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ISSN 2684-0626

 

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Okey, Félix de Valentín J. Monroy: Entre el aprendizaje y el delito, una lógica de su funcionamiento en la sociedad contemporánea

Por Liliana Massara |

…sigo pensando que el mundo es una selva de signos.

Más desencantado todavía de la ley de lo que

entonces podía imaginarme, sigo pensando que la

función del género pasa (y de ahí su interés) por las

formas que intenta resolver la contradicción social.

Daniel Link.

Me encuentro con una nueva producción en el género novela, Okey, Felix (2024) de Valentín J. Monrroy, publicada por Gerania, Editorial autogestiva de Tucumán.1

Respecto al género, Milán Kundera,2  reflexiona  acerca de algunos aspectos que recordé, lo que me produjo un interés especial a la hora de leer esta nueva producción tucumana; sin afán de comparación con la tremenda novela de Kundera, La insoportable levedad del ser (1984), texto prohibido por algunos años donde la condición humana, las relaciones, las traiciones políticas tienen dobleces imprevistos; recapacité acerca de este multifacético autor checo que supo decir que una novela “busca y plantea interrogantes […] tampoco sé cuál de mis personajes tiene razón […] la estupidez de la gente es buscar respuestas para todo […]”, en consecuencia, lo que importa en el lugar protagónico de esta novela: ¿es encontrar respuestas en el accionar del personaje de Félix? Sí Importa razonar cómo enfrenta su vida con todas las contradicciones que el ser lleva por el universo, pero sin respuestas y menos absolutas. Agrego del autor checo: “la gente prefiere juzgar a comprender, contestar a preguntar…”, pero es que Félix como tantos otros sale al mundo, lo afronta, lo encara, tal vez como un reto a ese misterio de incertezas que lo espera post-adolescencia; al respecto Kundera dice “la voz de la novela apenas puede oírse en este estrépito necio de las certezas humanas”. No las hay ni en la literatura, porque si las hubiera, se acabaría hasta el mismo proceso creativo.

¿A caso Félix tiene razón en sus actos y decisiones? La verdad es que al leer la historia pensé en cómo es lidiar hoy con este mundo tan diferente al de mediados del siglo XX.  En principio me detuve, dado mi perfil de lectora a observar su escritura, su prosodia, su construcción, las pausas en el hablar de los personajes; todo ello, más la transparencia de la lengua, el manejo de la espontaneidad rítmica, la manera cómo el autor va desarrollando, engarzando y anclando en los hechos; muestra un trabajo responsable que además, consigue darle movilidad, agilidad, para que el lector avance y quiera continuar, reafirmar, consolidar la trama de historias que van tomando cierta solidez y a la vez la tendencia precisa a detenerse sobre algunos personajes más que en otros.

En el inicio, al abrir las primeras páginas, están presentes unos “Apuntes de lectura”; abrevan de nutrientes al lector cuando comienza a leer la novela de Okey Félix que, además, posee una lograda portada. Son notas breves, al parecer, un paseo esquemático y reflexivo previo que ofrece un conjunto de ideas fundamentales a modo de prólogo, base sólida e interesante a través de la cual el “lector visitante”, puede atreverse a realizar variantes interpretativas, y probablemente, encontrar otros sentidos en el discurso de Monroy.

La novela es narrada por un ‘yo´, Félix, que va soltándose en una apertura constructiva que no deviene autobiografía, sino, novela autobiográfica donde sus ojos miran a distancia con otra voz y otro modo de ver desde su presente trozos del pasado porque la memoria posee la capacidad autorizada de revisar los hechos; por otra parte, los pensamientos entre personaje y  escritor, indudablemente conectados entre sí, seleccionan, prueban en el proceso ficcional de construcción de su autor con el principio de modelar en términos literarios; el escritor selecciona, transforma, y hasta se permite cambiar ese mundo, según el tiempo presente y el lugar desde donde enuncia. No nos circunscribamos en que leemos la vida de Valentín Monroy, sino, nos instalemos en el armado que Monroy hace de Félix y de los otros. Importa el proceso y el resultado, no una verdad., aunque la haya, probablemente.

