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ISSN 2684-0626

 

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La memoria de la palabra escrita a mano

Tres ediciones del ciclo “Cartas”

Por Natacha Garbushian |

La Biblioteca Popular Rafael Castillo se encuentra enclavada en el corazón del centro de Santa María-Catamarca, en el Valle del Yokavil. Las personas que entran por primera vez, como en una actitud de fe silencian, después abren la mirada y sonríen. Sus paredes anchas, el mobiliario antiguo, el piano, sus ventanas elevadas traspasando luz, pero apaciguando el   bullicio exterior, y los ciento trece años que tiene encima, hacen de esa esquina un espacio particular. Sobre todo, para los lectores y las lectoras, pero también para toda la comunidad que acompaña exposiciones, clases, muestras y proyecciones.

Este espacio, es para nosotras, soñado. Nos hemos conformado como un Taller Literario de Mujeres, leemos a escritoras, disfrutamos y reconocemos sus textos. Las mujeres han escrito desde siempre, pero con los condicionamientos de cada época, el ocultamiento fue moneda corriente. Tomamos esa herencia muchos años obstaculizada para el género, y la exponemos a vivo cada jueves en el taller.

En estos encuentros, donde generalmente escribimos en nuestros cuadernos, surgió la idea de una compañera, Noelia, de pensar “en algo epistolar” ¿che y si volvemos a escribir cartas? Por supuesto tuvo un rotundo ¡siiiiii! A partir de nuestras ganas de contagiar el lápiz y el papel, encontramos, en la iniciativa de hacer una actividad vinculada a la escritura de cartas, la punta de un ovillo que creció y tuvo continuidad: “Cartas de invierno”, “Cartas de primavera”, y “Cartas de verano”, tres ediciones. Las dos primeras realizadas en la Biblioteca Popular, y la tercera, en el marco de la Feria del Libro de Amaicha (FLAMA).

La novedad fue la diversidad etaria, en los encuentros se acercaron adolescentes, niños y niñas, jóvenes, abuelas y abuelos con sus hijas y nietas, amigas que venían de a dos, o en grupito, amigos que acompañaban a sus amigas y que terminaron quedándose y escribiendo, vecinos que se acercaban a chusmear y brindar alguna ayuda, las chicas de la recepción de la biblioteca dispuestas al recibimiento. Banderines, velas, flores, mates, cafés y budines, se entremezclaron con las personas que fueron tomando el espacio y escucharon atentamente la propuesta del ciclo, volver a escribir cartas, sí como antes, en esta última edición al amor, en sus amplios matices. Hubo algunas dirigidas a los abuelos, a alguna escritora admirada, a la naturaleza, a un amor de la adolescencia, a la niña de antes, a un malvado.

Un encabezado anunciaba: me tienes escribiendo, seguido de una cascada de manifestaciones poéticas. Una carta citaba a Borges tendré que ocultarme o huir, escoltada por declaraciones de gran concavidad siempre te has escurrido, dejando la sensación de adicción; otra manifestaba podría bajarme en un colectivo en la esquina de tu casa, con varios poemas escritos, quiero sentir en persona el tamaño de tus palabras. En unos renglones aparecía la necesidad de contarle cosas a la montaña, al tierral de la infancia, al recuerdo como una operación de ficción. Una mujer se escribió a sí misma en tiempo presente, sus oraciones convertidas en cables de alta tensión, pusieron en vilo a la ronda de escucha.

Encontrarse con el ruido blanco de una carta.

*

Silvia, al finalizar la segunda edición del ciclo, mencionó que “andaba haciendo otras cosas (…) en realidad vine a verla a mi nieta que viene a este ciclo de escribir cartas, estoy feliz de la vida de conocer este lugar, me emocioné mucho, ver a los hijos de ustedes junto a ustedes, me parece fantástico que los niños puedan integrarse con los adultos en el taller, me da ganas de venir, me voy a dar los tiempos, la escritura es fundamental para ir encauzando las emociones, madurando. Este lugar tiene una energía muy particular, se siente la historia contada en las paredes, en los muebles, como si hubiese quedado el amor y el entusiasmo de la gente que la creó, eso está impregnado en la biblioteca, hay una sensación de que esto va a continuar a pesar de todo lo que trae la tecnología”. Algunas chicas recién salidas de la escuela secundaria, mencionaron la importancia de “la profe” Clarisa, coordinadora del Taller, “me pareció interesante la actividad, fui alumna de la profe Clari, me incentivó, fue sacando de los y las estudiantes ese arte poético, hasta el día de hoy puedo decir que sigo escribiendo. Y este encuentro me dio la apertura de ver como todas y todos escribimos diferente el mundo que nos rodea, me sentí cómoda con el ambiente, me gusto conocerlas a ustedes, las talleristas, y bueno, reconocer que   tengo ganas de mostrar mis poemas y estas actividades ayudan a animarse”.

Geraldine, actualmente integrante del Taller Literario de Mujeres, cuenta que siempre escribió, pero no como lo está haciendo ahora, “cuando tenía ocho, nueve años, escribía en formato de diario íntimo (…) cuando vine a la primera edición del ciclo cartas, leí mi carta, las personas se identificaron y además les gustó. Desde ahí quise venir al taller de mujeres de los jueves, para desarrollar más. Gracias al taller pude encontrarme, estoy rodeada de mujeres, no me siento exagerada, nos escuchamos”. Yael contó que conocía la biblio, y que al entrar se transportó a lainfancia “vine entusiasmada porque hace mucho que no escribo, me atraía conocer la propuesta (…)  me gusta esto de que me guíen en la escritura. Me parecieron súper claras las propuestas, los disparadores, los fragmentos que leyeron al inicio. Cuando escribí sentí que flui, me ayudó el ambiente que se generó, la música baja, después me gusto la intimidad de compartir al final los escritos, porque se generó un espacio de escucha, y también la aceptación de quien no quiere compartir, es una libertad”.

Josefina remarcó algo no menor ¿qué sensaciones nos dejan las estaciones? Cómo absorbemos la reducción del sol, el bajo cero, la efervescencia primaveral, los cuarenta grados a la sombra, “nuestros ánimos están distintos en cada estación y eso es interesante, las cartas de invierno fueron más introspectivas, y estas, de primavera, más para afuera”.

Qué tenemos para decir, para callar.

Cómo vivimos el punto y aparte y la posdata.

“Es una experiencia positiva ver a los demás encarar una hoja”, manifestó Clarisa, lo cual me hace pensar, perdón la infidencia, que el apreciamiento de escribir cartas quizás sea comprendido en su convergencia extraña, por la magnitud de su ausencia y por su duración potencialmente infinita. 

Por revelar belleza en una práctica casi extinta, casi condenada, casi abandonada. Por encontrarse en la tinta corrida, como el agua cuando moja la arena.

Una respuesta a “La memoria de la palabra escrita a mano”

  1. Silvina dice:

    leer estas líneas es muy satisfactorio. Apoyo y apuesto a estos espacios que colman por dentro. Saludos.

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