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ISSN 2684-0626

 

 

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“Una tribu que no entendió nada o casi nada”

Reseña de Matar a Kant, de Belén Cianferoni

Por Fernanda Álvarez Chamale |

Matar a Kant de Belén Cianferoni (Santiago del Estero, 1987) es un libro simplemente precioso: ¡vaya oxímoron! Me explico: se trata de un textuario-poético selvático y citadino al mismo tiempo, salvajemente moderno, hermoso no sólo porque como objeto lleva una ingeniosa ilustración en la tapa y la edición cuidada de una cartografía afluyente página a página contra la razón textual y la razón en sí misma, sino porque en el trazo de esta escritura lectoras como yo, por ejemplo, que amamos a Chantal Maillard igual que Belén, nos encontramos con uno de esos tesoros que ya no soñábamos hallar, no al menos en este siglo ni en esta tierra. Ya sé que los tesoros son cosas muy personales, pero este libro consigue hacer de la experiencia de la lectura un lugar de encuentro de algo que parecía que buscábamos sin saber, de algo que de cualquier manera nos encontraría no sólo porque está ahí, disruptivo e imperioso cual nubarrón de febrero o vómito de resaca, sino porque te lleva de las orejas a los lugares que frecuentamos clandestinamente en sueños o en mundos paralelos y te deja ahí, parada -yo lectora desnuda- mirando lo que no quieres ver, matando lenta y necesariamente tu inútil trillado caballo de troya.

Sí, Belén lo mata, mata a Kant y a Platón, otra vez, sutil y seductoramente, con la inteligencia que le ha provisto su cuerpa testeadora del mundo, aquel dispositivo sensorio enredado en lo que ella insiste en llamar su enfermedad. Y es que Matar a Kant es también un modo de llamar a las cosas que parecen implacables e innombrables con el peso y la intensidad de la realidad que las palabras no siempre consiguen transmitir ni mucho menos transmutar. Belén le quita la moral a la razón, pone en evidencia las múltiples imposturas del pensamiento auto-percibido como verdadero, cierto o sublime. Para experimentar, comienza por ella misma: se desencaja, se descabeza, llora, deja de enojarse, se ríe de ella misma con una risa a veces sarcástica y otras irónica. Hace oídas sordas al qué dirán del pueblerino mundo globalizado que la rodea y, en cambio, dice, no deja de decir, de senti-decir, de decir-pensar, de pensar-sentir, a veces con el pecho abierto de la pena por el desencanto de los amoríos permitidos; otras, con la dulzura de la sabia-bruja que la habita a fuerza de tropezones con sus propios malabares. En ocasiones, también, con el ímpetu de la intelectual, deshoja las mil lecturas que sensible e inteligentemente acumula de lectora insaciable, entonces nos habla de Piaget, de Vigotzky, de Chomsky, de Foucault, Nietzsche, Lacan y de Kant (de nuevo) como si le hablara a una tribu que no entendió nada o casi nada (y es que sí, a la luz de este libro empezamos a comprender que no entendimos casi nada).

Pero lo que resulta fascinantemente conmovedor de este libro es que alguien quiera matar la razón como lo hace esta autora, desde un hueco enunciativo en que se asume sobreviviente, frágil, enferma, desbordada, insuficiente, anclada en un ahora y aquí tan frágiles como ella:

“Esto soy,
este pequeño genoma caprichoso
que decidió habitar
un pequeño gran mundo.
Este pequeño capricho de la ciencia
que burla la gravedad
cada vez que mueve un pie.
Este sello malcriado
que recae sobre una tira
de papel en el lugar específico
y con la tinta justa.
Esta excepción que justifica las reglas.
Eso soy.”

Con todo esto que se nombra, Belén hace de su escritura un lugar habitable no sólo para ella sino, sin dudas, para cualquier lector o lectora que, en su paso por este viaje de desnudez inesperada, quiera anidarse a sí mismo mordiendo su propia anclada identidad moderna occidental.

27 de mayo de 2020, en Cuarentena, Salta, Argentina


María Belén Cianferoni (1987) editó los siguientes títulos: Damage Therapy (2013). San Salvador de Jujuy: Intravenosa Ediciones; Vudú (2017). Buenos Aires: Peces de ciudad Ediciones; y Matar a Kant (2020). San Miguel de Tucumán: Gerania Editora.
A este último pueden encargarlo a gerania.ed@gmail.com

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