Algunos apuntes sobre la obra y vida de Leonor García Hernando
Por Leticia Martínez |
1- ¿Por qué somos tan intensas las víctimas?

Comienzo con un poema. Lo leo varias veces, repaso este fragmento final. Lo leo en voz alta. Se lo leo a otras personas. Pienso cuántas veces leí este poema y cuántas veces más lo volveré a leer. Recuerdo que escuché, por primera vez, este texto de Leonor García Hernando leído por el gran poeta, y amigo de ella, Alejandro Ricagno, en el sótano de un bar de Buenos Aires. Lugar del que éramos habitues y en el que nos juntábamos a escuchar y contarnos historias. Así conocí a Leonor, escuchando a un poeta leerla. El gesto maravilloso y fundacional de todo poema, la palabra dicha en voz alta. La verdadera materialidad del lenguaje: su sonido. No creo que se pueda decir nada sobre la poesía sino se la dice en voz alta. Hay poemas para la caricia y hay poemas para la navaja. Leonor lo sabe y nos lo hace saber en sus libros. Hay poesía porque se comparte, se conversa, porque hay retenidos y asesinados, porque se ilumina el corredor, porque se da luz, porque hay sangre.
Leonor García Hernando nació en la ciudad de Tucumán, en 1955. De pequeña se mudó con su familia a Buenos Aires y permaneció allí hasta 2001, cuando falleció. Mientras estuvo viva, se la pasó escribiendo. Publicó cinco libros y tenía un manuscrito por publicar que se editó, finalmente, en el tomo Poesía Completa (En Danza, 2022). Allí también se encuentran los últimos textos en los que estaba trabajando, cuatro meses antes de morir.
2- Pérdida de la infancia / Una gran conversación
Si la infancia es la patria, como ha señalado Rilke, Leonor da inicio a su obra poética inventando, a la vez, ambos territorios: el de la niñez y la ciudad de Tucumán. Aquí, la geografía como patria de nacimiento, a la que se evoca y se intenta reconstruir mediante los poemas. Su primer libro, Mudanzas (1974) es un recorrido por ciertos tópicos de aquella primera infancia. La siesta, los trenes, la magia de los juegos. Todo aquello que perdió y que no podrá recuperar. Escribe ese libro desde Buenos Aires, evocando un pasado perdido, al que volverá en todos sus libros, y que tomará cada vez más fuerza. Esa emoción inicial, se convertirá en ferocidad descarnada que hará de la familia el primer sitio en el que hay que sobrevivir. Sin embargo, en Mudanzas, la voz poética recorre y añora, desde una especie de ensoñación que, por momentos, se vuelve tristeza en su forma más opaca. Este fragmento es del poema que se titula A Tucumán con una lágrima:

Dice Leonor en una entrevista[1]: Creo que tengo un recuerdo también ilusorio de mi infancia, es decir, en un momento –que no puedo detectar cuál fue– me construí una memoria de la infancia, que no es mi infancia misma, no es lo que ocurrió. Es una reconstrucción idealizada de la infancia. Creo que (…) es de esa reconstrucción que no me puedo despegar.
Tenía diecinueve años cuando publicó su primer libro que fue trabajado y, luego editado, en el Taller Literario De Lellis, del que participó desde adolescente. La poeta ávida de compartir y compartirse. Los encuentros que instalan la conversación literaria y artística como forma de vida. El taller, el recorrido nocturno por los bares del centro porteño para sentarse con una libreta y escribir. Leerle a alguien lo que escribía, ir a otro bar, conversar con otras personas. Seguir escribiendo y seguir leyendo. Su amigo y, gran poeta, Juano Villafañe escribió: (…) La poeta desarrolló con afecto y hermosa retórica la conversación. (…) Siempre estuvimos dominados por una gran conversación. Leonor tenía esa virtud de unir la oralidad de la poesía con la escritura poética, trataba de vivir en poesía todos los días, de hacerlo en palabras y en diálogos públicos.
Leonor adolescente, jovencísima, hace cosas con otros. Escribe con dulzura y descaro sobre Tucumán. Advierte que la memoria se inventa y que el poema es un diálogo constante desde el yo hacía el mundo y, por supuesto, en la dirección contraria. Que se escribe saliendo a la calle, al encuentro de los otros, y desde la tristeza de la más genuina soledad. Escribe poesía como si le hubieran arrebatado el paraíso y sólo le permitieran alimentarse de lenguaje. Hamlet Lima Quintana, en la contratapa de Mudanzas, escribió: (…) está preocupada por encontrarse y encontrar en ella a su propia generación. Ella se analiza a través de las circunstancias que la rodean. (…) El verbo le pertenece.
3- No hay nada bueno que empiece por una herida
En 1984 se juntó con varios poetas y escritores de la escena local y fundaron la mítica revista literaria Mascaró. García Hernando seguía confiando en hacer cosas con otros, en juntarse, en la conversación como práctica artística y de vida. Sobre todo, ante el silencio que atravesó durante la última dictadura. Salieron seis números, que siguen siendo recordados, y publicaron cuatro libros. Entre esos, su segundo libro, Negras ropas de mujer, en 1987, trece años después del primero. En ese tiempo, desaparecieron tres de sus compañeros del taller literario y Leonor se ocupó de buscarlos. Esta herida personal y, sobre todo, colectiva y generacional, se leerá en toda su producción poética. Los cuatros libros que siguieron a Mudanzas y, que Leonor publicó en vida, son voces desde la muerte, la violencia, el odio, la desesperación y la desolación. Fue la poeta entre fronteras, como algunos de sus amigos y colegas la llamaron: su poesía como puente entre dictadura y posdictadura. La que escribió con mayor crudeza sobre el cuchillo que clavó la violencia estatal. Una vez más, el poema como territorio para gritar en voz alta lo que fue silenciado.
De Negras ropas de mujer (1987):

