Por Gaetano Tornello |

Esta primera publicación de la poeta salteña/tucumana Alma Navarro podría leerse como un mapa de metamorfosis, una sedimentación que capa a capa desprende nuevas formas de habitar el mundo y por ende, a una misma. Este “primordio” y mi amistad amorosa con la poeta es el motivo de este análisis y entrevista.
La portada del libro recupera la pintura “Hadas danzantes” de Malmström con una modificación de color: pasa de los tonos terrosos y verdes opacos a un color lavanda donde las ninfas en vuelo convierten el agua en vapor y a las plantas en protagonistas de un mundo poético ilusorio, cinematográfico e imaginativo. La yo lírica compone un territorio lavanda que está en sintonía con el vibrar nocturno, el aroma lunar y el hambre de un lenguaje que pueda abarcar un cuerpo que cae y a la vez se dispara a sí mismo hacia el cielo para destruir la luna e iluminar el campo.
En un principio, podríamos notar que el libro introduce al lector en su universo para luego guiarlo en un recorrido por cuatro estaciones apalabradas. Estamos frente a un cuerpo lírico femenino que primero es de humo y tiene una lengua de espirales que provoca a que la luna le dispare, en este sentido, la voz del poemario se pregunta “¿cambia una piedra cuando cae?”, si caigo, “¿dónde estaría hoy?”. La luna, en su calidad de cuerpo celeste rocoso, de satélite que orbita naturalmente, así como necesita del sol para iluminar, utiliza el lenguaje de la poeta para mostrar lo que hay en el terreno. La luna dispara sobre el cuerpo lenguado para devorar el eco del abismo de la yo lírica y allí ocurre un movimiento, un “volver a la carne” que bien podría ser un paso del humo al polvo.
Así, la poeta avanza hacia la sección N° 1: “¿en cuántos idiomas puedo hablarte del amor?”. Aquí nos topamos con una segunda voz, que si bien no habla, es invocada mediante las plantas como paralelismo del afecto. La yo lírica toma forma de un cactus al que la luna se le acerca para calmar el ardor de la soledad y acompañada por otras raíces que crecen aparece “él”, quien dibuja nombres en el aire. Luego estamos frente a un cuerpo enredadera que comienza a escribir vocales dulces que la transforman a una cabeza de girasol que conjuga un cielo diferente. Entonces los árboles escuchan los susurros y se dibuja una forma de permanencia en la tierra. Pero el cuerpo no deja de ser desierto, espuma, piedra ni marea. De esta manera, ambos “dormimos de la mano / para que el día nos encuentre juntos”. La yo está consciente todo el tiempo de que es una figura transitiva con manos de río y que a pesar de ese carácter temporario de la existencia, en algún punto los cauces se juntan y surgen los nombres como formas del amor. La luna está presente constantemente, como luz, como baño de rocío para los muertos, para iluminar el idioma de los cristales o jugar con un gato cazando la luz. Pero la mujer que nos habla sabe “nada de esto es mío”, siempre es ella, la luna, ella es quien habla realmente.
La segunda parte del libro se llama “¿qué preguntas / se ocultan bajo cicatrices?”. Como su título expresa, se trata de una nube de incógnitas que circulan luego de que la luna estalla: “¿A dónde van las cosas que se extravían?” “¿Qué queda del tiempo luego de dejarlo correr?” “¿El cielo aceptará mi sacrificio?” “¿Cuántos colores habrá en mí?”. En este punto del libro, nos adentramos en un cuerpo que luego de retornar en sí con la ternura del contacto, se vuelve un pantano y humedal con el pecho de piedra, un cuerpo vapor. Los poemas de esta parte no buscan responder esas preguntas, sino más bien, encontrar nuevas preguntas que abran posibilidades a otras verdades, a otros sentires, a otros recorridos para la existencia. Si quisiéramos esbozar una respuesta podríamos decir que las cosas perdidas son las que corren con el tiempo como un sacrificio por nuevos colores para el yo. Las cosas a las que renunciamos para encontrar nuevas tonalidades son aquellas que dotan a nuestros sentidos de un nuevo poder perceptivo.
La tercera sección abre diciendo “Lejos / muy lejos / donde las palabras hagan eco” y mapea una geometría de la brisa y la piel de nieve, de lo invisible y lo frío. Aquí el cuerpo llega a una realización: “el lenguaje no me llena / los pulmones”. La yo lírica posee el léxico de los nigromantes pero es consciente de que no puede reproducir su voz en otros muertos. Estamos frente a la insuficiencia de la lengua para abarcar lo que no tiene nombre y ante la inutilidad material de la palabra para decir: “si digo no hago”. Como Pizarnik escribió “Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia. Si digo agua, ¿beberé?”. La mujer del poemario busca armar un territorio con sus palabras, pero sabe que aquello que logre construir será efímero, inútil, violento. Como escribe Alma en el poema 33: “necesito decir / que soy de acá / pero puedo irme / que quiero irme / pero puedo estar acá”. El lenguaje es escaso, particular e ineficaz.
