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ISSN 2684-0626

 

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UN RETIRO ESPIRITUAL Y LÍRICO: ENTREVISTA A PAULA MARÍA WYNNE

Por Mario Flores |

Hay libros que llevan tiempo; su lectura es paulatina, adjetivo de la mesura y desmesura, pero también de la experiencia novelística que supone. Entre Mudanza de Alejandro Zambra (2003), Viaje a Lituania de María Belén Aguirre (2009), con Ártico de Mike Wilson (2017), La tarde de los profetas de Juan Revol (2018), hay un elemento estrella que repercute en los capítulos que terminan siendo órganos de criaturas disímiles mas no huérfanas. Lo que pasa en las cuatro partes que componen Cívica de Paula María Wynne, es una resonancia de aquella relación referencial de la novela hecha de versos. Sirve, entonces, la palabra cuaderno para ilustrar esta serpenteante voz testigo que boceta su propia novela montaje. Quizás ahora lo más frecuente sea el relato que apenas se esboza o su contrapartida, el verso en el que mucho se dice pero nada sucede. La otra palabra clave para entender este libro pensado como una novela pero que sigue siendo —cómo dejar de serlo— un libro de poemas, es el canto: “Sin tiniebla, no hay experiencia sagrada de la luz, y nosotros, los corderos, renacentistas, tomando notas”. Y la diferencia sustancial entre los libros trama única en fraseos pareados y estos cantos manuscritos en cuadernos, es la siguiente. el poema cincuenta y nueve revela una terminología propia para atisbar la sinopsis de este vínculo entre lenguaje de la novela y el apalabrar el cántico. “Una relación corazonoespinoide”. Quizás sea la sensación predominante al leer la poesía de Paula María Wynne que, sin recaudo, invoca las letras: “Literatura que la parió”.

MF: Diez años atrás, Pablo Espinoza (de Almadegoma Ediciones —Jujuy—, junto a la editorial 27 Pulqui —Buenos Aires—) había encarado un ambicioso proyecto a largo plazo que consistía en mapear la República Argentina a través de una serie de antologías duales (dos provincias por tomo) que dieran cuenta de la poesía contemporánea en clave federal (con los reveses y problemáticas de lo que implica el concepto «federal»). En el primer tomo, Columna Norte (compuesta por cinco autores de Salta y cinco de Jujuy), aparecen publicados seis poemas de tu autoría, firmados con otro apellido, sin títulos. Dos lustros más tarde, y con otros dos poemarios y varias participaciones en antologías físicas y digitales, aparecen los cuadernos de Clarice Videncia, no como un libro más para el currículum, sino como la suma (y cima) de una compilación que reúne poesía, edición y obsesiones visuales. En este tiempo, y antes de la publicación de CÍVICA, ¿qué hubo entre las lecturas —descubiertas y reencontradas— y el guardar escritos que un día tal vez serían publicados?

PW: A Cívica comencé a escribirlo en 2013 y, desde ese inicio, ya tenía el nombre del libro como concepto ordenador o idea base. Lo escribí manuscrito en mis cuadernos, dentro de mi rutina de escritura —semidiaria, con paradas— entre 2013 y 2019. Del 2021 al 2023 retomé esos cajones de cuadernos, seleccioné y pasé a la PC, y comencé un trabajo de corrección más intensivo, de reescritura, de lectura en voz alta y escucha, en una recurrencia semi infinita. Los poemas son cantos, entonces requieren ser cantados y re-cantados (en la lectura, en voz alta, como trovadores), se corrige con la escucha y se va perfilando conceptual y estéticamente la unidad del libro. Parece una compilación, pero no lo es: son cuatro capítulos de una novela. No son cuatro libros reunidos, cosa que puede parecer por lo gordo del volumen. La novela es gorda, en extensión. Me gustó siempre de Tamara Kamenszain la idea de la novela de la poesía; entiendo a mi poesía como bastante narrativa también. Cívica es una novela o, como me gustaría que sea leída también, una novela compuesta de poemas. Suma y cima, retomando tu feliz expresión. Respecto a dos lustros atrás y el cambio de nombre, es un largo movimiento identitario mío. Soruco es mi apellido paterno, con el que fui inscripta; Wynne es mi apellido materno. Mi madre era poeta —inédita— y gran lectora de poesía, activa, siempre curiosa. En la rama familiar Wynne se puede ir saltando generaciones para atrás y en todas hay alguien con una gran biblioteca. Entonces me pasaba que me parecía que mi lado poeta era preeminentemente Wynne. Ya había decidido, entre ILOB mi último libro como Paula Soruco) y Cívica, que en este cuarto criaturo me llamaría Paula Wynne. En el 2021 murió mi madre: el mundo se me puso patas arriba, los astros se acomodaron y este proceso del nombre se volvió legal, inició un proceso en el que un juez falló a mi favor y mi nombre del DNI se volvió Wynne Soruco, con al apellido materno en primer orden. Me pasaba que en el nombre Paula Wynne (volviendo al nombre como autora) sentía que dejaba afuera a mi padre, con quien tengo la mejor relación, otro artista y director de teatro, enorme influencia también en mí. Entonces elegí un nombre mío que también lo presente a él: Paula María Wynne, en el María está mi padre. Entonces ahí en PMW estamos los tres.