Otro poema del mismo libro:

Leerla en voz alta, de nuevo. Repetir los versos hasta que se nos astillen en la piel. Hasta que el dolor se vuelva otra cosa. Quizás hasta que aparezca un atisbo de placer. Por lo menos, intentarlo. Un fragmento de otro poema, sin título, que trae la erótica (linealmente, un modo del eros-thanatos) que también recorre su obra. Y junto a lo sensual, aparece el agobio. ¿Es posible no sentir agobio en el amor?

Ha dicho Leonor sobre su propia obra: (…) quisiera escribir yo también sobre “la felicidad”. Y además sé que hay gente que me lo reprocha, que me dice “no te puedo leer porque me falta el aire cuando leo 10 poemas tuyos”. Y yo por un lado –así un poco rencorosa– pienso “pero si eso quiero yo, que te falte el aire” (…). Pero si al final no lo resuelven diré “y bueno, ¿qué página querías encontrar? (…).
4- Vanidad en el dolor
El último poema del último libro que publicó en vida, El cansancio de los materiales, de 2001, está dedicado a Ricagno. Conocí los textos de Leonor por la manía que tiene Ale de compartir aquello que lo conmueve. Su generosidad, que va más allá de lo artístico. Quizás, no hay más allá ni más acá sino vida y obra componiendo un entramado misterioso de símbolos y de lecturas que son la vida y que si no lo son, la inventan. El poema se llama La noche de la astilla y en su fragmento final dice:

¿Qué hay en la herida que tiene gusto dulce? ¿Por qué somos tan intensas las víctimas? Leonor empuña el lenguaje pero no quiere salir indemne. Qué importa la cicatriz, qué importa el paso del tiempo. A ella, a sus compañeros desaparecidos, a sus colegas, a su generación, les instalaron el miedo. Tal vez, el poema pueda ser la contraofensiva para que lo que duele no sea el centro del dolor, para que el tiempo transcurra más allá de la oscuridad de aquellos años. Montarse sobre la herida como gesto vencedor, empujar la victoria desde la vanidad del dolor. En sus palabras: Y hay una vanidad en el dolor. Hay una vanidad en no ocultarlo, porque no estoy de acuerdo con el ocultamiento. Esto para nada tiene que ver con una vida personal carente de motivos de felicidad. (…) Hace falta hablar de lo que no podemos resolver, hasta resolverlo (…) Creo que lo que no podemos resolver, es la desgracia, el sufrimiento, la marginación. Y esto no está disminuyendo en Argentina, está aumentando. Todo tipo de marginación, la económica, laboral, trae otros tipos de marginaciones de forma inmediata. No ocultarse, hablar. Lo singular, lo colectivo. La vida íntima, la patria. Me interesa mucho alcanzar una síntesis entre lo que es la crítica política más vasta y lo que es una visión crítica del mundo familiar vinculado a las criminalidades políticas. Porque creo que está ligado. Este país, es como un país saturnino, es decir, de hombres que fagocitan a sus hijos, como Saturno.
Antes que saliera su último libro publicado en vida, publicó La enagua cuelga de un clavo en la pared, en 1993 (libro que se vinculó con los tópicos del surrealismo, como la abundancia de imágenes y la voz de mujer que se transforma a lo largo de los textos) y Tangos del orfelinato/ Tangos del asesinato, en 1999 (dónde se encuentra su mítico poema La intensidad de las víctimas). En La enagua se encuentra La muerte argentina, una de las partes en las que se divide el libro, que comienza con este poema:

