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ISSN 2684-0626

 

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El cuerpo y sus verdades

Sobre Serendipia (llevo atravesado un cuerpo), de Eliana Costilla (Libros Tucumán Ediciones, 2025)

Por Verónica Juliano |

Eso es otra cosa que me angustia: que mi memoria

sea la única que levante la estructura del recuerdo

de todos nosotros. Que cuando todos vayan

muriendo, como lo están haciendo, sólo quede yo

como testigo de nuestra vida entera. Yo y los

árboles. Yo y la araucaria del patio, porque la

naturaleza no sabe mentir

                                                                 María del Mar Ramón

El epígrafe que da apertura a estas palabras pertenece a la novela La memoria es un animal esquivo (2025) de la escritora colombiana María del Mar Ramón. Su incorporación a este prólogo no es caprichosa: el campo literario latinoamericano contemporáneo, en su vastedad y extrema heterogeneidad estética, da cuenta de una intensa productividad en la llamada escritura de mujeres y teje una trama dialógica en la que cada nuevo texto se anuda. Sucede así con Serendipia (Llevo atravesado un cuerpo), de Eliana Costilla, novela en la que se advierten gestos afines: el imperativo en la construcción de la memoria para articular un relato colectivo, nutrido por las voces de los que todavía están y pueden ofrecer su testimonio y aporte a la verdad, a la restitución de la justicia y al conocimiento de la historia reciente. Mientras Ramón afirma que “la naturaleza no sabe mentir”, Costilla pareciera aseverar que el cuerpo tampoco. Su confianza en los saberes y sentires del cuerpo, y la necesidad de hacerlos legibles, la impulsan a una escritura ficcional que explora las potencialidades de la lengua. Ésta, por momentos, se torna poética y el lirismo atraviesa el cuerpo de la prosa; en ciertas zonas, crea efectos de oralidad para situar la palabra como celebración identitaria del habla local; cuando excede sus propios límites de representación, se reinventa y prolifera en neologismos que astillan la significación. Si “la memoria es un animal esquivo”, el desafío estriba en cómo dar cuenta de esa fuga, de ese carácter escurridizo, inaprensible.

En el cuerpo de las mujeres están impresas las huellas de los agravios históricos. Las feministas autónomas declaran que “mujer es el nombre de un cuerpo ultrajado, forjado bajo el fuego” (México, 2009). La novela se construye en clave matrilineal: el personaje de Leticia es un polo generador de historias. De hecho, en la dedicatoria se señala no sólo su centralidad sino, y sobre todo, su correspondencia con el plano no ficcional. La trama vincular en el relato, da cuenta de la reproducción cultural de matrices violentas que estructuran la vida social pero que oprimen principalmente a las mujeres, trazando derroteros discontinuos e historias de vida fragmentadas. La voz de Elena, por ejemplo, expresa: “Abuelado cordón umbilical de caña y fuego. Llegaste a amadrarme la ausencia”. Las mujeres crían, cuidan, alimentan, protegen, curan, buscan, militan, luchan. Prestan el cuerpo para parir el dolor de las otras mujeres. En efecto, la propia Elena se ve afectada por una suerte de trance en el que percibe o canaliza las violencias de género. Sus desmayos son un síntoma y metaforizan la íntima conexión de las mujeres a través de la experiencia común de vivir en un sistema que las canibaliza. Alejandra, una curandera del pueblo, le dice: “tenés que saber que no van a descansar hasta que no las escribas”. La escritura deviene, entonces, en antídoto.

En la novela se ligan tiempos históricos diversos que ofrecen a los lectores vistas del pasado reciente en Tucumán y su impacto decisivo en la configuración del presente y sus sensibilidades. No es posible abordar ni transformar la realidad sin la dilucidación de ciertos hechos, como el cierre de los ingenios o el Operativo independencia, antesalas de la dictadura militar. En ese sentido, Serendipia (Llevo atravesado un cuerpo) procura aportar, a partir de la perspectiva situada con que focaliza los acontecimientos, algunas claves de comprensión. Podría afirmarse que se trata de una novela de búsqueda y, también, de re-conocimiento que zurce la ficción de origen personal al cosido del macrorrelato social. Apelando a una metáfora textil, Elena dice: “Mi historia estaba hecha de pequeños rectángulos, como esas tiras de tela bajo la Singer de Leticia”. Pienso en la proximidad sonora de las palabras remendar y enmendar y en la belleza de los textiles para semiotizar la experiencia. A fin de cuentas, toda escritura es costura capaz de reparar lo dañado, de unir lo inconexo sin borrar la separación que define las partes y de crear otros diseños. Estos gestos se replican aquí, indisociables: sanar y crear, crear y sanar.

Alivianar el peso del propio cuerpo drenando las historias que lo habitan y saturan. Buscarles otra residencia. ¿Acaso alguna mejor que la literatura? Eliana Costilla apuesta a la habitabilidad de lo literario. A esa casa grande que da cabida a mundos posibles. Junto a su Elena, remienda y enmienda lo personal que, como se sabe, pendula entre lo que es de ella misma y pasa a ser de todos aquellos que nos acercamos a su prosa.

Una respuesta a “El cuerpo y sus verdades”

  1. Liliana Massara dice:

    Excelente comentario y análisis.
    Novela de E . Costilla con importantes hallazgos escriturarios.

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