La aventura riesgosa de la edición literaria comprende un procedimiento técnico y creativo, también económico, que puede no ser difícil de inaugurar pero sí de mantener (son más las editoriales independientes que se funden que las que se fundan). ¿Por qué 22 Vientos? Más allá de tu libro como primera publicación, ¿qué laboratorio creativo es el que unió la palabra con la ilustración, la dirección de un sello nuevo y la decisión de que esos textos fueran publicados de tal forma?

Es “22 Vientos” por el año 2022, por El Loco (22), el Joker o, mejor, El Trovador. Vientos viene de Wynns… un juego con mi apellido, porque entre los proyectos a editar está la poesía inédita de mi madre. Entonces ya de origen tenía dos autoras de apellido Wynne en nuestro catálogo. Fue medio ‘eureka’: 2+2 Wynns, algo sobredeterminado también. La aventura económicamente riesgosa de la edición literaria, qué puedo decir, di un pasito, preveo otros: a lo sumo, tampoco tengo nada que perder. Es una editorial de Poesía y Artes Visuales, Dibujo y Fotografía. Tenemos algunos proyectos en carpeta de todo esto. Esta es mi primera publicación, me refiero a Cívica, como ilustradora.

Hay cuatro capítulos en el libro, y cada uno se corresponde con ilustraciones que también son de tu autoría: una serie de uróboros y secuencias serpenteantes que forman nudos y geometrías. Son 176 páginas, algo no sencillo de «ornamentar» con cualquier tipo de dibujo. ¿Cómo convive la relación entre ilustración y palabra, y lo que surge en el resultado final?

Nudos y geometrías con serpientes. Como dibujante, dibujo serpientes desde que tengo memoria: más las exploro, más me parecen infinitas, lineales y, a la vez, con un plano de textura en su diseño, en su piel, vivas, reptiles, milenarias, que mutan y cambian de piel. También el libro tiene mucha mención e imaginario de serpientes. Arrimé todo lo que tenía de mi poesía y dibujo de la última década y todo estaba trenzado como uróboro. No conocía esa palabra, la busqué por tu pregunta.

«Yo soy discreta, no me gusta hablar de mis cosas», dice un verso de la primera sección: algo que (en un poema) cae mal en la era contemporánea de literalidad y autorreferencia constante, ya que hay momentos de gran silencio y respiración en estos poemas. ¿Cómo lees (y desde dónde) la escritura de esas cosas nuestras hoy en día, la escritura que revela o enmascara? ¿Qué voces te interesa rescatar en este momento?

“La escritura de esas cosas nuestras”, me gusta cómo lo decís, muy Hebe Uhart. Cómo se cuela o se decanta en lo que se escribe, lo que se nombra e imagina, esas cosas de verdad con v minúscula, de nuestras vidas ordinarias —digo los poetas—, son nuestra materia prima, nuestro barro, y sumale todo lo que leemos. Es la poesía misma como gran Espíritu o Río, a través nuestro, o continuándose en nuestro cantar. Los poetas somos salmoncitos saltando o participando con nuestras humildes voces en ese Gran Canto humano que se canta desde hace miles ¿o millones? de años. Cómo se mezcla nuestro cotidiano con ese Río de la poesía del que bebemos quienes, como yo, además de escribir (e incluso antes de escribir) amamos leer poesía. Revela & Enmascara, esa es la danza, claro. Qué voces me interesa rescatar, primero las de Joaquín Gianuzzi y Libertad Demitrópulos: estoy fascinada de que esas dos grandes obras, poética completa de él y narrativa en la vida de ella, se hicieron en Campo Quijano, acá nomás. Ellos por nombrarte en quiénes pensé primero, pero me interesa la obra poética que se produce en nuestra región y también la universal o canónica de los grandes nombres, me interesa la poesía como un Todo, aunque ese Todo sea inabarcable.

