Por Felipe Quiroga |
Pleased to meet you
Hope you guess my name
But what’s puzzling you
Is the nature of my game
Sympathy for the Devil, The Rolling Stones
Dice la escritora Samanta Schweblin, especialista en combinar el ámbito doméstico con lo perturbador, que «las primeras grandes tragedias en nuestras vidas empiezan cuando somos chicos, en el contexto familiar». Entre todas las formas que puede adoptar el horror, la peor quizás sea aquella en la que nos exponemos a lo siniestro sin darnos cuenta, desde la inocencia de los primeros años. Esa es una de las claves de lectura de El Pater, de Ezequiel Villarroel, que en 2026 obtuvo el primer premio en la categoría Novela del VIII Certamen Literario Provincial de Jujuy.
El escritor jujeño construye una trama inquietante desde el punto de vista de un niño llamado Tiago. La novela empieza cuando un ser misterioso, el Pater, llega como invitado a la casa de la familia.
—¿Quién es el Pater? —pregunta el narrador desde su ingenuidad infantil. Su hermana mayor le explica que se trata del dirigente del partido político al que pertenece su padre, candidato a intendente en las próximas elecciones.
Seguiremos en todo momento el punto de vista de Tiago, y varios elementos de la historia son sugeridos o se leen entre líneas, porque hay mucho que el protagonista no entiende. La ideología del padre y del partido que representa, por ejemplo, queda clara en un momento en el que el chico cuenta: «Los ‘negros’, me explicó papá, eran los que no querían trabajar como la gente de bien y por eso salían a robar o a vender cualquier boludez en la calle» (pág. 14). En una época marcada por gobiernos de derecha y por figuras políticas como el presidente Javier Milei, cuyos discursos de odio se amplifican por redes sociales y llegan a niños y adolescentes, la dimensión política de esta novela adquiere una especial relevancia en el contexto actual.
Aquí, la niñez aparece desprotegida ante lo ominoso: al llegar a la casa, el Pater se instala en uno de los dormitorios y altera la dinámica familiar. Se convierte así en una presencia invisible (está siempre encerrado y no se deja ver en ningún momento) y prohibida (a la que no hay que molestar porque «no le gusta el ruido»), que genera una fuerte atracción en Tiago. El chico sufrirá una progresiva transformación en su forma de ser bajo una influencia de la que no es consciente.
Con sutileza, el autor despliega la trama hasta el punto justo, sin caer en sobreexplicaciones. Villarroel trabaja la tensión desde la ambigüedad. El terror aparece apenas sugerido, instalado en la vida cotidiana. Lo siniestro se potencia, porque no es percibido por el narrador.
La acumulación de sucesos inquietantes (como el extraño comportamiento del perro de la familia o un naranjo que se marchita sin explicación) y la violencia que se instala en forma gradual contribuyen a generar un clima asfixiante e incómodo. Son elementos que acompañan de manera adecuada una historia sobre la pérdida de la inocencia. También se revela la configuración de una forma de ver el mundo y de una masculinidad tóxica y autoritaria que pasa de padres a hijos, de adultos a niños.
Con referencias a Casa tomada, de Julio Cortázar, y a El Horla, de Guy de Maupassant, El Pater se estructura en una serie de capítulos breves y contundentes, algunos de no más de dos líneas. El uso del lenguaje es simple y directo, una elección pertinente al punto de vista elegido por el autor para narrar la historia. El mérito de la escritura de Villarroel es que esa elección no se vuelve en ningún momento una limitación. Por el contrario, se vuelve su mayor acierto para desarrollar la idea de tener al enemigo puertas adentro, pero sin saber que se trata del enemigo o, peor aún, percibirlo como alguien digno de admiración. El hogar familiar deja de ser un refugio y se convierte en un espacio contaminado por una presencia externa cuyas intenciones nunca terminan de comprenderse. Cuando lo siniestro se filtra de forma silenciosa, casi invisible, resuena aquello que escribió una vez Charles Baudelaire: «La más bella de las astucias del diablo es persuadirnos de que no existe».
Ezequiel Villarroel (Jujuy, 1983). Profesor en Letras y Artes Visuales. Publicó los poemarios Libro de lluvia, 1° premio provincial Néstor Groppa (Secretaría de Cultura de Jujuy, 2015); Casa rodante, 2° premio en el II Certamen Literario Provincial (Secretaría de Cultura de Jujuy, 2019); y 3-70, 1° premio Concurso Regional 2022, organizado por la Secretaría de Culturas de La Rioja (Falta Envido & Plano Editorial, 2024). En 2023 publicó la novela Una canción punk con Antipop Editorial.

Nació en 1985 en San Miguel de Tucumán. Es licenciado en Comunicación Social y máster en Periodismo. Con sus relatos participó en las antologías Umbrales y crepúsculos (2015), 5×5 (2016), Les inquilines (2021) y La casa de los enanos (2021), entre otras. Es autor del libro de cuentos El ruido que hacen los loros (2022) y de la novela Chikito (2023).