 En este texto se narra la vida de unos jóvenes, ya terminando la secundaria. Una vida antes y después del viaje a Bariloche, que como todo viaje preanuncia transformaciones y búsquedas, también libertad.

El principio es el fin de la secundaria y el inicio del recorrido de la vida de Félix, protagonista que comienza a trabajar en una empresa de turismo para viajes de “fin de curso”. Allí se van engarzando experiencias diarias junto a cierto pasado familiar, peculiar por cierto, un entronque con los progenitores, con una cotidianeidad crítica, con una madre que regresa luego de la pérdida de la abuela, a lo que se van sumando nuevos vínculos sociales para nada sencillos.

Ser coordinador implica viajes, aciertos, fracasos, ilusiones de ventas, desencantos, inquietudes y nuevos desafíos. Así comienza la carrera vital de Félix, relaciones con otros que no se sabe si devienen en mejor destino; ir veloz, sin voz de alerta interior puede significar riesgos u oportunidades, pero no siempre los aprendizajes reconfortan; el camino de Félix va desviándose, puede conducir al error o no, pero de ese modo aparece el concepto del libre albedrío: elige llegar a una meta y puede ser magnífico pero el proceso de cómo llegar a ella es la cuestión; los obstáculos alrededor del círculo social ; el vínculo con su amigo Morán, “un  transa conocido”, los otros rostros que lo rodean de identidades diversas generan una historia inquietante a la vez que amenazante debido a las prácticas sociales que resuelve elegir Félix.

En su estructura, la novela está organizada en capítulos y en secuencias numeradas con un orden temporal lógico que en determinado momento de la narración se fractura para engarzar el pasado de un amor con el presente desbordado de infracciones y delitos con los que se relaciona.

En ese transitar, hay una filosofía peculair de la existencia,  una condición humana de donde aflora un inconsciente de sombras inevitables por la selección de vida que se pone en marcha. ¿Cuál es la mejor cara de la vida? El sujeto que se prepara a vivir en busca del don del bien; o ese sujeto tentado a otras posibilidades de índole material que le ofrece “el don” de obrar mal? El desafío es obtener con inteligencia cierto poder, ciertas garantías económicas, a pesar del desorden legal en el ámbito tremendo de la droga; el imperio disidente entre los “dealer” y los “transas”; nada se ve con claridad o sí, pero el objetivo son los resultados. Félix está aprendiendo y resolviendo si va a caminar por la claridad o por la oscuridad que le ofrece el mundo. Esta es la cuestión primordial por la que la novela responde a las categorías de novela de iniciación y/o  de aprendizaje dentro de  un régimen que rompe con las leyes establecidas por la sociedad. Sin embargo,  Félix, sorprende pues es alguien que aún rescata el valor de la verdad, más allá del estado en que ésta sea visible o no:

“Comenzó a correrse la voz de que había una vía para pertenecer y un facilitador, no un transa, no un delincuente. Facilitador, ese era yo” (p.45)

“Okey, Félix. ¿Podrías decirle la verdad? ¿Cuál verdad?

En los Salesianos había aprendido que la verdad era un valor sagrado, invisible y pleno. La verdad siempre es buena, aunque te maten por decirla” (p.49)

El espacio narrado tiene voz coloquial, diálogos cifrados a veces, lengua con términos populares; la lengua es huella del lugar, de lo tucumano, con determinada jerga propia del ámbito por donde se mueven los personajes, además la “palabra situada” conforma un escenario tucumano, sin dar detalles o descripciones detenidas, solo nombrando. Violencia social, enfrentamientos, prácticas mafiosas que instaura el poseer marihuana, a lo que se suma un tono de humor, creo que buscado por el narrador; los personajes proceden como calcomanías del actual siglo XXI:

“Miguel el Zombie Fariña, jefe de la barra brava, había sido emboscado por alguien que estaba todavía más arriba, porque su hermano mellizo, Martín el Querubín Fariña, se había cogido a quien no debía.