En la tercera parte del libro aparece una pregunta precisa y necesaria: «¿Por qué esta oveja negra encuentra tantas ovejas blancas?». Y esa pregunta cierra el poema. ¿Qué representa escribir la oveja negra en un contexto social de obsesión patente con la blancura y la adecuación?

¡Contradicciones!, son esas preguntas filosóficas del hacer cívico, ser y estar como ciudadanos, personas pero en estas ciudades concretas, en la tensión entre almas libres y sensibles, en cuerpos que también tienen responsabilidades y trabajan y se cansan y se reproducen y toda la vaina, preguntas que nos van surgiendo en los días, por ser y estar nomás. El libro tiene bastante de eso.

¿Qué nuevas publicaciones son parte de la visión del sello, y que puedan dialogar con este nexo entre dos disciplinas?

Tenemos en carpeta dos libros de poesía ilustrados —uno ya ilustrado, el otro por ilustrar— y uno de fotografía. Más no se puede contar, ojalá más prontísimo que pronto podamos dar a luz esos nacimientos. 

Es bien interesante el concepto de canto, y la necesidad de que todo texto pase la prueba de leerse en voz alta, y la conformación de un libro como arte conceptual (no poemas sueltos sino una novela en verso), ¿qué podrías contar acerca de este proceso creativo que partió de una idea base y que continuó hasta formar, como dijiste, un criaturo?

Libros que fueron cruciales para mí, en esos años y durante la escritura de Cívica: El libro del desasosiego de Pessoa. En 2013 con dos amigas nos juntábamos los jueves a leer en voz alta a Pessoa, esa lectura en círculo, ese ritual, hizo una fuerte huella en mi escritura. El primer capítulo es “Pessoita salvanos de que no hay salvación”. Quienes recuerdo ahora de esos años: Diana Bellesi, José Watanabe, Raúl Zurita, Cesare Pavese, muy especialmente también, el título del tercer capítulo del libro (“El amor cansa”) viene de su magistral poema: “Trabajar cansa”. Personas que leyeron el manuscrito antes casi no hubo… Como poeta, soy o fui, sigo siendo, absolutamente gregaria, yo comencé a escribir y publicar en los 2000 en Córdoba Capital, donde estudiaba y viví nueve años. La dinámica en esa ciudad grande en una década potente para las Editoriales Independientes y la movida literaria, poética nacional, era como una gran ola. Tenía una agenda movida en esa década, con lecturas en recitales de poesía muy frecuentes, muy concurridos: ví una generación -o un movimiento- pasar de Naciente a Creciente sostenido, un movimiento de poetas, narradores, editores, lectores. Yo colaboraba con la Editorial La Creciente (de Luciano Lamberti, Alejo Carbonel y Alejandra Baldovin) haciendo la fotografía de tapas. Participaba de un taller de escritura, dictado por Federico Falco y Luciano Lamberti, taller que fue usina de poetas y escritores. También dicté un taller, en mi facultad de psicología, etcétera. La poesía era una cosa absolutamente gregaria, social, amistosa para mí, con mucha gimnasia de la presentación en público, a veces con grandes audiencias, cosas que todavía me sorprende haber vivido. Mis primeros tres libros todavía tienen mucho de esa dinámica entre Córdoba y Jujuy. No así con Cívica: en este libro la fase de corrección y mi método de cantarlo y recantarlo fue durante la pandemia y post pandemia. Además estaba de puerperio, con mi hijo recién nacido, vivía cerca de Campo Quijano: Salta era una ciudad nueva para mí, sin muchas relaciones ni amistades. Mis amistades poetas con quienes hubiera tenido el vínculo para compartir y ensayar mis poemas estaban en Jujuy. Así que todo era el monte, leer y corregir en mi patio los poemas impresos, con los árboles, mi perra y mi bebé de pecho como oyentes, una confección menos gregaria de base que otros libros. Fue un periodo más solitario, en mí, en mi vivirlo, un retiro espiritual y lírico.


Paula María Wynne nació en Jujuy en el año 83′, hoy vive en la Ciudad de Salta. Es psicóloga, neuropsicóloga y a veces fotógrafa. Publicó los libros de poesía: ILOB (Coedición de Black&Vermelho y Perro Pila, 2011), Cornisa (Editorial Llanto de mudo, Córdoba, 2008) e Illinois (Editorial La Creciente, Córdoba, 2005). Participó de numerosas Antologías, entre ellas, 30.30 Poesía del siglo XXI (Ed. Municipal de Rosario, 2013) y Poetas argentinas 1961-1980 (Compilado por Andi Nachón, Ediciones del Dock, 2008), entre otras.

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