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ISSN 2684-0626

 

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DECIR LA MALA PALABRA: ENTREVISTA A DELFINA ACOSTA

Por Mario Flores |

No son pocas las notas de difusión sobre la reciente obra (y primer libro) de Delfina Acosta (Orán, 1994), haciendo énfasis en el hecho de ser la primera estudiante transgénero en graduarse en la universidad de su provincia, sobre la lucha y militancia por los derechos que afronta el colectivo LGTBIQ+, o el hecho de haber sido la primera candidata a concejal trans en su ciudad de origen. Datos que el periodismo no lector imprime en negrita y mayúsculas. Pero pocos son los espacios que posibilitan un acercamiento a su trabajo de investigación (formación de acompañantes comunitarias contra la Violencia de Género) y, más aún, su inserción en el trabajo literario mediante la participación pública y política de poner el cuerpo en la palabra. Docente y escritora, Delfina atraviesa los avatares de la realidad económica y social que le tocó pasar. Su primer libro Trava, palabra mala, editado de manera completamente autogestiva e independiente, se presenta en España en el mes de junio.

Cada vez que un libro cruza fronteras (geográficas, sociales y lingüísticas) se acentúa su carácter celebratorio, haciendo posible que el libro llegue a más lectores. La edición de Trava, palabra mala tiene como principal característica el ser una publicación autogestionada, ¿cómo fue tu trabajo entonces como autora —como poeta— a la hora de seguir promocionando y presentando el libro? ¿Cuál es el «trabajo de escritora» que sientas que tu obra merece?

Me resulta interesante arrancar diciendo que, en este contexto, la autogestión no es una etapa transitoria porque en mi caso fue un posicionamiento político en el gran mundo de la escritura. En esta primera publicación quise asegurarme de que mi palabra no sufriera los intentos de domesticación, de eso ya nuestros cuerpos conocen bastante. En algún punto como poeta —aunque me cuesta referenciarme desde esa categoría— mi trabajo de promoción es una tarea constante en la que mi cuerpo está presente, en la que mis formas de vinculación con otrxs es primordial, pero sobre todo en qué sentidos quiero poner a reflexionar con mi escritura; por eso pienso que “promocionar” este libro es, en realidad, sostener el vínculo con quienes me leen y con quienes me rodean. Por ahora, con más de 400 libros compartidos, puedo reconocer los circuitos en los que anduve y eso es importante para mí, ya que ese público es travesti trans no binarie. Trava, Palabra Mala lo que merece es que no se la separe de la vida, de esa vida travesti indígena que yo vengo a proponer. Para mí no se trata solo de vender ejemplares, sino de construir espacios de escucha y, sobre todo, de poder escribir sobre nuestras vidas compartidas. Reconozco una tarea en hacer que «Trava, palabra mala» sea una herramienta de reencuentro para mis hermanas travestis.

¿Cuál crees que es el aspecto (o problemática) más importante a la hora de acercar una lectura poética y política de autores de nuestra provincia (Salta) a diversos países y continentes?

Es un desafío constante poder llegar a otros territorios, más teniendo en cuenta nuestras particularidades travestis indias, y también en torno a las formas de explicar lo situado y lo territorial. Cuando un libro cargado de una política sexual-identitaria-territorial específica se traslada, el riesgo es que lo «político» se desdibuje en una suerte de exotismo —que por suerte no sucede con esta primera publicación— y que pierda sentido. Por el contrario, encontré respeto, escucha atenta y posibilidades de hacer en mis visitas a otros lugares. Tal vez uno de los desafíos sea poder lograr que quienes me leen, en otros lugares, no lean mis escritos como un objeto de estudio o un relato ajeno, sino como una tarea de espejismo. Es verdad que también mi interés particular está en llegar a comunidades cercanas y que abrazan al travestismo pero que también a veces nos toca soltar para otras personas a quienes yo llamo «el resto del mundo».

Autoras y autores de la provincia de Salta suelen participar habitualmente en convocatorias provenientes de España, pero son pocos quienes han podido presentar allí, ¿se trata de un destino ansiado por la industria editorial? ¿Cuál es la antesala que ha permitido llevar tu libro a nuevos territorios?

