Por Elizabeth Soto |
—Ah, ya has vuelto.
—Sí
—¿Ha sido aburrido?
—Sí
—¿Te has puesto enfermo?
—Sí
—¿Has traído unas notas
a las que no encuentras ni pies ni
cabeza y te has dado cuenta de
que te olvidaste de hacer todas
las preguntas importantes?
—Sí.
Nigel Barley
—¿Te animás a hacer una crónica de la feria? —me preguntó Pablo Donzelli y, sin pensarlo demasiado entre los ruidos del pasillo de una feria repleta, acepté. Pasé días sumergida en dudas sobre cómo comenzar, fue ahí cuando recurrí a mis libros preferidos de crónicas de viajes como lo son: Diario de Moscú de Walter Benjamin y El antropólogo inocente de Nigel Barley, donde los viajes son un desafío de aprendizaje, reencuentros, reflexiones y situaciones inesperadas que embellecen el camino.
La 16ª Feria Internacional del Libro de Santiago del Estero se realizó del 30 de septiembre al 4 de octubre de 2026, la invitación a participar nuevamente llegó el 8 de agosto por Ignacio Ratier, gran gestor cultural santiagueño, que reiteradamente propuso un corredor de editoriales del norte. Inmediatamente amigxs editorxs confirmaron la asistencia, iniciando así un reencuentro tan esperado y necesario en estos tiempos.
Preparativos
Este fue el primer viaje que emprendí completamente sola, sin compañeras, sin miedos, sin incertidumbre, y sabiendo que iba a vivir jornadas extensas pero acogedoras. Lo primero que preparé fue el material para llevar, libros, postales, fanzines, etc. Luego pensé en cuestiones laborales y de estudio. Y, por último, dejar ordenada mi casa y encargar el cuidado de mis mascotas a mis hermanxs.
El camino
Comencé el viaje un día martes a la noche, hacía frío y mi hermana me acompañó hasta la terminal de Palpalá. Fue un día largo, ya que di clases hasta un rato antes de subir el colectivo. Dispuesta a dormir durante todo el viaje, me arruinó los planes el llanto de un bebé y el frio extremo del colectivo. En la madrugada, sin poder dormir, viendo la oscuridad profunda del camino, las tormentas distantes, el brillo de pequeñas ciudades, leí: para los muertos que todavía no murieron/ para las aves heridas que habitan un plumaje ensangrentado/ “inventé una canción que cantaba sola/ una canción sin palabras que al final me produjo tristeza”/ ser parte de ese pájaro herido que grita una herida abierta.
La llegada
Terminal de Santiago del Estero, hotel, feria del libro. Cuando llegué y vi el espacio que me había guardado Pablo Espinoza, de Almadegoma ediciones, me volví a sentir en Jujuy, con amigxs. Nuestro sector de editoriales independientes se fue completando con María José Bovi y Sol Osorio de la editorial Monoambiente (Tucumán), Víctor Aybar y José Astrada de la editorial El guadal (Catamarca) y Ludoviko Cortés Romero de Poesía de miércoles (Misiones). Improvisando una mesa de plástico plegable, muchos, muchos libros, una fila de silla, termos de mates en contrabando (ya que no se puede tomar mate en las instalaciones de la feria), panificados, chismes, chistes y chequelibros.
Días de feria
En tiempos de violencia, discursos de odio, crisis, y un gobierno que intenta debilitar a la cultura, habitar espacios colectivos alternativos es sumamente importante, y más aún si esos espacios se comparten con personas que transitan los mismos caminos desde sus propios lugares de residencia. Y, encontrarnos desde un abrazo, desde las charlas, desde el mate, desde la lectura compartida, es meramente la victoria.
Los días de feria fueron muy largos, desde las 9 de la mañana hasta las 12 de la noche los fines de semana, con grandes caudales de personas de todas las edades, con niños queriendo canjear sus chequelibros (política cultural de la provincia), con múltiples presentaciones simultáneas, pero se armó un gran equipo divertido que fue rotando los horarios de atención al público. No faltaron los ricos mates de José, sus historias familiares, su amabilidad tan cálida, las charlas de edición con Víctor, los chistes con Majo (María José) y la alegría de encontrar una gran persona critica, feminista, empática, y militante del bardo.
Las visitas al stand por parte de Santi Guevara, amigo artista catamarqueño, su acompañamiento, su sentido del humor tan compatible con el mío, hicieron que los días de feria sean muy livianos, y los caminos al almuerzo sean de pura risa. También, encontrar a Pablo Romero, joven editor tucumano, con su sensibilidad y pasión intacta, me hicieron ver a las transmutaciones como caracterices de una nueva generación profunda y sabia.
Habitar espacios de trabajo donde trabajar sea placentero me hace reflexionar profundamente sobre la cordialidad de vínculos y lo afortunada que puedo ser al disputar espacios de edición, trabajo, difusión, con Pablo Espinoza, gran amigo editor jujeño, desde la periferia de Jujuy y extendernos hacia otros espacios. También me lleva a reflexionar sobre las posibilidades de encontrar, armar, iniciar, estrategias para seguir manteniendo viva la militancia de las publicaciones independientes desde nuestros territorios.
A pedido de Estela Mamaní, gran poeta tilcareña, llegué al stand de la editorial Nudista por una novela y terminé llevándome tres poemarios de la editorial Mascarón de proa (Villa María, Córdoba), y conociendo a su editor Darío Falconi, quien supo entender perfectamente las lecturas que buscaba y me recomendó grandes libros, como “Los restos del día” de Verónica Ruscio, compartiendo historias de publicaciones y sabiendo que estemos donde estemos el camino cultural es arduo, combativo, creativo y satisfactorio.
Las despedidas
Editar, armar libros, encontrar nuevxs autorxs, difundir, viajar, armar redes, leer, intercambiar experiencias, compartir, saberse parte, es ineludiblemente un enunciado político y poético, tal vez seamos la poética de la grasa, uno de los principales ingredientes de la cocina popular. Grasa en el sentido poético, culinario, performativo, marginal y político.
Abrazos cálidos, promesas de volver a vernos pronto. Lunes por la madrugada, hotel, terminal, 9 horas de viaje y volver a Jujuy. Le escribí a un amigo cuando ya estaba llegando, entre cerros, pasando ríos, y le dije que la literatura nos siga conmoviendo y llevándonos a muchos lugares posibles, y que la vida real no nos desilusione.

Jujeña. Comunicadora Social (FHyCs- UNJu), máster en diseño gráfico, diplomada en violencia de género y gestión de proyectos culturales. Tallerista y gestora cultural. Dirige la editorial CRONOPIO. Participó en diversas publicaciones de libros y revistas, asistió a ferias nacionales e internacionales de libros. Publicó: La chica de los miércoles (2013), Metástasis (2015), Parcialmente nublado (1017), Historias de gente que no me importa (2018), Animales alternativos (2018), Cuadernos para el niño arcoíris (2021), Canciones de árboles de verano (2022) y Siempre fui un boque (2023).



