Cuando me senté a pensar cómo presentar esta novela –rehuyendo las casillas de novela policial o de intriga- no dudé demasiado en calificarla como una “novela de acción”. Sé que esas tres palabras no dicen nada -nada específico al menos- pero aquí sirven para compartir mis impresiones, mi experiencia personal de lectura. Justifico: en esta novela no hay largos soliloquios, no hay especulaciones sociológicas ni teológicas, no hay torsiones teóricas
Pablo Campos
Estudiante moroso de la carrera de filosofía en la UNT. Integra el Dpto. de Artes Visuales y Literatura de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de S. M. de Tucumán.