Las muertes forma parte de su obra inédita. El primer poema de ese libro está dedicado a sus compañeros del taller literario por su amistad. Se publicó junto a los últimos manuscritos que encontraron. Su lenguaje parece más llano pero, a la vez, profundo. Se podría pensar que la poética de García Hernando es compleja o barroca (como ella misma señaló). Creo que lo que genera cierta incomodidad es el uso del lenguaje como si fuera un inconsciente colectivo. Como si la voz del poema pudiera ser la voz acallada, u oculta, de toda una generación. Como si nombrar el dolor fuera insoportable para quien lee. En el gesto de Leonor de tomar a la familia como primer espacio generador de violencias, que necesariamente tuvo que haber legitimado la violencia política estatal, cada quien ve a su propia familia. Nadie quiere mirar de frente a su propia familia. Nadie quiere confrontar con su patria. El último poema recuperado, en el que trabajaba antes de morir, termina así:

Un gesto audaz sería leer en voz alta este fragmento, todas las veces que se pueda. Hablar de ella con otras personas. Conversar sobre lo que nos conmueve. Buscar de todos los modos posibles aquello que la vida y la muerte nos arrancaron. Como su amigo poeta que nos la leyó y la instaló en la realidad. Porque el yo se vuelve colectivo. La verdadera poesía es la que se ofrece como espacio de contienda(…) entre la palabra singular y la lengua social, entre un modo del lenguaje tan único como las huellas digitales y la convención que permite la comunicación (…) Es el yo-palabra-singular que va pariendo su existencia desde el vientre del lenguaje de todos. Y logra el equilibrio: poesía única pero que se comunica, escribió Susana Villalba sobre la poesía de Leonor, para una antología poética publicada en 2018 (Boca que la noche abre, El Surí Porfiado).
García Hernando es una de las más grandes poetas nacionales. La poeta que toma el lenguaje para extremarlo y que usa la lírica en contra de la comodidad: muere la lírica, vive el lenguaje. La poeta que dice, en primera del plural, nosotros no debemos pertenecer a nadie. La poeta que grita con voz ahogada, lo que debía permanecer en silencio. La que construye, desde el dolor, un territorio común. La que se pregunta quiénes somos, en dónde estamos: en qué familia, en qué país, qué daños llevamos a cuestas. La que logra que el yo de los versos nos explote encima y se desarme, entre las fauces de la mecánica social y de la historia. La poeta que, días antes de morir, con la enfermedad atravesándola, leyó en público en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Por eso, leerla y leerla:

Para el presente artículo se respetó la edición “Poesía Completa”, Ediciones En Danza (2022).
[1]Publicada en la revista Perro Negro Nº 2. (Agosto, septiembre, 2000).
Leonor García Hernando nació en Tucumán en 1955 y murió en 2001 en la ciudad de Buenos Aires, producto de un cáncer, dos semanas antes de la publicación de su último poemario. Poeta de culto, formó parte del “Taller Literario Mario Jorge De Lellis” y del consejo de redacción de la revista Mascaró. Publicó Mudanzas (Ediciones del Taller Literario Mario Jorge De Lellis, 1974), Negras ropas de mujer (Colección de Poesía Mascaró, 1987), La enagua cuelga de un clavo en la pared (Último Reino, 1993), Tangos del orfelinato / Tangos del asesinato (Colección de Poesía Mascaró, 1999), El cansancio de los materiales (Colección de Poesía Mascaró, 2001). En 2022 se publicó Poesía Completa (Ediciones en Danza).

1987, Buenos Aires. Escritora, poeta y tallerista radicada en Unquillo, Córdoba. Recibió el 2do Premio del Concurso de Letras del Fondo Nacional de las Artes en 2022 por su libro La mejor de la ciudad, editado y reeditado en 2025 por Funga Editorial. Publicó la novela De cara al sol (2021, Gerania Editora) y participó en la antología Los vicios de los muertos (2020, Hormigas Negras). También ha publicado poesía y recibió becas del Fondo Nacional de las Artes (2019, 2021) por su labor en talleres de lectura y escritura.




Hermoso.! La revolución es posible y empieza con un poema
Leti!! aún en la prosa, esa lírica lúcida y punzante forma que te caracteriza. Gracias a vos, a la papa también, por darnos a comer el pan de esta poeta, para mí, desconocida, y que conozco gracias a esta verdadera labor federal con la palabra, en un tiempo lamentable en que también rebrotan «criminalidades políticas» y «Saturnos que fagocitan a sus hijos»
Un fuerte abrazo, Leti querida!!
Qué bueno que acerquen los poemas de Leonor Hernando. Qué bueno que esté sus poemas reunidos y qué buen comentario.
Leonor escribía y leía, muy a menudo, junto a una ventana del Bar La Paz.
La conocí gracias a mi amigo Luis Alonso, también poeta de Mascaró y tuve el privilegio de escuchar de su propia boca alguno de sus impresionantes poemas.
En el centro Cultural de La Cooperación hubo un conmovedor homenaje, muy bello, a los poetas de Mascaró en el que se leyeron poemas de Leonor.