España ocupa un lugar mitificado en el imaginario editorial argentino, como una especie de «llegada» legitimadora. Sin embargo, en mi caso, el destino no es una meta dictada por la industria, sino más bien el resultado de las redes que pude construir. Al momento de esta entrevista, me encuentro presentando el libro en Euskal Herria, que en sí mismo significa una apuesta política, ya que no “vine a España”, más bien a un territorio que ofrece particularidades en cuanto a la resistencia y que aún lucha por la Independencia del Estado/Nación Español. Y este reencuentro es crucial porque se gesta gracias a la invitación de Bilgune Feminista, una organización cercana en tanto posicionamientos políticos con mi libro. Por eso, reconozco que mi antesala no fue una búsqueda de un mercado específico, sino la construcción de una red de complicidades políticas; es decir, mi libro llegó a estos territorios porque los temas que atraviesan mi escritura —la memoria, la identidad, la defensa del territorio— son urgencias compartidas.

Para continuar con el concepto de territorio, no quiero dejar de decir que sos una autora emergente (con un primer libro) y que no provenís de grandes capitales (urbanas y/o culturales) que suelen entenderse en el ‘mundillo’ literario como conveniencias a la hora de dedicarse a la literatura. ¿Hay ahí un trabajo de campo que has hecho un nexo entre la militancia y la literatura?

Como lo decía en otras conversaciones contigo, es crucial entender este proceso de escritura como un acto de artivismo político constante, yo principalmente no creo en las líneas divisorias y pues no veo una línea divisoria entre mi militancia y mi literatura; la escritura es, de hecho, una posibilidad de construir comunidad travesti indígena, de reconocernos, de abrazarnos, de enojarnos. Yo no provengo de los grandes centros hegemónicos, más bien nací en Orán, una ciudad fronteriza y periférica cargada de marginalidades e “ilegalidades”, pero también completa de historia y de memoria de la cual me hago cargo para reconstruir y nutrir mi voz. La travancestralidad, el sentipensar que moviliza mi vida es esencial para poner comprender no sólo las formas de reproducción de la vida, sino también, porque nosotras travestis hacemos lo que hacemos. Mi escritura no habla de observaciones de lo que no es propio, sino desde un territorio que habito; y en ese sentido los activismos me entregan las urgencias, y la escritura un lenguaje para poder generar acciones, transformaciones y poder pensar nuevas posibilidades de hacer en este mundo ya agotado.

El periodismo cultural suele terminar con consignas: «qué será lo nuevo, cuál será el próximo proyecto», cuando aún se sigue difundiendo esta publicación inaugural. Aunque hace mucho tiempo que venís escribiendo, ¿sentís una presión por parte del libro ya impreso y lo que deviene del mismo (presentaciones, críticas, lecturas)?

Yo no me siento presionada por escribir o no hacerlo, esa es una respuesta natural a un sistema que constantemente nos está exigiendo productividad. Yo escribo desde mi vida colectiva y desde mi tierra: no me preocupa el mercado publicitario. Incluso esta primera publicación son sólo vestigios de un proceso de sentipensamiento que lleva años ya. «Trava, palabra mala» es apenas un pedacito en un proceso de pensamiento que lleva años, y mi compromiso está en crear narrativas en pos de la defensa del territorio. Hacia ahí voy con mi proceso creativo, repito, no con las expectativas que tiene el mercado. Como dije otras veces no sé qué sucederá más adelante -o sí-, tal vez el próximo proyecto tenga que ver con seguir habitando mi propia historia y memoria. Aunque confieso que estoy trabajando en un proyecto sobre el amor, el sexo y otras formas de vincularnos entre lo humano y lo no humano.


Delfina Acosta nació en Orán, provincia de Salta, en 1994. Es comunicadora social, docente, diplomada en Formación de Acompañantes Comunitaria/os Contra la Violencia de Género. Su primer libro de poesía, Trava, palabra mala fue presentado en la Feria del Libro de Salta.

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