El Zombie había intentado arreglar las cosas con el poderoso ofendido, pero como respuesta a su buena voluntad recibió una paliza de antología que lo mandó a la terapia intensiva del Padilla.” (p.41)

Un submundo donde bordea la delincuencia; maneras de vivir al margen de la ley, en donde la paradoja es la ley misma. En ese camino de aprendizajes fronterizos con la ley hay maestros adultos que  obedecen a sus propias ambiciones y que se preocupan solo por el engarce de la cadena humana a fin de la continuidad con mayor o menor violencia, con traiciones, sin ninguna solidez pero con la meta en lo material, vía neoliberal.

 Aparece en ese ámbito oscuro, la excepción de algún idealismo ficcional de índole emotivo: un Félix que también se enamora, pero con la inseguridad o incerteza de cómo enfrentar las identidades sexuales, en una realidad en la que se es parte por elección propia y por contradicciones que no sabe cómo arbitrar.

En estos ámbitos, el vínculo es y parece ser el desapego, pero en el caso del amor filial; el vínculo estrecho con su hermana es para Félix un don preciado, escenario donde hay una carga de fragilidad y culpa que se produce mediante el tono que va asumiendo lo narrado. Está  presente la evidencia necesaria e indefectible del amor, manifiesto en el capítulo: “Historia de dos amores”, capítulo puente que moviliza las emociones interiores y donde el trabajo escriturario apela a  la alternancia de los tiempos entre un pasado de ilusión y un presente real que desglosa los sentimientos y los mezcla con esa realidad en la que hora Félix es un instrumento de esa orquesta marginal que debe/quiere continuar conduciendo.  

Ante una natural obsesión por las denominaciones  que los críticos buscamos para que la literatura nos provea a partir de la lectura, convine dejar puertas abiertas a otras posibilidades del género, sin embargo, considero, como lo anticipé, que el recorrido por donde se encamina este texto tiene anclaje en la categoría de novela de iniciación o de aprendizaje, en la que ingresa otro espacio narrado, nudo central de los conflictos que se suceden, sumando la perspectiva de “novela juvenil de delito”, otra posible categorización que tensa el género y le permite expandirse por otros lugares, según hasta dónde cada lector conduzca su lectura a partir de la imaginación creativa de su autor.

Hay en la novela un significante que nos representa como sociedad. Es la escritura del recorrido de un joven en “zonas” de San Miguel, con “faltas civiles” que intenta recomponer, con derrumbes morales, con determinados excesos que pueden, tal vez, quedar atrapados en un laberinto o encontrar una salida.

Un discurso que por momentos declama cierta inocencia de la edad en su hacer y en la pulsión con que se entrega. Monroy, además de buscar el efecto de provocación en del lector, busca su estilo y algo en el orden del saber a través de los hechos, o sea, mostrar y decir cómo está funcionando este mundo, siglo XXI, transparentando una literatura donde el carácter real de la ficción novelesca embiste al lector.


  1. Entendido el texto como un bien cultural, quiero destacar el diseño de portada a cargo de Nacho Jurao y el de fotografía por Gunnar Ridderström. Logran cierta exquisitez hasta en el tono elegido. Hacia el fondo un caballo, animal que transporta energía, fuerza, libertad, pero aquí permanece en su quietud, tal vez pensando en cómo superar obstáculos, lo que me remite a pensar en el personaje, en el control de sus propios impulsos; tal vez sus reflexiones internas atestiguan que lo hace, dada la fuerza vital de la edad del personaje protagónico y de sus acciones. ↩︎
  2. Conversación entre Philip Roth y Milán Kundera, Londres y Connecticut, 1980. ↩︎

Valentín J. Monroy nació en San Miguel de Tucumán en 1989. Estudió Psicología y Filosofía en la Universidad Nacional de Tucumán. Entre 2012 y 2015 participó de los talleres de narrativa del grupo Ampersand, coordinados por Hebe Uhart, Samanta Schweblin, Federico Falco, Eduardo Muslip y Juan Terranova, entre otros. Integró la Antología 40° Narrativa Tucumana Contemporánea (Blatt & Ríos, Buenos Aires, 2015). Okey, Félix (Gerania, 2026) es su primera novela.

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