Por Gabriel Gómez Saavedra |
Muchas veces, para representar la volatilidad del amor y de la infancia, la claridad de un pétalo resulta inadecuada, especialmente, cuando llega a nuestros sueños más inquietantes como arrimada por el aleteo de un murciélago. Entonces, el despertar, es el descubrimiento de que el corazón es un nido de fantasmas, hace mucho tiempo; fantasmas que aúllan su hambre en la noche, pidiendo ser alimentados con esperanzas para ir intensificando el tono de nuestra sombra cada vez que intentamos pararnos bajo el sol.
Ezequiel Villarroel, autor jujeño dueño de una obra tan amplia como versátil, elige para estos poemas la trama de lo fantasmagórico y los moja con una luna cuyo líquido trasvasa desde la copa del romanticismo a la del gótico, con tal experticia, que cada imagen, aun contaminada por las lápidas de las pérdidas, viene al lector levitando con una suavidad, tan precisa, que logra sortear cualquier tentación por regodearse de autocomplacencia o dramatismo. Así, amor e infancia en estado de vacío son, ni más ni menos, esa niebla a través de la cual se filtra la luz del amanecer.
Aparición
Aunque no siento tus pasos
puedo percibirte en el aire.
Los árboles se agitan en torno a tu esencia
las flores se adhieren a tu piel
y la luna le da forma a tu vestido.
El paisaje que nos rodea se marchita
y se adapta a tu ser
a tu existencia.
La persistencia
La luna nueva asciende
imperceptible
sobre la ciudad
y alumbra al fantasma
que se acuesta a mi lado.
Un amor que apareció en la infancia
y dejó de crecer un día
devorando mi ingenuidad.
La bruja santa
Sombra blanca resplandeciente
digna de adoración
como una bruja sagrada.
Mis pies dormidos se arrastran en la tierra
mi lengua recoge la saliva agria de tu boca
y baja por mi garganta.
Tus alas me cubren de la noche
y tus garras se hunden en mi carne
mientras oigo el susurro de los muertos.
Luto animal
Su boca susurra a través del viento
y el velo oscuro se descompone en la luz
en sus ojos ya no hay fuego
solo el placer ausente del crepúsculo
los animales de la noche se hunden
en los pantanos de la memoria.
Sus brazos fríos se aferran a mi cuello
como dos víboras de luto
y detienen la madrugada
junto a mi respiración.
Ruina interior
Mi mente es como una casa llena de fantasmas
la invaden susurros detrás de las paredes.
Mi vacío se cubre con tu sombra
y tu presencia se acopla a mi abandono.
Has hecho esto de mí
un lugar oscuro y solitario
donde los muertos regresan
y ya no se van.
Ezequiel Villarroel (San Salvador de Jujuy, 1983) es profesor en Letras y Artes Visuales. Publicó, entre otras obras, las novelas Una canción punk (Antipop Editorial, 2023) y El Pater, 1° premio en el VIII Certamen Provincial (Secretaría de Cultura de Jujuy, 2026). También los libros de poemas Libro de lluvia, premio provincial Néstor Groppa (Secretaría de Cultura de Jujuy, 2015); Casa rodante, 2° premio en el II Certamen Literario Provincial (Secretaría de Cultura de Jujuy, 2019); Usagi, becado por el Fondo Nacional de las Artes (Cuadernos del Duende, 2020); y 3-70, 1° premio en el Concurso Regional de poesía 2022, organizado por la Secretaría de Culturas de La Rioja (Falta Envido & Plano Editorial, 2024).

Concepción, prov. de Tucumán, 1980. Publicó la plaqueta Huecos (Ediciones Del Té, 2010), y los libros Escorial (Editorial Huesos de Jibia, 2013), Siesta (Ediciones Último Reino, 2018) y Era (Falta Envido Ediciones, 2021). Entre otras distinciones, ganó el Premio Municipal de Literatura San Miguel de Tucumán – Género Poesía (Región N.O.A.) y fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes como becario del programa Pertenencia: puesta en valor de la diversidad cultural argentina.



