Los siguientes artículos sobre Las Voces del Lugar forman parte de patrimonio sonoro del programa de radio que lleva el mismo nombre. La autoría de este libro cuenta con las participaciones de:
Ernestina Balderrama
Wara Mamondes
Andrea Mamondes
Cinthya Mamondes
Silena Mamondes
Colaboración: Estefanía Cajeao – Manolo Salguero
Desde revista La Papa apoyamos la difusión de este material.
Por Amparo Álvarez Romero |
Cuando yo canto la copla
Yo la canto y la venero
Porque en ella se levanta
La memoria de mi pueblo
La entrevistadora acerca la grabación del casete Pachamama 2002 – lado A a Máxima, le pregunta si recuerda algo de ese día: —No me acuerdo (…) yo ahora no tengo mucha memoria —dice, pero con sus 83 años guarda en su interior muy vivamente muchas coplas y unos cuantos consejos para los topamientos en los jueves de comadres.
Máxima Sequeida comenzó a cantar dos años después del fallecimiento de su hermana, Geronima. Como otras copleras que leímos, Máxima también aprendió la copla en los cerros, pastoreando, allí en la montaña estaba su escuela: —Se saca de los cerros para hacer las coplas —dice. Un sábado de 2002 Máxima alzaba su canto hacia la tierra:
aleluya aleluya aquí estoy para hacer bulla
aleluya aleluya aquí estoy para hacer bulla
aleluya aleluya aquí estoy para hacer bulla
para hacer bulla x2
yo hecho mi copla al viento, mi copla y mi sonrisa
yo no se matizar copla, como otra la matiza
yo no se matizar copla como otro la matiza
-Aleluya
Creer en dios, en todos los santos y en la santa tierra. Ella con su canto pide fuerzas y valor a la santa tierra, pues no hay nada que valga más que ella, porque ella es quien da de comer: —Si ponemos una planta en la tierra sale, todo lo que hay es por la santa tierra y por el agua, el agua es la sangre de la tierra.
Y por esa tierra, por los valles, se escuchaba a los cuatro vientos «PACHAMAMA KUSIYA KUSIYA». Era la voz de Celia Segura, que a donde vaya llevaba a su Amaicha en la copla. Por muchos años Celia fue maestra en los cerros y llevó a la madre tierra en forma de canto y letra, como quien deja en otros como herencia la sangre de un pueblo para regar la tierra, para que no se seque la memoria. También Celia fue partera, madre, enfermera… ella parece entramada con su tierra, como raíz que nutre a su comunidad. Su baguala canta así:
Raíz de algarrobo, raíz de chañar
aunque se doble no se ha’i quebrar
aunque se doble no se ha’i quebrar
amaicheña soy, no hay nada que hacer
lloran mis ojos por volverte a ver
por volverte a ver.
-Raíz de Algarrobo
A este tejido de copleras que le cantan a su tierra, se suma Eva Sulca, cantora, recopiladora y escritora. En sus recopilaciones tejió coplas y tonadas de lo que se cantaba en sus pagos. Luego grabó un disco Eva Sulca. Eva si recuerda, recuerda la grabación de la copla en casete: —Ese año el 2002 fue el único que fui, con Elsa y Alejandra. Realmente llevan la herencia, yo me acuerdo que estuve ahí en la fiesta de la Pachamama —de hecho, cuenta con mucho detalle: —Después del festival de la noche yo trabajaba, no me pude quedar, trabajaba como empleada doméstica y nunca faltaba. En su memoria también guarda el día en que conoció a Felisa. Felisa, la Tucumana, era una hilandera a la que visitó en la Feria Latinoamericana en Córdoba. La historia fue así dice Celia: —La saludé, me acerqué y le pregunté si era la Felisa tucumana y me hizo pasar detrás del stan, estaba con su termo y su caja. Yo cantaba poco en ese tiempo, y me dice vamos a cantar unas coplas. Ese mismo día Felisa y Eva grabaron para Radio Nacional con otras copleras.
—Querían hacerla registrar, pero la copla nunca fue registrada, la copla es libre. Porque si registran uno ya no se anima a cantarla. La copla no se registra, se comparte.
Mientras Eva escucha la grabación del casete Pachamama – lado B, le salen unas tonadas para sus compañeras:
Amaicheña libre y dueña, libre y dueña
Amaicheña libre y dueña, libre y dueña
Felisa, Eva y todas las copleras son libres y dueñas. Libres como las coplas, porque aunque sean registradas en cintas de plástico legibles su único archivo posible es la memoria, y existe, en la historia que fue y sigue siendo contada por Eva, Celia y Máxima y todas las que cantan la memoria de su pueblo bajo el nombre de una baguala. La de Eva dice así:
Eva Sulca es mi nombre, del cerro Negro de Tejada
donde vive mi mamita, pastoreando su majada
soy de raza calchaquí, raza que adora el sol
sol que nos ha dado la vida, la vida llena de amor
ya no existe mi raza, yo digo que no es así
si mi raza no existiera, no estaríamos cantando aquí
-Baguala
*Ilustración acoplase: Carmen Ullivarri

Nació en 2005 y es tucumana. Es estudiante de la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.T. Lectora. También escribe.



