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ISSN 2684-0626

 

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Poemas inéditos de Inés Aráoz

Por Gabriel Gómez Saavedra |

La lengua de Inés Aráoz tuvo que atrapar las innumerables dimensiones que ofrecen la extrañeza de las ciudades, las viejas montañas, un cielo resignificado por la altura de una araucaria o la historia que cargan en silencio algunos individuos que pisan la nieve o el mar, entre tantas otras manifestaciones de belleza frágil, para ser capaz de cuajar un ojo tan hondo como el que piensa oscuro en un caballo parado frente a un cañaveral que se incendia en un agosto tucumano, y al que convierte en el periscopio al que accede tan pitonisa y tan niña para llegar a fundar feudos de armonía poderosa (Casa Barco, Macomitas, Yacanto…) donde desarrolla sus melodías de encantamiento, y cuyos nombres parecieran ser escuchados por primera vez, por su carga de imaginería, cuando el poema los despliega.

Estos textos inéditos de Inés Aráoz no son más que otra certeza de la huella innegable que es su lengua en la tierra de la poesía y que, con cada línea que leemos de ella, nos coronamos mientras desgranamos astros sutiles por el canal del espíritu (“En los despojos las plenitudes”).

LAS DOS ORILLAS

Era en los ojos de la gaviota donde

brillaba toda la historia, según se

mirara para uno u otro costado.

Asentada sobre su estilizada y única

pata, su cuerpo claro se alzaba alerta a

la orilla del mar, sus ojos las dos

orillas y el pico amarillo el timón de

esta moderna Babayagá. En uno de sus

ojos se veía un barco pesquero con

dos tripulantes, un capitán que llevaba

bordado en el borde del bolsillo de la

camisa su propio nombre Hermitte, y

una mujer de larga cabellera roja. En

el otro ojo se veía el arco que describía

un pequeño objeto de luz botado por

una ballena y que la marea arrastraba

hasta la playa. El pico amarillo de la

gaviota lo señalaba. El pequeño objeto

de luz y su arco era, junto al barco

pesquero, segregación de una historia

de amor desgraciada, de amantes

malavenidos.

También en los ojos de la gaviota

brillaron desde el primer momento los

varios kilómetros de costa hasta el

Retorno y en la cara de los caminantes

las ardientes espinillas de la bruma

que aceleraban el ritmo de la marcha.

Y si uno miraba bien, se abrían ante

uno los distintos paisajes, las muchas

lecturas, y hasta el pleno crecimiento

de un ciruelo reina Claudia de ocho

metros y el azoramiento del joven

biólogo que lo había plantado solo

unos días antes y lo rondaba. En los

despojos las plenitudes

(2012)

TORRES

Los dioses, al parecer, me han puesto a

erigir torres de cubos sobre una balsa

de madera, la balsa misma con una

araucaria torre que llena el aire con el

olor de sus resinas. Qué dioses -se me

dirá. Presumo, los del amor. Qué otros

habrían de tratar con niños. Cada

torre erigida, erigida está sobre su

nombre, son todos nombres indios (no

digo mágicos para que no se me crea

idiota): Yacanto, Macomitas, y tantas

otras, que habían de derrumbarse

luego, luego no, simultáneamente

diría, si se entiende, con los vientos de

los tiempos (hablaban los viejos

campesinos de huevos del viento,

cuando no llevaban galladura). No

eran torres importantes, ni tan

visibles, ni respondían al impulso

creador del gran diseño, no eran

muros de sangre, ni de fuego. Sí de

amor si lo es vivir y me servían para

descubrir el mundo, el pequeño

mundo alrededor.

(2012)

NOTAS

-Y aprendemos, finalmente, a manejar con cierta soltura el lenguaje de la

invisibilidad, aupadores de los vientos del silencio -preserváranse el hueso

y el latido profundo, la surgencia del agua en la boca del mundo, la

inquisición de la raíz en lo hondo de la tierra, el extrañamiento de la orilla

sagrada hacia la cual bregamos-; invisibilidad que atildamos con algunos

nombres propios o con la diligencia de nuestras manos en el brebaje de la

pura acción. Algunas otras palabras iluminadoras como ética también se

involucran en el discurso.

9/2023


Inés Aráoz (San Miguel de Tucumán, 1947). Realizó estudios de Lengua y Literatura Inglesa, Lengua Rusa, Música y Luthería. Publicó los libros de poesía La ecuación y la gracia (1971), Ciudades (1981), Mikrokosmos (1985), Los intersticiales (1986), Ría (1988), Viaje de invierno (1990), Las historias de Ría (1993), Balada para Román Schechaj (1997, 2006 [versión bilingüe español-ruso], 2024 [con traducción al francés]), La comunidad. Cuadernos de navegación (2007), Echazón (2008), Pero la piedra es piedra (2009), Agüita (2010), Notas, bocetos y fotogramas. Porciones autobiográficas (2011), Rojo torrente de fresas (2012 [traducciones de Anna Ajmátova y Marina Tsvjetáieva]), Barcos y catedrales (2012[antología]), Haré del silencio mi corona (2013), Al final del muelle (2016), Todo estaba diseñado para que el caballo rozase apenas la montaña con su cola (2018), Otras lenguas (2019[con intervención de fotografías de Mercedes Roffé]), En la Casa-Barco. Obra reunida (2019), Paisaje con figura (2022) y Entronque de cielo y tierra mis pies (2025). Obtuvo mención y recomendación de publicación en el Premio Bienal de Poesía “Ricardo Jaime Freyre” (1981), mención especial en el Premio Nacional de Poesía (1984-1987) y el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras (2019).

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