La última parte del libro comienza diciendo “¿a qué viene este pensamiento? / abre las ventanas / con una verdad cegadora / vestida de sol tardío”. A lo largo del poemario el cuerpo tomó diversas formas naturales y utilizó los ropajes de las plantas, las piedras y la luna. Sin embargo, aquí la yo lírica pierde su forma y colapsa el cielo. La lluvia de piedras forma cavernas con su inevitable destrucción mientras el cuerpo lo único que recuerda es cómo solía bailar como polvo estelar. El llanto es rutina y la luna se ilumina al caer sobre el pecho como fragmento. Hay algo que nunca se devela en el libro, una violencia que no se logra o quiere nombrar. Un “hueco traumático” que no tiene porqué tomar palabra. Por eso el cuerpo cambia de formas y sentidos hasta llegar a un encuentro propicio. Todo se vuelve paisaje cristalino para encontrar el cuerpo, para encontrar otros colores.
Guiado por las incógnitas que plantea el libro, me permito la licencia de entrevistar a la autora:
- El libro es de un lavanda suave, ¿qué sentidos abre este color para vos?
Las tonalidades de violeta siempre han sido mis favoritas. Encuentro en ellas este color representativo de lo transitorio, del umbral entre la noche tardía y el sol matutino. El lavanda como tal, para mí, es símbolo de ese cambio pero recordatorio de que no todo ha de ser brusco y turbio, sino también claro, suave y tierno.
- ¿Cómo viviste el proceso de escritura de tu primera publicación bajo la colección Primordios de Funga editorial?
Mi proceso es sumamente meticuloso, ya que no solo me tomo mi tiempo al elegir las palabras que describan con mayor cercanía la idea que tengo en mente, sino también que aquello fluya cuando sea recitado, que sea placentero también para el oído. A su vez, la escritura me sucede en ráfagas de mucha inspiración, donde puedo estar días sin despegarme de la pantalla, y periodos de silencio, donde la vida me consume y solo puedo juntar palabras para luego decirlas todas.
- ¿Por qué escribir?
Citando “Leer y Escribir”, de Las Pastillas del Abuelo; una canción que, en mí, definió la percepción de lectura y escritura: “escribir es romper el hechizo, saltar al vacío, arengar al sumiso, hacer tuyo lo mío”. La escritura, ficcional o no, abre nuestros ojos a las múltiples y matizadas perspectivas que ofrece la vida, enriqueciendo la propia. Escribir es, como toda forma de comunicación, también un acto de fé, un salto al vacío de la percepción ajena y sus múltiples filtros. Así también, para mí, un libro es espada y escudo al mismo tiempo, una herramienta de defensa ante la vida, en un mundo que pareciera querernos cada vez más tontos y sumisos. Y por último, es también conexión y comunidad, ofrecer una palabra que eleve a la luz realidades muchas veces ignoradas. Por eso escribir, porque la vida es gigante y no estamos solos en ella.
- El libro está envuelto en cierto misticismo, las palabras parecieran iluminar lo oculto pero sin explicitarlo. ¿Qué relación tenés con lo místico y lo oculto? ¿Cómo crees que esto aporta a tu escritura?
A pesar de, hoy en día, considerarme católica, mis inicios con la espiritualidad fueron complejos. Durante años negué la religión en la que fui criada, mas ese rechazo al dogma que se creó en mí me llevó a explorar todas las otras formas de espiritualidad y religiosidad que fui capaz. Conocí el budismo a través de mi abuela, el paganismo y muchas otras prácticas y creencias, lo que supo aportar a la carga simbólica de las imágenes que describo. Nada es solo aquello que se percibe con los sentidos, sino también lo ancestral, lo histórico y lo espiritual.
- Cuando leemos el libro es como si estuviese hablando alguien, hay una voz que sobresale del papel. ¿Podrías hablarnos sobre tu relación con la oralidad y la escritura?
Gran parte de mi poesía nace de la armonía que se genera al elegir palabras que, además de llevar en sí un mensaje muy cargado pero cuidado, suenan bien al ser escuchadas. Mi escritura está hecha para ser leída en voz alta, es ahí donde encuentra su origen. La palabra, como la voz, puede tener formas e inflexiones, y nuestro mensaje puede ser el más claro, pero si el sonido que lo acompaña no coincide, hay mucho que podría perderse.
Un disparo de luna de Alma Navarro se encuentra en preventa hasta el 5/10 a través de www.fungaeditorial.ar

Alma Navarro nació en Tucumán en 2001. Reside en Salta. Escritora, intérprete médica profesional, tutora de inglés y performer. Forma parte de la antología poética Chicas traviesas (Ojo de Loca, 2025) e Insectario (Funga Editorial). Un disparo de luna es su primer libro, también escribió La palabra Calma (inédito).

Nació en La Viña, en 2001. Es estudiante avanzado de Letras (UNSa), escritor y trabajador de la cultura. Diplomado en Gestión Cultural (UBA) y Mediación Cultural (UNGS). Fue becario de investigación en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta y becario de intercambio académico en USCO – Colombia. Recibió una Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2023 por “kuni, ciclo de poesía y música”. Integró diversas antologías poéticas. Inflorescencia editorial publicó sus libros Pequeñas Islas Flotantes (2022) y Visión Nocturna (2023). Funga editorial publicó su libro Cartografía de una memoria (2023).



