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“Así es realmente mi voz, la que creía perdida y pude encontrarla”

Entrevista a Samuel Amaya

Por Pablo Toblli |

El poeta conversó con La Papa sobre su último libro Proyecto 97 (Copo de Nieve, 2022), sobre sus motivaciones y mapas perceptivos al momento de configurar su hecho poético y su escritura. Además, nos comenta de sus proyectos y nos comparte dos poemas inéditos.

—En tu poesía, puntualmente en Proyecto 97, tu libro recientemente publicado, hay una mixtura equilibrada entre formas líricas y un lenguaje más explícito que podríamos denominar como oral. En este sentido, ¿cuáles fueron tus modelos de escritura si es que los hubo?

Este libro, de alguna manera, refleja, por una parte, mi obsesión por los poemas de Languidez (1920), de Alfonsina Storni, especialmente “El clamor” donde encontré un refugio en las rimas, en los diversos sentidos que cada estrofa ofrece en las (re)lecturas, en ese corazón que rebota por todas partes… y, por otro lado, también está muy presente Aguita Clara (2020), de Osvaldo Bossi, que con “Flash” y “Cosas raras” , entre otros, encendieron un lenguaje que creía haberlo olvidado en el pasado, en fotos de la secundaria, los viejos amoríos escritos en los pupitres y sillas del aula, en los packs de mensajes para charlar con amigas… Esta combinación testimonia mi encuentro con fragmentos colgados en el tiempo, como ropa seca que espera a ser recogida para planchar y guardarse, yo levanté estos hechos y, en su mayoría, el humor me permitió hacer los más exquisitos y ridículos dobleces para comprender que ahora puedo hablar de aquello que en su momento estaba sombreado por la vergüenza y el miedo.

—Es notable la recuperación en tu obra de alusiones a la vida popular de clase media, a esas pequeñas escenas de infancia. ¿La juventud y la vida cotidiana son objetos poéticos en tus versos? ¿Se puede leer el mapa de una biografía en tu libro? ¿O más bien la poesía funciona en vos como arma de reconfiguración de deseos, mapas perceptivos y un producto de la fantasía?

¿La poesía es un arma? Siempre, y de los filos que desees porque me sirvió para tijeretear imágenes, texturas, palabras, etc., por ejemplo. De la poesía hice piedra, papel, tijera, voligoma y vaya a saber cuántas cosas más para armar mi álbum de fotopoemas, lo que quiero contar, cómo hacerlo y qué recordar. Cuando puedo vuelvo a las tardecitas de domingo en familia para escuchar a mis tías, sus sermones, el Jesús en la boca y el quiero retruco; la táctica de los vendedores de barrio para que uno le haga la escenita a la vieja por la manzanita acaramelada más dura que los jarros de vino de los viejos. Me gusta invocar esos momentos de pavura en la secundaria, cuando mis amigas no tenían un pelo en la lengua y me mandaban al frente con la persona que me gustaba, por eso también cree los “vergüenpoemas” para contar alguito de todo esto.

Este libro reúne fragmentos de mi niñez y adolescencia y los cuento desde la oportunidad que me da la poesía porque sin ella cómo podría reírme de casi todo y usarlo a mi favor.

—El amor romántico, algo en debate actualmente, donde las relaciones afectivas son más efímeras y hay una descreencia al compromiso, en tus poemas se celebra de algún modo, coquetean hasta con un casamiento y hay mucha sentimentalidad del uno a uno, de los meandros que suponen el acercamiento a otro. ¿Hay algunas inspiraciones que te movilicen en este aspecto?

Una vez dije que la poesía me permitió amar(me). Ese acto íntimo de uno con el libro, intervenido por el lápiz para dejar una huella, fue algo crucial para mí. En el año 2021 leí a Osvaldo Bossi y, por primera vez, me pasó que esos poemas me hablaban, algunos de ellos -quizás- expresaban lo que sentía en ese momento, hasta el punto de decir “esta es mi voz”. Por ello no dudé en entrar a su taller de poesía y explorar formas, estilos, hasta encontrar el propio. Fue en ese momento, después de haberme curado de “vergüencitis”, donde pude largarme a expresar estas relaciones del uno a uno, a esos otros que a través de máscaras como el Flaco González o del chico vergonzoso en los “vergüenpoemas”, me permitieron ensayar nuevas formas para encarar a los viejos amores, visitando en momentos el homoerotismo y la sensualidad de cada palabra. Definitivamente él fue una inspiración enorme.

—Me parece que el proyecto busca desandar un sujeto referencial: la ternura, la timidez, la familia son problematizadas en poemas sencillos, que buscan el oído del lector sin grandes piruetas de lenguaje, pero no por eso es una poesía inocente, desatendida de lecturas. ¿Cómo hiciste para llegar a ese despojo y enfocar realmente lo que querías escribir? ¿Leíste mucho y después fuiste descartando aquello que no te influenciaba? Es decir, ¿la influencia vino por lo negativo: “así no quiero escribir”, “así no quiero vivir” o hay poetas y experiencias que te sirvieron de modelos movilizantes para impulsar a tu obra?

