pero en su terreno, que no es el de la sangre ni la muerte. En el terreno de lo vital, que es el que apuntala y sostiene el discurso poético.


Imagen de portada: diseño de Aguacero Ediciones, para el lanzamiento de Bizarría (2025), disponible en https://aguaceroediciones.com/poemas-de-bizarria-el-primer-libro-oculto-de-claudia-masin/?srsltid=AfmBOooUWSnilaZnMg1OF4FGL-N46htaTzFfK5CRqoOZI2Lf526hKJRd

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