Por Facundo Iñiguez |
En la portada de los diarios y en las pantallas de los teléfonos el Amazonas ardía sin consuelo. El fuego avanzaba a una velocidad que nos dejaba atónitos, inmóviles y a miles de kilómetros, pero a la vez algo se quemaba adentro nuestro. Podíamos sentirlo cerca del pecho.
La tarde se parecía a cualquier otra. El vaivén de transeúntes y vehículos, la música y el ruido sobre la 25 de mayo apenas diferenciaban aquel sábado de un lunes o martes. Puse un pie adentro del Centro Cultural F. Virla y el bullicio desapareció, como si en ese sutil acto de atravesar la puerta de vidrio me hubiera trasladado a otra dimensión. Era la primera vez que iba al tan conocido Café Literario y Cultural. No pregunté en que sala era, quería aprovechar para recorrer las muestras. Cada sala exhibía una y en cada obra me detuve a observar. Nada había de la sequía, el incendio y el ruido ahí adentro.
Subí la escalera y me encontré en una terraza o quizás la cubierta de un barco. Las mesas y sillas estaban prolijamente ordenadas para una velada que se anunciaba inolvidable. Deambulé entre la gente buscando un lugar, como quién mendiga asilo, pero no tuve suerte. Al fondo, detrás de todo, dos pares de ojos hacían contacto conmigo, era una señal de resignación. Me senté con ellos en el banco empotrado.
Guillermo Siles dio la bienvenida y anunció a los invitados mientras en cada mesa una vela era encendida por una de las colaboradoras. El Café Literario y Cultural del mes de agosto estaba comenzando y el barco al que me había colado estaba zarpando.
Mary Oliver fue la homenajeada. Las lecturas, primero en su idioma original y luego en el nuestro, trajeron a la escritora a sentarse y viajar con nosotros, o nosotros con ella. Los demás invitados fueron ocupando la mesa del frente y leyendo obras propias hasta que fue el turno del invitado especial, Patricio Foglia. Leyó algunos poemas de sus libros y otros inéditos y antes de despedirse miró alrededor y dijo “que importante reunirnos alrededor del fueguito de la palabra”.
La sala fue desocupándose entre abrazos y conversaciones escondidas tras la música que la banda de Miguel Corbalán regalaba como telón de fondo.
Afuera un intenso humo abrazaba la ciudad. Una nota en construcción en el diario local anunciaba que era el Amazonas. Me tapé la nariz y rogué que fuera el fueguito de la palabra.
Desde la vuelta de la democracia, el Centro Cultural F. Virla se convierte, una vez al mes, en el Café Literario y Cultural. Su primer coordinador fue Rubén Amaya y siguieron otros. Cuando en 2014 la Secretaria de Extensión Universitaria le encomendó a la Facultad de Filosofía y Letras que se encargara del ciclo, fue Guillermo Siles quien asumió la coordinación y lo hace hasta hoy. Él define al ciclo como un espacio pensado para que los escritores puedan difundir sus obras y compartir con el público y con sus pares.
Desde el inicio hasta ahora se realizaron homenajes y distinciones a las trayectorias literarias de Juan E. Gonzalez, Inés Aráoz, Rogelio Ramos Signes y Arturo Álvarez Sosa, entre otros. Y entre la lista de invitados especiales se encuentran María Teresa Andruetto, Diana Bellessi, Santiago Sylvester, Julio Salgado, Anahí Mallol y Susana Cabuchi.
Este mes el Café Literario y Cultural se realizará el día Sábado 28 a las 19:00, como de costumbre. Entre quienes participan se encuentran Santiago Garmendia e Inés Aráoz y como invitado especial Silvio Mattoni.
Va a ser una linda travesía.
*Imagen por Mariana Carles

Facundo Iñiguez Aciar nació en la ciudad de San José de Metan, provincia de Salta, en el año 1986. Reside en San Miguel de Tucumán donde finalizó los estudios en Psicología en la Universidad Nacional de Tucumán. Realizó producciones de arte, audiovisuales y música. Está abocado a la experimentación artística desde dichas áreas y específicamente a la producción literaria siendo “Permanente Impase” su primera publicación.




Felicitaciones, a Facundo por la hermosa reseña y a Guillermo Siles por un espacio de poesía y resistencia.
Tati
La verdad es un ciclo muy cálido.
Con las brasas de «… alrededor del fueguito….» que Facundo Iñiguez evoca,enciende su palabra escrita y nos remite, con sensible prosa y descripción poética, a un encuentro literario -muy valioso- para el alma de muchos. Hermoso escrito!