El Proyecto 97 que se publicó, en realidad, no es el verdadero. El primer proyecto constaba de poemas donde sentía que giran en lo mismo, o sea no encontraba una salida, una “luz al final del túnel”; había algo a descubrir, desanudar para realmente sentirme a gusto. Sí, fue un proceso arduo de selección y relecturas con la ayuda de Osvaldo para dar con esto. Cuando conformé el proyecto publicado sentí mucho alivio, en el sentido que podía verme en esos poemas; las cuatro partes cuentan este proceso de desapego a la timidez, curarme de  “vergüencitis” como me gusta llamarle, para abrir paso a esa voz que estaba oculta y reprimida, vamos a decir, por ciertos mandatos sociales provenientes de la familia. Más que un “así no quiero escribir” fue un “así es realmente mi voz, la que creía perdida y pude encontrarla”.

—Es tu primer libro publicado y el título alude a tu año de nacimiento. ¿Son poemas que fuiste juntando a lo largo de tus años de vida o hay un trabajo conceptual más acotado? Coméntanos un poco sobre el proceso de escritura y edición.

El primer Proyecto 97 sí tenía poemas del 2016, por ejemplo. El publicado recupera uno del 2017 (“Armonía de los XX”) En sí, pensé este libro como una forma de revivir ciertos hechos de mi vida, ensayar maneras del decir, cerrar cuestiones que en el pasado -quizás- quedaron entreabiertas, etc. Si bien es cierto que el título lleva mi año de nacimiento, pero el Proyecto puede adoptar los significados que desee el lector. Al momento de fijar el título, vinieron a mi mente muchos significados posibles, tantos porqués sobre una misma cosa, como si fueran hojas que se desprenden de un mismo árbol; entre ellas la que más me gustó fue: pensar que mi vida es un proyecto escrito por alguien que a veces se olvidó de completar momentos, personajes, amores, etc. Tanta tinta que pudo quedar en el tintero, pero la poesía -ahora- me permite revisitar todo esto y completarlo, como ese nene de primaria que completa su tarea, haciendo rayitas y ceritos, esperando sentir satisfacción… así me sentí cuando escribí “Diagnóstico: vergüencitis”, “Deshojar el pudor”, “En mi boca: vos”, entre otros, y esa sensación erupcionó en los últimos versos del poema que cierra el libro: “He perdido, pero también he ganado/ una porción de palabras frescas/ el rostro de una virgen plateada/ los brazos calientes del tiempo/ y una voz que se (des)a(r)ma/ en cada poema”.

—Para cerrar, contanos sobre tus actuales proyectos de escrituras o próximos objetivos.

Ya fueron saliendo algunas colaboraciones con la Revista Flor de Ave, por ejemplo, y pronto otra con la Universidad Nacional de La Matanza por un concurso de poesía del año pasado. Actualmente sigo trabajando con Osvaldo en su taller de poesía. También, hay algo nuevo que estoy escribiendo, muy diferente y no de este Proyecto; para adelantar… admito que existe una pequeñísima conexión, pero es una voz que encontró su lugar y no hay más secretos que forman un capullo, sino mariposas que vuelan entre una multitud de palabras buscando posarse en su propio paraíso.

A continuación, el autor nos comparte dos poemas inéditos

Pelota roja


Mi corazón es una esa pelota
de goma roja, dura y rayada
que los niños usan
para pegarse entre ellos
dejar en la piel una marca sucia
reconociendo que algo (o alguien)
lo marcó.
Nunca dejará de rebotar
por más que la corten,
la pinchen o le hagan turucuto
esa pelota seguirá rebotando
en las paredes orinadas del barrio
en los cuerpos de los chicos grandes
en esa baldosa que lleva mi nombre.
Yo con mi corazón
no podría jugar. No sé jugar.
Cómo hacerla rebotar en el suelo
sin sentir las manos transpiradas
y escuchar los gritos de cuidado
«la pelota corazón me va a pegar»
Mi corazón es como esa pelota
de goma roja que no se infla con nada
se alimenta de los chicos traviesos
que tienen el honor de hacerme
sentir el cielo y la tierra
en un rebote.

Las cosas guardan secretos

Cuántas veces habré escuchado ese dicho
que las cosas guardan secretos,
caras conocidas, sonidos licuados
fluidos que van bautizando las superficies…
a nosotros -nuestros cuerpos-
los guardó un auto.
Aún recuerdo cuando me rescatabas
en la esquina de mi casa, a oscuras
para que la Chela no nos viera
jugar a Romeo y Julián. Recuerdo
la polvareda seca de mi barrio entrar por mi nariz,
mientras mis manos una catarata de nervios
y mis labios frutillas en almíbar. 
No solamente era una oportunidad para escaparse
de la rutina, del rótulo, de ese deber
que teníamos asignado frente a un cura
porque sé que ÉL entendía que vos y yo
éramos una creación destinada a arder
en nuestro propio cielo.
Habremos sido unos cagones por no hablar?
por habernos partido la jeta a escondidas?
por morderte los labios como Eva a su fruta?
No sé. Pero lo que no voy a olvidar
es que en ese auto,
cuando nuestras respiraciones
se mezclaban con el sudor de los cuerpos
yo era una estrella que ardía a través de vos
que gozaba hacerse cenizas por un rato
y luego… nada.


Samuel Amaya (San Miguel de Tucumán, 1997). Estudiante de Letras  – UNT. Participó en algunas antologías con Ediciones del Parque, Tucumán Escribe, Caleidoscópica y la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Publicó su primer poemario Proyecto 97 (2022) con Editorial Copo de Nieve. Actualmente realiza talleres con Osvaldo Bossi y prepara su próximo proyecto.

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